Boletín N° 70 - 14 de junio de 2004
  Intervención yanqui en Nepal: Los hechos.

A fines de abril, el gobierno estadounidense retiró al embajador Michel Malinowski seis meses antes del fin de su plazo en Nepal. Lo reemplazó con James Francis Moriarty. Éste dijo que trabajará con el viejo Estado a que odia el pueblo y al cual ha estado luchando por derrotar. En una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado yanqui, Moriarty dijo, al igual que su antecesor: “Si me nombran, prometo… trabajar de cerca con nuestros socios internacionales para ayudar el gobierno de Nepal a contrarrestar la amenaza maoísta”. Es más, disfrazó la intervención con palabras sobre los derechos humanos y el combate al “terrorismo”.

Los hechos de la intervención yanqui muestran que eso es pura hipocresía al servicio de la contrarrevolución. “Trabajar con nuestros socios internacionales” quiere decir “coordinar” con el gobierno indio para aplastar la guerra popular dirigida por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) y con Inglaterra y Bélgica para suministrar armamento y ayuda militar a la monarquía, apoyar de manera incondicional al viejo gobierno, sin tomar en cuenta los derechos humanos ni otra cosa, y no permitir que la revolución tenga éxito por medio de las armas ni ninguna otra forma.

Primero, “coordinar” con el gobierno indio quiere decir que éste siga la fuerte campaña contra los revolucionarios nepaleses que viven o están de visita en la India, aunque supuestamente es una frontera abierta. El 2 de junio en la ciudad india de Patna, la policía arrestó a 11 dirigentes del PCN (M), del Consejo Unido del Pueblo Revolucionario que dirige y otros nepaleses. Antes, el gobierno indio secuestró y extraditó a Nepal a los líderes del PCN (M) Matrika Prasad Yadav y Suresh Ale Magar y hoy sigue manteniendo preso a Chandra Prakash Gajurel (Camarada Gaurav).

Segundo, y de mayor importancia, siendo el actor principal, Estados Unidos está “coordinando” con Inglaterra, Bélgica e India el suministro de armas a la monarquía. Según la prensa nepalesa, en abril 30 soldados yanquis fueron a Nepal en un enorme avión de transporte Hércules C-130 y llevaron a cabo ejercicios de entrenamiento con el Ejército Real de Nepal (ERN). Según el ERN, los pilotos yanquis estaban conociendo el terreno del país. “La tripulación de vuelo y mantenimiento del C-130 se propone participar en ejercicios de entrenamiento conjuntos”, de acuerdo a un funcionario estadounidense citado en el cotidiano Himalayan Times. Agregó que una delegación del Congreso yanqui estaba en Nepal como parte de una misión para “recabar información” sobre la guerra civil en el país y sobre la región del sur de Asia. Muchos informes señalan que los yanquis están realizando operaciones de espionaje y reconocimiento en el país y que están trabajando con el ERN en la elaboración de planes operativos.

Es más, el gobierno yanqui le ha suministrado al ERN 5.000 rifles automáticos M-16 y prometido 20.000 más como parte de un paquete de ayuda militar de 17 millones de dólares anunciado en abril. En mayo, el gobierno británico dijo que iba a suministrar dos aeronaves de espionaje (que se pueden equipar con ametralladoras y equipo infrarrojo) y otros pertrechos. Bélgica ha suministrado miles de armas automáticas e India, helicópteros y otros pertrechos.

Tercero, pese a lo que digan sus voceros, el gobierno yanqui ha estado apoyando de manera incondicional a la monarquía. El nuevo embajador dijo que trabajará con el viejo gobierno “a fin de fortalecer sus instituciones democráticas y mejorar su práctica en derechos humanos”. No obstante, en la reunión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, de 53 países integrantes, los gobiernos estadounidense e indio vetaron una resolución que llamara a fortalecer la verificación de los derechos humanos en el país. En una reunión del Foro de Desarrollo de Nepal en Katmandú en que los países donantes se opusieron de manera inequívoca a las violaciones de los derechos humanos del gobierno nepalés, la delegación de la administración Bush no dijo nada al respecto, lo que sólo muestra su aprobación del secuestro, tortura y asesinato que viene realizando el gobierno contra la población so pretexto de combatir a los maoístas.

Estados Unidos dice que está apoyando la “democracia” en Nepal en la forma de una “monarquía constitucional”, pero no dijo nada cuando Gyanendra subió al trono masacrando al anterior rey y su familia. Cuando el actual rey disolvió el parlamento en octubre de 2002 y asumió el poder absoluto, Estados Unidos siguió dándole apoyo político, económico y militar. La situación no ha cambiado con el nombramiento del nuevo primer ministro. Desde luego que Estados Unidos quisiera disfrazar con un sistema parlamentario su control (y el de la India) del país, pero los hechos demuestran que prefiere a cualquier gobierno que ver liberado al país.

Cuando el secretario de Estado yanqui Colin Powell fue a Nepal en enero de 2002, un alto funcionario dijo en una reunión con encargados de defensa de Nepal que el primero se le había comunicado que cualquier ayuda militar sería “no letal”. O sea, una descarada mentira.

Cuando Powell se reunió con el jefe del ERN y tomó detallados apuntes sobre la lucha contra los revolucionarios maoístas, dijo: “A nuestro gobierno le preocupa muchísimo lo que pasa en Nepal y espera que el gobierno nepalés juegue un papel importante en el combate al terrorismo no sólo en Nepal sino en todo el mundo”. Justificar la intervención en Nepal con las conocidas referencias al “terrorismo” es tan falso como los pretextos de las “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein que Powell soltó en la ONU. Ahora, Estados Unidos quiere que Nepal colabore con tropas en Irak.

El gobierno yanqui ha puesto al PCN (M) en una lista de “otros grupos terroristas”. Cuando Moriarty aterrizó en Katmandú, el vocero del Departamento de Estado yanqui Richard Boucher dijo: “Hemos designado a los maoístas bajo una Orden Ejecutiva que bloquea en los Estados Unidos los bienes que tienen los maoístas ahí y los que están en manos de ciudadanos estadounidenses, dondequiera que estén y prohíbe que ciudadanos estadounidenses realicen transacciones o tratos con los maoístas”. Tal medida es muy grave pues podría convertir en delito todo apoyo internacional a una lucha revolucionaria.

Ante tales tentativas de calumniar la revolución como “terrorismo”, a partir del 6 de junio los estudiantes cerraron todas las instituciones educativas en una huelga nacional. Los alumnos de miles de escuelas y universidades asumieron las demandas de la Unión Nacional de Estudiantes Libres (Revolucionaria) dirigida por los maoístas: que el gobierno deje de tachar de “terrorista” a la organización, que libere a los líderes maoístas presos y que reduzca las cuotas. Algunos organismos de ayuda internacionales criticaron la huelga por “interferir” con la educación, como si la monarquía feudal y la dominación extranjera, ni hablar de la ausencia de una educación verdaderamente libre, no fueran la causa del 50% de analfabetismo del país.

Hace poco, un “mini-referéndum” que organizaron los estudiantes de 30 planteles educativos del país reveló en parte el grado en que las demandas de los maoístas representan la voluntad popular. De los 35.366 encuestados, el 99% (34.906) apoya la demanda por una república, en desafío del rey y los partidos parlamentarios, y de Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica e India, que apoyan de diversas formas a la monarquía y pretenden usar el terrorismo para impedir el nacimiento de una república popular dirigida por los maoístas.

Como sabemos, lo que más manifiesta la voluntad del pueblo es el hecho de que la única superpotencia del mundo y sus aliados y peleles no han podido hacer retroceder a las masas nepalesas y la demanda armada y cada vez más poderosa del cambio revolucionario.