Boletín N° 73 - 5 de julio de 2004
  Maoísta nepalés en huelga de hambre contra la tortura
El semanario maoísta en lengua nepalí Janadesh informa que Matrika Prasad Yadav está en huelga de hambre en demanda de ser tratado de acuerdo a las condiciones de la Convención de Ginebra para prisioneros de guerra.

El pasado febrero, las autoridades indias secuestraron a Yadav y a Suresh Ale Magar, otro líder del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), en Nueva Delhi, y los entregaron al Ejercito Real de Nepal sin ningún procedimiento legal. A la vez, el gobierno indio mintió diciendo que ambos habían sido arrestados en la ciudad de Lucknow, la capital del estado indio de Uttar Pradesh, en la frontera con Nepal.

El número del 15 de junio de Janadesh dijo que por fuentes militares, se supo que ambos camaradas están sujetos a tortura física y mental a manos del Batallón Yudha Bhairab del Ejercito Real de Nepal en las barricas de Shiwapuri. El ERN aún no ha explicado cómo llegaron a sus manos estos hombres después que las autoridades indias los entregaron al gobierno nepalés, ni los ha presentado públicamente. Las fuentes militares dijeron que mantienen a estos lideres esposados y vendados de los ojos. Una y otra vez les han pedido rendirse bajo tortura. Las fuentes dijeron que como los líderes están pidiendo que los pedir traten de acuerdo a la ley internacional, los oficiales del ERN los han torturado más. Yadav ha comenzado lo que dice será una huelga de hambre hasta la muerte para detener esta política.

Otro camarada líder del PCN (M), Mohan Baidya (Camarada Kiran), está en manos de las autoridades nepalesas tras haber sido arrestado en un hospital mientras recibía tratamiento en Jalpaiguru, en el estado indio de Bengala Occidental. A un cuarto líder del partido, C. P. Gajurel (Camarada Gaurav), las autoridades lo han tenido preso casi un año bajo amenaza de extradición a Nepal.

En otro caso, el ERN ha desobedecido flagrantemente las órdenes de la Suprema Corte de Nepal. Se ha encontrado evidencia de que las barricas del ERN se han convertido en cámaras de tortura, de violación y de aniquilamiento para prisioneros políticos y gente ordinaria capturada en el curso de la revolución maoísta. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) solicitó el derecho a inspeccionar las barricas en Maharajgunj, Katmandú. Aquí es donde los "terroristas reales", como les llama mucha gente, tienen a Krishna KC, un líder de la unión estudiantil maoísta, desde su arresto en septiembre de 2003. La Suprema Corte dio una orden para permitir que la CNDH inspeccione las barricas, pero el ERN se ha negado, argumentando que son áreas sensibles. Susil Pyakurel, miembro de la CNDH, dijo: "Entendemos que no se permita entrar a nadie a las barricas, pero si éstas se han convertido en cámaras de tortura, la gente tiene el derecho de inspeccionarlas". La CNDH es una comisión establecida por el gobierno mismo. Ha estado demandando que el ERN firme un acuerdo internacional sobre derechos humanos. Pero como el rey está gobernando al país bajo una dictadura militar, considera hasta sus propias leyes e instituciones como obstáculo a su necesidad de aplastar la revolución.

En una de las muchas reacciones a esta situación, el presidente de Una Sociedad Civil por la Paz y el Desarrollo, el Dr. Sundarmani Dixit, pidió al recién renombrado primer ministro del rey, Deuba, retirar la categoría de "terrorista" al PCN (M), la "notificación roja" que los tiene boletinados como objeto de arresto para la INTERPOL (la agencia policíaca internacional dominada por el occidente), y muchos de los cargos pendientes en la corte contra los revolucionarios maoístas. En un memorándum, pidió que el gobierno garantizara la seguridad de los líderes maoístas de modo que puedan llevar a cabo un diálogo, de acuerdo al semanario Janaastha (24 de junio). Hace poco, el rey Gynanendra, que despachó al ERN contra los revolucionarios en primer lugar por un período de tres meses, período que repetidamente ha renovado, recientemente anunció que ha renovado sus operaciones para los siguientes seis meses. En muchos círculos, tal acción se reconoce como una señal de la gravedad de la situación. El 5 de julio, se informa de la caída de al menos una docena de policías militarizados en una emboscada al sur de Katmandú.