Boletín N° 9 - 24 de Marzo de 2003
  El caso Bush por una guerra ilegal e injusta

La diplomacia se interrumpió el lunes 17 de marzo. El martes, George W. Bush dio un ultimátum a Irak ordenando a Saddam Hussein que abandonara el país en un período de 48 horas o enfrentaría un “conflicto militar”. Saddam ignoró las exigencias de Bush. El 20 de marzo, Estados Unidos invadió.
Ese discurso en sí equivalió a una declaración de guerra. El discurso de Bush estaba lleno de arrogancia convencional, de bravatas militares y de pavoneo de superpotencia. Señalaremos algunos puntos clave en su discurso y mostraremos que la guerra es injusta, ilegal y un crimen de agresión internacional.

Bush dijo: “Los inspectores de armas de la ONU fueron... espiados electrónicamente... ya que no estamos tratando con un hombre de paz. Su régimen ya ha usado armas de destrucción masiva contra sus vecinos y contra su pueblo. El régimen tiene un historial de agresión temeraria en el Medio Oriente.” Cualquiera que compare esto con los crímenes que el mismo Estados Unidos ha cometido encontrará que éste no tiene derecho legítimo ni justificación para acusar a otros.

Para comenzar con el menos letal de estos crímenes, incluso cuando se trata que espiar Estados Unidos es el supercriminal, como una vez más se hizo público en las últimas semanas. Estados Unidos interceptó los correos electrónicos y las conversaciones telefónicas de los otros miembros del Consejo de Seguridad en Nueva York cuando la fracasada carrera de los yanquis por una “segunda resolución” estaba a pleno galope. Además, puso micrófonos en los edificios de la Unión Europea en Bruselas para saber lo que los líderes europeos se decían entre sí.

La tácita pretensión de Bush de que a diferencia de Saddam él es un hombre de paz es una burla a la historia. Cualquiera que cuente el número de veces que Estados Unidos cometió agresiones temerarias contra sus vecinos y otros países y pueblos encontrará que la principal fuente de agresión en el mundo es el mismo Estados Unidos.

Miremos más de cerca las acusaciones de Bush respecto del comportamiento de Saddam hacia los países vecinos. Es cierto que Irak libró una guerra contra Irán y que ocupó Kuwait. En ambos casos Estados Unidos obró tras bambalinas para provocar la guerra. El gobierno yanqui ayudó a armar a Irak contra Irán. Esa guerra, un crimen instigado por Estados Unidos, produjo millones de víctimas. Después de la guerra, cuando EEUU quiso reducir el poder iraquí, hizo que Kuwait hiciera una petición imposible a Saddam —que pagara inmediatamente los 13 mil millones de dólares que Kuwait le prestó a Irak incitado por EEUU para que pagara esa guerra. En 1990, cuando surgió una disputa por el bombeo “oblicuo” de Kuwait de un depósito petrolero que Irak alegaba que estaba bajo su suelo, la embajadora yanqui April Gillespie dijo a Irak que su gobierno consideraba esto como una “cuestión interna” y que “no tenía opinión” sobre cómo debería ser resuelta. Saddam aparentemente tomó esto como que quería decir que no tenía más opción que los medios militares para arreglar esta disputa. Estados Unidos bloqueó cualquier arreglo diplomático.

Cualquier cosa que Saddam haya hecho a sus vecinos se queda corto en comparación con la larga lista de países que EEUU ha conquistado o atacado o contra los que ha ejercido agresión temeraria —más de cuarenta países en cerca de ochenta ocasiones desde 1890. (Véase el recuadro anexo)

En su discurso, Bush dijo: “Irak ha ayudado, entrenado y albergado terroristas, incluyendo de Al-Qaeda.” Primero que todo, alguien que posee miles de cabezas nucleares y que ha liderado el desarrollo de armas químicas y biológicas no tiene el derecho de llamar a nadie “terrorista”. Pero además, ¿quién “entrenó y albergó terroristas”? Fue Estados Unidos el que entrenó, financió y albergó a los talibán en Afganistán, los llevó al poder y apoyó a su régimen hasta su último año. La CIA creó o promovió grupos reaccionarios similares para usarlos contra auténticos movimientos de liberación popular en todo el mundo —por ejemplo, al grupo Abu Sayyaf en Filipinas, el cual Estados Unidos quería usar contra el movimiento revolucionario allí.

Bush dijo que “Irak odia profundamente a Estados Unidos y a nuestros amigos”. Donde quiera que hay bases militares norteamericanas, éstas son justamente odiadas por el pueblo local. Veamos a Corea del Sur, Japón, Filipinas —el pueblo ha puesto muy en claro que odia las bases norteamericanas. Incluso entre los “aliados” de Bush, países como Holanda, Italia y España, si los deseos del pueblo fueran respetados las bases norteamericanas hubieran sido retiradas. Los alemanes, que padecen la principal concentración de poderío estadounidense en Europa, están tratando activamente de clausurarlas. Sin embargo, el pueblo del mundo ha expresado su solidaridad y fraternidad con el pueblo norteamericano y les ofrece su hospitalidad a los ciudadanos norteamericanos comunes. Sólo un reaccionario como Bush puede confundir el odio del mundo hacia el imperialismo yanqui y su régimen con odio hacia el pueblo norteamericano.

En su discurso Bush dijo: “Los Estados Unidos de América tienen autoridad soberana para utilizar la fuerza en garantizar su propia seguridad nacional”. También dijo, “Estados Unidos y sus aliados están autorizados para usar la fuerza. No es cuestión de autoridad; es cuestión de voluntad”. La excusa de la seguridad nacional es una excusa que podría usarse para lanzar un ataque preventivo no sólo contra Irak sino contra cualquier país que quieran. Si los norteamericanos están en peligro, no es desde el exterior, es desde su propio gobierno. Estados Unidos está sentado sobre una peligrosa pila de armas nucleares, desarrolladas secreta y abiertamente, como parte de preparar persistentemente crueles guerras. Incluso está buscando desarrollar “armas nucleares utilizables”, provocando una carrera armamentista en el mundo.

Bush afirmó que: “la seguridad nacional” de Estados Unidos está amenazada por Irak. Esta es la lógica del lobo en la fábula de Esopo que sólo está buscando cualquier pretexto para comerse la oveja. Al igual que el lobo, Bush inventa una razón: “si Saddam Hussein trata de aferrase al poder, seguirá siendo un enemigo a muerte hasta el final. En medio del desespero, él y grupos terroristas pueden tratar de realizar operaciones terroristas contra el pueblo norteamericano y nuestros amigos”. Pero el presidente y todos sus señores han tenido que admitir que no han podido hallar prueba alguna de un vínculo entre Irak y algún grupo terrorista. Si la tuvieran, la habrían presentado a la ONU para conseguir la orden que querían. Un “si” hipotético nunca puede justificar una guerra.

Además, la invasión yanqui de Irak por la fuerza es una injusta y deliberada violación de la ley internacional. Es un crimen internacional de agresión. Según la Carta de las Naciones Unidas, todos los Estados están obligados a no usar la fuerza ni amenazar a otro estado con la fuerza. Incluso según la Carta de la ONU, el uso de la la fuerza sólo se justifica bajo dos circunstancias. Primero, los Estados bajo ataque armado pueden utilizar la defensa propia individual o colectivamente. Segundo, la misma ONU actuando mediante el Consejo de Seguridad puede decidir el uso de la fuerza. Pero estas cláusulas han sido completamente violadas por los agresores yanquis.

Bush dijo en su discurso, “en el caso de Irak el Consejo de Seguridad actuó en la década de 1990 bajo las resoluciones 674 y 678, ambas aún vigentes”. Es puro engaño por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña usar estas resoluciones para atacar a Irak ahora. La primera resolución autorizó el uso de la fuerza en 1990 específicamente con el propósito de sacar a Irak de Kuwait. ¿Cómo puede ser eso aplicable hoy cuando el asunto es completamente diferente? La segunda, el “acuerdo de paz” impuesto a Irak en 1991, no da autorización para lanzar otra guerra. La última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, la 1441, tampoco autorizó una guerra. Es por esto que Estados Unidos e Inglaterra buscaron la famosa “segunda resolución” que no consiguieron a pesar de la presión de Estados Unidos y del abierto despliegue amenazas de superpotencia.

La ONU ha sido desde hace rato una herramienta en manos de las grandes potencias imperialistas. Aprobó la guerra de Estados Unidos contra Corea y no hizo nada contra muchos grandes crímenes como la invasión norteamericana a Vietnam. Pero Estados Unidos no puede disfrutar de los dos mundos. Bush padre emprendió su guerra contra Irak en nombre de la ONU. Cuando Estados Unidos dominaba la ONU, decía que sus decisiones tenían que ser respetadas; ahora están diciendo lo contrario. Según la resolución 1441, es responsabilidad de los inspectores de armas de la ONU y del Consejo de Seguridad, no de George Bush, determinar si Irak está acatando o no. Además, según la resolución, las “serias consecuencias” de tal falta de acatamiento también son responsabilidad del Consejo de Seguridad, no del imperialismo yanqui. Bush esta burlando todos los principios acerca de la legalidad y justificación del uso de la fuerza. De hecho, su propio país está en “violación material” de la resolución 1441, la Carta de la ONU y la ley internacional.

Para Estados Unidos, lo que es central no es la cuestión de la autoridad, es la cuestión de la voluntad. Y esta “voluntad” —expresada por Bush— está apuntalada por la supremacía tecnológica y militar de la superpotencia. El alegato de Bush —el caso que presentó a nombre del pueblo norteamericano, del pueblo del mundo y de la ley internacional— es inválido. Esta es una guerra para demostrarle al mundo entero que la única superpotencia decide y actúa para conseguir cualquier meta que elija con el consentimiento o no de la ONU.

De hecho, todos los gobiernos, partidos y líderes que apoyan la invasión yanqui a Irak están violando la ley internacional, la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad, la voluntad de la Asamblea General de la ONU y el mandato de no a la guerra de los millones de masas de todo el mundo. Colectiva e individualmente, legalmente y a los ojos del pueblo, ellos son criminales.

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