Boletín N° 98 - 14 de febrero de 2005
  Irak: "!Están rodeados! !Salgan con los votos arriba!"

A continuación presentamos algunos pasajes de un artículo de Larry Everest aparecido en el Obrero Revolucionario (#1268, 20 de febrero de 2005), periódico del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos. Agregamos entre corchetes los resultados recién anunciados de las elecciones.

Bush y la prensa grande alaban las elecciones del 30 de enero en Irak como triunfo de la democracia y prueba de las buenas intenciones de Estados Unidos. Paul Bremer, el ex cabecilla de la ocupación, dijo: "Las elecciones en Irak esta semana fueron una gran victoria para los iraquíes, para la democracia y para el toque de clarín del presidente Bush por la libertad". Bush dice que los iraquíes "han tomado control legítimo del destino de su país y han optado por un futuro de libertad y paz".

La verdad, sin embargo, es todo lo contrario. Estados Unidos montó y manejó las elecciones con el fin de legitimar su invasión y conquista de Irak, y de forjar un gobierno comprador que le permita ejercer control del país a largo plazo y minar la resistencia. Parte integral de un plan para fortalecer la posición estadounidense en esta región estratégica, otro fin de las elecciones era legitimar futuras agresiones en nombre de "libertad" y "democracia", como ya se está discutiendo con respecto a Irán y Siria.

Estas elecciones no expresaron más la voluntad del pueblo que las 12 elecciones que se llevaron a cabo entre 1925 y 1958 durante la monarquía pro inglesa, una odiada tiranía que el pueblo iraquí destronó en 1958. Estas elecciones no pondrán más el destino del país en manos del pueblo que las elecciones celebradas por el gobierno de Saddam Hussein.

Muchos iraquíes y partidos políticos se opusieron a las elecciones porque se oponen a la ocupación estadounidense y rehusaron participar en un proceso político bajo el control de Estados Unidos. Sin embargo, muchos sí votaron [el 58% según cifras oficiales, o sea mucho menos de lo esperado]. Muchos de los que votaron también se oponen a la ocupación: en las regiones chiítas y kurdas muchos votaron para demostrar que sus grupos reprimidos desde hace años están organizados y no se les debe ignorar en el nuevo gobierno. Otros esperaban que las elecciones les permitirían ejercer cierta influencia en el destino de su país.

La idea de que estas elecciones ponen el poder en manos del pueblo se desbarata si vemos cómo fueron organizadas, lo que supieron y no supieron los votantes, y cómo van a repartir el poder.

Los iraquíes tuvieron que escoger entre 100 listas de candidatos que representan a diferentes partidos y corrientes políticas. Las reglas de la votación y las listas fueron aprobadas de antemano por la Alta Comisión de Elecciones designada por el virrey Bremer (que también designó una comisión a cargo de la prensa de Irak). La Comisión tenía autoridad para descalificar cualquier lista de candidatos con la que no estaba de acuerdo.

Tres listas de candidatos dominaron la elección:

La Alianza Unificada Iraquí, una coalición religiosa islámica de partidos e individuos chiítas respaldada por el gran ayatola Ali al-Sistani y compuesta principalmente de los dos mayores partidos chiítas: el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y el Partido Dawa [que ganó un poco menos de la mitad de los votos, pero por medio de una compleja fórmula recibió la mayoría de los curules en la nueva Asamblea].

La Lista Iraquí, encabezada por el primer ministro y agente de la CIA desde hace muchos años, Ayad Allawi, que cuenta con reconocidos sunitas y chiítas que prefieren un gobierno laico [ganó solamente 14% de los votos, un resultado mucho menos de lo esperado].

La Alianza Kurda, compuesta principalmente de dos partidos kurdos pro independencia: la Unión Patriota del Kurdistán y el Partido Democrático Kurdo [que ganó más del 25% de los votos, más de lo esperado, porque menos chiítas votaron de lo esperado y debido a un boicot masivo de los sunitas].

Aunque entre estos grupos existen ciertas diferencias ideológicas y políticas, así como tensiones con la ocupación yanqui, todos están encabezados por fuerzas compradoras (pro imperialistas) que dependen del imperialismo estadounidense para mantenerse en la posición en que están y prefieren no llevar a cabo cambios fundamentales a pesar de lo que las masas quieran o necesiten.

Mejor dicho, fueron elecciones en las que no se pudieron debatir las principales inquietudes ni expresar los puntos de vista del pueblo iraquí. Fueron elecciones en que los partidos postulados (de una u otra manera) estaban dispuestos a "jugar" (por ahora) el juego de los ocupantes yanquis.

Por ejemplo, las encuestas recientes indican que el 82% de los sunitas y el 69% de los chiítas quieren que las fuerzas yanquis se vayan de Irak. Sin embargo, este importantísimo tema no se tocó en las elecciones. Tanto antes como después de las elecciones los funcionarios estadounidenses, con Bush a la cabeza, repitieron que no se irían pronto....

La mayoría de los iraquíes ni siquiera sabía por quién iban a votar. De hecho, de los 7.700 candidatos, 7.000 eran anónimos por temor a ser asesinados. Según el profesor As'ad Abukhalil, citado en el periódico del propio Allawi, solo el 7% conocía las posiciones y programas de los candidatos.

La cantidad de escaños a la Asamblea Nacional se determinará según el porcentaje de votos que reciba cada lista de candidatos. La Asamblea designará un consejo presidencial que nombrará el primer ministro, quien a su vez designará un gabinete y escogerá los jueces de la Suprema Corte. La Asamblea, supuestamente, asumirá el manejo cotidiano del gobierno y escogerá un grupo a cargo de redactar una nueva Constitución nacional.

Sin embargo, votar no les da a los iraquíes voz en el proceso, que se llevará a cabo a puertas cerradas entre los peces gordos de Irak y Estados Unidos. Este, gracias a los 150.000 soldados de ocupación y miles de millones de dólares de ayuda, está modelando el nuevo Estado iraquí. Phyllis Bennis, del Institute of Policy Studies, escribe:

"A partir de las elecciones la dominación estadounidense de Irak no cambiará. La Ley Administrativa Transicional que impuso seguirá vigente tras las elecciones. Modificar esa ley requiere una supermayoría de la Asamblea, así como un acuerdo unánime de parte del consejo presidencial, lo cual sería casi imposible en vista de la variedad de grupos que hay que satisfacer. Los jefes de comisiones importantes, como la Comisión General Impositiva, de Integridad Pública, el de Comunicaciones y Prensa, fueron designados por Bremer por cinco años y sólo pueden ser destituidos por `razones fundadas'. El Consejo de Jueces, así como jueces o procuradores individuales, fueron escogidos, investigados y capacitados por los estadounidenses y tienen el respaldo de exilados apoyados por Estados Unidos. Los más de 40.000 `asesores' civiles y militares, contratistas particulares y funcionarios públicos estadounidenses asignados a ministerios e instituciones públicas seguirán ejerciendo mucha fuerza. Debido a que la Asamblea enviará nuevo personal a esos ministerios, los `asesores' estadounidenses podrían ser los depositarios de la memoria institucional".