Boletín N° 170 - 7 de agosto de 2006
  Comunicado del CoMRI:
El reto de construir una alternativa revolucionaria del pueblo Luz verde estadounidense a masacres israelíes en Palestina y el Líbano

El Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista, el centro embrionario de los partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas del mundo, lanzó el siguiente comunicado.

Miles de sofisticadas bombas de precisión yanquis azotan los pueblos y aldeas, mezquitas e iglesias, aeropuertos y puertos, fábricas de leche, graneros, centrales eléctricas e infraestructura de telecomunicamos del Líbano. Los volantes israelíes chillan que los libaneses abandonen sus hogares antes de que bombardeen y a aquellos que huyan, les bombardean los vehículos en movimiento, incluso con banderas blancas, y bombardean puentes y caminos para cortar el tránsito y obstaculizar el trabajo de rescate humanitario. En estos momentos, las bombas y otras municiones yanquis en manos de los asesinos israelíes (en su mayoría con uniformes del ejército) han matado a mil libaneses, y se ha desplazado más de la mitad de la población.

Desde su creación como Estado teocrático sionista en tierras palestinas, Israel lleva más de 50 años sirviendo de perro de ataque del imperialismo. ¿Cuánto tiempo sobreviviría Israel sin los miles de millones de billetes verdes de Estados Unidos? Hoy de repente se amplia su papel de policía regional en pos de los objetivos geoestratégicos de los terroristas del mundo con sede en Washington que han hecho correr ríos de sangre de los pueblos de todo el mundo en muchas guerras y crímenes de agresión. Por horrendas y viles que sean estas masacres contra los libaneses, puede que sean el preludio de una guerra más amplia para reconfigurar el mapa político, social y económico del Medio Oriente de acuerdo a los intereses del imperialismo yanqui, o sea, parte de un plan global. No se trata solamente de controlar el petróleo y recursos, sino de impulsar una dominación yanqui más global de una región estratégica del mundo y de quebrar el espíritu y las aspiraciones nacionales y resistencia de una población cuyo odio al imperialismo, sobre todo el yanqui, y a los asesinos sionistas de Israel no tiene límite. También buscan someter (o cambiar) a los gobiernos como Siria e Irán que no están del todo bajo su mando.

La invasión y los bombardeos aéreos israelíes a aldeas libanesas que empezaron en 1982 mataron a 20 mil personas y, con la supervisión del ejército sionista de Sharon, los falangistas masacraron a cientos de refugiados palestinos en los campamentos de Sabra y Chatila, en El Líbano. En esos años, se formó Hezbolá como movimiento chiíta entre los libaneses para combatir la ocupación israelí del sur del Líbano, pero también sirvió para refrenar la resistencia palestina ahí. Con su carácter contradictorio y al pasar por alto el problema básico de la ocupación israelí de Palestina, contribuyó a mantener una frágil estabilidad sionista-imperialista en esa región.

El aparato de terror del Estado israelí volteó sus miras hacia Cisjordania y la Gaza, masacró a militantes y civiles palestinos, levantó muros de "apartheid" para separar las dos poblaciones y sus tierras, amplió sus colonias en el territorio reservado para Palestina, destruyó la economía agrícola, infraestructura y miles de hogares y mediante represivos controles, mantuvo a aquellos que no están en sus penales en otra forma de cautiverio. Con la elección de Hamas a inicios de 2006 (un reflejo de la bancarrota de las anteriores tentativas de acomodarse con Israel con patrocinio imperialista), el amo yanqui e Israel tomaron la decisión política, y militar, de dejar de lado las charlas de "paz" y romperle lomo al gobierno palestino y acabar de una vez para siempre con la resistencia armada palestina al régimen de terror cotidiano de Israel. La andanada de bombas para borrar a Hezbolá del sur del Líbano es otro paso de esta "hoja de ruta militarizada". No buscan la paz sino librar guerras y reforzar mediante destrucción y matanza el autoproclamado derecho de los gobiernos yanqui e israelí a matar a todo el que quieran en la región de acuerdo a la retórica del momento. A veces hablan de la paz, a veces de acabar con el "terrorismo" o provocar los dolores de parto (sangrientos, queda entendido) de la democracia en el Medio Oriente, como dijo el actual vendedora viajante de Bush, Condoleezza Rice. Al mismo tiempo, las bocas más probushianas de los medios informativos mundiales preparan la opinión pública para una situación de guerra civil en el Irak ocupado por Estado Unidos, en que la democracia neocolonial es una burla asesina. Para colmo, aumentan las amenazas de castigar a Siria e Irán.

En todo el mundo, el pueblo ve la injusticia de esta guerra de terror y devastación orquestada por Washington y Tel Aviv y las patéticas y nerviosas conversaciones de las potencias imperialistas europeas que son cómplices de esta "luz verde". Después de Irak, los principales actores en El Líbano, como Francia, reconocen esta vez que más vale proteger sus intereses uniéndose a la coalición de guerra yanqui, y la mísera y rastrera ONU ni puede aprobar una resolución del Consejo de Seguridad contra Israel por un ataque en que murió su personal en su propio puesto no armado en El Líbano. debido al poder de veto y la dominación general de ese organismo por Estados Unidos.

Ya es urgentísimo dejar de lado el espejismo de que foros internacionales y organismos semejantes intervengan para hacer entrar en sus cabales a los grandes merodeadores del mundo, como dijeron con tanta elocuencia los manifestantes furibundos ante las oficinas de la ONU en Beirut. ¿Cuán confiable sería un cese el fuego fraguado por el imperialismo yanqui que se jacta abiertamente de su derecho de usar bombas de fragmentación, violar acuerdos como los convenios de Ginebra y cometer crímenes de lesa humanidad? Debemos transformar nuestro rechazo en oposición política consciente a fin de detener sus crímenes y prepararnos para la lucha por venir. Defender de corazón los intereses de las masas oprimidas y explotadas del Medio Oriente quiere decir rechazar respuestas sencillas y no copiar traiciones que el pueblo ya ha sufrido repetidamente en medio de resistencia heroica. Ninguna fuerza reaccionaria basada en una religión o etnia puede unir a los diversos pueblos y muchas nacionalidades del Medio Oriente, de la Palestina ocupada al Irak ocupado, al Kurdistán, Turquía, Irán y otros países, ni llevar a cabo una solución auténticamente antiimperialista y duradera. Para lograrla, es necesario combinar nuestras fuerzas colectivas para oponernos a esta guerra y apoyar a los palestinos y libaneses sitiados. En pos de sus objetivos, estos asesinos de alta tecnología pueden sembrar terror con castigos colectivos, pero jamás contarán con el apoyo de los pueblos mesoorientales. Eso es un problema que no pueden resolver. Es necesario transformar la desconfianza y odio en una fuerza política consciente apuntada al sistema injusto del imperialismo y sus tentáculos reaccionarios que asfixian a las masas descontentas e inconformes. Solamente un movimiento revolucionario que unifica los oprimidos del Medio Oriente y que rechaza toda forma de dirección religiosa oscurantista y gobiernos teocráticos, y que se propone destruir el control de las potencias neocoloniales y sus títeres renuentes o entusiastas de la región y el puesto de avanzada del imperialismo, Israel, tendrá posibilidades de acabar con esta pesadilla de saqueo, guerra y muerte.

Pese al lavado de cerebro para que las masas queden pasivas o piensen que los imperialistas son todopoderosos porque vez tras vez lanzan mayores niveles de agresión sanguinaria contra los grandes sectores de la humanidad que consideran desechables (o pese a la represión de la oposición de las clases medias con capas de hipocresía somnífera para justificar uno tras otro abuso intolerable), los imperialistas no pueden controlar la ley que estipula que "la opresión engendra la resistencia". No debemos ceder ni un centímetro a sus cínicos cálculos de desgastar o reprimir las luchas del pueblo.

Se requiere una nueva política para dirigir a la lucha revolucionaria del pueblo, una nueva manera de ver cómo cambiar la sociedad, cuáles clases son amigas y cuáles enemigas, en quién apoyarse y qué hacer para expulsar a los imperialistas y plantarse a su hegemonía mundial; ni el nacionalismo ni la religión lo podrá lograr. La miseria cotidiana que genera el imperialismo produce constantemente más sepultureros suyos en el Medio Oriente. Aunque existe esta fuerza social de potencial revolucionario, aún no se manifiesta con suficiente conciencia y organización, pero lo debe hacer. Este avance emancipador requiere la ideología internacionalista proletaria del marxismo-leninismo-maoísmo. De entre aquellos que odian este sistema y las guerras injustas que genera, los luchadores y líderes necesitan ponerse a la altura y aceptar este reto.

Ya es urgentísimo asumir esta causa común contra la asesina arrogancia de los imperialistas con la fuerza consciente y poderosa de los oprimidos de la región cuyos intereses corresponden a un futuro distinto, uno que sólo se puede arrancar de la actual locura desarrollando la revolución en los países de la región como parte de la lucha internacional por acabar con el vil sistema capitalista-imperialista y crear un mundo nuevo.

Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista
8 de agosto de 2006