Boletín N° 163 - 19 de junio de 2006
  Irán: La amenaza de otra guerra.
IV: El plan estadounidense y sus contradicciones

Ya abordamos el plan estadounidense para Irán y la región, pero es importante examinar en más detalle dos problemas que tiene.

Primero, la oposición de las masas en el mundo y en el frente interno. Las masas del mundo y de Estados Unidos ya hemos conocido las mentiras acerca de las armas de destrucción masiva. Desde el comienzo de la guerra de Irak, más personas han tomado conciencia de los objetivos del régimen de Bush y de sus intenciones. Las cosas no van bien para Estados Unidos y sus aliados, y todo mundo ve el infierno que la ocupación estadounidense ha creado para los iraquíes. Por ello, es más difícil tragarse más falsedades estadounidenses.

Además, una nueva generación de jóvenes politizados, opuestos, entre otras cosas, a guerras de agresión, ha nacido en la vida política de los países occidentales y en todo el mundo. En vísperas de la invasión de Irak, una estudianta londinensa expresó sus sentimientos de la "devastación acerca de la dirección en que se enrumba la política mundial". Ésta es una declaración muy sincera y fuerte que representa los sentimientos de muchísimos jóvenes. Y hay millones de jóvenes y otras personas en los países oprimidos, sobre todo aquellos cuya población es mayoritariamente musulmana, quienes están encabronados y furiosos con la subyugación y humillación norteamericanas.

La otra preocupación principal de Estados Unidos es hacer que las demás grandes potencias tomen partido con su plan o que por lo menos lo acepten. Pero tal vez eso no sería tan fácil. Las diferencias entre ellos no son sólo de punto de vista sino que reflejan intereses rivales. Estados Unidos logró forjar tras bambalinas un frente unido diplomático con Europa contra Irán. No ha salido a la luz el contenido, pero no es difícil imaginar los tejemanejes fraguados a expensas de las masas. No obstante, hasta ahora, Estados Unidos no ha podido obtener el grado de aceptación que busca a Rusia y China. (China no es un país capitalista-imperialista monopolista, pero tiene sus propios intereses de gran potencia.) Rusia y China se negaron a firmar el proyecto de resolución cuyo fin era imponer sanciones inmediatas a Irán. John Bolton, el embajador yanqui ante la ONU, advirtió que "Estados Unidos y sus aliados europeos podrían aplicar solos las sanciones" (The Guardian , 4 de mayo). En el caso de las sanciones contra Irán, Europa también perdería mucho. ¿Confiarían en que Estados Unidos les compensara adecuadamente y satisficiera lo que perciben como sus propios intereses en el Medio Oriente?

Es más, la cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europa no necesariamente durará para siempre, y hasta ahora esta cooperación no necesariamente implicará que tomen partido con Estados Unidos tanto como para ir a la guerra. Hay señales de oposición o por lo menos discrepancias entre Europa y Estados Unidos acerca del uso de la fuerza contra Irán: si se debería usar, y cuándo y cómo. En lo principal las grandes potencias europeas no quieren ver que Estados Unidos alcance su meta de convertir a Irán en una plaza fuerte norteamericana en la región. El gobierno estadounidense ha tratado de meterlos en cintura argumentando que, como ellos no pueden detenerlo, más vale que se le unan. Si se oponen a un ataque yanqui a Irán, temen que se queden fuera a la hora de repartirse el botín, como los contratos de petróleo e influencia.

Inglaterra, debido a sus intereses económicos y políticos muy entrelazados con Estados Unidos, tiene una posición un poco distinta a aquella de la Europa continental. El primer ministro Tony Blair ha secundado a Bush negándose a declarar fuera de lugar tal ataque a Irán. No obstante, a pesar del despido del secretario de Relaciones Exteriores británico Jack Straw, quien públicamente dijo que un ataque militar contra Irán es "inconcebible", este punto de vista tiene mucho apoyo en la clase dominante británica e incluso en el propio gobierno de Blair. Francia, aunque habla fuerte contra Irán, ha subrayado su oposición a una acción militar. El primer ministro francés Dominique de Villepin dijo en una conferencia de prensa el 4 de mayo: "Mi convicción es que esa acción militar no es la solución" ( The Guardian ). Alemania ha tomado una posición más cauta contra una acción militar contra Irán. Un periodista por el International Herald Tribune escribió: "No obstante, como los informes de que Estados Unidos ha visualizado un posible ataque militar contra instalaciones nucleares iraníes han alarmado a muchos alemanes y otras personas, [la canciller alemana] Merkel subrayó la importancia de una diplomacia paciente. 'Para tener un éxito diplomático en esta situación, es crucial abordarla paso a paso', dijo. 'Con mucha frecuencia, se apresura la situación tanto que se impide lo que debiera lograr al final del proceso'" (5 de mayo de 2006).

La canciller alemana habló con deliberada ambigüedad. De un lado, al parecer dice: sí, necesitamos una guerra, pero todavía no. Pero del otro, al parecer trata de usar la unidad con Estados Unidos en diplomacia como única manera de demorar o detener un ataque. La diplomacia puede ser una espada de dos filos: para que Estados Unidos obtenga el apoyo imperialista europeo y para que Europa influya en Estados Unidos.

Estas diferencias se interpenetrarán con la marcha de los acontecimientos políticos en el mundo que causaría el desencadenamiento de otra guerra.

 

Diferencias en el establecimiento político estadounidense

Hay diferencias sobre Irán en la clase dominante estadounidense, pero de distinta naturaleza, y reflejan disputas acerca de cuáles medidas y orientación más servirían los intereses globales del capitalismo monopolista estadounidense, y no tanto los intereses políticos o económicos rivales.

Cuando George Bush, en el discurso ante la Nación de 2001, incluyó a Irán, con Irak y Corea del Norte, en el eje del mal, todo el mundo oficial de Washington aplaudió varios minutos con mucho entusiasmo. Si bien al parecer la clase dominante estadounidense tenía mucha unidad en torno al plan de lanzar la guerra contra Irak, las voces de diferentes sectores de los círculos políticos imperialistas distan de ser un coro unido con respecto a una acción militar contra Irán. Mientras que algunos favorecen un comienzo rápido de la guerra, otros sugieren una orientación más cauta, y algunos advierten claramente contra las consecuencias. Comienzan a salir en los medios impresos puntos de vista y planes opuestos con respecto a Irán y la región, en gran medida debido a los obstáculos con que Estados Unidos se ha topado en Irak.

Pero todas las facciones están unidas en torno a una cosa: que lo único que importa es cómo defender los intereses norteamericanos en el mundo. Comparten el mismo punto de partida: bajo el pretexto de proteger la paz y la democracia, Estados Unidos tienen que llevar a cabo cambios dramáticos en la situación en el Medio Oriente, sobre todo en Irán, para consolidar y asegurar su dominación del mundo y hacer retroceder cualquier amenaza en su contra, sea de los pueblos oprimidos, de otros imperialistas o de fuerzas reaccionarias.

Las discrepancias en la clase dominante norteamericana salieron a la luz con la publicación, en abril de este año, del artículo de The New Yorker y otros informes que detallan los preparativos militares estadounidenses para atacar a Irán. El propósito de estas filtraciones era señalar la gravedad de la situación a aquellos que se aferraban a la idea de que la posibilidad de tal ataque era muy lejana como para tomarse en serio. Tenían un gran impacto y alarmaron a gente de todo el mundo.

Pero los asesores del gobierno yanqui han estado pregonando la idea de tal ataque varios años y advirtiendo que cualquier retraso podría perjudicar los intereses norteamericanos. Por ejemplo, en el artículo "El proyecto Manhattan de los mullahs" de junio de 2003, justo después de la invasión yanqui a Irak, Reuel Marc Gerecht del Instituto Empresarial Norteamericano dijo que si Estados Unidos no lanzara rápidamente un "ataque preventivo contra las instalaciones nucleares [de Irán]... se acabaría la doctrina del 'eje del mal'". De más importancia, dijo que Estados Unidos debería aceptar que un ataque aéreo podría llevar a una guerra en gran escala de muchos años, porque una vez "herido" el régimen iraní podría ser aún más desesperado y peligroso (http://www.aei.org). Hace poco, Gerecht repitió esta idea, diciendo que la probabilidad de que un ataque aéreo contra Irán se convierta en una guerra de gran escala justifica, entre otras razones, los preparativos estadounidenses para tal guerra, y no que se retrasen más tiempo (página web en idioma persa de la BBC, 9 de abril).

La propaganda a favor de la guerra se dirige con mayor vehemencia a la opinión pública en general. Tuvo este objetivo el nombramiento de Bush a John Bolton como embajador ante la ONU. Bolton tiene que ver con el Instituto Empresarial Norteamericano, es un importante proponente de un cambio de gobierno, y tuvo una posición tan extrema a favor de una confrontación temprana con Corea del Norte que, cuando se tomó la decisión de atacar primero a Irán, se le quitó del equipo de negociaciones estadounidense. En un discurso ante la convención anual del Comité de Asuntos Públicos Norteamericano-Israelíes, dijo:

"Cuanto más esperamos para confrontar la amenaza que representa Irán, más duro y más difícil será resolverla... Tenemos que estar preparados para aplicar soluciones globales y usar todas las herramientas a nuestra disposición para detener la amenaza que representa el régimen iraní" ( The Guardian , 6 de marzo). Un "solución global" quiere decir el uso de la fuerza, y "todas las herramientas a nuestra disposición" abarca armas nucleares. En el caso de la presunta amenaza iraní, aunque Irán logre fabricar un par de bombas nucleares en una o dos décadas, ello no sería gran amenaza para Estados Unidos, ni para un mundo a que ya amenazan más de 25.000 ojivas nucleares en las manos de los halcones comprobados. La amenaza a que se refiere es el obstáculo que representa la actual República Islámica de Irán a los intereses estadounidenses en el Medio Oriente y cómo la incapacidad estadounidense de imponer una "solución global" hasta ahora ha envalentonado los desafíos de imperialistas rivales a los intereses norteamericanos.

Ha dicho algo similar Newt Gingrich, un antiguo líder congresional yanqui y ahora miembro de la Junta de Políticas de Defensa del Pentágono: "Cada año que esperemos, aumenta el riesgo... Esperaría que la administración decidiera hacer algo decisivo... Tenemos el poder militar en la región si lo requerimos. El problema es si tenemos la voluntad" ( Washington Post , 13 de marzo).

Estas belicosas declaraciones públicas han provocado diversos grados de preocupación entre los representantes de la clase dominante yanqui. Unos informes indican que hay diferencias entre el Pentágono y el Departamento de Estado. Por ejemplo, un comité parlamentario británico de relaciones exteriores que fue a Washington al principio de marzo este año "encontró puntos de vista muy diferentes en la administración de Bush. El más belicoso era del Sr. Bolton. Según Eric Illsley, un miembro laborista del comité, al parecer la CIA duda más acerca de una solución militar y comparte la posición del Departamento de Estado, según miembros del parlamento británico, que recomienda aumentar paso a paso la presión sobre los iraníes. La posición del Pentágono la describió el presidente del comité, Mike Gapes, como arrojar una demanda de un embargo impuesto por la fuerza militar al Consejo de Seguridad de la ONU 'como una granada de mano, y a ver qué pasa'" ( The Guardián , 6 de marzo).

El semanario británico The New Statesman sostiene que "las armas nucleares son otro paquete. El que se usen contra Irán es un asunto crítico en el forcejeo entre los pragmáticos en política exterior y los fanáticos ideológicos. Washington está dividido entre estos dos bandos... Condoleezza Rice, la secretaria de Estado, está peleada con Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa". Una indicación fuerte de las discrepancias salió en una carta abierta de varios antiguos ministros occidentales de Relaciones Exteriores, como la antigua secretaria de Estado yanqui Madeleine Albright. Advirtió: "Puede que la administración de Bush contemple activamente planes de lanzar ataques militares pronto contra las presuntas instalaciones de armas nucleares en Irán... Es cuestionable que un 'ataque aéreo quirúrgico' pueda lograr destruir todas las instalaciones nucleares de Irán, pero se reconoce que una invasión en gran escala y ocupación militar de ese país es inmanejable... Los riesgos potenciales de usar la fuerza son suficientemente graves que en cambio instamos a Estados Unidos que prosiga primero una audaz opción no militar".

En el propio Partido Republicano de Bush han expresado preocupación pública acerca de una apresurada acción militar los senadores republicanos Sam Brownback y Richard Lugar y el antiguo subsecretario de Estado Richard Armitage.

Una fuente de oposición particularmente fuerte ha sido Zbigniew Brzezinski, el asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter y una importante figura de los analistas imperialistas yanquis, sobre todo durante la guerra fría. En un discurso público de abril en que advierte directamente a Bush y su séquito acerca de las consecuencias y los peligros, dijo: "Hay cuatro argumentos contundentes contra un ataque aéreo preventivo a las instalaciones nucleares iraníes". Primero, como Irán está a muchos años de fabricar una bomba, no hay ninguna "amenaza inminente". Dos, por la situación estadounidense en Irak y por la influencia iraní en una región ya difícil, "un conflicto con él haría que la desgracia en Irak parezca trivial". Tres, se suscitaría otra crisis del petróleo, y "la economía mundial se perjudicaría severamente, y se le echarían la culpa a Estados Unidos". Cuatro, "Estados Unidos sería un blanco más probable del terrorismo, y una buena parte del mundo sacaría la conclusión de que el apoyo estadounidense a Israel es en sí una importante causa del aumento del terrorismo. Estados Unidos se aislaría más".

Concluye: "En resumen, un ataque a Irán sería un acto de tontería política y pondría en movimiento un trastorno progresivo en la marcha de los acontecimientos mundiales. Como Estados Unidos sería el objeto de mayor hostilidad, la era del predominio norteamericano podría tener un fin prematuro. Aunque Estados Unidos claramente domina en el mundo por el momento, no tiene el poder ni el apoyo interno para imponer su voluntad y luego mantenerla de cara a una resistencia prolongada y costosa. Esa certidumbre es la lección que enseñaron las experiencias en Vietnam e Irak" ( Tribune Media Services , 26 de abril).

El mismo Brzezinski defiende la validez estratégica de los dos argumentos fundamentales de la política de Bush a que critica en lo táctico. En una anterior charla de octubre de 2003, dijo: "En el caso de Irán también nos conviene que se amaine el despotismo teocrático". Reconoció que el viejo orden mundial que surgió de la guerra fría ya no es aceptable y que sería una equivocación buscar la paz y la estabilidad sin haberse consolidado primero uno nuevo. "Vamos a vivir en un mundo inseguro. No se puede evitar. Tenemos que aprender a vivir en él con dignidad, con idealismo, con firmeza" (palabras de la conferencia "Nuevas estrategias norteamericanas por la seguridad y la paz", The American Prospect Online , 31 de octubre de 2003).

Pese a los peligros, la necesidad de un nuevo reparto del mundo es un factor que impulsa al imperialismo yanqui a librar guerras, sobre todo, ahora, en el Medio Oriente, en el corazón de cualquier nuevo reparto mundial.

Después del derrumbamiento del bloque soviético, la división del mundo basada en la situación anterior no podía satisfacer a un imperialismo yanqui que salió como la superpotencia militar única. Como Lenin escribió, el capitalismo se desarrolla de manera desigual, y suscita constantemente desafíos a la división del mundo de los imperialistas rivales que buscan extender sus esferas de influencia y amarrar superganancias de la exportación de su capital. Estados Unidos busca asegurar su predominio antes de que surjan amenazas de otros imperialistas. El nacimiento de la Unión Europea, el posible resurgimiento de Rusia como importante potencia y la amenaza a la posición yanqui en el mundo de alianzas imperialistas antiyanquis imprevisibles, fundamentan los argumentos de aquellos que insisten en una apresurada guerra contra Irán. De cara a las críticas basadas en los problemas que Estados Unidos ha tenido en Irak, argumentan que la única manera de quitar los obstáculos al control norteamericano de Irak es derrocando al régimen en Irán. La necesidad de reestructurar el Medio Oriente es un elemento tan fundamental de su proyecto de consolidar su hegemonía global que los gobernantes capitalista monopolistas estadounidenses estarían dispuestos a arriesgar mucho, incluso su actual "predominio", y a seguir la lógica de "todo o nada". Es verdad que Bush y su séquito están locos, que juegan con candela y que amenazan con sumir al mundo entero en las llamas de la guerra, pero esta locura sigue la lógica del capitalismo en la fase imperialista.

Aunque hay una fuerte tendencia que obliga al imperialismo yanqui a apresurar una solución militar a sus problemas en Irán y el Medio Oriente antes de que sea "demasiado tarde", no sería correcto pasar por alto las contradicciones y las limitaciones que tienen, y las tendencias contrapuestas que genera un conocimiento de ellas.

Por ejemplo, como señalan Brzezinski y Albright, entre otros, si bien es cierto que un ataque militar está dentro de las opciones del imperialismo yanqui, los resultados en esta región explosiva fácilmente podrían rebasar muchísimo la capacidad de manejo de cualquiera. El impacto podría tener una envergadura mucho más amplia que una guerra en gran escala en Irán. El resultado imprevisible es exactamente lo que preocupa a aquellos pensadores imperialistas quienes dicen que un ataque a Irán sería "una tontería política" que bien podría poner fin a la "era del predominio norteamericano".

Como es sabido, Estados Unidos no pudo alcanzar sus objetivos en la guerra coreana en los años 1950. Como dice Brzezinski, Estados Unidos estaba determinado a ganar en Vietnam. Envió más de dos veces la cantidad de soldados que tiene hoy en Irak y extendió la guerra a Camboya, pero eso no lo salvó de una derrota a manos de las masas de la región, y del importante papel del movimiento contra la guerra, sobre todo en las fuerzas armadas yanquis.

Con el paso del tiempo, las consecuencias de esa derrota humillante cobraron más peso. Facilitó el avance del socialimperialismo soviético (socialismo en palabras pero capitalismo/imperialismo de hecho) en el mundo. Contribuyó al surgimiento de una nueva generación de antiimperialistas, muchos de ellos quienes se unieron al movimiento comunista, y dio un importante ímpetu a las luchas revolucionarias populares por todas partes. Esa derrota representó un gran golpe a la credibilidad de la intimidación yanqui y un golpe aún más grande a la confianza y la capacidad del imperialismo norteamericano de emprender otra guerra como Vietnam. Por años el "fantasma" de Vietnam le quitaba sueño a los imperialistas yanquis. Tardaron décadas en recuperar su confianza, y eso sólo después del derrumbamiento del bloque soviético. La sombra de la derrota en Vietnam todavía oscurece los cielos del imperialismo yanqui.

No obstante, a pesar de su tentativa de exorcizar ese recuerdo y de no sumirse en guerras locales, ahora Estados Unidos tiene los mismos problemas en Afganistán e Irak. La diferencia principal, que es sumamente importante, es que las fuerzas de la resistencia iraquí son muy diferentes y tienen serias debilidades básicas. A causa del predominio de fuerzas reaccionarias y muy retrógradas, esta resistencia no ha podido unir a las masas ni apoyarse en su apoyo organizado y sostenido y de hecho no busca hacerlo, por mucho que las masas odien la ocupación. Estados Unidos ha recurrido a la tortura y el terror general, entre otras causas importantes, debido a que la población en general no quiere ayudar a los ocupantes. Aún así, al parecer Estados Unidos tendrá una guerra larga en estos dos países. Cuando los imperialistas preocupados como Brzezinski recuerdan a Vietnam y advierten que en Irán, "Estados Unidos no tiene el poder ni el apoyo interno para imponer su voluntad y luego mantenerla de cara a una resistencia prolongada y costosa", se refieren, entre otras cosas, al peligro de la inestabilidad política en los propios Estados Unidos.

Aunque están conscientes de estos peligros, los imperialistas yanquis, sobre todo aquellos que mandan el gobierno en estos momentos, al parecer piensan que esa guerra es la única manera de romper decisivamente con el "síndrome de Vietnam". Al parecer piensan que el derrumbamiento del bloque soviético y su posición como única superpotencia les da la oportunidad y suficiente brío para llevar al final su cruzada por la hegemonía del mundo. Este resultado, piensan, más que compensaría cualquier costo. Se trata de la vida y la muerte para el imperialismo yanqui.

En resumen, lo que es seguro es que Estados Unidos ya ha comenzado la marcha hacia la hegemonía sobre el mundo. Comenzaron ocupando a Afganistán e Irak y ciertamente no tienen planes de parar a medio camino. Buscan una oportunidad en el momento más temprano posible para dar lo que esperan serán pasos más decisivos. En el entretanto intentan neutralizar a las fuerzas opuestas, por ejemplo, uniendo a los imperialistas rivales e intimidando a las masas en la "patria" y así sucesivamente, a la vez que aumentan la presión sobre su próximo blanco: Irán. El resultado final depende del desarrollo de muchos factores diferentes de esta situación compleja. Ciertamente un factor muy importante es la reacción y la orientación de las masas de los diversos países. Por eso, los revolucionarios y los comunistas han de participar activamente y dirigir, al grado más alto posible, la resistencia contra la "locura" y el terrorismo que los imperialistas se preparan a desencadenar.

Próxima entrega: Qué tiene que hacer el pueblo

Primera Entrega: Que busca Estados Unidos
Segunda Entrega: Posibles tácticas yanquis en aras de sus metas estratégicas en Irán
Tercera Entrega: Más sobre los obstáculos al plan estadounidense y el debate en la clase dominante norteamericana