Boletín N° 115 - 13 de junio de 2005
  Nepal: Los maoístas se hacen una autocrítica por el bombazo de un autobús

El 6 de junio ocurrió una horrible tragedia: una mina terrestre destruyó un autobús con cien pasajeros en el distrito de Chitwan en las llanuras del sur del Terai. Según la prensa, murieron 38 civiles y docenas resultaron heridos. Al día siguiente, en una declaración el presidente del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), el camarada Prachanda, asumió la responsabilidad del partido por la explosión y dio a conocer la autocrítica del mismo por lo que llamaba un "error grave".

El incidente generó gran revuelo en Nepal y el exterior e hizo que mucha gente dudara de la política del partido maoísta hacia los civiles en tiempos de guerra. La monarquía y el Ejército Real de Nepal (ERN) se apresuraron a acusar a los maoístas de haber atacado a propósito a civiles. Los organismos internacionales de derechos humanos y de otro tipo y los partidos políticos nepaleses expresaron dudas y criticaron el bombazo. Los amigos del movimiento revolucionario también se desconcertaron y pidieron más información. El comunicado de Prachanda expresa el "dolor y congoja" del partido acerca de las muertes de los civiles y ofreció condolencias a los familiares de los mismos. Aclaró enfáticamente que no es política del partido matar a civiles a propósito ni en accidentes prevenibles. En conclusión, dijo que el partido está decidido que no se repitan tales incidentes en el futuro.

La guerra popular que dirigen los revolucionarios maoístas contra los enemigos del pueblo es completamente diferente a las reaccionarias guerras contra el pueblo que libran los imperialistas y sus peleles. Aunque el enemigo siempre ha tachado a los maoístas de "terroristas", eso es una tergiversación total de la realidad. El enemigo, con su armamento superior y grandes fuerzas armadas, busca derrotar a la revolución sembrando un terror generalizado contra la gente del pueblo. La guerra popular tiene una lógica diametralmente opuesta. El principio fundamental es que sólo se puede librar tal guerra movilizando a las masas populares y apoyándose en ellas. Una tragedia tal como el bombazo del autobús en Khola sólo puede perjudicar gravemente a la revolución suscitando confusión y temor entre las masas.

Aunque en la guerra algunos accidentes son inevitables, los maoístas de Nepal tiene una orgullosa historia de proteger a la gente del pueblo y la vida de las masas es lo más valioso, a veces al costo de dar la vida de combatientes revolucionarios. Por ejemplo, en el combate en Kapilbastu, cuando los combatientes se dieron cuenta que sus disparos matarían a masas inocentes, suspendieron el fuego y ofrendaron la propia vida. En un combate reciente en el distrito oriental de Siraha, cuando el ERN tiroteó a la gente del pueblo, el EPL se retiró en pos de salvarles la vida a los civiles.

En marcado contraste, muchas veces los reaccionarios a propósito matan a civiles a fin de sembrar terror. Aun cuando no maten a propósito, la muerte de civiles se considera "daño colateral". Así Estados Unidos justifica las matanzas de decenas de miles de civiles mediante los bombardeos e invasión de Irak, y todavía es su posición oficial acerca de la masiva matanza nuclear de la población civil de Hiroshima y Nagasaki.

La gran mayoría de los doce mil muertos en la guerra popular contra la monarquía feudal nepalesa que se inició en 1996 han sido civiles que murieron a manos del ERN o presuntos revolucionarios a los cuales éste torturó y asesinó. Por ejemplo, este mes, los soldados del Ejército Real de Nepal arrestaron a Dhaba Lama, el jefe de distrito del gobierno popular, quien no traía arma, y lo mataron a sangre fría. Con el mismo proceder, asesinaron a dos presuntos maoístas. Los soldados reales también capturaron a un equipo cultural revolucionario que descansaba en la aldea de Raralihi en el occidente del país. Mataron a los cinco hombres cercenándoles los miembros y desaparecieron a las tres mujeres.

A continuación el texto íntegro del comunicado del camarada Prachanda:

Nos duele y angustia profundamente la explosión de una mina terrestre eléctrica que dejó gran cantidad de masas muertas, entre ellas partidarios y simpatizantes de la guerra popular, en Bandare Hola, Kalyanpur, distrito de Chitwan, la mañana del 6 de junio de 2005. Ante todo, ofrecemos nuestras más sentidas condolencias a los familiares de los muertos.

Los explosivos colocados por una unidad del Ejército Popular de Liberación contra el Ejército Real de Nepal causaron fuertes bajas de civiles y asumimos este grave error. Condenamos fuertemente el vil proceder de los asesinos reales que usan a la gente del pueblo como escudo humano. La política de nuestro partido es no llevar a cabo ninguna acción militar que perjudique de cualquier manera a la gente del pueblo. Quisiéramos dejar en claro que esta política no ha cambiado.

A las grandes masas populares nos comunicamos nuestra fuerte autocrítica por este incidente que violó la política de nuestro partido y en que murió mucha gente inocente. Es más, quisiéramos decir que de inmediato se suspendió a la unidad del Ejército Popular de Liberación y a los dirigentes del partido al mando de la misma.

La naturaleza del incidente, que ocurrió en un momento en que todos los partidos parlamentarios, la sociedad civil y nuestro partido luchaban por la plena democracia en contra de la monarquía autocrática y que daban fuertes pasos hacia una cooperación positiva, ha suscitado sospechas de una posible infiltración enemiga, cosa que se está investigando. Pronto se darán a conocer los hechos ante las masas.

Quisiéramos decirles a las grandes masas que estamos resueltos a tomar medidas para impedir la repetición de tales incidentes en el futuro.