Boletín N° 139 - 12 de diciembre de 2005
  Tortura yanqui: Los medios indican los objetivos

En las conversaciones con los representantes de las potencias europeas la semana pasada, la secretaria de Estado de George Bush, Condoleezza Rice, ni confirmó ni negó informes de que la CIA tiene cárceles clandestinas alrededor del mundo. Como se sabe y como se supone que se sabe, eso quiere decir una confirmación implícita. Ella defendió el uso de la tortura: "Tenemos una obligación de defender a nuestra ciudadanía y utilizaremos todos los medios legales a nuestro alcance". Las leyes estadounidenses, según un asesor jurídico de Bush, permiten la tortura, aunque un tribunal británico señaló el mismo día que la tortura viola el derecho común que ha sido el fundamento de las leyes británicas y estadounidenses más de 500 años. Ella sostuvo que la política "salva vidas europeas". Ningún gobierno europeo la criticó abiertamente. Ella avergonzó tanto al gobierno alemán que éste fue con la finta: salió a la luz que un ministro alemán estaba enterado de la tortura orquestada por la CIA de un ciudadano alemán y mantuvo en secreto el caso. Hasta el ministro del Exterior francés dijo: "Permítanme recordarle que Estados Unidos son nuestros amigos y aliados".

En una palabra, como dijo el comentarista proyanqui François Heisburg de la Fundación para la Investigación Estratégica de París, en estas reuniones de alto nivel: "Ella no aseguró nada [de que los informes sobre los campamentos clandestinos de tortura estadounidenses no eran ciertos]. Echó rollos de que 'los fines justifican los medios' y que 'hemos salvado vidas'".

Otros voceros de Bush se mostraron más complacientes, diciendo que no hay "tanta gente" presa en los campamentos cuya existencia ni confirmaron ni negaron. Sobre las cárceles clandestinas, un vocero de un organismo de derechos humanos dijo, después de hacer unas leves críticas, que "todos los presos son malos".

Eso no es cierto. Por ejemplo, el caso que escandalizó a la ciudadanía alemana durante la gira de Rice se trató de un ciudadano alemán que la CIA secuestró y torturó, y luego admitió a un ministro alemán que era un error. El ministro, del gobierno supuestamente opuesto a la guerra de Gerhard Schroeder, lo mantuvo en secreto. Estados Unidos no permitió que la víctima fuera a Estados Unidos para hablar con los medios informativos, y el gobierno alemán no hizo ninguna objeción al respecto.

Rice defendió a su gobierno diciendo: "En la aplicación de una política, habrá equivocaciones".

¿Cuál era y es la política? Estados Unidos tortura a quien quiera donde quiera y en lugar de ocultarla, el gobierno de Bush se jacta abiertamente al respecto y advierte que no la detendrá.

Rice bien podría haber dicho: "Nos reservamos el derecho a detener a quien quiera que nos dé la real gana, a amarrar su cuerpo a una tabla y a sumergirlo cabeza abajo en el agua hasta que pierda el conocimiento, o se muera en caso de una equivocación en la aplicación de la política".

Rice complació un poquitín a sus homólogos europeos diciendo que "el personal estadounidense" se considera sujeto al derecho internacional donde quiera que esté. Algunas personas decían que eso era una concesión menor, pues hasta ahora el gobierno de Bush ha dicho que puede y debe ignorar de plano las normas internacionales tal como la Convención contra la tortura y otro trato o castigo cruel, inhumano y degradante. Estaban tan agradecidas que pasaron por alto a propósito lo obvio:

1) Con frecuencia el "personal estadounidense" (agentes de la CIA y elementos de las fuerzas armadas estadounidenses) interroga mientras que "personal no estadounidense" (mercenarios estadounidenses y torturadores locales) hacen el trabajo sucio. Un botón de muestra: cuando la CIA secuestró a un señor en las calles de Italia y lo llevó por avión a un centro de tortura egipcio, el jefe de estación de la CIA en Italia se encaminó de inmediato a Egipto y pasó tres semanas allá, según informes del gobierno italiano. Después de un tiempo, las autoridades egipcias lo soltaron, al parecer porque Estados Unidos aceptó que no le era útil, pero lo volvieron a detener cuando se comunicó con sus amigos europeos acerca de la tortura que sufrió.

2) Los expertos jurídicos de Bush dicen que la "tortura" constituye todo lo que no tiene el propósito declarado de darle muerte a la víctima. Cuando ésta se muera, es, por definición, un accidente.

3) De mayor importancia, las palabras de Rice son mentira, y todos los representantes de los gobiernos europeos lo sabían. Aparte de las cárceles clandestinas, la conocida existencia de centros de detención estadounidenses en Afganistán y Guantánamo indica que el gobierno estadounidense oficial, abierta y deliberadamente desconoce el derecho internacional. Van contra la Convención de Ginebra las prácticas de hacer arrestos ilegales, tener presos sin levantar cargos específicos, negarles acceso a abogados y representantes de la Cruz Roja Internacional y mantenerlos presos de manera indefinida. Para colmo, el testimonio de ex presos, agentes del FBI, intérpretes y otras personas e informes de autopsias indican sin duda alguna que el objetivo de estos lugares conocidos es torturar, y hasta matar, y que todo eso es política oficial.

¿Por qué tienen tal política? ¿Por qué Bush y sus compinches están tan empecinados en defenderla abiertamente y continuar aplicándola a como dé lugar?

La tortura no es "para salvar vidas", ni siquiera las vidas de gente de los países que la llevan a cabo o que la permiten pasivamente, en palabras de Rice. Esta práctica es y siempre ha sido un elemento fundamental del dominio reaccionario, el dominio sobre la gran mayoría de la población en pos de los intereses de una pequeña minoría. Según un memorando secreto que se elaboró cuando los agentes del FBI estaban investigando la muerte de presos de Guantánamo, ni se molestaron en informar a sus superiores del abuso y tortura que atestiguaron porque, de su propia experiencia, lo consideraban "una práctica policial normal", incluso en la democracia burguesa de Estados Unidos antes de Bush. Para colmo, la tortura siempre ha sido la esencia de la lógica de la ocupación y de la subyugación política de países y pueblos. Se aplicó durante el dominio colonial de Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Holanda, España y Portugal y durante el dominio yanqui sobre las antiguas colonias de aquellos tales como las Filipinas y Cuba. También se aplica y se aplicará en el dominio neocolonial directo y brutal de Estados Unidos en Afganistán e Irak y en los siguientes países de la cruzada de Bush.

Es importante ubicar el actual "debate" sobre la tortura en el contexto particular de hoy. La tortura y la defensa pública del "derecho" estadounidense a torturar es parte de la cruzada estadounidense por dominar el mundo entero, sin rivales, reglas ni restricciones, sean tratados sobre el calentamiento global, la Convención de Ginebra o la rastrera hipocresía de ciertas potencias imperialistas menores que tendrán que aceptar lo que haga Estado Unidos pues no tienen la fuerza para dominar el sistema imperialista mundial.

El argumento básico yanqui es que "la justicia está del lado de los fuertes", lo que expresa los objetivos de Estados Unidos hoy en día, que se halla en un mundo sin rivales de peso desde el hundimiento de la Unión Soviética: utilizar su poderío militar sin rival para reorganizar el sistema mundial de relaciones económicas y políticas en pos de los intereses del puñado de capitalistas monopolistas que controla a Estados Unidos.

¿En qué clase de mundo estamos viviendo en que los gobiernos y hasta los intelectuales debaten a favor y en contra de una vil práctica que ha azotado a la humanidad durante siglos? Por horrorosa que sea la tortura, indica que hay algo mucho más profundamente mal en el mundo: la manera en que se organiza la sociedad.