Boletín N° 28 - 04 de agosto de 2003
  Israel: "Ladrillo por ladrillo, muro por muro, la ocupación ha de caer"

Cientos de personas, principalmente palestinos, algunos israelíes y varios extranjeros voluntarios organizados por el Movimiento de Solidaridad Internacional (MSI), llevaron a cabo dos protestas, el 28 de julio y el 1º de agosto, contra lo que llamaron el “muro del apartheid” israelí. (El apartheid era el sistema bajo el cual los colonos blancos en Sudáfrica separaban y dominaban a los africanos negros.) El primer día, en una pequeña aldea palestina cerca de la ciudad cisjordana de Yenín, cientos de aldeanos y 50 voluntarios del MSI destruyeron una puerta que estaba bajo llave, pero las balas israelíes los hicieron retroceder antes de que pudieran demoler más el muro. Contaron con el apoyo de una pequeña manifestación de israelíes del otro lado del muro. Los soldados israelíes dispararon a quemarropa con balas de goma y gases lacrimógenos e hirieron a varias personas, dos de las cuales fueron a dar al hospital. Cuatro días después, en Qalqiliya, manifestantes israelíes al otro lado del muro se unieron a cientos de aldeanos palestinos y a 80 voluntarios del MSI; lanzaron contra el muro globos llenos de pintura roja, negra, blanca y verde (los colores de la bandera palestina) y corearon “¡Ladrillo por ladrillo, muro por muro, la ocupación ha de caer!”. Una vez más los atacaron los soldados israelíes. En otro acontecimiento el mismo día, unos prisioneros palestinos se sublevaron y centenares iniciaron una huelga de hambre.

Qalqiliya, una ciudad de 40.000 habitantes, está rodeada por tres lados de un muro de concreto de 8 m de alto, lo que aísla a la población de sus tierras de cultivo y del agua. Un puesto de guardia israelí obstruye la única salida. En una maniobra muy cínica, el gobierno israelí dijo que a cambio de que los palestinos abandonaran su lucha contra Israel y aceptaran la “hoja de ruta” impuesta por Estados Unidos, retiraría sus tropas de dos ciudades palestinas: Qalqiliya, cuya población seguiría encerrada por el muro y el puesto de control israelí, y Jericó, la cual no se encuentra bajo ocupación directa ahora.
Las manifestaciones surgieron cuando Israel anunció la finalización de los primeros 150 km del “muro del apartheid”. Éste se extenderá entre 450 y 650 km, según diferentes fuentes, y atravesará Cisjordania y la Gaza. Sólo el 42% del territorio de Cisjordania y la Gaza que Israel asegura dará a los palestinos para un mini-Estado estará en el lado “palestino” del muro. Las aldeas y familias quedarán divididas permanentemente y cientos de miles de personas quedarán aisladas de sus medios de subsistencia, colegios, clínicas, etc. Israel lo llama una “cerca de seguridad” para proteger a Israel y a sus asentamientos. George Bush ha respaldado esa lógica, mientras llama al muro un “problema”, puesto que hay pocos palestinos dispuestos a aceptarlo. Al visitar Israel, el secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, dijo que a Bush “no le gustan las cercas y que desearía que ésta no estuviera allí”.

Un funcionario de la ONU, responsable de los derechos humanos en Palestina, escribió: “En general es de esperarse que, después de terminado el muro que separa a Israel de Cisjordania en el lado occidental, se construya un muro en el lado oriental para separar a Palestina del valle del Jordán”. En otras palabras, Israel planea encerrar a los palestinos por todos los lados. Si alguna vez se establece un Estado palestino dentro de los confines del muro, será como los ghettos amurallados dentro de los cuales los nazis apiñaban a los judíos, y los funcionarios palestinos escogidos por Estados Unidos e Israel no serían muy diferentes a los títeres judíos que los nazis utilizaban para que les ayudaran a administrar estos lugares de confinamiento”.

Mientras se estaban llevando a cabo estas protestas en el muro, el gobierno israelí anunció que construiría 22 nuevas casas en un asentamiento israelí en la Gaza, 10 para los colonos establecidos y 12 para los nuevos. Aunque el gobierno sionista siempre se hace el de la vista gorda mientras se levantan asentamientos no oficiales y técnicamente ilegales, ahora violó oficial y deliberadamente su promesa de no expandir los asentamientos en la que se supone es tierra palestina. Una importante función de estos asentamientos es darle a Israel una excusa para confinar más a los palestinos a fin de “proteger” al minúsculo número de sionistas a los que se les paga para vivir ahí.

Al mismo tiempo, Israel también se alista a deshacerse de los palestinos que viven dentro de sus fronteras. Una nueva ley sobre el matrimonio aprobada por el parlamento prohíbe que los palestinos que se casan con israelíes vivan en Israel. Debido a que Israel sólo permite matrimonios religiosos, es difícil que se casen judíos con musulmanes. La nueva ley significa que los esposos y esposas de palestinos que viven en Israel (llamados árabe-israelíes, quienes reciben un trato de ciudadanos israelíes de segunda clase) y Jerusalén oriental (que Israel planea anexar, aunque actualmente se considera parte de Palestina) no pueden vivir con sus esposos. A sus hijos, a partir de los 12 años, tampoco se les permite vivir en Israel. La ley es retroactiva y obligará a miles de familias palestinas a separarse o a dejar sus hogares para siempre. También prohibirá cualquier matrimonio futuro o reunificación familiar entre palestinos en las dos zonas. Un funcionario israelí fanfarroneó que si se establece un Estado palestino separado, según la ley “los palestinos habrían de unificarse allá”. Esto es una continuación e intensificación de las políticas israelíes de limpieza étnica, las cuales han incluido la demolición de más de 10.000 casas palestinas desde 1967.

Las autoridades israelíes también anunciaron que levantarían otro muro: un muro de plástico en las áreas de visita de las cárceles para impedir el contacto físico entre prisioneros y familiares en la cárcel de alta seguridad de Shikma en la ciudad de Ashkelon, al sur de Israel. Por eso, cerca de 400 prisioneros se rebelaron y combatieron con los guardias. Los prisioneros de las cárceles de Beersheva, Nafha, Shatta y Hadarim, que se dice son unos 1.800 en total, hicieron una huelga de hambre de un día en solidaridad con ellos. Según diversos cálculos palestinos, Israel mantiene entre 6.000 y 7.700 palestinos encarcelados, entre ellos 350 niños menores de 16 años. Las autoridades nunca han procesado a la mayoría y a muchos ni siquiera les han dicho las acusaciones en su contra. Han condenado a solamente 1.461. La ley israelí permite lo que según las normas internacionales se considera tortura. Un abogado palestino calcula que el 20% de todos los palestinos ha estado en cárceles israelíes o en detención. Sharon ha ofrecido liberar a unos centenares de prisioneros a cambio de que los palestinos acepten la “hoja de ruta”.

Aunque el Movimiento de Solidaridad Internacional está comprometido con la no violencia, el Estado israelí usa reiteradamente la violencia en su contra. Tilda de “terroristas” a los activistas del MSI con la excusa de que aunque son pacifistas, “entorpecen” las operaciones del Ejército contra “los terroristas”. Por eso, el ejército israelí asesinó a una miembro del MSI, Rachel Corrie, aplastándola con un buldózer mientras tomaba parte de una protesta contra la demolición de una casa palestina. Baleó a otro miembro, Tom Hurndall, mientras trataba de rescatar un niño palestino de las balas israelíes; permanece en coma. Las autoridades han sometido a los voluntarios del MSI a muchos registros, arrestos y la deportación. Israel hace que todos los extranjeros que ingresen oficialmente a las zonas palestinas firmen un juramento de que no están asociados con el MSI y que ellos y sus familiares no harán responsable a Israel y a su ejército de “muerte, heridas o pérdida de propiedad como resultado de la actividad militar (israelí)”. Se espera que muchos más estudiantes y otros jóvenes de Europa y Estados Unidos vayan y tomen parte en las acciones del MSI este agosto.