Boletín N° 96 - 31 de enero de 2005
  Recordando Auschwitz, mirando hacia el futuro

Un espeso hedor de mentiras e hipocresía salía de la reunión de líderes mundiales en Auschwitz-Birkenau con motivo del 60 aniversario de la liberación del mayor campo de exterminio nazi. La verdad: Estados Unidos e Inglaterra no hicieron nada en absoluto para detener el genocidio, lo encubrieron mientras estaba en marcha y tras la guerra protegieron a quienes lo cometieron. ¿Por qué? ¿Qué lección tiene para hoy?

Cuando los nazis subieron al Poder en las elecciones de 1933, ya era del dominio público que odiaban a los judíos. Menos de 1% de la población alemana era de judíos, aproximadamente 500.000. Primero los nazis reprimieron a los comunistas. Muchos de los decenas de miles de primeros judíos que emigraron eran de la izquierda. Luego, mataron en secreto a los enfermos mentales, discapacitados y otros "inadaptados", un ensayo para los campamentos de exterminio que abrieron ocho años después. Mataron a los homosexuales también.

Con violencia y asesinatos buscaron expulsar a los judíos del país. En 1936, las leyes de Nuremburg les arrebataron los derechos civiles y prohibieron matrimonios entre judíos y no judíos. Una vez que los echaron de los puestos de autoridad, se dio una pausa, que algunas personas interpretaron como que lo peor ya había pasado. En 1938 la Noche de los cristales rotos despejó esa ilusión: los nazis encabezaron a chusmas para atacar a los negocios y casas de los judíos. Eso y la anexión de Austria por Alemania el mismo año hicieron que más judíos intentaran emigrar.

Pero pocos países los aceptaron. El único que los aceptó sin límite: la entonces socialista URSS. En 1938, el presidente yanqui Franklin D. Roosevelt convocó la Conferencia de Evian, Francia, una reunión de 32 países, para ver qué hacer con los refugiados judíos. Si bien Estados Unidos e Inglaterra aceptaban decenas de miles al año, diez más esa cantidad de judíos solicitaron visas. Estas dos potencias pidieron que otros gobiernos los aceptaran. Francia se negó. El único país presente que accedió a aumentar la cuota era la República Dominicana. La prensa nazi alabó la conferencia como señal de que el mundo empezaba a apoyar su programa racial.

En mayo de 1939, el SS Saint Louis partió de Hamburgo, Alemania rumbo a Cuba con 937 refugiados, casi puros judíos alemanes. La mayoría de ellos había solicitado una visa para entrar a Estados Unidos. Cuba les permitió esperar en puerto mientras esperaban una respuesta a las solicitudes. Justo antes de llegar Estados Unidos obligó a Cuba a cambiar de plan y a no permitir que los refugiados dejaran el barco. Los demás países latinoamericanos tampoco ofrecieron ayudarles. El barco se acercó tanto a la costa estadounidenses que los pasajeros pudieron ver las calles iluminadas de Miami de noche. Esperaban una respuesta a un cablegrama que enviaron a Roosevelt. El gobierno yanqui ya había tomado una decisión en contra, pero no envió ninguna respuesta. En junio, el barco tuvo que volver a Europa, donde muchos pasajeros acabaron en los campamentos de exterminio.

En 1941, cuando los nazis prohibieron oficialmente la emigración de los judíos, más del 80% de los judíos ya se habían partido. Tras la invasión alemana de Polonia, la principal población de judíos de Europa quedó bajo el control de los nazis. Cuando los ejércitos nazis entraron a Europa del Este y la Unión Soviética y se desbocaron en las regiones de gran población judía de Bielorrusia y Ucrania, muchos millones de judíos quedaron bajo su bota. En enero de 1942, en una conferencia en un suburbio de Berlín llamado Wansee, adoptaron un plan de "solución final": enviar a todos los judíos a los campamentos en el este, exterminar a los que estén tan débiles que no pueden trabajar, obligar a trabajar y morir de hambre a los demás, y exterminar a los que sobrevivan.

Los aliados estaban enterados pero no dijeron nada. Cuando el Consejo Mundial de Judíos con sede en Ginebra envió un cablegrama al Departamento de Estado yanqui con los detalles de este plan, el gobierno estadounidense lo ignoró y le dijo al principal rabino norteamericano (que también había recibido el informe) que se cerrara la boca. Desde el comienzo el Vaticano contaba con todos los detalles provenientes de fuentes católicas pero, a pesar de las presiones desde abajo, el Papa Pius XII se negó a lanzar una declaración pública contra el plan, pues la iglesia católica aún consideraba que los judíos eran "asesinos de Cristo". Hoy el Vaticano quiere santificar a este tipo.

En el ghetto de Varsovia, una organización de combatientes judíos dirigida por comunistas y otras fuerzas de la resistencia envió a exploradores por la alcantarilla para pasar al otro lado de los muros en que los nazis los tenían encerrados. Siguieron los trenes que se llevaban miles de familias a un destino desconocido. Al fin de la vía estaba Auschwitz: ahí murieron gaseados un millón de judíos, 75 mil polacos no judíos, 18 mil gitanos y 15 mil prisioneros de guerra soviéticos; incineraron los cadáveres en los hornos.

Un representante del gobierno polaco probritánico al cual derrocaron los nazis fue al ghetto para conocer los hechos. Describieron el campamento y le dijeron que desde Varsovia los trenes llevaban 10 mil judíos al día a la muerte. Aunque no estaba muy dispuesto a ayudarles, aceptó salir de Polonia y comentarlo con las autoridades inglesas y norteamericanas, pues consideraba que como eran aliados políticos, le prestarían atención. Era un señor tal que esperaban reunirse con Churchill; habló largamente con Roosevelt. No pasó nada.

A partir de 1942 Auschwitz, como los demás campamentos, recibió constantes cargas ferroviarias de judíos y carbón. Sin esas vías, habrían parado en seco sus operaciones y se habrían enfriado los hornos. ¿Por qué no las bombardearon los aliados? Para generar caos económico, ya pulverizaban los puertos europeos ocupados por los alemanes y sus bombas provocaron el incendio de la ciudad de Dresden. ¿Qué les detuvo la mano?

Se ha dicho que los bombarderos basados en Inglaterra no podían alcanzar al campamento tan alejado en el sureste. Tal vez, pero para abril de 1944, al menos, ya no era cierto, como prueba una recién divulgada foto de reconocimiento aéreo del campamento tomada en ese entonces. Tomaron esas fotos a fin de planear los ataques. En la foto se ven claramente los galerones de los presos, las cámaras de gas y los crematorios. Se sabe que la inteligencia de los aliados recibió informes de dos huidos del campamento ese mes y dos más el mes siguiente.

Se avecinaba un clímax infernal. Sacaron todos los judíos de Polonia. En trenes sacaron a 440.000 de Hungría, la mitad de la población judía de ese país, durante mayo y junio. Estados Unidos e Inglaterra lo observaron todo.

En agosto y septiembre, la fuerza aérea yanqui bombardeó un complejo industrial a menos de cinco minutos por aire de las cámaras de gas de Birkenau. En un documento reciente de la BBC, un sobreviviente relata con amargura que ella y otros presos vieron sobrevolar cientos de aviones de guerra. Se preguntaron: ¿Por qué no bombardean este lugar? Aunque maten a muchos de nosotros, sería la única forma de que algunos de nosotros salgamos con vida.

En octubre de 1944 los presos llevaron a cabo uno de los levantamientos conocidos en Auschwitz. Cientos de presos atacaron a los guardias con hachas y piedras. Volaron una cámara de gas con explosivos y prendieron fuego a un crematorio. Aunque los aliados contemplaban la idea de entregar fusiles vía aérea a los presos, no hicieron nada.

Los campamentos siguieron operando sin interferencia externa hasta el 27 de enero de 1945, cuando el Ejército Rojo soviético llegó a los portones. Encontraron a siete mil sobrevivientes tan débiles que no podían caminar. Cuando los nazis huyeron hacia el occidente, se llevaron a 58 mil presos. Aunque quedaran derrotados, no querían dejar a ningún judío con vida.

Estados Unidos continuó cometiendo crímenes después de ese día: juzgó a muy pocos dirigentes y verdugos nazis porque les daba protección. Poco después de la guerra, reclutó a muchos ex dirigentes nazis para luchar contra la Unión Soviética.

Los aliados identificaron a tres millones de nazis que cometieron crímenes durante la guerra. Juzgaron a un millón, condenaron a la pena capital a once, a unos cuantos les dio cortas sentencias de cárcel, a la mayoría de ellos les multaron o les prohibieron ocupar puestos públicos por un corto tiempo. En 1951, casi todos ellos recibieron una amnistía. Krupp y otros grandes capitalistas en cuyas fábricas trabajaron los presos de los campamentos de exterminio recuperaron sus fortunas.

Ahorcaron al comandante de Auschwitz, pero de los diez mil integrantes de la SS nazi que cometieron las ejecuciones, sólo 750 recibieron un castigo leve.

Como hace poco documentó el libro US Intelligence and the Nazis, de Norman J. W. Goda, basado en los archivos del gobierno estadounidense, llevaron a miles de nazis y oficiales de la SS a Estados unidos donde "podían ayudar a contrarrestar las ideas comunistas en las comunidades de inmigrantes" (Associated Press). La iglesia católica y la inteligencia militar yanqui colaboraron para sacar a los más tristemente célebres nazis de Alemania. Según Goda, la CIA utilizó a un grupo de oficiales nazis que había estado encargado de la inteligencia en el frente oriental como núcleo del futuro servicio de inteligencia de la República Federal de Alemania, entidad que aún opera hoy.

Los historiadores de hoy que defienden el comportamiento de Churchill y Roosevelt tienen dos argumentos contradictorios. El primero: que los dos hombres temían que si se llegara a identificar la guerra con el rescate de los judíos de Europa, la "opinión pública" antijudía en sus respectivos países perjudicaría su propia participación en la guerra. O sea, culpan a los habitantes de los países occidentales que no sabían lo que hacían los nazis. Así ponen patas arriba la verdad.

El segundo, que sostienen con frecuencia los expertos militares, es que si hubiera salido la verdad sobre los campamentos, la presión del público para hacer algo al respecto habría limitado su libertad de fijar prioridades militares de acuerdo a sus objetivos generales en la guerra.

Si se quiere conocer los objetivos de Estados Unidos, vea los resultados de su triunfo: salió como principal potencia imperialista capaz de cebarse de la explotación de todo el mundo. Inglaterra, si bien perdió su anterior posición superior, salió como importante potencia y socio principal de Estados Unidos. Alemania y Japón, que no lograron alcanzar el dominio global como Estados Unidos, no pudieron sino aceptar ser socios menores del crimen organizado dirigido por Estados Unidos. Estados Unidos e Inglaterra no usaron sus bombas para salvar a los judíos porque tenían otros objetivos. Después de la guerra, protegieron a los nazis por las mismas razones imperialistas.

Es necesario analizar las raíces políticas e ideológicas del genocidio nazi contra los judíos y por qué las potencias occidentales no hicieron nada al respecto.

Como parte de su visión general los nazis siempre asociaron los comunistas con los judíos. El antisemitismo surgió mucho antes de la época contemporánea, pero eso no explica la forma virulenta y genocida que los nazis le dieron en preparación para el inevitable conflicto con la URSS, una causa en que esperaban contar con el apoyo o al menos la neutralidad de los aliados. Aumentó su asesino odio a los judíos cuando el "judío bolchevique" puso en jaque a los ejércitos alemanes en el oriente y luego los obligó a retroceder.

Los judíos odiaban al orden mundial de entonces por buenas razones. Muchos judíos militaban en el movimiento comunista y muchos de ellos consideraban a la Unión Soviética como un faro de salvación. La Unión Soviética era un faro para los judíos y para los oprimidos en general. Los bolcheviques emanciparon a los judíos en la Rusia zarista, donde habían vivido en el infierno durante siglos. Les dieron la bienvenida a los judíos en el movimiento revolucionario y en la sociedad. Según el conocido historiador norteamericano Arno Mayer, durante la II Guerra Mundial, el Ejército Rojo rescató a 1,5 millones de los cuatro millones de judíos en los territorios ocupados o invadidos por los alemanes.

Tal como las demás fuerzas en la guerra, los gobiernos yanqui e inglés tuvieron sus respectivas agendas políticas e ideológicas. Querían limitar la población judía debido a la influencia de la entonces socialista Unión Soviética y del marxismo revolucionario en muchos judíos. Y querían movilizar apoyo a la guerra sobre la base más atrasada que fuera posible. Querían debilitar el antiimperialismo y el apoyo a la Unión Soviética y azuzar el patriotismo y el chovinismo. Querían que se librara la guerra de modo que beneficiara sus planes imperialistas y hiciera preparativos para confrontar al entonces socialista URSS al mismo tiempo que tuvieron que aliarse con ella para vencer a Alemania.

Cuanto más se comprenda que todos los principales reaccionarios del mundo permitieron el genocidio nazi, más se comprenderá que los gobiernos de hoy utilizan este suceso para fomentar sus actuales objetivos. Para muchos de ellos es un pretexto o hasta justificación para la opresión de los palestinos por Israel. No basta oponérsele. Es necesario analizar por qué se cometió este crimen. ¿Se debe al "mal" en el corazón de los hombres, tal como sostuvo en la ceremonia Auschwitz el "confidente más leal" de Bush, el vicepresidente Cheney, o a fuerzas ideológicas, económicas y políticas muy terrenales? Fue un mal que asumió una forma particular en un contexto mundial particular, en un mundo con otra configuración que la en que vivimos hoy y en que las potencias imperialistas tuvieron los mismos objetivos que hoy: la búsqueda de imperio en un sistema capitalista que genera inevitablemente repartos y nuevos repartos del mundo.

Bush fue el único jefe de Estado de peso que no asistió a la ceremonia. Aunque Estados Unidos es el titiritero que mueve a Israel y Bush y su entorno fascista cristiano son férreamente prosionistas, creen que cuando su "mesías" regrese los judíos arderán en el infierno y muchos de ellos ansían ese momento. De fondo, Bush y su entorno tienen planes para conquistar el mundo que van más allá de lo que los nazis pretendieron y más allá de lo que Estados Unidos obtuvo en la II Guerra Mundial. No podemos prever el futuro, pero sabemos que los imperialistas son capaces de cometer horrores inimaginables. Si bien los Estados unidos de Bush todavía no ha replicado la misma clase de crímenes que suscitaron tanto odio contra los nazis por todo el mundo, ¿se justifica esperar ese momento antes de decidirnos a pararlos?