Boletín N° 68 - 31 de mayo de 2004
  Nuevo títere en jefe iraquí de los yanquis: Una historia de dos primos.

Vale la pena comparar el ascenso del nuevo títere en jefe de los yanquis en Irak, Iyad Allawai, y la caída de su rival de toda la vida, su primo Ahmad Chalabi.

La forma en que fue elegido Allawi revela muchas cosas. Estados Unidos le había pedido al enviado de la ONU Lakhdar Brahimi que escogiera un nuevo primer ministro, el puesto clave en el nuevo gobierno interino que, según la administración Bush, será “soberano” después del 30 de junio. La idea era que al poner la decisión en manos de Brahimi, Estados Unidos estaba mostrando su disposición a aflojar un poco su control del país, incluso así fuera un poquito, y transigiendo un tanto con sus críticos europeos.

Brahimi quería nombrar a Hussain Shahristani, un científico nuclear que creía aceptable tanto para EU como para Europa. A los pocos días Estados Unidos lo rechazó ya que le preocupaba que Shahristani no fuera “lo suficientemente proclive a las políticas estadounidenses, en particular con el deseo de la administración Bush de que las fuerzas armadas estadounidenses tengan poder irrestricto en el país después de la entrega” (Washington Post, 31 de mayo).

Entonces el enviado de la Casa Blanca Robert Blackwill y el administrador estadounidense de Irak Paul Bremer se reunieron con el Consejo de Gobierno de Irak designado por Estados Unidos. Fuentes oficiales del gobierno estadounidense lanzaron la historia de que poner a Allawi como jefe del nuevo gobierno era idea del Consejo. Fuentes iraquíes no oficiales se quejaron de que Bremer le ordenó al Consejo que aprobara sin rechistar su elección.

Lo irónico aquí es que EU pidió la ayuda de Brahimi en primer lugar porque, como escribió The New York Times, “Las encuestas de opinión muestran que los iraquíes ven al Consejo en gran parte como un vocero de Estados Unidos”.

Informado de que la decisión que se suponía él iba a tomar, ya había sido tomada por otros, la respuesta pública de Brahimi fue que él podía “vivir con eso”. Más tarde, cuando los periodistas presionaron a un vocero de Kofi Annan, el jefe de Brahimi en la ONU, sobre sus puntos de vista, respondió, “El Secretario General respeta la decisión, al igual que el Sr. Brahimi. ‘Respeto’ es una palabra escogida muy cuidadosamente.” En otras palabras, a la ONU no le gusta esta farsa de mafiosos pero la aprueba de todas formas.

El porqué finalmente EU escogió a Allawi y no a Chalabi también deja ver muchas cosas.

Los dos vienen de una de las principales familias tradicionales de las clases dominantes de Irak. El padre de Chalabi estaba entre los hombres más ricos de Irak y su abuelo, un señor feudal, tenía su propia cárcel en la que encerraba a los siervos que no le entregaban lo suficiente de sus cosechas de trigo. Esa familia perdió buena parte de su riqueza y poder en el golpe revolucionario del ejército en 1958 que derrocó a la monarquía. Chalabi fue al exilio, donde se convirtió en aliado y amigo del rey de Jordania. Con el tiempo, comenzó a trabajar para la CIA.

La trayectoria de Allawi fue un poco diferente. En 1961 se unió al partido Baath que con el tiempo pasó a ser dirigido por Saddam. El partido llegó al poder en 1963 con un contragolpe respaldado por EU y recordado por la masacre de comunistas y otros izquierdistas y nacionalistas basada en una lista suministrada por la CIA. Después de que los baathistas consolidaron su poder en 1968, Allawi fue enviado a una escuela de medicina de Londres, donde se convirtió en líder de la asociación de estudiantes baathistas. Según fuentes tan diversas como Al-Jazeera y The New Republic, también se convirtió en una figura clave en el aparato del Baath en Europa. Un médico que fue estudió con Allawi lo describe como un hombre que “cargaba un arma al cinto y frecuentemente la mostraba aterrorizando a los estudiantes de medicina”. En algún momento en los años setenta, también se vinculó al MI6, la inteligencia militar británica. No es claro si esto fue antes o después de su rompimiento público con Saddam. En 1978, el año antes de que Saddam llegara al poder con el apoyo de la CIA y el MI6, alguien trató de matar a Allawi —un suceso cubierto con una capa de misterio aunque desde entonces él ha usado esto para reclamar sus credenciales anti-Saddam.

Sus esfuerzos políticos estaban enfocados en organizar contactos entre los altos generales baathistas. Fue por esto que se convirtió un “activo” de la CIA, la cual se lo quitó al MI6 a principios de los noventa luego de que EU se volteara contra Saddam. El intento de Allawi patrocinado por la CIA en 1996 de organizar un golpe de estado contra Saddam fracasó. No obstante, la CIA continuó considerándolo como un hombre que podría ayudar a un “cambio de régimen” en Irak sin desmantelar el aparato de estado existente. Los Angeles Times citó un “observador” sumamente informado que dijo, “Iyad es alguien de mentalidad militar, quiere un gobierno fuerte, cree en un ejército fuerte.”

¿Para usarlo contra quién? No contra Estados Unidos.

Cuando Allawi retornó a Irak con las fuerzas de ocupación yanquis, se opuso a la decisión de desmantelar el ejército y la policía iraquíes. Estados Unidos lo puso en el Consejo de Gobierno, a pesar del hecho de que, según una encuesta de la cadena de televisión CBS, su apoyo entre la población es “estadísticamente insignificante” (incluso más que el de la mayoría de los del Consejo). Instaló las sedes de su Acuerdo Nacional Iraquí en las antiguas sedes del partido Baath en la capital y por todo Irak. (Durante un levantamiento en el pueblo de Baiji, al norte de Bagdad, escribió Patrick Cockburn en el Independent, una multitud incendió la oficina local del ANI). Como Ministro de Seguridad, se encargó de los esfuerzos de Estados Unidos de reconstruir la policía de Saddam luego de que la administración Bush decidiera dar marcha atrás. Bremer, quien asumió la responsabilidad de esa decisión anterior, inició ahora los esfuerzos por reconstruir las organizaciones armadas de Saddam, trabajando con Iyad Allawi y su primo Ali Allawi, Ministro de Defensa de la ocupación.

Según el Washington Post (1º de mayo), “A los comandantes estadounidenses a lo largo de las 18 provincias de Irak se les ha pedido nominar y enviar biografías de ex oficiales que parecieran amistosos hacia las autoridades estadounidenses. Un coronel del Ejército, que reporta a Paul Bremer, el adminsitrador estadounidense de Irak, ha viajado extensamente reclutando y evaluando candidatos”. El 18 de abril, Ali Allawi nombró a dos ex generales de Saddam para dirigir las nuevas fuerzas armadas de Irak.

Chalabi, rival de Iyad Allawi, había sido el protegido de Dick Cheney, vicepresidente de Bush, y los “neoconservadores” civiles que asumieron la dirección del Pentágono con la posesión de Bush, en especial del Subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz. Algunos comentaristas calificaron la caída en desgracia de Chalabi y el triunfo de Allawi como una victoria de la CIA en sus peleas de vieja data con el Pentágono. Pero más fundamentalmente, el nombramiento de Allawi apunta a impulsar la que se ha vuelto ahora la política oficial y unificada de Estados Unidos: reconstruir bajo control de EU el ejército y la estructura estatal de Saddam y tratar de construir una nueva coalición de la clase dominante iraquí que incluya a los capitalistas burocráticos que tenían el poder en la época de Saddam.

En los 12 años antes de que su casa de Bagdad fuera allanada de manera humillante por tropas estadounidenses y policía iraquí (bajo Allawi), Chalabi recibió más de 100 millones de dólares, al menos 39 millones sólo de la administración Bush, según escribió Jane Mayer en el New Yorker (7 de junio). Hasta la última semana, aún estaba recibiendo 342.000 dólares al mes.

Ahora el establecimiento estadounidense —desde el gobierno hasta los medios de comunicación— lo acusan de confundir a EU sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam. El hecho es que las mentiras de Chalabi no engañaron al gobierno de EU . El gobierno de EU las utilizó para tratar de engañar a otra gente.

Otro hecho es que las acusaciones que se están levantando ahora contra Chalabi no son nada Nuevo. Es casi cómico cuando la gente de Bush expresa horror ante el “desfalco” cometido por un hombre condenado por saquear el segundo más grande banco de Jordania en 1989. (Se dice que cuando la policía allanó el Banco Petra, no encontraron ni una sóla página de registros financieros de ningún tipo). Los alaridos sobre los vínculos de Chalabi con la República Islámica de Irán y sus servicios de seguridad son igualmente hipócritas, ya que eran conocidos e impulsados desde el principio. Conseguir que los mullas que gobiernan Irán ayuden a establecer en Irak un régimen estable y pro estadounidense ha sido siempre parte del plan de juego. Chalabi y Allawi (y el desechado Shahristani) eran todos aceptados por el Ayatolá Ali Sistani, el líder chiíta iraquí asociado con los mullas iraníes.

Lo que cambió sobre Chalabi es que para Estados Unidos él ha dejado de ser útil. Su recalcitrante oposición pública a traer de vuelta a las fuerzas baathistas sólo selló su destino.

Se podría llamar a Allawi el Sr. 45 minutos porque ha sido identificado como la fuente de la ahora ridiculizada afirmación de Tony Blair de que Saddam Hussein podría desplegar sus (inexistentes) armas de destrucción masiva en ese marco de tiempo. Otra razón para llamarlo así podría resultar de que al igual que su primo enemigo, principal rival y peón desechable de EU Chalabi, Allawi puede que no dure mucho.