Boletín N° 55 - 1 de marzo de 2004
  Irán: ¿De quién aceptará la rendición la Casa Blanca?

Cuando el gobierno iraní firmó hace poco un acuerdo que cumple con las demandas estadounidenses acerca de sus instalaciones nucleares, mostró muy bien lo que ambos bandos del gobierno traman.

Irán lleva desde los años 1970 desarrollando la producción de energía termonuclear, desde una época en que la Casa Blanca quería reforzar al gobierno que había impuesto, el Cha. Irán firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear que permite que inspectores internacionales aseguren que no utilicen sus instalaciones para fines militares. Tras el discurso de Bush de 2003 sobre el "Eje del mal" y la propuesta de cambiar el gobierno de Irán, su gobierno advirtió que Irán podría estar buscando producir en secreto su propio uranio enriquecido y así dejar de depender tanto de las grandes potencias. No tiene gran importancia el que Irán buscara o no producir armas nucleares. Cualquier programa de investigación nuclear avanzada, que muchos países prosiguen para diversos fines no militares, puede obtener los conocimientos que se requieren para fabricar armas atómicas. De mayor importancia, es un secreto a voces que Israel, que jamás ha firmado el tratado, tiene hasta 400 armas nucleares. La cruzada yanqui para eliminar cualquier posible programa nuclear en Irán es parte de su cruzada global de mantener el monopolio nuclear en manos de las grandes potencias imperialistas e Israel.

Durante buena parte de 2003, Mohamed El-Baradei, de la ONU, negoció con la República Islámica, oficialmente de parte de la Agencia Internacional de Energía Atómica y extraoficialmente para los Estados Unidos y Europa, sobre todo Alemania y el Reino Unido. (El Reino Unido es la antigua potencia colonial, los Estados Unidos mandó en Irán bajo el Cha y hoy, Alemania es un importante inversionista ahí.¿ Durante un largo tiempo, tuvo contactos con funcionarios en representación del presidente Katami, jefe de la facción reformista de la República Islámica. A pesar de la disposición de Katami de cumplir con las demandas del occidente y muchas promesas, el Líder Supremo de Irán, el ayatola Kameini, bloqueó todo resultado concreto.

Algunos comentaristas occidentales concluyeron que las fuerzas de Katami querían hacer un trato con el occidente y que la línea dura lo bloqueaba. Pero lo curioso es que en octubre de 2003, cuando casi habían fracasado las negociaciones y los medios occidentales habían concluido que Katami no podía cumplir con lo que querían las grandes potencias, el ayatola Kameini nombró como negociador a su representante, Hassan Rohani. Rohani abrió las puertas de las instalaciones nucleares iraníes a los inspectores de la ONU. Según informes, éstos encontraron algunas cosas que les desagradaban, tales como algunas instalaciones secretas, como si fuera sorprendente que a Irán le preocupaba que alguna superpotencia quisiera destruir sus instalaciones sin provocación de por medio, tal como pasó cuando Israel bombardeó la planta termonuclear iraquí para asegurar su monopolio nuclear en el Medio Oriente. Pero, curiosamente, los Estados Unidos, que le había amenazado a Irán con repetir la patraña de las "armas de destrucción masiva" que lanzó contra Saddam Hussein, quien contaba con una capacidad nuclear mucho menor que Irán, de repente mostró flexibilidad.

Poco después de que las negociaciones pasaron a manos de Kameini, Irán aceptó firmar un Protocolo Anexo que en líneas generales, le da a los inspectores de la ONU el derecho a ir a cualquier parte en cualquier momento sin notificación previa. Ni los Estados Unidos ni ninguna potencia imperialista jamás firmaría nada semejante. Es, como muchos observadores han señalado, humillante, una señal de que un gobierno cede su soberanía nacional. Es más, el gobierno iraní aceptó el acuerdo bajo la amenaza de un ultimátum: los Estados unidos y Europa hicieron amenazas inconfundibles pero no precisadas acerca de las consecuencias de no firmar de inmediato. Fue una "retirada trascendental", escribió un experto en Irán el 26 de febrero en The New York Times Review of Books (NYTRB).

Pero, la situación no se trata de la cuestión nuclear. Para los Estados Unidos y sus socios, se trata de: ¿quiénes del gobierno están dispuestos a rendirse a los Estados Unidos, plena y públicamente? El artículo del NYTRB da a entender que la clara hostilidad estadounidense al gobierno iraní se debe, entre otros factores importantes, a que desconfía de la capacidad de cada facción de "cumplir" ante la oposición de la otra. Con la estrategia de usar las negociaciones para avergonzar a Katami y luego tomar el mando y firmar el acuerdo de la noche a la mañana, parece que la otra facción le decía a los Estados Unidos que es la única capaz de "cumplir" y que se le debe de permitir firmar (literal o implícitamente) un acuerdo global con los Estados Unidos que ponga fin a la apariencia de desafío y deje que el "gran Satanás" entre y se sienta en su casa.

En muchos frentes hoy, la República Islámica de Irán está cooperando con los Estados Unidos; por ejemplo, alienta a ciertas fuerzas islámicas iraquíes a trabajar de cerca con los invasores (en particular, Abdul Aziz al-Hakim, actual presidente del Consejo de Gobierno títere). En una reciente entrevista que le hizo un cotidiano occidental, Rohani, el representante de Kameini, llamó a usar "niveladoras para arrasar los muros entre nuestros dos países". El secretario de Estado yanqui, Colin Powell, alabó la "nueva actitud" de la República Islámica.

Según especulaciones de algunos observadores, con la derrota de los reformistas en las elecciones, la línea dura estrechará la mano aún más abiertamente con el diablo. En cuanto a precisamente qué harán los Estados Unidos y sus aliados, no sabemos. Hay señales (como los acuerdos no precisados de esta semana sobre el Medio Oriente entre Bush y el canciller alemán Gerhard Schroeder) de que a cierto grado ya se han decidido, al igual que en la conferencia de Guadalupe de 1979 en que las potencias occidentales decidieron "desenchufar al Cha y enchufar a Jomeini", porque los levantamientos populares dejaban en claro la urgencia de sacar al Cha. Hoy, de nuevo, todo mundo sabe que la situación en Irán no puede continuar así. Los imperialistas quieren que se opere el cambio inevitable por medios pacíficos, porque las demás soluciones traen el peligro de desatar la iniciativa violenta de las masas.

El quid del asunto, para los imperialistas, es quién puede entregar la aprobación de la población iraní a la penetración económica más profunda y abierta y el control político más directo y abierto de los Estados Unidos. Los reformistas quisieron que la Casa Blanca los pusiera al mando de la rendición de Irán, pero no pudieron cumplir. ¿Hay alguien que lo puede lograr?