Boletín N° 58 - 22 de marzo de 2004
  La masacre de Ashura en Quetta, Pakistán, y el papel del imperialismo

El 2 de marzo ocurrió una masacre en Quetta, la capital de la provincia de Baluchistán, del suroeste de Pakistán. Unas 50 personas murieron y 200 resultaron heridas en un ataque al desfile con motivo de Ashura, día sagrado de los musulmanes chiítas. Los francotiradores balearon a los fieles cuando éstos se acercaban a la mezquita; luego arrojaron dos granadas de mano a la multitud. La gente se apretujó para entrar al edificio y atrapar a los asesinos, pero éstos se inmolaron y así mataron a más gente. Cuando comenzó el balaceo, los policías encargados de la seguridad del desfile dejaron el lugar de los hechos. Si bien nadie se ha responsabilizado del hecho, se sospecha que un grupo musulmán sunita montó la operación.

Por eso, la situación se ha tensado en la ciudad. Poco después del incidente, unos jóvenes chiítas de la nacionalidad hazara (de Afganistán y Pakistán) respondieron atacando al bazar e incendiando los edificios de donde dispararon los francotiradores. La policía volvió con refuerzos y baleó a la multitud. Se cree que la policía mató a más gente que los francotiradores. Los choques entre la gente y la policía continuaron hasta entrada la noche; cinco policías murieron. Entonces, el ejército se apoderó de la mayor parte de la ciudad e impuso un toque de queda de 24 horas por varios días. Después, permitió que los habitantes salieran a la calle por cuatro horas al día.

La tensión entre la policía y los chiítas, sobre todo los familiares de los muertos, continuó una semana más. Éstos se negaron a enterrar los muertos si las autoridades no les cumplieran las demandas. En una protesta del 4 y 5 de marzo, las mujeres hazaras pidieron una investigación al gobierno local, a la policía y al gobernador; la libertad de los arrestados y la destitución de algunos policías que participaron en la masacre. Por fin, soltaron a los arrestados y accedieron a indemnizar a los familiares de los muertos y pagar los daños de los edificios incendiados. No obstante, aún no está resuelta la situación.

En esta ciudad, han ocurrido unos conflictos religiosos y étnicos en los últimos años, pero en los últimos meses han asumido formas cruentas. Son resultado de provocaciones e ingerencia de fuerzas desconocidas que se benefician de tales conflictos entre los oprimidos.

Comenzó el conflicto entre los sunitas y los chiítas hace 1400 años. En los países islámicos, los colonizadores, sobre todo los británicos, siempre han sacado provecho del conflicto. Por ejemplo, los británicos tuvieron que ver con la creación y el fortalecimiento de la corriente wahabí sunita muy intolerante en los países árabes, y cuando el subcontinente sudasiático se independizó, usaron con la religión para provocar la separación entre Pakistán y la India.

Una causa del resurgimiento de los conflictos religiosos en Pakistán en las últimas dos décadas es la ingerencia de los Estados Unidos tras la invasión soviética de Afganistán. Los imperialistas occidentales encabezados por los Estados Unidos decidieron ayudar y fortalecer a los elementos feudales islámicos opuestos a la URSS. Éstos combatieron a los soviéticos desde una perspectiva islámica y atrasada, pues los socialimperialistas soviéticos se decían comunistas. Así, el dinero saudita y armas estadounidenses inundaron la región y engendraron a fuerzas jihadíes (las fuerzas islámicas que combatían a los soviéticos en Afganistán) como Osama bin Laden y a grupos en Pakistán y otros países de la región. Los jihadíes también tuvieron bases en Pakistán y el ejército pakistaní les dio casi todo el armamento y ayuda económica que necesitaban. En esos años, la ayuda del gobierno saudita wahabí engendró el tristemente célebre grupo extremista sunita "Sepah Sahabeh" y su ala militar.

Por otro lado, los mullahs chiítas que subieron al Poder en 1979 en Irán difundían su propia versión de Islam en el Medio Oriente y otros países. Ayudaron a Harakat-e-Islami y otros partidos chiítas en Afganistán y, en Pakistán a muchos centros culturales y a los fundamentalistas chiítas. En esos años, se formaron el grupo extremista chiíta Tahrik-e-Anfaz-e-Fagheh Jafarieh (TAJF) y su ala armada.

Continuó el conflicto armado entre los chiítas y sunitas en Pakistán, sobre todo entre esos dos grupos, de fines de los años 1980 al fin de la década del 1990. Murieron decenas de líderes de cada bando y cientos (si no miles) de sunitas y chiítas. Aunque desde hace mucho en Afganistán han ocurrido conflictos entre los sunitas y chiítas, antes del ascenso de los jihadíes no hubo choques armados. Cuando cobraron fuerza los elementos religiosos afganistaníes con la ayuda del occidente y sobre todo tras el derrumbe del gobierno prosoviético y la mayor rivalidad entre los grupos étnicos y religiosos, también se intensificaron los conflictos religiosos en Pakistán.

Por lo tanto, se puede decir que los choques armados entre los grupos religiosos en Pakistán son producto de los planes e ingerencia de los imperialistas estadounidenses, aunque después algunos jihadíes, como el Talibán y Al Qaeda, les resultaron contraproducentes.

Sepah Sahabeh era aliado del Talibán. Cuando los Estados Unidos sacó del Poder al Talibán, Parvez Musharraf tomó el Poder en Pakistán mediante un golpe de Estado, restringió a los grupos religiosos extremistas y proscribió al grupo sunita Sepah-e Sahaba y al grupo chiíta TAJF y sus organizaciones militares. Han asesinado a algunos líderes de estos grupos, pero los gobiernos reaccionarios que han apoyado a estos rivales siguen con su trabajo sucio.

En esos años, no hubo choques religiosos en Quetta y la provincia de Baluchistán. Se tensó la situación en las provincias pakistaníes de Sind, Pendjab y Frontera Noroeste. Los últimos choques indican que la tensión ahora se está desplazando hacia Quetta. También se están operando varios factores étnicos; por ejemplo, los jefes feudales baluchíes se están inquietando porque su nacionalidad ya es minoría en su ciudad capital. Pese a los posibles factores étnicos o religiosos en la masacre, la fuerza motriz es claramente la ocupación estadounidense de Afganistán.

Quetta está cerca de la frontera con Afganistán y durante más de 20 años han vivido ahí más de medio millón de refugiados afganistaníes, quienes se desplazan con frecuencia entre Quetta y Kandahar y otros lugares en Afganistán. Es más, Quetta está ubicado en la ruta del ducto que se supone va a enlazar el petróleo y gas de Asia central a los puertos del sur de Asia y el mar Arábigo, de donde se embarcará al mercado mundial. Y, está ubicado en la ruta de una propuesta vía ferroviaria que conectará Kandahar y el puerto pakistaní de Gwadar, lo que representaría una importante ruta comercial en la competencia con Irán. Principalmente, la inestabilidad que ha generado la invasión estadounidense de Afganistán se ha extendido a Quetta.

En general, los citados factores, en que se ve la mano del imperialismo, han creado una situación horrenda para las masas de esta ciudad y otros lugares de Pakistán. Pese a la oposición general de las masas al imperialismo estadounidense, sin un partido revolucionario basado en el maoísmo, no será posible dirigir esa furia hacia la emancipación del pueblo. Hoy, esa furia se ha dejado desviar hacia la religión y conflictos religiosos, y los imperialistas y otros reaccionarios le han sacado provecho.