Boletín N° 82 - 04 de octubre de 2004
  Irak: Rehén de Estados Unidos

Pongamos en claro algunas cosas sobre el secuestro y la ejecución de rehenes en Irak.

Algunas maneras de librar la resistencia apoyan la lucha del pueblo, y otras no. El secuestro y el asesinato de civiles inocentes es más que contraproducente. Es algo deshumanizante y degradante para todos los involucrados y no tiene nada que ver con la liberación de un pueblo y de toda la humanidad. Refleja políticas, ideologías y metas de fuerzas no revolucionarias. Un importante problema con la toma de rehenes es que para una parte pequeña, quizá sólo un puñado, de las fuerzas antiocupación, no es sólo una táctica equivocada, sino es típica de la forma en que combaten en esta guerra y sus propios objetivos.

Es claro que participan tendencias y organizaciones contradictorias en la resistencia antinorteamericana. Incluso entre las fuerzas religiosas, para la gran mayoría ésta es la bandera más al alcance y una con que piensan que puede unir a los patriotas genuinos. Para otros es la esencia de su proyecto político de gobierno religioso. Alguien que no vea la importancia de la ideología y la política de las diferentes fuerzas de resistencia debe echar una mirada a Irán, donde los clérigos gobernantes fundamentalistas ejecutaron a miles de revolucionarios después de que tomaron el Poder. Han estado trabajando por un trato estable, a largo plazo no sólo con las potencias imperialistas europeas sino con Estados Unidos. Cooperaron con la invasión y ocupación norteamericana de Afganistán y ahora han caído tan bajo que prometieron entusiastamente tomar parte en la próxima conferencia de Estados Unidos en El Cairo para ayudar a la ocupación de Irak.

Matar a rehenes no se trata, en abstracto, de actos de violencia legítima.No importa lo que la resistencia iraquí haga, algunas personas nunca estarán de acuerdo de que sea legítimo para los oprimidos acudir a la violencia para librarse de sus opresores. Lo importante es el contenido político y los propósitos de tales actos. Si el objetivo fuera echar a los imperialistas más poderosos de la historia y no sólo obligar a los ocupantes a hacer algunos tratos sobre quién consigue ser su títere, las fuerzas de resistencia necesitarían unificar a la inmensa mayoría de los iraquíes, de todas las nacionalidades y religiones, unir a todos los que sea posible de la región como un todo y movilizar el apoyo de los pueblos de todos los países. Todo eso es posible porque corresponde a los intereses de los pueblos.

Debe preguntarse: ¿Cuál fue la perspectiva y los intereses en juego en el secuestro y la ejecución de los doce cocineros nepaleses, la mayor matanza de rehenes? ¿Los mataron porque era fácil matarlos ya que a los ocupantes no les importa lo que les sucede a sus sirvientes? El principal beneficiario de ese acto era al rey de Nepal quien azuzó los sentimientos religiosos estrechos contra la guerra popular dirigida por los maoístas que de muchas formas es parte de la misma lucha antinorteamericana como ésa del pueblo iraquí.

¿Por qué secuestraron y amenazaron de muerte a las "dos Simonas", las socorristas italianas? Una de ellas es amiga probada de los iraquíes: Simona Torreta fue por primera vez a Irak en 1996 a trabajar en un proyecto para contrarrestar los efectos del bloqueo económico dirigido por Estados Unidos. Regresó en marzo de 2003, en medio de la "conmoción y pavor" del bombardeo aéreo estadounidense. Los secuestradores fueron directamente a su oficina y les pidieron a las dos mujeres que se identificaran, así que de su identidad no se equivocaron. Cuando quedó en libertad, Torreta dijo a los medios de comunicación: "Yo distingo entre terrorismo y resistencia. Se justifica la guerra de guerrillas, pero me opongo al secuestro de civiles".

¿Quién se benefició de ese secuestro: el pueblo o Berlusconi y los capitalistas italianos que buscan ampliar su tajada de imperio frente a una de las más fuertes oposiciones a la guerra en Europa?

Después de la decapitación del norteamericano Nick Berg, sus padres continuaron oponiéndose a la guerra y al gobierno norteamericano. El hermano del rehén británico Ken Bigely ha expresado oposición a la guerra y Blair, a pesar de haber sufrido una incursión en su casa en Amsterdam por agentes de inteligencia británicos y holandeses armados. ¿No muestra todo eso la enorme simpatía por la causa iraquí, incluso de parte de los habitantes de los países de los invasores y la posibilidad de movilizar a esa fuerza potencial más fuertemente contra la guerra? ¿No se ha vislumbrado repetidamente ese potencial incluso (y quizá sobre todo) en las calles de esos países?

En el momento de la mayor humillación de su país a manos de los nuevos cruzados, miles de combatientes iraquíes están escribiendo una glorioso jornada en su historia. Ése es el carácter principal de la resistencia, y no lo pueden cambiar los reaccionarios actos aislados, de venganza ciega, y quizás las provocaciones de quién sabe cuáles servicios de inteligencia.

De abril a septiembre de 2004, se sabe que los secuestradores mataron a cerca de 30 de los 130 civiles extranjeros rehenes en Irak. En comparación, en unos cuantos días de septiembre, el bombardeo casi diario de los norteamericanos contra Faluya dejó 20 muertes el día 2, 45 entre el 16 y el 17, 9 el 25 y un padre, una madre y sus dos hijos el día 30. Las fuerzas norteamericanas cerraron el mes tiroteando a dos o tres adultos y cuatro niños en un automóvil. Como no soportaron las escenas grabadas en el hospital de Faluya y trasmitidas por televisión de Al Jazeera, de niños pequeños y otros miembros de familia hechos despedazos por cohetes y bombas norteamericanas, el comando yanqui expulsó del país a los reporteros. Ahora presume que impondrá su voluntad al pueblo antes de que termine el año. Sabe lo que eso significa: "Podríamos tomar la ciudad... pero tendríamos que matar a todos", advirtió el director general de inteligencia nacional iraqí, la primera vez que los combatientes de la resistencia echaron a los norteamericanos (New York Times, 8 de julio).

Iraqi Body Count (Conteo de Bajas en Irak), un organización de académicos que documenta los muertos que los invasores no registran, calcula que han muerto de 13.000 a 15.000 personas desde que empezó la guerra. O sea, no hay nada que se aproxime a estos crímenes ni a su crueldad, pues los secuestradores jamás podrán alcanzar a estas potencias "civilizadas".

Parece que la mayoría de los iraquíes está muy consciente de esta distinción. Veamos, por ejemplo, el caso del carro-bomba que dejó 41 personas muertas, entre ellas 35 niños, en el barrio pobre del sudeste de Bagdad llamado al-Ummal el 30 de septiembre. Según reporteros de Associated Press y la BBC, soldados norteamericanos en camiones con altavoces recorrían las calles llenas de niños al fin de las vacaciones escolares, ofreciendo dulces, con motivo de la "reapertura" de una planta de tratamiento de aguas negras que ya estaba operando. Cuando una muchedumbre de niños que buscabann los dulces se reunió alrededor de un convoy de soldados, una o más bombas explotaron. Los soldados debieron de haber considerado la situación tan peligrosa como para salir de sus vehículos, ya que ninguno de ellos mordió el polvo. "Culpo a los norteamericanos por esta tragedia. Quisieron usar como escudos humanos a nuestros hijos. Debieron de haber mantenido a los niños alejados del peligro. Los norteamericanos son los primeros terroristas y las personas que llevaron a cabo el ataque son los segundos terroristas", dijo un padre cuyo hijo perdió una pierna.

Según los medios de comunicación, tanto amigos como enemigos del pueblo iraquí, esta posición decididamente antinorteamericana, a pesar de lo contradictorio de la situación, es lo que caracteriza a las amplias masas iraquíes. Por eso Estados Unidos trata a los hombres de edad militar y a los iraquíes en general como enemigos potenciales, en Faluya, Samarra y por todo el país.

He aquí nuestro punto de partida: Primero, independientemente de lo bueno o de lo malo de los actos cometidos por los combatientes antinorteamericanos, todos se dan en medio de una guerra justa contra una invasión y ocupación. Segundo, si Estados Unidos triunfa en Irak, tendrá la libertad de atacar a otra parte del globo. Podría decirse que los tanques no han estado cruzando otras fronteras y los helicópteros artillados no han estado volando casas y asesinando a familias en otros países porque, en gran parte, los ha estado deteniendo hasta ahora mucho más resistencia en Irak de la que los norteamericanos esperaban.

Los combatientes de la resistencia iraquí están en las líneas del frente de la resistencia al imperialismo norteamericano en el mundo de hoy, cosa que realza la importancia de cómo se está librando la resistencia en Irak. Para el pueblo iraquí y los pueblos del mundo, eso podrá determinar el futuro.