Boletín N° 29 - 11 de agosto de 2003
  Terroristas extranjeros van a Irak

Dicen que a Irak van “terroristas y mercenarios” de todo el mundo y que se les inculcan con fanaticismo religioso para convertirlos en viles asesinos.

En su mayoría son soldados títeres de países satélites de Estados Unidos y de países imperialistas de segunda categoría (que esperan recibir una mayor tajada del botín con el aval yanqui). Conforman parte de una división que Estados Unidos encomendó a Polonia, para vigilar la zona centro-sur, entre los sectores estadounidense y británico. La dirigen las fuerzas polacas, a pesar de que la guerra de Irak no tiene apoyo popular en Polonia. Al gobierno polaco le prometieron la oportunidad de participar en la explotación de Irak. Hace poco Halliburton (la principal compañía encargada de proyectos de reconstrucción en Irak, cuyo presidente fue Dick Cheney, el actual vicepresidente estadounidense) firmó un contrato con varias compañías polacas. Pero es apenas el comienzo. El ministro de Relaciones Exteriores polaco, Wlodzimierz Cimoszewicz, admitió: “Nunca hemos ocultado nuestro deseo de que nuestras compañías petroleras tengan acceso a materias primas”. Participar en la explotación del petróleo iraquí es “nuestro objetivo final”, agregó.

Polonia también está recibiendo dinero por participar en la ocupación.

Un destacamento de Ucrania que participará en la división está recibiendo entrenamiento en Kuwait bajo el mando polaco. Un cura ortodoxo los bendijo al abordar el avión en Kiev. Antes de la guerra, cuando Ucrania vendió armas a Irak, Washington tildó al presidente Kuchma de esbirro que asesina a opositores y periodistas. Parece que el envío de tropas ha mejorado las relaciones entre los dos gobiernos.

España encabeza una subunidad en esta división internacional. Las tropas que aterrizaron en Irak llevaban la insignia de Santiago de Compostela, un santo católico conocido como “el matamoros” que participó en la conquista de España por los señores de la guerra cristianos, una época de oscurantismo y persecución religiosa. En uno de los primeros casos de “limpieza étnica”, expulsaron a los árabes y los judíos y quemaron en la hoguera a los cristianos sindicados de ser “herejes”.

España estará al mando de las tropas de El Salvador, Honduras, la República Dominicana y Nicaragua, ex colonias españolas actualmente bajo la dominación yanqui. En el siglo XVI, España llegó a ser una potencia mundial con el saqueo de América Latina. Hoy espera compartir la explotación capitalista del continente americano como socio menor de Estados Unidos.

Dinamarca, Noruega y Holanda han enviado oficiales para adquirir experiencia en el campo de batalla y fortalecer sus ejércitos. Italia enviará tropas a pesar de la oposición popular. Estarán bajo el mando de Inglaterra, con quien Italia peleó por el control del Medio Oriente durante la II Guerra Mundial. Japón también enviará tropas, a pesar de que la Constitución prohíbe participar en una guerra. Será el final de medio siglo de la política oficial de pacifismo y otro paso más para formar una fuerza armada capaz de pelear por los intereses japoneses en el tercer mundo. El primer ministro Koizuma prometió pagar 750.000 dólares a la familia de todo soldado que muera en combate.

Los gobiernos que envían tropas a Irak se suman muy conscientemente a la campaña actual de Estados Unidos para reconfigurar el mundo. Otros gobiernos que quieren hacer lo mismo (como la India y Turquía) no han podido por miedo de que sus respectivas poblaciones los tumben. Ni siquiera el gobierno árabe más servil tiene la osadía de enviar tropas. La formación de esta división en Irak tiene importancia política y militar, incluso si la composición cambia en el futuro.

Pero esta coalición no es nada imponente. En total 19 gobiernos han prometido despachar a 13.000 soldados: menos de un tercio de la cantidad que Washington pidió de unos 40 países. En vez de poder reducir sus fuerzas de ocupación, Estados Unidos planea enviar más y reemplazar algunos soldados de carrera con unidades de la Guardia Nacional.

Es probable que estos soldados participen en combates. Los guerrilleros atacaron a la avanzada de tropas polacas tan pronto como llegó. El 8 de agosto, las fuerzas angloestadounidenses informaron que han perdido 300 soldados en la guerra de Irak; 119 soldados yanquis murieron en los primeros 100 días de la ocupación y hay 827 heridos. Un oficial encargado de aerotransportar a los heridos a Estados Unidos le dijo al periódico londinense The Guardian que en realidad son muchos más.

La semana pasada las fuerzas de ocupación demostraron una vez más que la suya es una misión terrorista. Invadieron centenares de casas con el pretexto de buscar a funcionarios del viejo gobierno que supuestamente dirigen la resistencia. La mayoría de los detenidos vivía abiertamente en su propia casa. Dos ex funcionarios de alto nivel del gobierno y presuntos dirigentes de la resistencia se entregaron.

En Tikrit, rodearon con cuatro tanques y helicópteros Apache un galerón donde viven unos jornaleros. El objetivo de ésa y muchas otras redadas parece ser arrestar a posibles combatientes de la resistencia e infundirles miedo. Los golpearon, los interrogaron y los fotografiaron. “Si luchan contra nuestro gobierno, los cazaremos y los mataremos”, les advirtió el teniente coronel Russell antes de soltar a 38 de los 39 arrestados.

El 8 de agosto, unos francotiradores yanquis les dispararon desde las azoteas alrededor de un mercado de Tikrit a cinco hombres que descargaban un carro; dos murieron. El comandante (de nuevo Russell) dijo que los hombres “eran enemigos” porque descargaban armas y municiones para vender. Pero lo hacían abiertamente, como es la costumbre en los mercados iraquíes, y estaban en medio de una gran multitud. No les hicieron advertencias ni les dieron la oportunidad de rendirse; y después dejaron un cadáver en el mercado varias horas.

El 3 de agosto, en un retén militar al oeste de Falluja, mataron a un agricultor de 75 años e hirieron a su hijo.

En Basora, una ciudad sureña bajo ocupación inglesa, mil personas furiosas realizaron una protesta frente a la sede de la coalición angloamericana el 9 de agosto por la falta de electricidad, agua y gasolina. Los soldados ingleses hirieron a bala a dos jóvenes. En Kirkuk, Kurdistán, los soldados yanquis abrieron fuego contra un carro en un retén e hirieron a dos civiles desarmados.

El 4 de agosto el Boston Globe informó que unos soldados estadounidenses mataron a un muchacho de 12 años de Bagdad que dormía en la azotea de su casa. Murió desangrado porque no permitieron que su familia lo llevara al hospital.

“La mejor manera de garantizar la seguridad de América es matar al enemigo antes de que nos mate a nosotros, y eso es lo que está pasando en Irak”, comentó George Bush.

El 6 de agosto, el Washington Post describió un incidente en Qalqiliya, a la orilla del río Éufrates. Unos soldados estadounidenses se estacionaron frente a la oficina del alcalde. Los aldeanos creían que éste iba a darles una lista de luchadores de la resistencia y abrieron fuego contra los vehículos con granadas propulsadas por cohetes. En respuesta, los soldados estadounidenses destruyeron varias tiendas. Cuando se retiraron, centenares de personas corearon lemas y ondearon banderas iraquíes, y los soldados les dispararon. Los aldeanos destruyeron la oficina del alcalde, y sacaron corriendo al alcalde y subalcalde. Advirtieron que más vale que no regresen los invasores.

En la calle al-Rashid de Bagdad, donde la resistencia destruyó un Humvee con una granada propulsada por cohete, los soldados yanquis dispararon al azar, mataron a dos personas (una era un niño pequeño) e hirieron a muchas. No permitieron que nadie ayudara a tres mujeres jóvenes heridas en un carro. Rodearon un edificio donde decían que había luchadores, lo atacaron con 20 Humvees y vehículos blindados Bradley y lo destruyeron. De costumbre, han generado más resistencia de lo que pueden matar. Como consecuencia, varios días después fueron blanco de otro ataque.

En Bagdad, los invasores llevan a cabo mil patrullas al día y la semana pasada volvieron a abrir el infame penal Abu Ghrain, donde ya tienen a 500 presos.

A pesar de la baja moral de las tropas, el comandante anunció que se quedarán en Irak otros dos años. El Washington Post, que ha entrevistado a muchos soldados que comienzan a captar lo que está pasando en Irak, informó que un alto oficial del ejército en Washington les advirtió que “tengan cuidado con lo que digan acerca de sus comandantes”. Ante la resistencia del pueblo y el contagioso descontento de muchos soldados yanquis, los nuevos contingentes de tropas invasoras se sorprenderán. Y podría haber mayores repercusiones, pues las medidas yanquis para “estabilizar” la ocupación podrían generar más inestabilidad en el mundo.