Boletín N° 23 - 30 de junio de 2003
  Yanquis al acecho contra Corea del Norte

Estados Unidos ha decidido trasladar los soldados que tiene apostados en sus bases en la frontera con Corea del Norte. Los trasladará a una base localizada a 120 km al sur de Seúl, la capital surcoreana. Parece que su intención es relajar las tensiones políticas y el potencial de una guerra, pero la verdad es que no es así.

El 13 de junio, miles de surcoreanos se manifestaron por que las tropas yanquis salieran del país. Exigían castigo a dos soldados estadounidenses que hace un año mataron a dos muchachas de 13 años. Durante un ejercicio militar, un camión de 50 toneladas las prensó. El ejército yanqui procesó a los soldados, pero los liberaron, lo que provocó enormes manifestaciones antiestadounidenses. Un año después, se dieron enfrentamientos con la policía antimotines en Seúl frente a la embajada norteamericana. Cientos de manifestantes se lanzaron contra una base yanqui en la frontera, y algunos estudiantes lograron entrar antes de que la cerraran. Irónicamente, se celebró la protesta poco después de que Estados Unidos anunciara que iba a cerrar ésta y otras bases. Tal declaración enfureció a los manifestantes, porque en lugar de salir de Corea, Estados Unidos se atrinchera más.

El traslado de tropas, que las autoridades estadounidenses llaman una “consolidación” de las instalaciones militares existentes, forma parte de un plan de cuatro años con un costo de 11 mil millones de dólares para reforzar a los 37.500 soldados en el sur. El gobierno surcoreano ha anunciado planes para aumentar en 25% el presupuesto militar. Según la agencia de noticias de Corea del Norte (KCNA), el gobierno estadounidense obligó al surcoreano a incrementarlo. El subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, de visita en Corea del Sur el 2 de junio, se jactó de que Estados Unidos pronto estaría preparado para “echar abajo” al ejército norcoreano en un plazo de una hora y para destruir la capital de Pyongyan. Entre otros objetivos, el viaje buscaba “convencer a los líderes surcoreanos renuentes de que se trasladen las tropas estadounidenses al sur de Seúl. The New York Times dijo que el gobierno surcoreano tenía “muchas dudas” sobre el plan.

Las 16.000 tropas de la 2ª División de Infantería tienen unidades blindadas, de artillería y de helicópteros, cuyo alcance llega a Corea del Norte. El periódico londinense The Guardian dijo: “Una vez que se han trasladado las tropas, Estados Unidos estará en mejor posición de utilizar armas de largo alcance de gran superioridad sin sufrir bajas fuertes cuando Corea del Norte contraataque. El 2 de junio, The New York Times dijo: “El gobierno surcoreano considera la maniobra como parte de un plan que permitiría a Estados Unidos lanzar un ataque preventivo contra las instalaciones nucleares norcoreanas sin preocuparse por la artillería norcoreana”.

Un ataque preventivo, tal como vimos en Irak, significa un ataque sin justificación alguna.

El gobierno norcoreano ya había hecho una declaración política inesperada este año de que todavía poseía armas nucleares, contradiciendo lo que las autoridades estadounidenses habían afirmado. Parece que Corea del Norte hizo esta declaración para disuadir a las tropas yanquis apostadas en la frontera en el contexto de las amenazas de Bush. Según el Boletín de Científicos Atómicos, Corea del Norte sólo cuenta con “un pequeño número” de bombas de corto alcance que no pueden alcanzar a Estados Unidos. El único objetivo militar de estas bombas es disuadir una invasión estadounidense. Aunque llama a Kim Jong Il “paranoico”, según unos artículos de la prensa norteamericana los yanquis han conspirado para asesinarlo con misiles cruceros, al igual que intentaron en el caso Saddam Hussein. Bush acusa a Corea del Norte de “chantaje nuclear”, pero los norcoreanos sólo quieren evitar un ataque yanqui y que tal vez lleguen a un acuerdo sobre cómo conservar su gobierno.

Corea guarda en su historia una de las pruebas más contundentes de que Estados Unidos no es invencible. En la guerra de Corea que finalizó en 1953, las tropas terrestres norcoreanas apoyadas con voluntarios provenientes de la China de Mao después de que Estados Unidos amenazara con invadir China, asestaron una de las peores derrotas que las fuerzas yanquis han sufrido. Hoy, Estados Unidos traslada sus tropas porque ésa es la clase de guerra que quiere evitar. Bajo la doctrina de Rumsfeld, Estados Unidos quiere pelear de la misma manera que lo hizo en Afganistán e Irak: lanzó bombas y misiles para provocar una destrucción masiva y para minimizar los combates terrestres en gran escala. Esta estrategia tiene gran importancia para Estados Unidos, si es que quiere atacar de forma simultánea a gobiernos de todo el mundo o a uno seguido de otro.

La decisión norcoreana de reducir el tamaño del ejército convencional y apoyarse en las armas nucleares a fin de asustar a Estados Unidos o amenazarlo en el terreno donde más fuerza tiene, no necesariamente bastará para vencer un ataque de Estados Unidos.

Un aspecto de los objetivos políticos yanquis ha quedado claro. Al igual que con Saddam de Irak y Jomeini de Irán, Estados Unidos no está dispuesto a aceptar un compromiso de Kim Jong Il. Quiere una “decapitación”, es decir, “un cambio de gobierno” en Corea del Norte.

El otro aspecto de los objetivos yanquis es Corea del Sur. Para muchos coreanos, la muerte de las dos jóvenes y la forma tan arrogante en que los yanquis trataron la situación, representan el desprecio norteamericano hacia sus sentimientos nacionales y su cruel intimidación, tal como la imposición de la dictadura militar surcoreana por la CIA hace décadas. Ahora, Estados Unidos quiere impedir la unificación de una Corea que no estaría bajo su bota. El 14 de junio, los gobiernos de las dos Coreas, por primera vez desde la guerra, celebraron la apertura de una vía ferroviaria entre las dos capitales. El presidente surcoreano, Roh Moo Hyun, ganó las elecciones con la plataforma de trabajar por la reunificación del país, que constituye un gran deseo del pueblo y al parecer de un sector de las clases dominantes, así como un antiguo planteamiento político de Corea del Norte (aunque el actuar de Roh con Estados Unidos es ambiguo). La clase dominante estadounidense necesita conservar el control de Corea a fin de impedir que una coalición de Japón y sus antiguas colonias, Corea y China, obstaculice su dominación del mundo.

En la campaña armamentista en Corea del Sur que tiene planeada para los próximos años, Estados Unidos no necesariamente va a atacar ahora, mientras tiene las manos metidas en Irak y el Medio Oriente. Últimamente, Bush ha amenazado más directamente a Irán, el que no tiene posibilidades de fabricar pronto armas nucleares. Las prioridades del gobierno de Bush no tratan de impedir la propagación de armas nucleares sino de la importancia central del Medio Oriente en su estrategia de dominación mundial. Irak fue el primer país de los que Bush llama el “eje del mal” que invadió bajo el pretexto de buscar “armas de destrucción masiva”, país que a pesar de las mentiras y a diferencia de los otros dos, abandonó su programa nuclear hace una década, cosa que hoy queda muy en claro. Por eso hay que tomar en serio el discurso del “eje del mal” de Bush. En el aniversario de la muerte de las dos jóvenes, ante la furia general de la población de Corea del Sur Bush se “disculpó” pero descartó cualquier cambio en cuanto a las tropas de ocupación y no aceptó la demanda de que Estados Unidos se comprometiera a no iniciar la guerra en Corea.

Por primera vez, Bush hablaba con franqueza: Estados Unidos hace preparativos muy concretos para lanzar otra guerra en Corea.