Boletín N° 21 - 16 de junio de 2003
  Protestas contra el G8: En las líneas del frente en Ginebra

Informe de un miembro del Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo (MRPM).

Si desconocías el ambiente en el que se desarrollara la cumbre del G8 en Evian, lo sabrías al llegar al aeropuerto internacional de Ginebra. Todo pasajero tuvo que pasar por dos filas de enormes policías suizos, desde que bajaban del avión hasta que dejaban la terminal. Las autoridades suizas argumentaban que lo hacían para “evitar cualquier ataque terrorista”, pero su verdadero objetivo era sembrar “conmoción y pavor” en los manifestantes contra la cumbre y el orden imperialista mundial.

El sábado por la mañana era evidente que el plan de las autoridades de intimidar y alejar a los manifestantes había fracasado. Decenas de miles de personas llegaron a la zona de la cumbre en Annemasse, Francia, y a Lausana y Ginebra en Suiza. La policía acordonó el lugar donde se iba a efectuar la reunión. La tarde del sábado en Annemasse pulularon reuniones y debates en que participaron miles de personas de diferentes grupos de la Resistencia Global y la Coalición Parar la Guerra del Reino Unido, ATAC de Francia, anarquistas, trotskistas y muchos activistas como nosotros del MRPM provenientes de todo el continente. Para muchos era la primera vez que asistían a una manifestación de tal magnitud, ya sea en repudio de la ocupación de Irak, de la agobiante deuda que los países ricos cargan al tercer mundo, de los ataques que comete el gobierno israelí-estadounidense al pueblo palestino, o de muchas razones más. ¡Unos cuantos estaban hartos de todo!

Después de los debates políticos, se organizó un concierto de músicos de distintas partes del mundo. Los manifestantes de Turquía se alegraron por la presencia del grupo Munzer, que está comprometido con la lucha revolucionaria de ese país.

Bajo el manto de las estrellas, miles de personas pasaron la noche en debates que subían y bajaban de tono. Para muchos el sueño nunca llegó: completaban los preparativos de las actividades del día siguiente.

A las 4 a.m., cientos de personas ya estaban en camino al centro de Ginebra cuando se encontraron con la policía. No lograron el primer cruce de un puente en el centro, pero estaban resueltos a asegurarse que Bush y sus homólogos imperialistas no tuvieran paz mientras fraguaban sus acuerdos, mientras la sangre de miles de iraquíes aún estaba fresca en sus manos.

Se realizó un segundo intento, con refuerzos y un mejor plan, y esta vez lo lograron. Una vez que los manifestantes cruzaron el primer puente, a las 5.30 a.m. cruzaron el segundo y luego un tercero. Las corrientes políticas distintas de los manifestantes los hicieron confluir a distintos puentes. Los activistas del MRPM, mezclados con anarquistas, se unieron con un grupo de músicos franceses que con júbilo celebraban el avance. Con la toma de los puentes, los manifestantes obstruyeron la principal vía de suministros a la cumbre. Los medios informativos no pudieron ignorar el profundo odio hacia los crímenes de los jefes de Estado del G8.

Durante las semanas anteriores, las autoridades suizas crearon un ambiente para aislar a los manifestantes y poner a la población en su contra. Propagaron el mensaje de que iban a invadir a Ginebra “alborotadores y rufianes” cuya intención era saquear y destruir, y que los habitantes corrieran peligro si se quedaban, y que lo mejor era salir de la ciudad con sus familias y permanecer con familiares en otro lugar, hasta que los “alborotadores” se fueran, a menos que tuvieran cosas urgentes que atender.

Por primera vez, la policía suiza solicitó refuerzos de Alemania, hecho que provocó mucha consternación en la población, que conoce la reputación prepotente de los alemanes. Pero eso era precisamente lo que las autoridades suizas y estadounidenses necesitaban. La policía puso en acción bombas de ruido, lanzaaguas y macanas. Se desató el debate entre los que estaban en los puentes: algunos se retiraron, otros permanecieron y combatieron. Se elevaron los ánimos cuando una francesa de 70 años que iba en bicicleta manifestó que estaba harta de Bush y su belicismo y estaba más molesta por las calumnias que las autoridades suizas lanzaron contra los manifestantes. “Aquí me quedaré... ¡Que vengan!”.

Ante una ola de ataques, los manifestantes tuvieron que dejar los puentes. No obstante, la principal protesta estaba programada para más tarde. Decenas de miles salimos de Ginebra, mientras miles más salían de Annemasse para reunirse con nosotros en la frontera franco-suiza. La imagen que tenía yo de los gélidos Alpes suizos se transformó en un sol ardiente. Pese al fuerte calor, los manifestantes mantuvieron el ánimo en alto durante las 8-9 horas que duró la marcha. Un refugiado político de mediana edad, que perdió parte de los pies por el frío mientras combatía en las montañas contra el gobierno turco, insistía en participar. Estaba decidido a estar en el frente de la acción y, como no podía hacerlo en Turquía, estaba decidido a hacerlo aquí a como dé lugar.

La dedicación de los manifestantes y su determinación de dar a conocer nuestro mensaje político ganaron a algunas personas del lugar. Nos conmovió y reconfortó que unas señoras grandes nos regaron con las mangueras de sus jardines. También nos animamos cuando un gran contingente español entonó el himno revolucionario, La Internacional. Se retomó en francés y otros idiomas... un acontecimiento raro en una autopista suiza.

Cuando los dos grupos de manifestantes se unieron en la frontera, nos alegramos de que con el audaz trabajo de difundir su posición, los activistas del MRPM del lado francés lograron agrupar un gran contingente ligado a un grupo de jóvenes palestinos. Difundieron decenas de miles de volantes bilingües del MRPM durante la marcha: de inglés de un lado y de francés o alemán en el reverso.

Por la tarde, llegamos cansadísimos al punto de partida. De repente nos percatamos de que las autoridades se habían aprovechado de nuestra ausencia para caer por sorpresa sobre uno de los campamentos y hacer arrestos por las protestas en los puentes. De inmediato, miles de personas se organizaron y protestaron durante la noche y a la mañana siguiente.

Una de las principales consignas era: “Ellos son 8, nosotros somos millones”. Mostramos una vez más la verdad de que ellos son un puñado que sólo puede reunirse detrás de anillos de acero para fraguar sus crímenes, mientras que nosotros representamos a millones y les resistiremos donde quiera que vayan.