Boletín N° 145 - 13 de febrero de 2006
  Las caricaturas antiislámicas y las consideraciones estratégicas de las potencias imperialistas.

Este fin de semana, el auge de furia mundial que prendieron las caricaturas antiislámicas fue el principal tema de la reunión de los ministros de Defensa de la OTAN, cosa que ilustra en qué medida todas las potencias imperialistas consideran que sus intereses estratégicos están en juego. No se puede comprender la furia por las caricaturas sin ver los intereses materiales y los factores económicos y políticos en juego. También es importante analizar la relación entre esos intereses y la propagación de ciertas ideas, y la interpenetración compleja entre estas dos esferas.

El “Gran Medio Oriente”, de Marruecos a Afganistán, es el centro de las contradicciones en el mundo de hoy. Estados Unidos está resuelto a asumir el control exclusivo de la región y sus recursos. Tienen importancia para Estados Unidos por razones económicas y porque su peso es decisivo para controlar el mundo (el impedir el ascenso de potencias rivales). Un cambio importante reciente es una ingerencia europea más directa y abierta en la región. Francia, Alemania y otras potencias europeas continentales han dejado de defender sus intereses oponiéndose a las maniobras estadounidenses y ahora los defienden trabajando con Estados Unidos (está por verse cuán temporal esto sea). En estas arenas movedizas, siempre hay confabulación y contienda. Los resultados de la invasión estadounidense de Irak han impulsado este cambio: como Estados Unidos no ha logrado sus propósitos, las potencias europeas tienen más margen de maniobra y todas las potencias imperialistas temen que la inestabilidad de la región tras una derrota estadounidense suscitaría una debacle para sus propios intereses regionales y estratégicos.

La mayor ingerencia europea en situaciones de mayor volatilidad abarca:

-- El propio Irak, en que Dinamarca, tal como Inglaterra, Italia y Polonia, participan en la ocupación, mientras que Alemania, sobre todo, y Francia, juegan un papel menos opositor que antes. Un alto funcionario polaco explicó la importancia de que las potencias menores participen en ésta y otras guerras semejantes en un comentario sobre la decisión de su gobierno de mantener sus soldados en Irak a pesar de la impopularidad de la guerra con su propia ciudadanía. Habló sin pelos en la lengua de la necesidad de cimentar con sangre una alianza estratégica con Estados Unidos y señaló las oportunidades sin precedente para fortalecer y templar el ejército polaco y transformar a “civiles en uniforme en guerreros”. Como no existe ninguna necesidad previsible para la defensa de Polonia con tales “guerreros”, sin duda hablaba de templar a los soldados para más guerras de agresión contra los países del tercer mundo y para aumentar los derechos polacos al botín de imperio. La misma lógica se aplica en el caso de Dinamarca.

-- Afganistán, en que la ocupación estadounidense se ha topado con una fuerte resistencia y en que todas las grandes potencias (y las chicas tal como Dinamarca) tienen soldados como avales de sus propios intereses económicos y geopolíticos.

-- El colapso del “proceso de paz” entre Palestina e Israel. Por ejemplo, el sucesor del primer ministro Ariel Sharon, Ehud Olmert, repitió hace poco que Israel piensa quedarse con el 40% de Cisjordania y todo Jerusalén. Esto es  un rechazo de la “hoja de ruta” fraguada por el “Cuarteto” (Estados Unidos, ONU, Unión Europea y Rusia), pero las potencias europeas ni hicieron una protesta formal hipócrita como Estados Unidos.

-- Las presiones iniciadas por Estados Unidos contra el gobierno sirio y a favor de cambiar el sistema político del Líbano. Francia creó al Líbano y lo administraba mediante acuerdos políticos en que los clanes étnicos rivales controlan al país. Por décadas Francia mantuvo relaciones amistosas con el gobierno sirio, que a su vez colaboró para apuntalar el sistema. De repente Francia cambió de idea y apoya a Estados Unidos contra la presencia siria en el Líbano y en la campaña por cambiar el gobierno sirio.

-- El acercamiento yanqui-europeo contra Irán. Inglaterra, Francia y Alemania, todas con fuertes intereses en Irán, se opusieron al comienzo a la política yanqui de fraguar una confrontación con el gobierno iraní. Ahora estos países se han acercado a Estados Unidos, y a Israel (que tiene armas nucleares), en un complot para usar el programa nuclear iraní como pretexto para doblegar o romper el gobierno. Hace poco, el presidente francés Jaçques Chirac dio una gran sorpresa: lanzó un recordatorio jactancioso de que Francia tiene armas nucleares y está dispuesta a usarlas. O sea, amenaza a la República Islámica de Irán y advierte a Estados Unidos que tiene que tomar en cuenta a Francia en el nuevo reparto del Medio Oriente.

-- La “guerra contra el terrorismo”. Las revelaciones de la participación de casi todos los países europeos en el programa estadounidense de “entregas extraordinarias” en que la CIA transporta a presos a centros de tortura son una dramática ilustración del grado a que estos gobiernos cooperan en secreto con las políticas estadounidenses que denuncian en público.

La reacción a las caricaturas en todos los países mesoorientales y otros de población mayoritaria islámica, como señalan los observadores, no ha sido un fenómeno homogéneo; se condiciona en gran parte por distintas situaciones y fuerzas políticas en cada país. Pero en general, la relación entre estos países y los imperialistas yanquis y europeos fue un factor motriz. Así fue en los países de mayoría islámica en que los gobiernos creados y/o apuntalados por Estados Unidos organizaron protestas, en los países en que las protestas estaban dirigidas contra estos gobiernos y en otros países en que las fuerzas opuestas a Estados Unidos asumieron esta causa.

Por ejemplo, el gobierno egipcio, uno de los más dependientes de Estados Unidos, tuvo un papel protagónico en llevar el escándalo a la arena internacional. Los imanes progubernamentales organizaron las primeras manifestaciones del mundo árabe contra las caricaturas. Por lo general, el gobierno egipcio reprime con violencia las protestas públicas, sobre todo cuando apuntan a Estados Unidos y la guerra de Irak. En Siria, las grandes protestas que prendieron la ola internacional de acciones las dirigieron fuerzas progubernamentales, según algunos expertos, y fuerzas antigubernamentales, según otros; pero de todos modos, las actuales contradicciones entre el gobierno y el Occidente fueron un elemento importante para prender estas protestas públicas poco usuales. En el Medio Oriente, Malasia (otro gobierno proyanqui que se puso a la cabeza de las protestas) e Indonesia, tanto fuerzas antiyanquis como proyanquis sacaron provecho de las protestas. El gobierno de Bush asumió una posición cuidadosamente ambigua: declaró solidaridad con Dinamarca y otros aliados pero no se distanció de las fuerzas islámicas proyanquis.

En cuanto a los cuatro gobiernos fundamentalistas islámicos principales de la región, los gobiernos iraní y saudita ejercieron mucha prudencia. Akbar Hasehmi Rafsanjani, una de las figuras más poderosas de Irán, dijo: “Necesitamos mostrar nuestro aspecto tranquilo y compasivo, nuestra amabilidad”. En Teherán, puede que la multitud de 400 personas que atacó la embajada danesa y la de 60 personas que hizo lo mismo a la británica contaran con el apoyo de algunas fuerzas gubernamentales, pero eran minúsculas en comparación con las acciones que organiza el gobierno bajo su propio nombre. (Algunos observadores conocedores dicen que puede que la ausencia de una reacción popular más iracunda se deba a la indiferencia del pueblo hacia la religión y el desagrado con los mullahs tras 25 años de teocracia. La renuencia del gobierno iraní a alentar la confrontación puede deberse a sus planes de negociar con el Occidente, o al menos con Europa.)

En Irak, donde los fundamentalistas han subido al Poder con el apoyo de fusiles yanquis, las protestas las emprendieron fuerzas que con gusto defendieron la fe y atacaron al imperialismo danés, sin tener que enfrentarse a Estados Unidos. En la República Islámica de Afganistán, por el contrario, al parecer las protestas asumieron un carácter antigubernamental. Por ejemplo, una buena parte de las protestas se dieron en las regiones en que el Talibán no tiene presencia y sobre todo apuntaron a las bases militares y la ocupación yanquis.

En una palabra, si bien es importante analizar con mayor detenimiento estas situaciones y sobre todo el ascenso del Islam político en general, operan dos factores claros:

Primero, en todos los países en que se dieron protestas, independientemente de los factores religiosos, las masas tienen un odio bien fundamentado a Estados Unidos y Europa. No es un “choque de civilizaciones” sino un reflejo indirecto en la esfera de las ideas del hecho de que el puñado de capitalistas monopolistas que gobiernan la “civilización” más sanguinaria de la historia universal saquean las economías de estos países (aunque rivalizan por el botín), les dan órdenes y los intimidan en el frente político, pisotean su orgullo nacional y humillan a la ciudadanía.

Segundo, varios gobiernos y otras fuerzas reaccionarias han procurado manipular la reacción a las caricaturas, en muchos casos en plan de canalizar la furia y sentimiento nacional del pueblo a cauces aceptables, a fin de protegerse contra la población o de presionar al Occidente en pos de salvarse el pescuezo. Ante todo, no quieren prender una gran confrontación política entre la población y los sistemas gobernantes que de fondo dependen del dinero, el comercio y a veces los fusiles de los imperialistas, independientemente de la posición antioccidental esporádica de los gobernantes.

En diversas medidas y en diversos momentos, las potencias occidentales, sobre todo pero no exclusivamente Estados Unidos, han alentado y subvencionado abiertamente a las fuerzas fundamentalistas islámicas. Por ejemplo, el gobierno medieval saudita, impuesto por Inglaterra y respaldado por Estados Unidos, el flirteo yanqui con los fundamentalistas islámicos armados de Argelia (dominada por Francia), el anterior apoyo yanqui-israelí a Hamás en pos de debilitar a la laica OLP, el apoyo de la CIA a Bin Laden y los señores de la guerra islámicos de Afganistán contra la Unión Soviética, y el gobierno de mullahs y militares de Pakistán apuntalado por Estados Unidos. En ciertos momentos y lugares Estados Unidos y otras potencias occidentales apoyan plenamente a las fuerzas islámicas que consideran como aliados estratégicos o controlables; en otros momentos, las relaciones son ambiguas u hostiles. En general, los imperialistas prefieren que los sentimientos y resistencia nacionales de las masas se desvíen por medio de los callejones sin salida de los sentimientos religiosos, que son más fáciles de manipular. (Eso no quiere decir que no existan causas materiales para el ascenso del fundamentalismo islámico en estos países, pero ese tema rebasa el ámbito de este artículo.)

No obstante, lo más llamativo de esta situación es lo que pasa en los propios países imperialistas, sobre todo pero no exclusivamente en Europa, en que la mayoría de los inmigrantes proviene de tierras islámicas, porque las potencias europeas mantuvieron colonias mucho tiempo ahí y siguen siendo esferas de influencia. En los países imperialistas se ve un juego de doble faz con la religión.

De un  lado, apoyan instituciones religiosas para controlar a las masas inmigrantes. Por ejemplo, Francia apuntala abiertamente organizaciones islámicas para mellar la fuerza de los jóvenes proletarios inmigrantes, que son poco religiosos. Según Le Monde, los grupos islámicos no invitaron a propósito a estos jóvenes a la protesta del 11 de febrero en París contra las caricaturas, en que agitaron banderas francesas. El gobierno canadiense, un ejemplo más descarado, defiende la aplicación de la charia en las comunidades inmigrantes islámicas.

De otro lado, el verdadero blanco de la actual polémica no son los inmigrantes y sus familias, sino los ciudadanos del país. En casi todas partes que se reimprimieron, las caricaturas se han presentado como un golpe por la “libertad” (de palabra y de prensa de los no musulmanes en general) contra la “intimidación” de los creyentes islámicos. (Véase la entrevista al director del Jyllands-Posten, Flemming Rose, en Newsweek, 13 de febrero de 2006.)

La historia pronazi de este cotidiano, el gobierno danés y la derecha fascista con que está alineado, y el propio director, quien respondió al auge de protesta con un plan de publicar caricaturas antisemitas, deben hacer reflexionar. Pero estos personajes son actores de poca monta en este drama. (La entrega del 9 de febrero de http://www.juancole.com detalla los lazos entre Rose, el Jyllands-Posten y el entorno de Bush.) En muchos países, las clases dominantes aprovecharon con entusiasmo las caricaturas para azuzar histeria y llevar a los europeos y gringos a no considerarse habitantes de países cuyos gobiernos oprimen a la mayoría de los países del mundo, sino víctimas del tercer mundo. Una manifestación muy asquerosa de esto es el argumento de que el cristianismo, sobre todo en Estados Unidos, y el laicismo en Europa (por lo común un laicismo muy procristiano) están en la mira del Islam como religión y de aquellos que creen en él o que tienen nombre y tez con tintes islámicos. O sea, no dista mucho de la idea nazi de que los judíos oprimían a Alemania.

Es cierto que hay gente muy atrasada en el “Gran Medio Oriente”, sobre todo aquellos que imponen gobiernos teocráticos con el apoyo imperialista. No obstante, en el mundo de hoy, las fuerzas oscurantistas más poderosas y la mayor amenaza a la ciencia y el laicismo están en Washington. La lucha contra el oscurantismo religioso y las relaciones sociales opresivas y atrasadas es una lucha en que los pueblos del Oriente y del Occidente tienen los mismos intereses.

Por tanto, la polémica sobre las caricaturas se puede comprender únicamente en el contexto de lo que el Departamento de Defensa yanqui y la Casa Blanca de Bush solían llamar la “guerra contra el terrorismo”  y que ahora llaman la “larga guerra”: la cruzada estadounidense por remodelar al mundo que se desató tras el 11 de septiembre de 2001 y el maniobreo de diversas potencias imperialistas en este contexto. Mientras que se disfrace la situación como un “choque de civilizaciones” o guerras entre religiones, a los pueblos de los países imperialistas y de los países oprimidos les costará trabajo divisar los verdaderos intereses materiales en juego, la cara de sus verdaderos enemigos, y el verdadero interés común material de los pueblos del mundo de dejar atrás el mundo imperialista y emancipar a toda la humanidad.