Boletín N° 72 - 28 de junio de 2004
  Gobiernos europeos al rescate del gobierno nepalés

Hace poco, los embajadores británico, francés y alemán instaron al Partido del Congreso nepalés, al Partido Comunista de Nepalés Unido (Marxista-Leninista) [UML] y a los demás partidos parlamentarios a unirse al gobierno de Deuba recién nombrado por el rey Gyanendra. El cotidiano capitalino Kantipur informó: “Durante un acto en Katmandú, el embajador británico Keith Bloomfield, el embajador francés Claude Ambrosini y el embajador alemán Rudiger Lemp dijeron sin equívocos que era ‘esencial’ la participación de todos los partidos parlamentarios en el actual gobierno a fin de romper el empate político en el país”.

E instaron al rey a aceptar un paquete político: un gobierno pluripartidista, negociaciones con los maoístas y nuevas elecciones parlamentarias en que esperaban que participaran los maoístas. El 16 de junio, Kantipur dijo que “los tres embajadores subrayaron que el gobierno pluripartidista es la única solución a la actual crisis política”.

El “empate político” y la “actual crisis política” se refieren a dos cosas. Primero, la contradicción entre el rey y los cinco partidos políticos, que remonta a octubre de 2002 cuando el rey disolvió al parlamento y asumió el poder ejecutivo absoluto. Dos, la existente entre el gobierno y la guerra revolucionaria dirigida por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) a la que, como han tenido que reconocer públicamente varios diplomáticos europeos, la monarquía no ha sido capaz de vencer en el campo de batalla.

No es la primera vez que los partidos parlamentarios han recibido órdenes de unirse al rey. Los diplomáticos norteamericanos han hecho recomendaciones similares. En los últimos años, los representantes de los gobiernos yanqui e indio han estado presionando a los partidos parlamentarios para que dejaran la lucha contra la “regresión” (la toma de Poder por el rey). Todos han dicho abiertamente que esperan que la unidad entre los partidos parlamentarios y el rey haga que los maoístas abandonen la guerra popular que apunta a derrotar la monarquía. Lo que no siempre admiten pero que claramente temen es que la revolución se beneficie de la continuación de la división entre el parlamento y el rey.

Sin embargo, en los últimos dos meses la lucha de los partidos parlamentarios ha cobrado una fuerza que antes no tenía, no por una clara posición política de los dirigentes de los partidos parlamentarios contra el rey sino por las audaces iniciativas y resueltas protestas en las calles impulsadas en cierta medida por el deseo de tener una república de parte de algunos activistas de los mismos partidos y sobre todo del pueblo.

Hace poco, el rey respondió renombrando como primer ministro a Sher Bahadur Deuba, a quien había destituido en 2002 supuestamente por incompetente. En realidad, fue un golpe de Estado personal contra el parlamento. Deuba proviene de una fracción del Partido del Congreso nepalés. Su renombramiento logró dividir a los cinco partidos parlamentarios. Por ejemplo, el UML, un partido revisionista tan atrincherado en el sistema que sus integrantes son conocidos burlonamente como “los comunistas reales”, dejó la alianza de cinco partidos y se unió al rey. El otro partido parlamentario de mayor peso, el Partido del Congreso, declaró que si los maoístas obtuvieran la demanda de una asamblea constituyente para establecer una república, no participaría en ella. Pero la deserción del UML y la posición promonárquica del Partido del Congreso no han atenuado las protestas y reuniones de masas contra el rey que se celebran casi a diario.

Mucha gente considera que el regreso de Deuba no se debe a un cambio de actitud del rey sino a presiones de Estados Unidos, Europa e India.

La intervención de los embajadores europeos constituyó la más reciente tentativa de revivir la idea de que la formación de un gobierno pluripartidista vuelva a instaurar la difunta constitución de 1991. (Esa constitución supuestamente signó el tránsito del país de una monarquía más o menos absoluta a una monarquía constitucional cuyos poderes los limita el parlamento.) El UML sostiene que mediante el renombramiento de Deuba, el rey corrigió el golpe de Estado de 2002. Pero los expertos constitucionales nepaleses de diversas tendencias políticas opinan que la constitución ha muerto por muchas maniobras políticas que lleve a cabo el rey.

El PCN (M) ha dicho claramente que la única salida pacífica posible de la crisis es ir hacia delante, no hacia atrás; que la autocracia del rey, sea de forma abierta o “constitucional”, con o sin elecciones parlamentarias, representa el gobierno del semifeudalismo y del capitalismo comprador (los empresarios subordinados al capital extranjero); y que no participará en unas elecciones cuyo fin es perpetuar este sistema y gobierno. El partido propone una alternativa pacífica: celebrar una conferencia de mesa redonda de todos los partidos, formar un gobierno interino y organizar la elección de una asamblea constituyente. En este contexto, como el 80% del país está en manos del pueblo revolucionario, la propuesta de los europeos (en esencia conservar la monarquía) no puede llevar a una solución sino solamente a un gran salto político hacia atrás.

Las presiones de los representantes de las clases dominantes europeas para que los partidos parlamentarios participen en el gobierno de Deuba son una vil conspiración contra la emancipación y la revolución del pueblo nepalés.

Esta conspiración tiene fachas muy peligrosas. Mientras dicen que quieren que se restaure la “democracia” en Nepal, algunos imperialistas europeos, y el imperialismo yanqui y el expansionismo indio, han estado suministrando armas, municiones y pertrechos militares al gobierno nepalés. La cháchara diplomática y las remesas de armas son las dos caras de la misma moneda, con un solo propósito: fortalecer al rey en contra el pueblo.

Además, las clases dominantes indias han estado contemplando una intervención directa contra el pueblo nepalés. Kantipur sacó un artículo el 20 de junio de 2004 titulado “Posibilidades de la intervención de la India en Nepal”, escrito por un corresponsal vinculado a la edición asiática de la revista Time. Da a entender que el gobierno indio ha estado sopesando si ya es el momento indicado para una intervención militar en Nepal tal como hizo en Bangla Desh en 1971 y 1987 y en Sri Lanka durante el mandato del primer ministro Rajiv Gandhi.

El 16 de junio, Kantipur informó: “Los embajadores también instaron al gobierno y a los maoístas a deponer las armas y a acudir a la mesa de negociaciones”. Eso es pura hipocresía, pues Inglaterra, cuyo embajador era uno de los que estaban ahí, ha estado suministrado armamento a la monarquía, al igual que Estados Unidos, Bélgica y otros países. Lo que verdaderamente quieren es que el PCN (Maoísta) entregue las armas del Ejército Popular de Liberación que dirige. Es una conspiración para desarmar a las masas cuyas armas constituyen la garantía de que puedan elegir su propio futuro y quienes ya ejercen su propio poder político democrático revolucionario en el campo.