Boletín N° 149 - 13 de marzo de 2006
  Europa: La marcha por la reivindicación de la mujer iraní.
Vimos a una mujer iraní, sólo por amor, condenada a muerte y apedreada.
Vimos el árbol de la esperanza tornarse amarillo y morir, sin primavera.
Mientras que estemos encadenadas, el mundo soportará el gobierno del capital, la ignorancia y la religión.
¿Qué espera una joven que tiene un lazo anudado al cuelo, sino su liberación?
Nosotros hemos dicho: ¿Qué clase de vida es ésa?
No hay tiempo que perder. Sí, ha llegado el momento para esta campaña.

            Con una canción llamada Karzar (Campaña), escrita especialmente para esta ocasión por un grupo de artistas que apoyan este esfuerzo, la marcha por las mujeres iraníes organizada por la Campaña por la abolición de todas las leyes misóginas, basadas en el género y punitivas islámicas, dio inicio en Francfort, Alemania, el 4 de marzo y terminó el 8 de marzo en La Haya (Holanda), donde culminó con una protesta en frente del Tribunal Penal Internacional. De 800 a 1000 personas, principalmente mujeres iraníes de todo el mundo, participaron en el último día de la marcha. La determinación y entusiasmo de los participantes fue tal que ni el frío ni la fuerte lluvia, desde temprano en la mañana hasta bien tarde, pudo obstaculizar el programa. Sintieron como si pudieran ver una luz brillando sobre todos ellos, que otros no podían ver: el surgimiento de un nuevo movimiento de las mujeres. Si el ayatola Jomeini y su gobierno islámico celebraron la toma del poder atacando brutalmente los derechos de la mujer, encendiendo así la manifestación del 8 de marzo de 1979 en Teherán, el 8 de marzo de 2006 las mujeres celebraron el surgimiento de su movimiento como una de las fuerzas más potentes que amenazan la existencia del régimen medieval islámico. Esta marcha fue la más importante protesta de las mujeres iraníes desde aquel 8 de marzo de 1979.

            Después de pasar por Francfort, la marcha se dirigió a Maguncia, Colonia y Dusseldorf, antes de llegar a La Haya. Cerca de 400 personas iniciaron la marcha en Francfort, con un fuerte frío y las más fuertes nevadas en 25 años. Un grupo de teatro presentó una sátira sobre la opresión de la mujer antes y después de cada marcha en cada ciudad en los cuatro días. Caracterizaron a un grupo de mujeres cubiertas con un velo negro o una “burqa” azul (los velos que por obligación usan las mujeres iraníes y afganistaníes), oprimidas por un mullah, un símbolo de los regímenes islámicos. En el curso de la corta presentación, las mujeres se rebelan, cambian las cosas y la dirección y atan al mullah. Cuando las mujeres vencen, por el altoparlante resuena la canción Karzar y todos cantan en voz alta.

            Siguiendo la marcha en Maguncia, Colonia y La Haya hubo mítines con discursos de las activistas y de quienes llegaron desde lejos a expresar su apoyo, solidaridad, mensajes, poemas, canciones y otras representaciones artísticas. En Colonia, Mitra, una joven iraní, presentó “la danza de la liberación”, en la que una joven prisionera se libera. En Dusseldorf, después de la marcha, la concurrencia se dirigió a La Haya, sin mitin. Sin embargo, el centro donde los marchantes almorzaron y el autobús que los conducía a La Haya sirvió como lugar para discusión, discursos, consignas, canto y baile. Algunos tomaron parte en la marcha sólo por un día; otros se unieron a lo largo del camino por el resto de la jornada. En cada ciudad se unieron nuevos manifestantes, y ya que el 8 de marzo caía a la mitad de la semana, muchos manifestantes tuvieron que regresarse a trabajar.

            Los organizadores y el grupo principal de la marcha arribaron a La Haya el martes por la noche y estuvieron muy ocupados gran parte de la noche. Muchos más llegaron el miércoles por la mañana. Una minivan vino de Dinamarca, otro autobús de Colonia, otras dos autobuses llenos de mujeres que buscaban asilo del norte de Holanda, y carros repletos de amigos e individuos que viajaban desde otras ciudades de Holanda, Alemania, Noruega, Suecia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos y Canadá. Una mujer acudió por avión desde Vancouver en la mañana y tenía que regresar después de la marcha esa tarde. Obviamente esas mujeres le dieron una gran importancia a su participación.

            Las mujeres de Afganistán estaban entre las más activas organizadoras, haciendo causa común con las iraníes. Otra mujer afganistaní se unió en el trayecto de la marcha. Mujeres holandesas de varias edades tomaron parte y muchas expresaron su oposición a la invasión de Irak por Estados Unidos y su propio país. Marcharon mujeres de Turquía y del Kurdistán, y africanas. Otras provenientes de Malasia, India, Bangla Desh, Hong Kong y Nepal hicieron la marcha más colorida y hermosa.

            Las mismas mujeres iraníes eran muy diversas. Había refugiadas políticas y otras que habían escapado de la muerte por apedreamiento; madres cuyos hijos o hijas fueron ejecutados por el régimen islámico; ex prisioneras políticas, comunistas y otras activistas; mujeres que habían perdido su trabajo porque se negaron a usar el hijab y otras que habían huido de Irán debido a la presión sobre ellas como mujeres; y mujeres del Kurdistán que sufren la opresión contra la mujer así como la opresión nacional del régimen de Teherán.

            Al son de una batucada de una docena de jóvenes holandeses, hombres y mujeres, y consignas de “Abajo el régimen antimujeres de la República Islámica”, la marcha continuó su camino de 8 km a través de las calles de La Haya. La gente se asomaba por las puertas y ventanas a verla pasar y hacía señales de apoyo; otros tomaban fotografías y hacían la “V” de la victoria.

            Los participantes gritaban “Abajo el régimen islámico de Irán” y “No a la invasión de Estados Unidos”, mientras que se dirigían a la embajada iraní, donde la ira y la rabia alcanzaron su punto culminante, al igual la lluvia. Después de una corta parada en frente de la embajada, la marcha se enfiló al Tribunal Penal Internacional.

            Una de las oradoras fue Mary Lou Greenberg, quien había cruzado el Atlántico para expresar el apoyo del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos. Denunció el fundamentalismo religioso del gobierno de Bush, las invasiones del imperialismo estadounidense a Irak y Afganistán, y la posible agresión estadounidense contra Irán. Subrayó la necesidad de que los pueblos de los países imperialistas apoyen las jornadas de lucha antiimperialista del pueblo iraní y la lucha de la mujer iraní. Su presencia y en especial su mensaje fueron muy bien recibidos e imprimieron mucho ánimo, en especial cuando anunció que hubo acciones simultáneas en solidaridad con la campaña de la mujer iraní en doce ciudades estadounidenses.

            Una oradora de la India, Radha Dsusanfar, también habló de la necesidad de apoyar a la mujer iraní. Mencionó un espinoso problema político, que concernía a mucha gente y que frenó la participación de unas cuantas personas. Dijo que algunos pueden pensar que apoyar a la mujer iraní contra el régimen islámico podría significar caer en manos del imperialismo. Pero la situación es exactamente lo contrario. Cuando las bombas empiecen a caer sobre la gente, ya es demasiado tarde para apoyarla, porque ya se perdió la iniciativa. Se debe decir “no” a la guerra ahora. Es el momento preciso para discutir esto con las fuerzas progresistas de Irán y apoyarlas en su lucha contra el imperialismo.

            Es cierto, como dijo Dsusanfar, que algunas fuerzas progresistas, sobre todo en Alemania y en otros países, no apoyaron esta campaña a causa del mismo argumento, pero eso no atenuó el carácter internacionalista de la marcha. Muchas fuerzas de todo el mundo le dieron su apoyo. Los maoístas estaban al frente porque sostienen que la única manera de oponerse al imperialismo estadounidense en esta situación es apoyar la justa lucha del pueblo iraní por sus derechos democráticos y contra la dominación imperialista, y no alinearse con un régimen medieval que ha reprimido al pueblo y sobre todo a la mujer por tanto tiempo.

            Aparte del mensaje del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, llegaron comunicados y otras manifestaciones de apoyo del Partido Comunista de Afganistán (Maoísta), del Comité de Organización del Partido Comunista Revolucionario de Canadá y de otros partidos que dieron asistencia logística y práctica. Muchos otros grupos revolucionarios y progresistas apoyaron la marcha. Activistas del Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo llegaron desde Berlín. Un grupo entusiasta de mujeres que oyeron acerca del mitin llegaron desde Bielefield, Alemania, para unirse a la marcha en Maguncia. Varios grupos y organizaciones de Alemania y sobre todo de Holanda enviaron mensajes de solidaridad y participaron en las manifestaciones en varias ciudades.

            Durante el segundo día de la marcha, la campaña recibió un mensaje muy especial de un grupo de mujeres que había celebrado el 8 de marzo en las montañas cercanas a Teherán, lejos de la mirada del régimen islámico. El mensaje impactó tremendamente el ánimo y el espíritu de la marcha. La lectura del corto mensaje la interrumpieron varias veces las lágrimas de la moderadora y los aplausos del público. Después, se leyó un mensaje de solidaridad del Sindicato de Conductores de Autobuses Unidos en la capital, cuya lucha por sus derechos hizo temblar al país entero antes de que las fuerzas de seguridad del régimen los reprimieran y arrestaran a más de mil miembros. Eso causó mucho entusiasmo. (Después, llegaron noticias adicionales de dos manifestaciones públicas de cientos de mujeres en Teherán el 8 de marzo en dos parques. Las fuerzas de seguridad reprimieron brutalmente ambas acciones.)

            Un punto fuerte de la marcha fue que un gran número de jóvenes estaba tomando parte en la actividad política por primera vez. Algunos viajaron de lugares tan lejanos como Suecia. Tres generaciones de mujeres tomaron parte en las manifestaciones.

            Una joven del Kurdistán, Bayan, jugó un papel destacado durante los cinco días. Cuando se le preguntó por qué, respondió: “No tenemos que ir tan lejos, hasta Irán, Afganistán o Irak. Donde yo vivo en Alemania, las mujeres también viven la opresión. Aún aquí las mujeres kurdas padecen opresión social de sus padres y esposos. Pero estoy preocupada por las leyes desiguales en Irán. Espero que podamos hacer más al respecto”.

            La labor de los artistas contribuyó en una medida muy importante a fortalecer la campaña. Gisoo Shakeri, con su potente voz, jugó un papel político importante y vital. Mina Asadi escribió la conmovedora letra de la canción tema de la marcha, Karzar; su posición radical contra el imperialismo y todos los reaccionarios fue muy emotiva. Jamileh Nedai, una artista de teatro y de cine, Mohamad Shams, quien escribió la música de Karzar, Abbas Samakar, Basir Naoibi y muchos otros artistas apoyaron y participaron activamente en la marcha.

            Las mujeres afganistaníes trajeron una clara fuerza a la marcha. Como las mujeres iraníes, también han soportado una severa opresión en los últimos 27 años. En sus mensajes y discursos, dejaron en claro que la invasión estadounidense de su país no liberó a las mujeres. En lugar de eso, ha empeorado la situación en muchos sentidos. Compartieron con otras mujeres las penas que están sufriendo y sus esperanzas por lo que podría lograrse organizando a la mujer en Afganistán a una escala mucho mayor.

Al final del mitin público, que duró hasta muy tarde, las mujeres no escondían su felicidad. Por todas partes se abrazaban y lloraban. Muchas mujeres estaban contentas y satisfechas de haber tomado parte en esta marcha a pesar de los problemas que tuvieron que superar. Ésta era la primera vez que muchas de ellas habían dejado a sus hijos y familias por más de una semana para hacer algo como marchar con otras mujeres. Azadeh, de Londres, como muchas otras mujeres, dejó a sus pequeños hijos allá para ir a la marcha. Declaró al SNUMQG: “Estoy tan feliz de haber participado en esta manifestación. Estoy contenta de que una amiga me haya presionado. Si no hubiera venido me hubiera arrepentido”. Mina Asadi dijo que los cinco días de marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo de 1979 han sido los mejores días de su vida.

El mayor logro de la marcha es que estas mismas mujeres lograron organizarla con éxito. Todo eso quiere decir que el movimiento femenino reprimido por el régimen islámico ha resurgido y está tomando impulso. Su gran potencial representa una amenaza concreta a los gobernantes islámicos.