Boletín N° 170 - 7 de agosto de 2006
  Consejo de Seguridad de la ONU pone en la mira al Líbano

Una asesina organización terrorista internacional está conspirando contra el Líbano. Se llama el Consejo de Seguridad de la ONU [Consejo]. Independientemente del futuro del proyecto de resolución de Estados Unidos y Francia en el Consejo, como declaración de objetivos es criminal y reveladora.

Primero, y lo que más llama la atención, en sus deliberaciones el Consejo no pidió un cese el fuego inmediato. Pese a la oferta de Hezbolá de parar los ataques de proyectiles contra Israel si éste parara los ataques aéreos y de proyectiles contra el Líbano, Israel ha acelerado la destrucción aérea del país y la guerra contra el pueblo. Los días después del anuncio del proyecto de resolución han sido de los más sangrientos de la guerra. Israel se jactó que aumentaría los ataques. Se ha vaciado y reducido a cenizas la ciudad de Tiro. Se ha cortado la costa sur del resto del país. Israel ya no permite la entrada de los convoyes de rescate internacionales al sur con la advertencia de que podría bombardearlos si lo intentaran. Los cazas israelíes soltaron volantes sobre Sidon con la advertencia de abandonar la ciudad, pues los habitantes eran los siguientes blancos. Miles de libaneses están atrapados entre la frontera israelí y el río Litani, sin chance de huir de la zona de muerte. El sur de Beirut se está quedado rápidamente en ruinas.

Segundo, el proyecto de resolución propone legitimar y proteger la ocupación israelí del Líbano. "Pide una suspensión de hostilidades, en particular con la condición de un cese inmediato de los ataques por Hezbolá y el cese inmediato de toda operación militar ofensiva por Israel". Estas palabras son sorprendentes y casi increíbles, incluso a primera vista. Invierten lo justo y lo injusto. Pide que Israel, que invadió al Líbano, limite sus operaciones militares a la "defensa" de sus fuerzas de ocupación, pero le dice a Hezbolá, que lucha por expulsar a los ocupantes, que no puede disparar ni una sola bala.

La resolución acepta las afirmaciones israelíes de que libra la guerra en "defensa propia" y por eso es justa. El Consejo, dice la resolución, "señala la necesidad de parar la violencia, pero a su vez señala la necesidad de abordar con urgencia las causas que han generado la actual crisis, por ejemplo, la libertad incondicional de los soldados israelíes secuestrados". Ningún observador serio se traga el cuento de que el secuestro de tres soldados israelíes por Hezbolá "causó" la guerra. Esa operación transfronteriza es lo mismo que se ha repetido cada tantos años en una frontera en que no ha habido bajas israelíes en esta década. Con descaro, el proyecto de resolución toma partido con Israel, pide que Hezbolá ponga en libertad a los soldados israelíes pero se niega a pedir que Israel ponga en libertad a sus presos libaneses, ni, desde luego, que ponga en libertad a los ministros y miembros del parlamento del gobierno palestino que tiene de rehenes, ni hablar de los diez mil palestinos presos en Israel.

Tercero, aunque habla de labios para fuera de la "integridad territorial" del Líbano, para colmo el proyecto de resolución menciona explícitamente las granjas Shebaa, una zona reclamada por el Líbano pero que Israel lleva décadas ocupando, y a propósito no pide que Israel se retire de ahí. Un vocero del gobierno sionista dijo que las granjas Shebaa no eran sino un "pretexto" de Hezbolá para mantener su posición antiisraelí. Si eso fuera cierto, ¿por qué no más se retiraría el ejército israelí?

Estados Unidos, con el apoyo de Francia y el consentimiento de las demás grandes potencias, mediante la diplomacia busca obtener para Israel lo que éste no ha podido lograr mediante la guerra. La invasión no se ha desenvuelto como esperaba Israel. En lugar de luchar hasta la muerte por defender su territorio, como esperaba Israel, los combatientes de Hezbolá buscan infligir el mayor daño posible a los invasores, con túneles y otros medios para neutralizar el impacto del poderío aéreo israelí y evitar enfrentamientos fuertes. Por primera vez en tiempos recientes, la relación entre las bajas del ejército israelí y sus enemigos es aproximadamente uno a uno. Parece que los dirigentes de Hezbolá han sacado unas lecciones de las experiencias de las guerras de liberación nacional y revolucionarias sobre la manera de combatir de modo que se apoye en los puntos fuertes de una guerrilla y una causa justa, y que a su vez se aprovechen las debilidades potenciales de un ejército opresor. Dice que su objetivo es hacer que penetre Israel en el territorio libanés, de modo que vulnere sus líneas de abastecimiento y sus soldados tengan que pelear en líneas exteriores. Parece que eso es lo que más teme Israel. Su ejército se aferra a la frontera, de modo que sus columnas armadas puedan recibir constantemente los suministros de los cuales dependen. Sus principales incursiones en el interior del Líbano con helicópteros y comandos, en Tiro y sobre todo en Baalbek, han producido muchas muertes de civiles y pocos éxitos militares.

La principal campaña israelí es una guerra aérea que ilustra descaradamente sus objetivos políticos. Muestra que Israel no busca combatir a Hezbolá, como dice, sino busca causar la máxima destrucción de la infraestructura del país y la máxima cantidad de muertes de la población civil. Las bombas y proyectiles israelíes han destruido tres tercios de los puentes, según organismos internacionales de ayuda, en un país surcado profundamente por ríos y barrancas. Han volado caminos por todos lados, sobre todo las carreteras hacia Siria que son la única conexión del Líbano al resto del mundo. En tiempos normales, una buena parte de sus bienes y comercio pasa por estos caminos, y ahora las pistas del aeropuerto están en ruinas y hay un bloqueo naval israelí de la costa. Israel ha destruido sistemáticamente las fábricas, granjas comerciales, flotas de pesca y refinerías de petróleo. Los civiles chiítas han sido el blanco de los bombardeos de castigo israelíes. Pero los bombardeos han tenido un radio más amplio: las aldeas sunitas y cristianas que ha albergado a los refugiados chiítas o que no tienen ninguna conexión en absoluto con los chiítas. Un cuarto de la población ha tenido que dejar sus hogares y depende de la ayuda de emergencia del exterior que llega mediante convoys de camiones que Israel bloquea según sea su voluntad.

Israel busca diezmar y desmoralizar los chiítas libaneses pero da a las clases altas de las otras comunidades étnicas dos opciones: cooperar con Israel, o morir (de inmediato por las bombas israelíes o por falta de combustible y alimentos). El proyecto de resolución de la ONU propondría el mismo objetivo: continuaría la ocupación israelí hasta que una fuerza internacional la reemplace y que pueda obligar a un renuente gobierno libanés a cumplir con los deseos del imperialismo occidental e Israel y confrontar a Hezbolá (un ejército que Israel no ha podido vencer) en contra de los deseos de la gran mayoría de los libaneses. Los observadores en el terreno aceptan que la mayoría de los libaneses apoyan a Hezbolá contra Israel. No quieren volver a los días en que azotaba al país una guerra civil entre élites ligadas a las potencias extranjeras rivales.

Antes de redactar con Estados Unidos este proyecto de resolución, el presidente francés Jaçques Chirac rechazó la propuesta patrocinada por Estado Unidos que estipulaba que las tropas de la OTAN ocuparan el sur del Líbano en lugar de Israel. China, que apoya a Francia en el Consejo de Seguridad, de acuerdo a sus acciones ahí y a un editorial del oficialista Diario del Pueblo , la tachó de "modelo de Afganistán", en referencia a la forma en que Estados Unidos ha usado la estructura de la OTAN y las tropas europeas para ocupar a ese país después de la invasión que encabezó. ¿Cómo difiere el modelo del proyecto de resolución? La secretaria de Estado yanqui, Condoleezza Rice, dijo: "Hay menos divergencias aquí de lo que se supusiera". Si los nuevos ocupantes del Líbano enarbolaran la bandera de la ONU, eso podría reflejar una decisión de Estados Unidos de que en vista de sus intereses estratégicos globales y regionales, tendrá que compartir al Líbano con otras potencias imperialistas. Por ejemplo, Francia solía controlar exclusivamente al Líbano y aún mantiene ahí intereses e influencia políticos y económicos mediante los acaudalados clanes cristianos y sunitas (el primer ministro libanés Fouad Siniora es un representante de los sunitas). Pero en el mejor de los casos, eso podría convertir al Líbano en un condominio de los imperialistas a que gobiernen de acuerdo a sus intereses económicos, militares y políticos (a veces rivales). En los hechos, eso es lo que ha vivido el Líbano durante un siglo y es una causa básica de sus problemas.