Boletín N° 72 - 28 de junio de 2004
  Oposición a la guerra en Irak donde quiera que ande Bush

Una fuerte oleada de protestas y resistencia acompañó a George Bush en sus viajes en el exterior la semana pasada.

En el pasado, los presidentes yanquis lograron sacarle a sus giras a Irlanda, la primera escala de Bush, cierto jugo político y hasta generar algunas expresiones públicas de apoyo a partir de los reaccionarios gobiernos irlandeses, conexiones financieras y su influencia política, ni hablar de los lazos familiares entre los irlandeses y los inmigrantes irlandeses en Estados Unidos. En marcado contraste con sus antecesores, Bush sólo estuvo ahí 18 horas, apenas el tiempo necesario para asistir a la cumbre Estados Unidos-Europa. Aún así, seis mil policías y soldados y mil agentes más de seguridad privada y estadounidenses tuvieron que “proteger” a la cumbre contra una cantidad igual de manifestantes. La República de Irlanda no ha presenciado tal muestra de fuerza y represión desde hace generaciones.

Los manifestantes acudieron de todo el país e incluso los grandes medios informativos tuvieron que admitir que ellos eran los verdaderos representantes de la opinión pública irlandesa, y no el presidente Bertie Ahern, anfitrión de Bush. (En lugar de defender la moralidad de su servilismo ante Bush, Ahern la defendió por la necesidad de obtener inversiones estadounidenses.) Mediante declaraciones, muchos clérigos, abogados y grupos afines tacharon de criminal de guerra a Bush y mucha gente tachó de cómplice a Ahern. Se llevó a cabo una amplia gama de acciones.

Irlanda juega un papel importante dando apoyo logístico a los invasores anglonorteamericanos en Irak. El aeropuerto Shannon de Dublín y el de Baldonnel son escalas de los soldados yanquis en el camino a Irak. En 2004, más de mil vuelos con 55.000 soldados yanquis pasaron por Dublín. Hace poco, un jurado no declaró culpable a una enfermera irlandesa que supuestamente causó fuertes daños con un hacha a un avión de la Armada yanqui en Shannon. No obstante, el gobierno irlandés aún se empeña en castigarla programando otro juicio para el otoño.

Cuando Bush fue a la cumbre de la OTAN en Turquía, los manifestantes tampoco le dieron tregua. En Ankara, la capital, la primera escala de Bush en el país, miles de manifestantes lo recibieron. Al día siguiente, decenas de miles de personas (50.000, según algunos informes) celebraron al menos cuatro acciones grandes en Estambul, sede de la cumbre. Acudieron de Inglaterra, Alemania, Grecia, Siria y Jordania.

Los miles de manifestantes que trataron de entrar al valle acordonado de la cumbre se enfrentaron a la policía, soldados, lanzaaguas y helicópteros militares. Respondieron al gas lacrimógeno con adoquines, piedras y cócteles Molotov. Hubo 44 arrestos y 48 hospitalizados (una mitad en cada bando).

Se dice que la cumbre en Irlanda y en menor medida la de Estambul tuvieron éxitos relativos para Estados Unidos. Éste no obtuvo ninguna promesa de más tropas ni ningún aval firme a la ocupación de Irak, aunque los gobiernos europeos avalaron el fraude de la entrega de la soberanía a un gobierno iraquí.

Esta afirmación tan disparatada quedó al desnudo cuando Estados Unidos tuvo que llevar a cabo el “traspaso” apresuradamente, dos días antes de tiempo, en secreto y en los confines de la fortaleza yanqui “Zona Verde”.

Así, Estados Unidos no tuvo que explicar la ausencia de toda muestra de regocijo de los iraquíes. En sus primeras acciones, el nuevo gobierno contemplaba la declaración de un estado de emergencia y la prohibición de toda manifestación y otra forma de disentimiento. Irónicamente, según los medios, un factor detenía tan decreto: la necesidad de evitar otra humillación, la de admitir que bajo el acuerdo firmado con Estados Unidos, para que cualquier decreto semejante tuviera validez, necesitaría la aprobación de Estados Unidos.

Estados Unidos solía tener fama por colocar letreros racistas en los edificios públicos en los países que controlaba y hasta en su propio territorio, con palabras similares a “Se prohíbe la entrada a perros e iraquíes”. Se prohíbe, con pocas excepciones, que los iraquíes entren a la Zona Verde, si bien no así los lacayos de Estados Unidos.