Boletín N° 144 - 6 de febrero de 2006
  Teherán: Trabajadores de transporte vs el gobierno

La República Islámica de Irán despachó a la policía para impedir una huelga de los conductores de autobuses programada para el 28 de enero: arrestó a 500 a 1200 integrantes y líderes del sindicato que habían desafiado al gobierno al romper con los oficialistas Consejos Islámicos de Trabajo.

De noche, las fuerzas de seguridad, paramilitares civiles del Hezbolá e integrantes del Consejo Islámico de Trabajo (en un caso) tumbaron puertas  e intimidaron a familias en busca de los integrantes y líderes del sindicato Empresa de Autobuses Unidos de Teherán. Algunos compañeros no cayeron en las redadas porque se quedaron fuera de casa. El gobierno respondió tomando de rehén a esposas e hijos (uno tenía dos años).

Los conductores anunciaron que harían una huelga el 29 de enero a favor de la libertad de un colega, el líder del comité ejecutivo del sindicato, Mansour Osanloo, y del reconocimiento oficial del sindicato. El gobierno respondió con dureza arrestando a decenas de activistas y líderes antes del 29. Los medios oficiales informaron del “arresto de unos terroristas” y trataron de vincular la huelga a explosiones en la ciudad sureña de Ahwaz. Ni la amenaza de despidos ni las redadas y secuestros de familias impidió la huelga de un día. En algunas zonas, los conductores, familias y otros simpatizantes chocaron con las fuerzas de seguridad y los paramilitares del gobierno.

Muchos conductores que no cayeron en las redadas pasaban las noches en la calle u otros lugares, en busca de formas de impulsar la lucha. Los arrestados, ahora en el tristemente célebre penal Evin de Teherán, están en ayuno. La moral de los conductores es alta.

Antecedentes

En el último año el sindicato ha sido blanco de hostigamiento constante. Cuando se independizó del sindicato oficial aumentaron los ataques. En mayo de 2005, la dirigencia del Consejo Islámico de Trabajo y la Casa de los Trabajadores (principalmente esbirros y directivos del gobierno) atacaron las oficinas del sindicato y arrestaron a sus integrantes. La noticia recorrió el país y el mundo. No obstante, la Organización Internacional de Trabajo reconoció al sindicato oficial como representante de los conductores.

El 22 de diciembre de 2005, el gobierno aumentó las medidas represivas sobre el sindicato independiente arrestando a una docena de líderes y los acusó de causar trastornos y de formar un sindicato ilegal. Los conductores no retrocedieron: al día siguiente convocaron a una protesta frente a la sede del sindicato y organizaron una huelga de un día el 25 de diciembre. Participaron miles. Toda la ciudad de Teherán quedó paralizada. Pese a los inconvenientes, el público respondió con apoyo, alegría y solidaridad.

Ante la resistencia, el gobierno dio marcha atrás y puso en libertad a todos menos uno de los arrestados, el dirigente Osanloo. Para aplacar a los conductores, el alcalde de Teherán se presentó ante un mitin de diez mil trabajadores del estadio Azadi con promesas de poner en libertad a Osanloo y “estudiar” la situación de los conductores. Estos respondieron demandando el derecho a forma sus propios sindicatos independientes y convocando a la huelga. Así se propició la huelga del 29 de enero.

Las diferentes corrientes

La huelga prendió gran interés y solidaridad en la población. Los comunistas apoyan esta justa lucha de masas, al igual que apoyan todas las protestas del pueblo y ayudan en su organización y desarrollo. A su vez, reconocen las distintas corrientes políticas que surgen en estas luchas. El grado de influencia de una línea política revolucionaria y de la perspectiva comunista puede determinar el futuro del movimiento.

Los comunistas no son los únicos que quieren influenciar a los trabajadores. Cada clase y corriente política busca hacerlo. No es de sorprenderse que los partidarios de Mohammed Jatami (el ex presidente que quiere reformar desde adentro la República Islámica de Irán, en vez de tumbarla) firmaran una declaración contra “el manejo ilegal de los asuntos de los trabajadores”. Advirtieron a la otra facción de la clase dominante y del gobierno (la actual camarilla gobernante) que eso podría “tener consecuencias peligrosas e impredecibles” y que si no tomaban medidas adecuadas, podría “generar desesperanza y causar una recesión de la producción y una crisis económica”. Su principal preocupación es la economía tambaleante y “las consecuencias peligrosas” de la inevitable rebelión de los pobres. También traficaban con los trabajadores en pos de sus propios intereses.

Muchas organizaciones de izquierda han apoyado con entusiasmo esta lucha a fin de fortalecer el movimiento de los trabajadores. Una corriente incorrecta se centró únicamente en los elementos sindicales y organizativos y desconoce la política revolucionaria. Algunos grupos de esa corriente sienten tanta fascinación con el sindicalismo que no reconocen el potencial impacto peligroso de los planes de la clase dominante de traficar con el movimiento. Este punto de vista sostiene que la huelga es la más alta forma de lucha y lo máximo de lo que los trabajadores son capaces, y que éstos adoptarán automáticamente una ideología comunista y serán inmunes a las ideologías burguesas. Este peligroso pragmatismo liquida la necesidad y la importancia de llevarles conciencia política a los obreros.

Eso no quiere decir usar la huelga para fines de prestigio o “capital” en una contienda con otros grupos, sino analizar las cuestiones políticas en juego y explicarlas, sobre todo a los obreros, y elevar su conciencia. Hoy, es muy importante resolver el problema de vincular el movimiento comunista y el movimiento obrero, pues el futuro de la lucha de los trabajadores depende del grado en que los activistas se armen con el análisis y el programa comunistas.

La lucha de los conductores independientes del último año demuestra que, inclusive si tratan de no meter “política” en el movimiento y las huelgas, el gobierno responde con brutalidad y considera su resistencia como un acto político porque podría prender la furia de las masas. El curso de la lucha del último año ha tenido un fuerte impacto en los obreros y pobres de la capital. Los estudiantes siguen atentamente el movimiento y lo apoyan en sus publicaciones. Algunos estudiantes fueron arrestados con huelguistas en choques con la autoridad la mañana del 29 de enero. La lucha ha afectado el estado de ánimo político del país, elevado la moral del pueblo y dado mayor impulso a las luchas de otros sectores de la población.

Como el transporte de las grandes ciudades es un punto débil del gobierno y la economía, y como los conductores tienen contacto directo con las masas, la lucha podría costar caro al gobierno en los frentes político y económico. De mayor importancia, en vista de la inestabilidad del gobierno y del creciente descontento y espíritu combativo del pueblo, tales huelgas podrían prender trastornos políticos en todo el país.

Pese al amplio apoyo internacional de grupos y personas progresistas, los medios informativos occidentales apenas han mencionado la huelga y la vil represión. Sí han informado de la principal preocupación de sus respectivos gobiernos: que se ha reportado a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU debido a su programa nuclear. Aunque las potencias imperialistas presionan al gobierno iraní por su programa nuclear, su silencio sobre la huelga indica su aprobación de la represión gubernamental de una lucha de los trabajadores por derechos muy básicos.