Boletín N° 3 - 10 de febrero de 2003

  "Amnistía Internacional:
Derechos humanos y errores en Nepal"

En un informe de diciembre de 2002, Amnistía Internacional expresa preocupaciones acerca de lo considera graves violaciones de los derechos humanos en Nepal. Documenta y denuncia categóricamente las atrocidades cometidas por la policía y el Ejército Real de Nepal (ERN). Cada día las fuerzas del gobierno matan a personas sindicadas de ser revolucionarios o de apoyarlos, a menudo una docena o más al día. Y, de manera indiscriminada saquean, violan y asesinan a fin de sembrar terror en la población. Pero Amnistía Internacional también acusa al Partido Comunista de Nepal (Maoísta) (que dirige la guerra popular en ese país) de realizar acciones contra otros partidos y corrientes políticos y a veces de matar integrantes de ellos, y de reclutar a niños en el Ejército Popular de Liberación. ¿Qué tienen de cierto estas imputaciones?

Primero, no es verdad que los maoístas tienen una política de matar o castigar por ser miembro de otros partidos políticos o por su ideología. Castiga a los individuos que han cometido crímenes horrendos contra el pueblo, tales como la violación y el asesinato o ayudar directamente al ERN a matar. Esta política es de esperarse, pues la guerra popular, que lleva siete año en marcha, es un movimiento de millones de masas, basada en los campesinos, quienes se levantan contra aquellos que los han pisoteado desde hacía mucho. Es más, ningún levantamiento puede desarrollarse sin castigar a los soplones y espías cuyo trabajo ayuda al gobierno reaccionario a identificar y matar a sus oponentes. ¿Cómo es posible que las masas ejerzan libremente el poder político propio en las bases de apoyo si no pueden hacer nada contra las fuerzas que trabajan de la mano con el gobierno reaccionario para matar a la primera oportunidad? ¿Es de sorprenderse que tales reaccionarios a veces sean activistas de los partidos políticos reaccionarios? ¿Deben tener impunidad tales personas? Los maoístas han dicho explícitamente que advertirán a tales personas y harán todo lo posible por hacer que dejen sus fechorías y se transformen. Si aceptan, no se tomará ninguna medida en su contra. Pero sí tienen que dejar de cometer esas fechorías.

Un artículo del actual número de la revista Un Mundo Que Ganar (http://www.awtw.org) explica: "Los agentes del enemigo y la nobleza rural [terratenientes feudales, usureros, burócratas del gobierno, etc.] fueron expulsados de las aldeas, primero en las colinas, y en especial en la región occidental más atrasada del país. Con el debilitamiento de la policía, el gobierno del partido del Congreso Nepalés azuzó a sus paramilitares, armados para asesinar a las masas. Algunos paramilitares robaron tierras, violaron a las mujeres y espiaron a los revolucionarios maoístas a fin de montar emboscadas en su contra. Después, los paramilitares echaron la culpa de los delitos a los revolucionarios. Por otro lado, cuando los maoístas castigan a estos delincuentes, las clases dominantes dicen que los maoístas matan a 'civiles inocentes'. Los guerrilleros encabezados por los maoístas se apoderaron de los fusiles de los paramilitares y al comienzo, mediante acciones de castigo y advertencias contra los ataques, trataron de obligarlos a dejar sus actividades. Fueron aniquilados algunos reaccionarios empedernidos que colaboraban con la policía en los arrestos y asesinatos y que persistían en sus acciones pese a las advertencias... Las fuerzas revolucionarias llevaron a cabo una campaña para 'hacer ciego al elefante', o sea, destruir los 'ojos del elefante' (los paramilitares encabezados por el partido del Congreso Nepalés que eran los ojos de los policías élites "elefantes"). Con la disminución de la actividad de los paramilitares, las fuerzas armadas revolucionarias contaban con mayor libertad para combatir los policías élites".

AI también se equivoca acerca de la cuestión del reclutamiento de niños. El PCN (Maoísta) tiene reglas estrictas que prohiben que menores de 18 años se enrollen en el Ejército Popular de Liberación. Al mismo tiempo, es cierto que las atrocidades cometidas por el Ejército Real han dejado a gran número de familias desterradas, niños huérfanos y cientos de miles de personas desplazadas. El informe de AI documenta el caso de una niña arrebatada a su familia y violada por el Ejército Real, que es sólo un ejemplo. Pero cuando da datos verídicos acerca de los niños quienes han perdido a sus padres y tenido que abandonar sus hogares, AI no señala que la situación se debe a las acciones del ERN y le echa la culpa, erróneamente, a los maoístas.

Aun antes de la guerra, millones de niños nepaleses no contaban con comida, servicios de salud ni educación. Miles tuvieron que matarse trabajando en casas ajenas, canteras y otros lugares peligrosos, talleres de costura y de tapetes, o fábricas y burdeles de la India. A aquellos con la posibilidad de estudiar se les negaba una educación en su lengua materna. ¿Cree AI que esos niños ejercían el derecho a la educación y otros derechos humanos? Tenían pocas opciones aquellos que no fueran coaccionados, abusados ni vendidos directamente por un sistema social y económico que está obsoleto en todos los sentidos pero que se niega a pasar a la historia. Hoy, millones de nepaleses, de niños a ancianos, están unidos en el gran proceso de la revolución. Saben que es su única salida posible.

A veces se pierde de vista algo fundamental cuando no se ve las cosas desde el punto de vista de los oprimidos mismos. Cuando el Ejército Real destruye casas y mata de manera indiscriminada a personas de todas las edades, cuando los hijos observan mientras golpea a sus padres, les llena de arena la boca, les arranca los ojos, les prende fuego, los mata y las viola, ¿cómo se puede impedir que los niños, y todo el pueblo, quieran resistir y luchar en contra de la situación? ¿No tienen las masas el derecho de defenderse? ¿Qué más las puede salvar? Están sometidas a atrocidades si se levantan, pero la propia vida es una atrocidad si no se levantan. De todos modos, se les consideran sin valor y con frecuencia las matan o se mueren por muy poco. Lo que pasa en Nepal es un gran movimiento de masas por la liberación social impulsado por los propios pobres.

Los seres humanos no son abstracciones sin rostro, y los activistas no deben sacar conclusiones injustas en nombre de abstracciones acerca de los "derechos humanos" que condenen "por igual" la violencia del opresor y la violencia de los oprimidos que quieren liberarse de esa violencia. Mao Tsetung dijo que el derecho fundamental es: Se justifica la rebelión contra la opresión.

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