Boletín N° 156 - 1º de mayo de 2006
  Nepal: Nuevos acontecimientos, nuevos retos, grandes peligros

En Nepal, la vida política ha dado un viraje complejo con la restauración del parlamento por el autócrata feudal Gyanendra Shah y la aceptación de esta propuesta por los partidos parlamentarios. El embajador yanqui James Moriarty comentó, con un respiro de alivio, que si no se hubiera amarrado este trato, Nepal "estaría cerca de deshacerse de la monarquía por medio de una revolución violenta" (nepalnews.com, 27 de abril). Se informa que al menos 19 personas murieron y cinco mil resultaron con serias heridas en las tres semanas de levantamientos de masas cuya demanda principal era la abolición de la monarquía. La alianza de los siete partidos parlamentarios (ASP) ignoró ese sacrificio en su afán de amarrar un compromiso con el rey.

Estados Unidos, que dirigió las presiones desde el exterior para fraguar el acuerdo entre el rey y los parlamentarios, se jacta de que quedó intacta su posición como amo de Nepal. Con descaro, Moriarty todavía da instrucciones a los parlamentarios: "La institución de la monarquía tienen un papel de potencial utilidad como un factor unificador". Unos periodistas han escrito que el compromiso de último recurso del rey conservó la unidad del Ejército Real de Nepal (ERN) y su propio papel como comandante en jefe. Parece que conservar al ERN es la preocupación principal de Estados Unidos. Los corresponsales del New York Times escribieron (29 de abril) que "queda en el aire" si el ERN obedeciera a alguien que no era el monarca, quien aparte de su autoridad política, se dice una encarnación de la deidad hindú Vishnu. A su vez, Moriarty repitió la demanda de que las fuerzas armadas rebeldes dirigidas por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)], que controla la mayoría del campo, depongan las armas. Dijo que Estados Unidos consideraría la reanudación de ayuda militar al gobierno, presuntamente cortada después de que el rey se quitó toda apariencia de gobierno democrático el año pasado. En una declaración por escrito, el gobierno norteamericano dijo que "trabajaría por apoyar a Nepal", que los comentaristas del sur de Asia interpretaron como una promesa de reanudar el apoyo militar contra la guerra popular en caso de que los maoístas no la abandonen. Aunque éstos lo hagan, Estados Unidos ha dejado muy en claro su meta: "expulsar a los maoístas de la sociedad nepalesa". El subsecretario de Estado yanqui, Richard Boucher, quien hizo esa declaración el 7 de abril, iba a ir a Katmandú el 2 de mayo para dar más ordenes al rey y al parlamento. Pero dio a conocer sus intenciones diciendo que no había cambiado la posición norteamericana hacia los maoístas.

El 28 de abril, mientras que el antiguo primer ministro G. P. Koirala entraba en funciones y repetía el juramento de lealtad al rey dictado por la constitución de 1990 que santifica el trono, se formó una gran multitud en una reunión pública en la capital en apoyo a los maoístas. Hablaron los dirigentes de la organización estudiantil y sindicatos dirigidos por los maoístas, en su primera apariencia pública en tres años.

En el campo, a pesar del cese al fuego de tres meses declarado por el PCN (M) y su aceptación por los parlamentarios, se dieron al menos varios casos muy serios de represión del ERN. El 25 de abril, soldados reales violaron a una mujer en el distrito de Morang en el oriente del país. Cuando las masas cercaron el cuartel del ERN al día siguiente y trataron de destruirlo, el ERN disparó y mató a seis personas. Esto se puede interpretar como una declaración política. El 27 de abril, un helicóptero del ERN abrió fuego contra lo que se decía era una reunión de masas de los maoístas en una escuela secundaria en Tharpu, en el distrito de Tanahu. Dos días después, el ERN lanzó un ataque aéreo similar contra una reunión de masas organizada por los maoístas en la zona de Sunawal del distrito de Nawalparasi, en el centro del país.