Boletín N° 21 - 16 de junio de 2003
  Irak: Después de la invasión, la guerra

En las últimas semanas, han ocurrido importantes ataques y contraataques entre miles de soldados norteamericanos y pequeños grupos de guerrilleros iraquíes y sus partidarios civiles. En algunos casos, las tropas de ocupación han sufrido duros golpes; en otros, grandes cantidades de soldados y aeronaves yanquis se han movilizado para doblegar la resistencia iraquí.

Los norteamericanos ya no dan información sobre los ataques. El Guardian de Londres informa que las tropas norteamericanas a diario han estado bajo fuego y han sido blanco de docenas de ataques con granadas. El 12 de junio, Estados Unidos informó que 45 norteamericanos y cerca de 100 iraquíes murieron desde el 1º de mayo, día en que Bush declaró terminada la guerra inicial. (Las cifras de Estados Unidos incluyen muertes en combate y accidentales.) En comparación, durante la guerra oficial murieron 138 norteamericanos y de 5 a 10 mil iraquíes según el Iraq Body Count [conteo de bajas en Irak], un grupo de voluntarios académicos angloamericanos.

Mientras se prepara este informe, los norteamericanos están montando la mayor ofensiva desde el 1º de mayo para “romper el espinazo” de la resistencia en el norte.

Unos 4.000 soldados norteamericanos están apostados a largo plazo en Faluya, la ciudad al occidente de Bagdad que ha sido un centro de resistencia desde que los invasores mataron a 18 manifestantes en dos incidentes el 28 y el 30 de abril. Los soldados fueron a relevar a los seis mil invasores que ya estaban apostados en la ciudad y que han estado bajo ataque. Ocho soldados norteamericanos murieron y muchos más sufrieron heridas, en un plazo de diez días a finales de mayo y principios de junio, a causa de ataques relámpago con fusiles y granadas propulsadas por cohetes (RPG) y en acciones de mucho más vuelo, como aquella contra una columna de vehículos militares en el río Eufrates el 27 de mayo. Las tres fuerzas de choque estadounidenses que el 15 de junio entraron antes del amanecer con protección aérea a esta ciudad de 200.000 habitantes recibieron disparos desde las azoteas y desde la calle. Con sirenas y bengalas, los habitantes iban indicando su presencia. Los norteamericanos no han podido trabajar con sigilo desde hace algún tiempo, ya que los habitantes han organizado un sistema de vigilancia desde las ventanas y las azoteas encendiendo y apagando las luces para que los combatientes sepan exactamente dónde están los yanquis.

En represalia, toda la noche y al día siguiente los invasores fueron de casa en casa derribando puertas, despertando y arrastrando familias enteras de la cama, y llevándoselas con bolsas sobre la cabeza. Esa técnica, típica de los norteamericanos en Irak, siembra terror y facilita la “desaparición” de ciertos prisioneros, ya que nadie conoce la identidad de los demás. A los familiares que fueron a buscar a sus queridos presos, los invasores les dijeron que no llevan una lista de prisioneros. Los oficiales del ejército explicaron que realizaron los registros de noche para “atenuar los inconvenientes” a los habitantes. Luego de las detenciones y del anuncio de que habían capturado a media docena de personas identificadas como “líderes de la resistencia”, los invasores trajeron convoyes con alimentos, medicinas, útiles escolares y juguetes. Según los corresponsales extranjeros, muchos hombres y mujeres están más que nunca con ánimo de luchar. “Ni siquiera Saddam nos hizo esto jamás”, dijo llorando un padre mientras las tropas se llevaban a sus dos hijos.

Es más, un número similar de tropas lanzaron una operación de tres días en una península de 50 km2 formada por un recodo en el río Tigris, un poco al norte de Bagdad. Las patrullas norteamericanas han sufrido muchos ataques de noche en esta rica zona de cultivos. Con el apoyo de aviones de combate, helicópteros artillados y aviones teledirigidos equipados con misiles, vehículos blindados y lanchas patrulleras convergieron en Duluiya y Balad. En la carretera a Balad, dos tanques cayeron en una emboscada cuando “una gran fuerza de insurgentes” hizo estallar una mina terrestre y luego lanzó RPG. Según los norteamericanos, cuatro iraquíes murieron y cuatro norteamericanos sufrieron heridas en el combate, que aún continuaba al cierre. En otra emboscada en la carretera Bagdad-Balad, un camión norteamericano ardió. Un helicóptero evacuó los norteamericanos heridos.

Los invasores detuvieron a 400 sospechosos de ser “elementos subversivos” en la zona, donde, al igual que en Faluya, consideran que todos los iraquíes son enemigos. Llevaron a 338 habitantes, menos los ancianos y niños pequeños, a un campo de detención. Antes de esta ofensiva, Estados Unidos ya mantenía a miles de iraquíes prisioneros por tiempo indefinido. Según los habitantes, los soldados esposaron a mujeres y niños, mataron a golpes a un hombre y le causaron la muerte a otro por ataque cardíaco al no permitir que su esposa e hijas le dieran su medicina. Le taparon la boca con cinta a la esposa para que no pudiera protestar.

En la tercera parte del ataque, los invasores en helicópteros, Humvee y vehículos de combate Bradley incursionaron en aldeas al occidente de Bagdad donde han sufrido muchos ataques. Como en las otras dos operaciones, buscaban hacer registros y tomar prisioneros. Los familiares de los detenidos por algún capricho o por una “delación” de algún informante, se quejaron de que el trato era igual o peor que bajo Saddam. Un profesor de secundaria le dijo a la Associated Press: “La resistencia va a aumentar. Tratar así a los civiles es terrorismo”.

El 12 de junio, los invasores atacaron lo que describieron como un campo de entrenamiento militar a 150 kilómetros al noreste de Bagdad. Fue otra clase de asalto: bombardearon y asesinaron la mayor cantidad posible de gente y no hicieron arrestos. Fue la mayor operación yanqui contra la resistencia, con bombardeos aéreos antes del ataque de la división de élite 101ª Aerotransportada. Luego de intensos combates, cuando los norteamericanos pensaron que habían ganado la batalla, de repente aparecieron más guerrilleros que derribaron un helicóptero Apache. Es la primera vez que los estadounidenses han admitido el derribamiento de una aeronave suya, aunque se ha informado de otros. Dijeron que mataron a 71 iraquíes.

En el suroeste de Irak, un avión de combate se estrelló debido a “causas desconocidas”, según el Comando Central estadounidense.

Dos explosiones prendieron un incendio incontrolable en un oleoducto en Mahoul al norte de Irak el 13 de junio. Los planes de reanudar la exportación de petróleo iraquí para enriquecer a las corporaciones norteamericanas se han atascado a causa de la escasez de refacciones, sabotaje y combates.

El 11 de junio dos soldados norteamericanos apostados en un retén en Bagdad murieron cuando los pasajeros de una camioneta bajaron y dispararon RPG. Se dieron incidentes similares en la capital a principios del mes.

Massoul, al norte, en el Kurdistán, presenció el 12 de junio un combate entre cientos de ex soldados del ejército iraquí que reclamaban su pago y la policía controlada por Estados Unidos. Según la Agencia Francesa de Prensa (AFP), tres manifestantes murieron y hubo más de 150 arrestos. Mientras los helicópteros sobrevolaban, la multitud enfurecida prendió fuego a un vehículo militar norteamericano y quemó parte de un edificio de administración.

En Basora, al sur de Irak, el 15 de junio una manifestación de 10.000 personas exigió que las tropas británicas que ocupan la región abandonen el país.

Paul Bremer, jefe de la ocupación, ha anunciado que Estados Unidos prohibirá “reuniones, pronunciamientos o publicaciones que inciten al desorden o a la violencia” contra las fuerzas de ocupación. Un vocero explicó que vigilarían las mezquitas. El equipo de Bremer redactó reglas para censurar la prensa iraquí. El cuento de que los norteamericanos llegaron como “libertadores” ya está muy gastado. Llegaron con promesas de comida, medicamentos y libertad, y han dado balas, cárcel, tiranía y un país en ruinas.

Cerca de Kirkut, al norte, los invasores detuvieron a 74 personas descritas como simpatizantes de Al Qaeda. Algunos informes periodísticos cuestionan esta afirmación. Finalmente, los yanquis admitieron que habían cometido un error, pero aún no se sabe si han soltado a los detenidos. Según un artículo del 14 de junio en The New York Times, Estados Unidos se ha quejado de “un flujo constante de militantes árabes que han llegado a Irak a fin de matar a soldados norteamericanos”.

Dice que los estadounidenses están librando “una contrainsurgencia” y que les espera un “largo y caliente verano”, una descripción típica de las rebeliones en los ghettos en Estados Unidos. El reportero Michael Gordon dijo: “Luego de que los tanques M-1 norteamericanos incursionaran en Bagdad para destronar a Saddam Hussein, una de las cuestiones militares centrales era qué país sería el siguiente blanco de Estados Unidos. ¿Seguirían su ofensiva en Siria? O, ¿aumentarían la presión militar sobre Irán? Dos meses después de la batalla por Bagdad, se conoce la respuesta: la próxima pelea es en Irak”.

Las autoridades estadounidenses están preparando la opinión pública para una ocupación larga y difícil. El alto comandante David McKiernan dijo: “No puedo decirles que este país estará seguro y a salvo en dos meses o en un año. Lo que sí puedo decirles es que seguiremos manteniendo una presencia militar aquí por el tiempo que se requiera”. En una rueda de prensa el 10 de junio, Rumsfeld advirtió que los combates no se acabarían “en el próximo mes ni en los próximos dos o tres meses”, ni siquiera con “la llegada de dos o tres divisiones de las fuerzas de la coalición”, lo que casi duplicaría el número de fuerzas invasoras.

La prensa informa de la baja moral de las tropas estadounidenses. En lugar de regresar a casa en mayo, dos de las tres brigadas de la 3ª División de Infantería han ido a Bagdad y Faluya. Se prevé que permanezcan ahí. En el New York Times del 16 de junio, un corresponsal dijo que los soldados de la 1ª Brigada en Bagdad están agotados y aterrorizados por los combates, “obsesionados por las muertes que han causado y las que han sufrido. Todos parecen cansados, hartos del calor y resentidos. Parece que la moral se ha desplomado”. Un soldado de infantería dijo: “Llame a Donald Rumsfeld y a los demás y dígales que estamos listos para irnos a casa”.

Los planes de Estados Unidos de atacar a otros países se han topado con un inesperado obstáculo: Aún no han sometido a Irak. Casi la mitad de las divisiones activas del ejército y un gran número de marines están apostados en Irak. Aquellos que no se han ido a casa en bolsas para cadáveres no irán a ninguna parte en el futuro cercano.