Boletín N° 116 - 20 de junio de 2005
  Elecciones iraníes: Vistazo de un país agitado

Las elecciones presidenciales del 17 de junio terminaron en lo que el gobierno dijo que era casi un empate entre Akbar Hashemi Rafsanjani, un ex presidente e importante figura del gobierno rebautizada "moderado" y el ex alcalde capitalino Mahmoud Ahmadinejad, cercano al máximo ayatola del gobierno, Alí Jameini y ex líder de sus fuerzas paramilitares. La segunda vuelta está programada para el 1º de julio.

Había tanta oposición a la intimidación, llenado de urnas y mentiras descaradas sobre los resultaos que el gobierno tuvo que tomar medidas cosméticas: contar de nuevo los votos de cien urnas "escogidas al azar" de la capital y tres ciudades más. Rafsanjani tuvo que admitir que las elecciones estaban "empañadas" y que en protesta la ciudadanía debería votar por él en la segunda vuelta.

El gobierno cerró dos diarios porque iban a publicar una carta del ayatola Mehdi Karroubi, el tercer candidato, que decía: "Ha habido una bárbara interferencia. El dinero ha cambiado de manos". Karroubi acusó al Consejo de Guardianes de haber agregado millones de votos a favor de "cierto candidato", Ahmadinejad. El líder de las fuerzas nacionalistas religiosas, Ibrahim Yazdi, un partidario de Mostaza Moin, el candidato favorito de la facción reformadora de la República Islámica , también acusó al gobernante Consejo de Guardianes de fraude electoral. No lograron tapar las discrepancias tan obvias. Por ejemplo, en medio del conteo, el Consejo de Guardianes anunció que ya se habían contabilizado unos 20 millones; 15 minutos después, el Ministerio del Interior a cargo de organizar el proceso de votación anunció que ya se habían contabilizado unos 15 millones.

El asunto del fraude electoral tiene dos aspectos. Aparte de los resultados claramente dudosos, es aún más dudosa la cantidad de personas que votaron en los hechos. En cierto sentido, este asunto es lo más importante pues en él se basa la legitimidad del gobierno y de los resultados que anuncie. En las semanas antes de las elecciones, el gobierno decía que sellaría el acto de nacimiento de los electores y que el sello determinaría sus futuras opciones de empleo, admisión a universidades, etc. Aparte de intimidar indirectamente, el gobierno movilizó a los 300 mil paramilitares fundamentalistas religiosos, Basij, para alentar el voto en los barrios.

La médula de las elecciones son las futuras relaciones del gobierno con Estados Unidos. Primero, el entorno del gobierno quería una masiva votación a fin de impresionar a Estados Unidos acerca de su control sobre la ciudadanía y hacer que el gobierno de Bush cambie de idea sobre su plan de "cambio de gobierno" en Irán. Se decía que Rafsanjani anunció su postulación al último momento porque esperaba los resultados de las negociaciones tras bambalinas y tejemanejes con las potencias imperialistas. Según una filtración atribuida a fuentes del gobierno, a nombre de Estados Unidos un diplomático alemán entregó una carta de último momento a los gobernantes iraníes.

Segundo, las principales plataformas de los candidatos rivales se dedicaron a remendar las relaciones con el imperialismo yanqui. Rafsanjani destacó su capacidad de establecer relaciones con Estados Unidos, que con él en el poder Irán y Estados Unidos de nuevo podrían estar tan cercanos como bajo el cha. Eso representó todo menos una abierta posición rastrera, pues el cha apuntalado por los yanquis cayó en la revolución de 1979 que colocó en el poder a la dizque República Islámica antiimperialista. Ahmadinejad pregonaba una plataforma populista de que no bajaría su oposición a Estados Unidos y que repartiría la riqueza entre los pobres. Moin, identificado con el saliente presidente Mohammad Jatami, advertía de las tentativas de los conservadores de eliminar los elementos "republicanos" de la República Islámica de Irán. Los reformadores ahora llaman a reunirse en torno a Rafsanjani a fin de impedir al ascenso al poder de los "fascistas". Es importante tomar en cuenta que entre las masas populares, Rafsanjani es una de las figuras más odiadas del país debido a su apoyo al gobierno y las enormes riquezas personales que obtuvo de la función pública que lo convirtieron en lo que algunas fuentes llaman uno de los tipos más ricos del planeta. Algunos observadores han comparado la situación con las elecciones francesas en que las fortunas políticas menguantes del presidente Jaçques Chirac de repente se revivieron cuando la izquierda electoral se reunió para apoyarlo contra el neofascista Jean-Marie Le Pen.

Mohsen Sazgara, el líder de los disidentes de las clases dominantes que en los últimos seis meses han forjado una coalición muy abigarrada en torno al "Referéndum para Cambiar la Constitución ", confirmó el amplio fraude electoral y llamó a un nuevo conteo supervisado por "observadores internacionales". Hizo duras acusaciones de haber usurpado las elecciones a Jameini, al Consejo de Guardianes, a un sector de la Guardia Republicana y al Basij. Sazgara es un fundador de la Guardia Republicana y hoy es un disidente reaccionario de peso. Su coalición, que se dice favorece el gobierno de Bush, se conforma de un sector de los disidentes del gobierno islámico, los monarquistas encabezados por el hijo del depuesto cha que el Departamento de Estado yanqui está preparando para un futuro papel en Irán y algunos intelectuales iraníes de oposición exilados.

El Ministerio del Interior iraní dice que el 62% de los electores empadronados votó. Si fuera verdad, significaría que casi una quinta parte menos del electorado votó esta vez que votó por Jameini hace ocho años. Pero poca gente confía en estas las cifras.

Albohassan Bani Sadr, el primer presidente de la República Islámica de Irán hoy exilado en Francia, dice que sus observadores informan que poco más del 20% del electorado de Teherán votó. El Partido Comunista de Irán (Marxista-Leninista-Maoísta) dice que, según sus fuentes independientes, a pesar de las extensas presiones para obligar a votar, en el mejor de los casos el 40% de electorado votó. Casi no se presentó nadie a las casillas en el Kurdistán, Tabriz (la capital de Azerbaiyán), Ahvaz (que presenció un levantamiento de árabes hace un mes), Abadán, Isfahan y los pueblos del norte del país.

En algunas zonas dispersas se llevaron a cabo protestas contra las elecciones. Unos días antes de las elecciones, se realizó la primera protesta de mujeres en el país desde 1979, frente a la universidad de Teherán. Denunciaron a la constitución del país, que clasifica a las mujeres como ciudadanos inferiores en toda materia salvo las elecciones. La protesta la convocaron los centros de la mujer legales, pero al breve programa con permiso oficial le siguió una manifestación combativa no autorizada de cinco mil mujeres que atacó la policía a toletazos. (El acto norteamericano Sean Penn estuvo presente con credenciales de prensa del San Francisco Chronicle.)

El día de las elecciones, los peleles políticos a sueldo de los candidatos trabajaban hasta el cierre de las casillas (de último momento, el gobierno extendió la votación cuatro horas, hasta las 23 horas). Se enfrascaron en choques con gente harta del proceso. Por ejemplo, esa noche en Isfahan, las masas pelearon con los partidarios de Rafsanjani que ofrecían el equivalente de diez euros a cambio de colocar calcomanías en sus carros por tres horas. La multitud se enfureció y rompió los carteles del candidato y ponchó las llantas de los carros oficiales de campaña. Para su campaña, Rafsanjani contrató a propósito a hombres y mujeres jóvenes vestidos a la moda. Cuando las masas enfurecidas los confrontaron, muchos de estos jóvenes decían que  sólo hacían el trabajo por lo cual les habían pagado y que no tenían intención de votar por nadie. Según relatos presenciales, aterrizaron helicópteros en las aldeas para repartir dinero a cambio de votos. En las casillas en las zonas pobres, los partidarios de Rafsanjani repartieron dispensas de víveres y dinero.

El gobierno hizo que muchos de los que votaban lo hicieran por una combinación de dulces y garrotes. Pero la campaña del gobierno para llevar a muchas masas a las casillas tuvo un elemento positivo: hubo muchísimo debate y discusión en torno al contenido de las plataformas de estas elecciones. Irán está ardiendo. La agitación en torno a las elecciones es una manifestación de ello.