Boletín N° 112 - 23 de mayo de 2005
  Uzbekistán: "Demasiado democrático" para el presidente Bush.

Lo acaecido en el país centroasiático de Uzbekistán ilustra lo que quiere decir el presidente yanqui George Bush cuando dice que libra una campaña mundial por la libertad y democracia. A comienzos de mayo, Bush fue a Latvia y Georgia, dos pequeños países a los cuales el imperialismo ruso ha dominado durante décadas. Traficó con la largamente latente frustración y resentimiento contra la dominación rusa para acarrear a grandes multitudes y echar grandilocuentes rollos de que la libertad y democracia constituyen la médula de su política exterior. En la plaza Libertad de Tbilisi, dijo: "Hoy, a través del Cáucaso, Asia central y el gran Medio Oriente, vemos que el deseo de libertad arde en el corazón de los jóvenes. Claman libertad. La tendrán".

Quizá el problema con los habitantes de la pequeña ciudad de Andizhán, Uzbekistán, a cuya breve rebelión el gobierno reprimió unos días después, es que confiaban en lo que dijo Bush. Quizá se dejaron llevar tanto por la marea de propaganda imperialista mundial sobre la ola de libertad patrocinada por Estados Unidos en la región que, cuando se tomaron las calles de la ciudad contra el gobierno de uno de los más sanguinarios gobiernos de Asia central, encabezado por el presidente Islam Karimov, pensaban que Estados Unidos ejerciera su poderosa influencia para detener el sanguinario actuar del gobierno.

Había bases para ver la verdad. Estados Unidos hizo un arreglo para apoyar al jefe del mayor país de la región poco después del 11 de septiembre. Si bien Karimov, un producto de los años de Brezhnev, subió al Poder por primera vez cuando el país aún era parte de la URSS , Estados Unidos lo aceptó gozoso como progringo reciclado a cambio de una gran base aérea en Kanabad, como base de lanzamiento importante de la invasión de Afganistán. Sin duda, Estados Unidos ya conocía cómo era su gobierno en esos momentos. Su gobierno ya había sido blanco de muchas condenas por tortura y represión. Un informe de 2004 de Human Rights Watch, de 319 cuartillas, señala la "tortura generalizada", por ejemplo, cómo hirvieron a muerte al oponente al gobierno Muzafar Avozov.

Aún no ha salido toda la historia de las primeras horas del 13 de mayo en Andizhán, porque el gobierno selló la zona y cortó las comunicaciones. Al parecer, el juicio de 23 empresarios provocó un ataque armado contra el penal en que estaban. Los presos huyeron a la ciudad, y se generó una manifestación de miles de personas en el centro. El New York Times (23 de mayo), a partir de entrevistas a 30 sobrevivientes, dijo: "Uno tras otro orador denunció la pobreza, abuso policial, corrupción y supresión de libertades individuales del gobierno". Un fabricante de muebles, Rakhmat Zakhidov, de 38 años, dijo: "Me gustaron los discursos, porque vivo el mismo dolor". Uno de los empresarios liberados, Abduvosid Agomov, de 33 años, dijo: "Estamos dispuestos a morir en lugar de vivir como vivimos ahora... como mugre". Hay mucho desempleo y el nivel de vida ha caído fuertemente en los últimos años; el salario mensual promedio es de 25 dólares yanquis.

El gobierno respondió a plomazos. Los sobrevivientes que huyeron al vecino Kirguizistán relataron que los soldados uzbekos se presentaron de repente en la plaza del centro en portatropas blindados y tirotearon a los manifestantes. Makhammed Mavlanov, un mercader herido, dijo: "Arribaron soldados en tanques. Comenzaron los tiroteos. No hubo contra-respuesta, sólo matanza" (New York Times, 17 de mayo). Una columna de manifestantes huyó por la calle Culpon y se topó con ráfagas incesantes de francotiradores, fusileros y portatropas. Mientras corría sangre por la calle, comenzaron a corear "Ozodlik", que en uzbeko quiere decir "libertad".

Después, los partidos de oposición dijeron que registraron los nombres de mil muertos. Karimov dijo que era mentira y que los soldados "sólo mataron a 137 personas". Aún así, sería una de las más sangrientas matanzas de manifestantes sin armas en muchos años en todo el mundo. Karimov retó a los críticos a dar pruebas de los mil muertos. Eso sería muy difícil porque el gobierno ha impedido que periodistas y observadores de derechos humanos entraran a la zona bajo el pretexto de "su propia protección" y ha cortado las comunicaciones telefónicas y de internet. Por dos horas, el Ministerio del Interior paseó a un grupo de funcionarios de gobiernos de otros países por la ciudad pero no les permitió hablar con los moradores. La investigación más extensa a la fecha indica que sin duda murieron más personas de lo que dice Karimov.

Karimov dijo que sus esbirros armados no tirotearon a ningún civil, que "las fuerzas del gobierno liquidaron únicamente a terroristas", como si los portatropas blindados que tirotearon a las multitudes sin armas tuvieran una puntería infalible. Según varios observadores de derechos humanos, entre los muertos figuran muchas mujeres y niños. El antiguo enviado británico a Uzbekistán, Craig Murray, que habló en una reunión del grupo Akramiya a que pertenecen los 23 empresarios, negó la acusación de que todos los oponentes de Karimov son "terroristas islámicos". Según él y muchos observadores, Karimov armó más propaganda para tachar a toda la oposición al gobierno, incluidos los activistas de derechos humanos, de fundamentalistas islámicos a fin de compaginarse con la "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos.

Con los primeros informes del baño de sangre, el vocero de la Casa Blanca , Scott McClellan, lanzó un comunicado de apoyo a Karimov so pretexto de que entre las víctimas había conocidos "terroristas". Cuando la condena de la comunidad internacional obligó a Estados Unidos a dejar de apoyarlo con tanto descaro, llamó a ambos bandos a "refrenarse", una política "de apariencia equilibrada" que trata como iguales a las tropas de asalto armados hasta el cogote por Estados Unidos y a los manifestantes sin armas.

Lo ocurrido revela la política fuertemente contradictoria que aplica Estados Unidos en esta región. Hace unos meses en Ucrania, Estados Unidos y los medios informativos a su servicio lanzaron una implacable campaña contra el antiguo presidente ucraniano Kuchma. Prendieron los reflectores del mundo sobre la corrupción del gobierno y las "irregularidades electorales" y el "sesgo mediático", que contribuyó fuertemente al desarrollo de la "revolución naranja" y el ascenso de un gobierno más proyanqui bajo Yushchenko. Hicieron algo semejante en la "revolución de los tulipanes" de Georgia: acosaron al gobierno de Shevarnadze hasta su ocaso y subió al poder Sakaashvili, egresado de la universidad de Harvard. En Kirguizistán, el gobierno de Akayev tuvo la misma suerte hace dos meses.

El gobierno de Karimov es mucho más corrupto y represivo que Kuchma, Shevarnadze y Akayev. Es cierto que sería difícil documentar el "sesgo mediático" contra la oposición en las elecciones de 2004, pues ¡Karimov ni siquiera permitió que se postularan los principales partidos de oposición! En las elecciones presidenciales de 2000, obtuvo 91,7% de los votos. No queda claro qué quiere decir "corrupción" en el contexto de Uzbekistán, pues el clan de Karimov es el dueño virtual del país. Aparte de un sinnúmero de informes de organismos de derechos humanos que documentan la tortura, el Departamento de Estado yanqui aceptó que las fuerzas de seguridad uzbekas "aplican la tortura como técnica de investigación de rutina".

A pesar de esta represión y de la sangre de cientos de personas que corrió en las calles de Andizhán, el dizque paladín mundial de la libertad y democracia no ha pedido un cambio de gobierno. La prensa mundial dominada por Estados Unidos no ha armado una campaña para sacar a Karimov del poder sino ¡llama a "ambos bandos a refrenarse"! Si Kuchma, Shevarnadze y Katayev estuvieran confundidos porque los han echado al basurero de la historia mientras que a Karimov no le ha tocado el largo brazo del imperialismo yanqui (al menos por ahora), bueno es comprensible. De otro lado, no es ningún misterio. Pese a las bravuconerías de Bush sobre la libertad, lo que promueve las más de las veces son los intereses del imperialismo yanqui. No es de extrañarse que los tipos que subieron al Poder mediante levantamientos en Ucrania, Georgia y Kirguizistán enrumbaran firmemente sus países en una dirección proyanqui, abrieran las puertas de sus países a la penetración económica y a sus fuerzas armadas a la asesoría y ayuda yanqui. La principal libertad que fomenta Bush es la "libertad" de integrarse más fuertemente al sistema dominado por el imperialismo yanqui. Por eso, el secre de Defensa yanqui, Donald Rumsfeld, alaba a Karimov por su "maravillosa cooperación", el secre del Tesorería, Paul O'Neill, admira su "muy agudo intelecto y su profunda pasión" por mejor la vida de la ciudadanía y Bush lo invitó a la Casa Blanca. (El gobierno inglés de Blair trató de distanciarse de Karimov tras la matanza de Andizhán, pero fue en vano pues el año pasado destituyó a su entonces enviado a Uzbekistán, Craig Murray, por haber criticado a Karimov por tortura y abusos de derechos humanos.)

El gobierno de Bush trabaja con Karimov precisamente porque el sanguinario aparato de seguridad uzbeko le obedece. Estados Unidos entrenó a las fuerzas de seguridad uzbekas y desde 2002 le ha dado al gobierno cientos de millones de dólares de ayuda militar y seguridad, por ejemplo, diez millones de dólares en 2004 para "apoyo de orden público y seguridad" según la página web de la embajada yanqui. En el "campamento Plaza Fuerte Libertad", Kanabad, están apostados miles de soldados yanquis. La CIA usa lo que llama "la rendición extraordinaria" para enviar a las personas que quiere torturar a las mazmorras de Karimov. (Los periodistas que han examinado las bitácoras de vuelos dicen que están registrados al menos siete vuelos de aviones relacionados con la CIA a la capital uzbeka de Tashkent desde destinos en el Medio Oriente y Europa entre 2002 y fines de 2003.) A cambio, Estados Unidos sigue dándole a Karimov ayuda económica y militar y apoyo en los medios informativos y foros oficiales como la ONU , en que Estados Unidos se ha negado a sumarse a pedidos internacionales para investigar la masacre de Andizhán.

Eso no quiere decir que Estados Unidos no opte por apoyar a otras fuerzas en el futuro. Al menos por el momento, Uzbekistán sigue siendo "demasiado democrático" para George Bush.