Boletín N° 31 - 1 de septiembre de 2003
  Nepal: Gobierno bloquea negociaciones; maoístas dan golpes medida por medida

Con el fin del cese al fuego de siete meses, de nuevo sacuden a Nepal tormentosos sucesos políticos y militares.

El gobierno real violó el cese al fuego arrestando a maoístas y asesinando a sangre fría. No respetó el acuerdo de mantener al Ejército Real en un radio de cinco km de los cuarteles. Aprovechó el cese al fuego para importar armas, mientras asesores yanquis entrenaron a los soldados reales en tácticas contrainsurgentes.

El Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)] “cumplió cabalmente la letra y el espíritu” del cese al fuego y el código de conducta que ambos bandos aceptaron, de acuerdo al presidente Prachanda del PCN (M), mientras que el gobierno real violó repetidamente el acuerdo.

Finalmente, el viejo gobierno declaró que nunca aceptaría el fin de la monarquía mediante una asamblea constituyente y el establecimiento de una república. Según el Camarada Prachanda, el cese al fuego y las negociaciones “ya no tienen vigencia”.

El Ejército Popular de Liberación bajo la dirección del partido dio un golpe de medida por medida a la retirada virtual del viejo Estado del proceso de paz lanzando una ola de acciones militares contra el Ejército Real e instituciones reaccionarias.

El PCN (Maoísta) anunció una huelga general nacional de tres días (bandh) del 18 al 20 de septiembre, convocada por el partido, el Ejército Popular de Liberación y el Consejo Unido del Pueblo Revolucionario, con el lema “Marchemos adelante por el camino del cambio total”.

El gobierno real y sus defensores de otros países no aceptarán ninguna toma del Poder por el pueblo. La monarquía sigue defendiendo el sistema feudal, desdeñando al parlamento y fomentando el regreso al sistema panchayat autocrático que reinó antes de 1990.

Rajeshwor Devkota, presidente del partido Rastriya Prajatantra (Nacionalista), dijo que no se podría cumplir con las demandas maoístas aunque el rey quisiera. Si éste quisiera, ¿por qué no podría cumplir el jefe del viejo Estado la demanda de dejar el trono o dejar que el pueblo decida el destino de la monarquía feudal mediante una asamblea constituyente? ¿Quién controla a las fuerzas feudales nepalesas? El comentario de Devkota revela que el gobierno nepalés no está completamente bajo el control de los reaccionarios sino que se dirige desde afuera.

La embajada yanqui en Katmandú lanzó una declaración contra los ataques al Ejército Real y otras acciones: “Los ataques demuestran que los maoístas rechazan el llamado del pueblo a la paz y que siguen empeñados en cometer crímenes brutales para alcanzar sus objetivos”. Si bien Estados Unidos busca presentarse como juez neutral, en los hechos demuestra que constituye una importante fuerza que apuntala el orden en Nepal.

La declaración también dice: “Precisamente por esos actos terroristas, los maoístas se ganaron un lugar en la Lista de Terroristas del gobierno estadounidense”. Esas palabras también son aleccionadoras. Cuando Estados Unidos tacha de “terroristas” a los millones de campesinos y otras personas que buscan emanciparse de más de dos siglos de feudalismo y explotación y represión imperialista, demuestra que la “guerra contra el terrorismo” es una ofensiva global contra los pueblos del mundo.

Según la prensa, el viejo Estado se prepara calladamente para declarar un estado de emergencia. Pero los periodistas, intelectuales y personalidades políticas nepaleses consideran que eso no es ninguna solución, pues los anteriores “estados de emergencia” y operativos militares fracasaron antes del comienzo de las negociaciones. Por eso el gobierno real declaró un cese al fuego. La consigna, “¡Imperialistas estadounidenses, fuera las manos de Nepal!”, tiene mucha importancia hoy, pues esas manos son vitales para salvar el decrépito sistema.

Si el viejo gobierno no acepta una solución política, se resolverá la situación mediante la fuerza de las armas. El pueblo ya ha derramado mucha sangre en la lucha por emanciparse como seres humanos, ha asestado duras derrotas militares al viejo Estado y ha liberado la mayor parte del campo mediante una guerra revolucionaria. No se detendrá ni se dará marcha atrás.