Boletín - 30 de marzo de 2015
  Atrapados en la fatal disyuntiva entre los callejones sin salida del imperialismo y del fundamentalismo religioso
Solo la revolución puede sacarnos de esta situación
  El siguiente es el texto de un volante del Grupo Manifiesto Comunista Revolucionario en Europa que se distribuyó de forma masiva en árabe, francés e inglés en el Foro Social Mundial que tuvo lugar en Túnez del 24 al 28 de marzo de 2015.

La gente está horrorizada y justamente indignada por el reciente ataque fundamentalista islámico en Túnez. Nos han dicho que la única protección contra este tipo de barbarie es unirnos tras los aún más grandes criminales que dirigen una red internacional de explotación que tritura gente, amparada por la guerra, la tortura y dictadores locales.

Hace cuatro años, millones de personas de todo el Medio Oriente prefirieron arriesgarse a morir que vivir otro día bajo las condiciones a las que estaban obligados. Hoy la gente está paralizada o empujada a escoger entre dos alternativas inaceptables: más de los mismos viejos regímenes que ya habían rechazado, o los fundamentalistas religiosos cuya crueldad hacia el pueblo no es menor que la de los lacayos locales de Occidente a los que quieren reemplazar. El creciente conflicto entre estos dos polos ha generado una masacre tras otra, y esta mortal dinámica va a continuar mientras el capitalismo y el imperialismo sigan dominando. Sin embargo, existe un camino diferente y liberador: la revolución comunista.

Cuadro de texto:    Una pancarta llevada en la manifestación del último día del Foro Social Mundial en Túnez  El mismo funcionamiento de sistema imperialista es el que ha generado al fundamentalismo religioso del siglo XXI, incluyendo la falsa afirmación del islam político de que la respuesta a la corrupción, la hipocresía moral y la humillación nacional impuesta por Occidente es un régimen basado en la ley de la sharia, en el que la superstición y el patriarcado tienen fuerza de ley. Las potencias occidentales han aceptado eso en donde se ajuste a sus intereses, pero ahora el islamismo ha emergido como el principal rival ideológico de Occidente y desafía la actual configuración política de la región. A nombre de salvar al pueblo de la barbarie, estos bárbaros con alta tecnología invadieron Afganistán, Irak y Malí, enviaron a sus comandos y drones a arrasar con Pakistán y Yemen, a devastar Libia y ahora a bombardear Siria. Las intervenciones, invasiones, ocupaciones y masacres imperialistas sólo han fortalecido al islamismo y lo han propagado más, así como cada secuestro masivo y cada decapitación por parte de los fundamentalistas empuja a mucha gente a los trituradores brazos de Occidente. No obstante las potencias imperialistas están preparando abiertamente a la opinión pública y a sus ejércitos para una guerra más extensa.

Una ojeada a Egipto, Túnez, Libia, Yemen y otras partes de la región nos muestra que a menos de que haya una auténtica revolución el pueblo va a terminar encerrado en un oscurantismo y un atraso peores, combinados con la humillación nacional y la falta de derechos, sin importar si la gente “escoge” las banderas de los políticos y generales obedientes a Occidente o las de los islamistas que quieren reemplazarlos. Esta pesadilla tiende a empeorar a menos de que el pueblo luche por llevar estas sociedades por un camino totalmente diferente. Incluso en medio de las rebeliones de los últimos años, la política y las teorías reformistas y estrechas no han podido movilizar de forma duradera a los jóvenes profundamente disconformes y a las masas desesperadas que constituyen la mayoría en el Medio Oriente.

Cuadro de texto:    Una de las mesas de divulgación de la nueva síntesis del comunismo en el Foro Social Mundial en Túnez  Hay que confrontar las repugnantes opciones políticas con un plan por un cambio social radical y completamente realista, basado en un análisis científico de los problemas que confrontamos y de las lecciones de las previas experiencias de la revolución. Algunos ejemplos de los principios centrales de este enfoque, tomando en cuenta las diferencias entre países, pueden ser:

▪ Las acciones revolucionarias de millones deben confrontar y superar todo tipo de fuerzas reaccionarias, desmantelar y reemplazar no solo a las monarquías y teocracias sino también a los sistemas políticos en los que el parlamento y la igualdad formal ocultan la dominación de los capitalistas y terratenientes, y que la vida de millones de personas por todo el Medio Oriente está subordinada a la acumulación de capital en Nueva York, Paris, Londres y Frankfurt. Se debe construir un sistema político completamente diferente que en verdad les permita a las masas transformar la sociedad, que garantice su participación, que aliente una discusión vibrante en la sociedad, que valore el disentimiento y proteja los derechos políticos y personales de la gente, incluyendo el derecho a practicar cualquier religión y a propagar el ateísmo.

Cuadro de texto:    Otra mesa de divulgación de la nueva síntesis del comunismo  ▪ Como lo ha comprobado la experiencia —desde la Argelia poscolonial a Assad padre e hijo y la República Islámica de Irán (y Venezuela) —, hablar de romper con el imperialismo mientras que se sigue atrapado en el mercado mundial imperialista solo es cháchara. Nadie, sea que esté cegado por el petróleo o no, puede manejar libremente sus asuntos sin un nuevo sistema económico en el que la riqueza se produzca para el beneficio de la transformación de la sociedad y el mundo. Una nueva economía requiere realizar un desarrollo equilibrado para deshacer la lógica de la dependencia imperialista, reparar la masiva destrucción ecológica y emprender la marcha por un nuevo camino de desarrollo sostenible. Debe abrir la puerta hacia un auténtico sistema socialista en donde el pueblo colectivamente posea y administre la capacidad productiva en función de los intereses de toda la sociedad. Ese tipo de transformación económica no es posible sin revolucionar el campo para arrancar de raíz la restante autoridad de las fuerzas sociales reaccionarias y hacer posible una economía potente y autosuficiente.

▪ Esto implica y hace posible el desarrollo de una nueva cultura revolucionaria que incorpore lo mejor que la humanidad ha producido en las ciencias y las artes, y luchar contra los opresivos valores y costumbres y el oscurantismo capitalistas-imperialistas. Una cultura que una a los pueblos de todas las nacionalidades y promueva todo lo positivo de diversas tradiciones y comunidades históricas para que todos disfruten, aprendan y crezcan con ello.

▪ Los muy diferentes pueblos del Medio Oriente necesitan unirse en una lucha común contra sus opresores, y esta unidad no se puede lograr sin erradicar la opresión nacional de los bereberes, los kurdos y otras minorías oprimidas, y sin liberar a Palestina del colonialismo de apartheid de Israel.

▪ Liberar a las mujeres del patriarcado, de la dominación masculina y de todas las formas de degradación, opresión y humillación, tanto “modernas” como medievales, con toda razón se ha convertido en una de las más nítidas líneas divisorias en la región y en el mundo. La mayoría de los “izquierdistas” de la región han desperdiciado este enorme potencial de las mujeres tratando de evitar conflictos con el atraso común en el pensamiento de la gente. La lucha por eliminar la opresión de la mujer tiene que ser una fuerza impulsora ahora y en la transformación a largo plazo de la sociedad.

Cuadro de texto:    Literatura distribuída en las mesas  ▪ La verdad sobre las revoluciones socialistas del siglo XX y la liberadora experiencia de siglo y medio de comunismo revolucionario tiene que salir a la luz. Los Estados socialistas que existieron lograron grandes cosas al abrir un camino a diferentes relaciones entre la gente y no tienen parangón con ningún Estado actual. Tenemos que sacar lecciones de las deficiencias y errores, así como de aquellos logros con el fin de hacerlo mucho mejor en la siguiente serie de revoluciones. Bob Avakian ha forjado una nueva síntesis del comunismo, que aborda esta experiencia y propone una más clara idea del comunismo como ciencia y un nuevo enfoque de la revolución socialista. Esta nueva síntesis es cada vez más debatida a nivel internacional. Los revolucionarios del Medio Oriente, y de todas partes, necesitan entrarle de lleno a esta nueva síntesis como parte de forjar un camino diferente.

Millones y millones de jóvenes y otros arden de indignación. Trágicamente el fundamentalismo islámico canaliza esa explosiva inconformidad en una concepción y un programa que no ofrecen nada positivo. Lo que tenemos que ofrecerles a los jóvenes y a los que están en el fondo de la sociedad, y de hecho al pueblo en general, es la oportunidad de convertirse en emancipadores de la humanidad, buscando transformar el planeta país por país como parte de un proceso mundial que tiene como meta el comunismo, un mundo en el que la gente trabaja y lucha por el bien común, donde todos contribuyen de la forma en que puedan a la sociedad y reciben lo que necesitan para vivir una vida digna de un ser humano, un mundo donde ya no hay divisiones entre la gente que permitan que algunos dominen y opriman a otros, robándoles no solo los medios para tener una vida decente sino también el conocimiento y los medios para comprender de verdad y actuar para cambiar el mundo.

Los verdaderos vientos de la liberación que golpeen en el Medio Oriente van a retumbar por todo el mundo y les darán ánimo a los oprimidos de todo el planeta. Los oprimidos tienen hermanos y hermanas en todos lados —presenciando las estimulantes rebeliones en México y las crecientes luchas contra la opresión en Estados Unidos.

Los levantamientos que derrocaron a Ben Ali y a Mubarak permitieron vislumbrar las aspiraciones del pueblo por un completo cambio. Retumbaron en toda la región y enviaron un mensaje de esperanza por un verdadero cambio que se apreció en todo el mundo. El viejo orden político empezó a resquebrajarse pero no se comprendió bien la necesidad de establecer un tipo de Estado y sociedad radicalmente nuevo. Sea en nuevas o viejas formas, las injusticias y afrentas contra las que se levantó el pueblo son hoy peores. Si una comprensión del verdadero problema y la verdadera solución se convierte en una fuerza real, ¿no podría la revolución convertirse en una posibilidad real? Una bandera que represente esa comprensión fundamental, en total oposición a las ilusiones islámicas y a las realidades imperialistas, puede unir a la inmensa mayoría del pueblo de diferentes países, de la región y del mundo, contra sus verdaderos enemigos a largo plazo. En este momento puede ser un polo que unifique al pueblo que está siendo cada vez más dividido, aplastado y despojado de toda esperanza. Puede empezar a revertir la fatal dinámica actual. Este es un camino difícil, pero es la única salida a esta locura.

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