Boletín N° 84 - 18 de octubre de 2004
  Irak: Crímenes de guerra yanquis, hoy y antaño

Los investigadores estadounidenses que anunciaron la semana pasada que habían encontrado cientos de cadaveres en dos fosas comunes en el norte de Irak dijeron que estaban buscando evidencia para enjuiciar a Saddam Hussein por crímenes de lesa humanidad. El momento en que se hizo este anuncio parecía sospechoso para muchas personas, pero eso es lo de menos entre los males de este asunto. Lo que no han mencionado ni los portavoces del equipo del Tribunal Especial Iraquí (encabezado por Estados Unidos) ni la mayoría de los medios de comunicación y de los políticos de la oposición de Estados Unidos e Inglaterra es el papel de ambos países en este crimen cometido en los años 1980.

Una de las dos trincheras encontradas en la aldea de Jatra, cerca del reconocido pueblo kurdo de Sulaymaniya, contiene restos de muchas mujeres y muchos niños, algunos que todavía sostienen juguetes en las manos. La otra está llena de hombres, muchos con las manos atadas detrás de la espalda y con los ojos vendados. Sus vestimentas indican que eran kurdos. Todos han sido fusilados. Se dice que los ejecutaron durante la infame campaña de Anfal (“botín de guerra”) llevada a cabo bajo los órdenes de Saddam en 1987 y principios de 1988, contra 3.800 aldeas kurdas, en que murieron 60.000 personas, muchas de ellas con gas venenoso.

Saddam lanzó las masacres de kurdos en 1983, durante la guerra Irán-Irak. Estados Unidos animó a Irak a atacar a Irán, aunque también abasteció de armas a Irán en ese vil conflicto de 8 años, para que ambos países se debilitasen. Los principales partidos kurdos en Irak apoyaron a Irán en ese momento, al igual que se apoyaron en Estados Unidos más tarde. En 1984, ante una posible derrota, el gobierno iraquí empezó a usar armas químicas contra las tropas iraníes y la población kurda. En medio de un clamor internacional, el entonces servidor de Ronald Reagan, Donald Rumsfeld, fue a Bagdad en 1983 y 1984 para asegurarle a Saddam que Estados Unidos continuaba apoyándole.

Dieron un apoyo práctico. Según Scott Ritter, antiguo marine estadounidense e inspector de armas para la ONU: “Los asesores estadounidenses observaban mientras Irakhacía planes para usar armas químicas en la ofensiva de Anfal”. Después, cuando salió la noticia de las masacres, Estados Unidos e Inglaterra protegieron a Saddam en la ONU. En 1989, Bush I firmó una Directiva de Seguridad Nacional que llamaba “legítima” la campaña anti-kurda de Saddam (Larry Everest, Oil, Power and Empire [Monroe, Maine: Common Courage Press, 2004]).

Si Saddam fuera culpable de esos crímenes, también lo sería Rumsfeld. Pero no hablemos solamente del pasado. Quizá de momento Estados Unidos no esté amontonando cuerpos en fosas comunes en el Kurdistán, pero sí está enterrando a cientos de personas bajo los escombros de Faluya y otras ciudades que se han convertido en plazas fuertes de la resistencia. Y están preparando cosas peores.

Tal como Estados Unidos quiere declarar en el juicio a Saddam, según el derecho internacional, el castigo colectivo (por ejemplo, aniquilar a la población de una aldea entera a fin de eliminar a los guerrilleros) es un crimen de lesa humanidad.