Boletín N° 167 - 17 de julio de 2006
  Dos informes de la II Brigada Internacional de Construcción del Camino a Nepal
"Una lucha que cambia la vida"

Recibimos los siguientes informes de participantes de la II Brigada Internacional de Construcción del Camino a Nepal durante los tumultuosos días de protestas populares contra la monarquía en abril. El Gobierno Autónomo Magar, un gobierno revolucionario dirigido por los maoístas en una zona del occidente del país, había pedido voluntarios internacionales para construir el camino de 90 km al lado de decenas de miles de campesinos. Durante siglos oprimida por los gobernantes de Katmandú, esta zona ha sido un baluarte de la guerra popular dirigida por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)]. El propósito del camino es enlazar la región con el resto del país y el mundo y contribuir a construir una nueva economía autosuficiente sin dominación feudal y extranjera. (Véase en el Servicio Noticioso del 23 de enero de 2006 los antecedentes y un informe de la I Brigada.) En las brigadas participan personas de diferentes posiciones y experiencias políticas quienes tienen en común un entusiasmo acerca de la nueva sociedad que lucha por nacer en Nepal y un afán de popularizar su experiencia.

Los informes difieren porque los dos grupos de voluntarios pasaron buena parte de su estancia en distintos lugares. El primero es de los voluntarios de Irán y Afganistán. El segundo es de voluntarios de Inglaterra e Irlanda. Se han hecho leves cambios. (Más información se halla en http://www.indymedia.ie/articulo/76924.)

Contacto con los organizadores de la Brigada: aroadtothefuture@yahoo.com.

Al llegar a Katmandú, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) y la Alianza de los Siete Partidos (ASP, una agrupación de partidos legales opuestos a la disolución del parlamento por el rey) habían convocado a una huelga general. Se paralizaron todo el transporte, tiendas y oficinas del gobierno, en oposición popular al reaccionario régimen del rey. Después de hallar un hotel, otro voluntario y yo salimos a pie a las calles de la ciudad.

El ambiente de la ciudad y las caras de las masas brillaban con un espíritu revolucionario. El reaccionario régimen del rey era el blanco de la ira revolucionaria del pueblo. Ese día no hubo grandes protestas populares, pero sí muchas acciones pequeñas.

El asustado gobierno declaró un toque de queda de las 10 a las 21 horas para detener la ampliación de las protestas y aguar la fiesta revolucionaria. Al principio, la huelga general iba a durar tres días. Pero la represión tuvo efectos contraproducentes para el gobierno y provocó más pasión revolucionaria y espíritu de resistencia del pueblo. Las masas se molestaron con los gobernantes y con la presencia de las fuerzas armadas en la calle. Éstas se trasladaban constantemente en vehículos para posicionar sus fuerzas. El gobierno reprimía por todas partes y prohibió el desplazamiento por la ciudad. Ya había arrestado a varias personas, y a sus fuerzas armadas dio órdenes de disparar. Estaban por delante días precursores, y la calma del día auguraba una gran tormenta política.

Queríamos llegar a las zonas liberadas lo antes posible. Varios brigadistas de Inglaterra e Irlanda nos esperaban en una ciudad del occidente del país, para ir juntos a Rolpa y tomar parte en la construcción del camino. Debido al bandh nacional, no hubo transporte. Eso complicó muchísimo nuestros planes. Día a día, a pesar de la represión, Katmandú presenció enormes manifestaciones. Al principio no logramos salir hacia el occidente. Pero por fin logramos reunirnos e inmediatamente discutimos cómo ir al lugar donde se construía el Camino de los Mártires en Rolpa. La situación política en la ciudad era muy similar a la de Katmandú: se paralizaron todas las tiendas, transporte y oficinas. Sólo se desplazaban los vehículos de la ONU, de vez en cuando, con fuerte seguridad. Se tensaba la situación política en la ciudad. Las masas de la ciudad y las aldeas protestaban a diario en el centro y luchaban por su causa común. La demanda básica e inmediata era sacar al rey del poder político.

Después de unos días, algunos de nosotros decidieron caminar unos 16 km a la carretera para ver si fuera de la ciudad hubiera transporte que pudiera llevarnos a las zonas liberadas. Regresaron por la tarde agotados, después de caminar 32 km al calor de 38 grados C. Les brillaba en los ojos una gran convicción de alcanzar las zonas liberadas. Pero no hubo transporte. Discutimos una acción drástica: ir en bicicleta a la zona liberada. ¿Sería posible cruzar en bicicleta 150 km por las laderas de los montes Himalaya?

Cada día, mientras esperábamos y discutíamos en el hotel, nos informamos por el televisor acerca de las protestas, tiroteos y arrestos.

En los siguientes días presenciamos muchas protestas pequeñas y grandes. Con algunos habitantes del rumbo, discutimos la posibilidad de la caída del rey. Hablaban de dos frentes enfrascados en una batalla: un frente encabezado por el rey, el Ejército Real de Nepal (ERN) y las clases burguesa y feudal, y el otro frente conformados por el PCN (M), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y las masas de las ciudades y del campo. Algunas personas restaban importancia a la ASP; decían que las verdaderas fuerzas son el rey, de un lado, y del otro, los maoístas. El gobierno busca provocar una división entre la ASP y los maoístas, decían. El gobierno promete la "democracia" y la reinstauración del parlamento y a su vez pela los colmillos ante los maoístas, quienes llevan diez años dirigiendo una guerra popular por el poder popular.

Se aproximaba rápidamente el fin de nuestra estancia en el país. Algunos de nosotros quienes disponían de más tiempo antes de tener que partir decidieron ir en bicicleta a la zona liberada. Los demás, quienes teníamos que quedar atrás, jugamos el papel de comité de apoyo: en caso de que les pasara algo, deberíamos tomar medidas urgentes para apoyarlos.

Al día siguiente, era hora de decir "adiós" a nuestros amigos. Compraron bicicletas para viajar 200 km a fin de expresar su apoyo y solidaridad. De verdad, ha habido pocas oportunidades como ésta en mi vida que he perdido, de ir con personas resueltas y llenas de esperanza y espíritu revolucionarios. Nos separamos y esperamos la confirmación de su llegada a la zona liberada.

En la ciudad donde estábamos, crecían las protestas y se radicalizaban las demandas y consignas. Al día siguiente, nos percatamos de un ambiente especial en la ciudad. Se preparaba una gigantesca protesta. Acudieron montones de personas de las aldeas y pueblos de las afueras de la ciudad. Cada momento rebosaba de esperanza para la lucha. Aunque me preguntaba ¿cuándo lograrán derrotar a los lacayos del imperialismo los oprimidos de Nepal?, felicitamos su valor revolucionario. En la lucha revolucionaria han muerto 13.000 personas y 1.400 han desaparecido. Se acelera la situación; la revolución y la contrarrevolución están en una guerra que determinará el futuro. En las ciudades no participan tanto las mujeres, pero en el campo los revolucionarios han formado con conciencia revolucionaria y política a una enorme cantidad de mujeres. Por eso, éstas pueden jugar un gran papel en la lucha por cambiarse la vida. En las protestas urbanas vimos que las fuerzas armadas tenían dificultad en controlar a las masas. Fallaba el ejército que había matado a muchos inocentes y se le acababan las esperanzas en el gobierno del rey, que me hizo recordar la revolución iraní de 1979.

Los siguientes días pasaron rápidamente. Llegaban a la capital delegaciones oficiales de la India y China. Los diplomáticos extranjeros decían que la situación estaba en el filo de un cuchillo, con la posibilidad de una revolución en el horizonte. Las masas opinaban lo mismo. El rey maniobraba a puertas cerradas con la ASP a fin de salvarse el pescuezo.

Como nuestros amigos se comunicaron con la buena nueva de que habían alcanzado su destino, partimos hacia Katmandú. Se había declarado un toque de queda en la capital de 12 a 20 horas. Las masas objetaron esta medida y se tomaron las calles inmediatamente, al parecer 100.000 personas. Al parecer la situación no auguraba nada bueno para el régimen. De un lado, el reaccionario gobierno maniobraba con el ASP y, del otro, respondía con balas a las demandas de las masas. Esa noche los maoístas atacaron a un retén policíaco cerca de la capital. Los diarios lo informaron con grandes titulares.

De nuevo el gobierno declaró un toque de queda en la capital, de 11 a 18 horas. Como nos hospedábamos en la parte céntrica fuertemente patrullada de la ciudad, permanecimos la mayor parte del tiempo en el hotel. Por la tarde hablamos con unos nuevos amigos en Katmandú y discutimos qué pasaba, y les contamos acerca de la historia y lucha en Afganistán e Irán.

En la madrugada oímos el bullicio de celebración, danza y gritería en la calle. No sabíamos qué pasaba, pero al día siguiente nos enteramos que el rey había aceptado la derrota y abría el parlamento a la ASP. Lamentablemente, ya era hora de dejar Katmandú.