Boletín N° 27 - 28 de julio de 2003
  Resistencia iraquí: los disparos se oyen en todo el mundo

Las fuerzas de la resistencia iraquí han aumentado sus ataques y Estados Unidos ha aumentado sus esfuerzos por someter al pueblo iraquí. Ahora todos saben que la guerra que Bush declaró finalizada el 1º de mayo, se está intensificando.

La semana pasada tropas norteamericanas asaltaron aldeas y casas al norte de Irak en una campaña para arrestar a miembros del partido Baaz de Saddam Hussein. Las redadas tuvieron todas las características de la opresión: familias aterrorizadas a punta de fusil, casas destruidas y cautivos, con la cabeza cubierta con bolsas, llevados a la prisión y la tortura... lo que recuerda las operaciones israelíes en Cisjordania o incluso, a veces, las incursiones policiales en los ghettos de Estados Unidos. El maltrato a los prisioneros iraquíes se ha vuelto tan evidente que Amnistía Internacional lo denunció en un informe y el ejército norteamericano tuvo que procesar a cuatro de sus soldados por torturar a prisioneros en el Campamento Bucca en el centro de Irak.

Al igual que muchos de los soldados norteamericanos asignados a tareas de policía y seguridad en Irak, los cuatro son reservistas. Uno era guardia de prisión y otro policía, lo que hace congruente su trabajo civil con el de tiempos de guerra. No eran interrogadores; torturaban y quebraban huesos abiertamente debido a sus frustraciones personales. Los torturadores oficiales no dejan testigos ni huellas.

El más grande éxito militar de Estados Unidos hasta la fecha, que se esperaba fuera “un punto de viraje” en la guerra, fue el asesinato el 22 de julio de dos hombres que se dice eran los hijos de Saddam. Obtuvieron esta gran “victoria” luego de una batalla en que tres adultos y un adolescente mantuvieron a raya a las fuerzas armadas norteamericanas durante cuatro horas hasta que éstas dispararon diez mísiles guiados por alambres.

Exhibieron los cuerpos luego de embalsamarlos y someterlos a una “reconstrucción cosmética” para que se parecieran más a las fotografías. Este grotesco espectáculo y la negativa del ejército norteamericano a permitir su entierro inmediato, ofendieron profundamente a muchos iraquíes que no simpatizan con Saddam. Si bien el espectáculo tenía la intención de humillar a los iraquíes, puso al descubierto la crueldad y la desesperación de los invasores. Cuando el gobierno de Saddam transmitió imágenes de soldados yanquis muertos en combate al comienzo de la guerra, el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, farfulló que eso equivalía a la exhibición pública de cadáveres y que era un crimen de guerra que violaba la Convención de Ginebra, con la consecuencia de que lo pagarían caro después de la guerra. Ahora, parece que fue el mismo Rumsfeld quien dio la orden de exhibir en público como trofeos los cadáveres maquillados.

Los funcionarios norteamericanos justificaron esta repugnante hipocresía con el argumento de que la fuente de la resistencia se limita a los remanentes del gobierno de Saddam. El jefe del Estado Mayor Conjunto, Richard Myers, dijo en una rueda de prensa en Bagdad que los combatientes son mercenarios “a los que se les paga para atacar y se les paga más si matan a soldados norteamericanos”. Eso es ridículo ya que nadie en Irak puede llegar siquiera a igualar a Estados Unidos en cuanto a soborno (15 millones de dólares por información que conduzca a la captura de cada hijo de Saddam y sumas igualmente astronómicas de dinero por delatar a cualquier nivel).

La misión de 24 horas de Myers en Irak parecía tener que ver principalmente con la moral de los soldados estadounidenses. “Lo más importante es entender por qué estamos aquí”, les dijo. Según las entrevistas de los medios norteamericanos y británicos, eso es exactamente lo que más y más soldados se preguntan. Ante los fieros combates y el innegable odio de las masas, lo más común es preguntarse por qué están todavía ahí. Muchos se preguntan por qué fueron allá en primer lugar.

Un contraargumento obvio a la afirmación de que la resistencia contra los yanquis se limita al partido Baaz, proviene de las continuas manifestaciones de masas contra la ocupación. Las protestas son especialmente fuertes entre las fuerzas chiítas en el sur, de quienes una vez se nos dijo verían a las tropas norteamericanas como libertadores. En Najaf el 25 de julio, cerca de 10.000 personas marcharon hacia el cuartel del ejército estadounidense como parte de las protestas contra la ocupación dirigidas por los clérigos con que Estados Unidos había contado para que le ayudara a gobernar. Los marines calaron bayonetas en sus fusiles y su comandante amenazó con disparar si los manifestantes no se dispersaban. El 27 de julio en Karbala, las tropas norteamericanas les dispararon a los manifestantes.

En Mosul, horas después de que los supuestos hermanos Hussein fueran asesinados, los norteamericanos abrieron fuego contra una multitud desarmada que protestaba contra la ocupación, según informes muy difundidos en los medios, los cuales las autoridades norteamericanas negaron. Varias personas sufrieron heridas y al menos una murió, un joven estudiante, cuyo padre dijo que su hijo odiaba a Saddam Hussein y a sus hijos. El entierro se convirtió en otra manifestación contra “los criminales norteamericanos”.

La naturaleza de la guerra desmiente las alegaciones estadounidenses de que la resistencia se limita a los “remanentes de fuerzas pro-Saddam”. Es inconcebible que pequeñas unidades puedan aparecer, golpear a las tropas norteamericanas y desaparecer de nuevo con tanta facilidad si no contaran con el apoyo del pueblo. Si esos combatientes estuvieran actuando por estrechos intereses propios, como mercenarios o contra su voluntad, muy probablemente colaborarían con los norteamericanos.

Pero el actuar de las fuerzas armadas norteamericanas constituye la más poderosa refutación de las calumnias contra la resistencia iraquí. La norma para los invasores yanquis es que todo iraquí de cualquier edad, género, etnia o filiación religiosa es un potencial guerrillero. En vez de pedir la cooperación de la población, ante los ataques las tropas norteamericanas responden allanando casas, deteniendo a todo el que esté en la zona y amenazándolos o torturándolos para obtener información. Cuando los niños salen inesperadamente de los hogares o a las azoteas, los tirotean. Acribillan los carros que no se detienen lo suficientemente rápido en los puestos de control. Resumiendo, tratan a los iraquíes como si no fueran seres humanos. Las fuerzas armadas norteamericanas no pueden actuar de otra manera pues son invasores y el pueblo es su enemigo.

Robert Fisk, corresponsal del Independent de Londres, informó que el 27 de julio, mientras las tropas norteamericanas rastreaban barrios y granjas por todo Bagdad y al norte, instalaron un retén en las afueras de una casa que estaban allanando en Mansar, un distrito de clase media en la capital. Cuando se acercó un carro en la oscuridad, los soldados abrieron fuego, asesinando a por lo menos 11 personas, entre ellas dos niños, su madre y su padre lisiado. Otro carro se incendió, dejando calcinados a los ocupantes. Los soldados se dedicaron a impedir que los camarógrafos filmaran, pero no sacaron a las víctimas de los carros en llamas ni los llevaron al hospital. Un enfurecido médico del hospital Yamouk, donde trataron a algunos de los civiles, le dijo a Fisk: “Si un norteamericano llegara a la sala de emergencias, probablemente lo mataría”.

A Amnistía Internacional se le negó el permiso de visitar el centro de detención norteamericano conocido como el Campamento Cropper en el aeropuerto de Bagdad, donde hay hasta 2.000 prisioneros en carpas sin ventilación, en calor extremo, con poca agua y sin instalaciones sanitarias. Según Amnistía, muchos prisioneros simplemente “desaparecieron” de las calles de Bagdad y de otros lugares. Por lo general los detienen sin que avisen a las familias o alguien más dónde están; nos les permiten acceso a un abogado o juez; y los someten a tortura. Cita a un hombre y a su padre de 80 años mantenidos en celdas contiguas. Durante ocho días, al hijo no se le permitió siquiera sentarse, mucho menos acostarse o dormir. Lo esposaron y lo obligaron a pararse o arrodillarse contra una pared, con una brillante luz sobre la cabeza y música fuerte al oído. En la celda de al lado, su padre podía oír sus alaridos en el interrogatorio. Se conocieron los hechos sobre estos hombres porque finalmente fueron puestos en libertad. Los yanquis reconocen oficialmente, pero no explican, la muerte de tres prisioneros.

Allá los llamados de los gobiernos norteamericano y británico a que olvidemos las mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Saddam porque la invasión salvó a Irak de un régimen de cárceles y torturas. Hoy, los norteamericanos están reconstituyendo la policía secreta de Saddam, la Mujabarat, a la cual caracterizó antes como la esencia de todo lo malo en el antiguo gobierno. The New York Times del 23 de julio dice que la CIA “busca a los antiguos agentes de inteligencia iraquíes” a quienes les pide que se pongan en contacto para que puedan empezar a “trabajar con los norteamericanos”. Según la prensa, los norteamericanos reclutan a los antiguos policías, a los que la población desprecia tanto como a los miembros del antiguo partido Baaz, a los informantes y a otros elementos corruptos. ¿Pero quién más trabajaría para los invasores?

Entre el 19 y el 28 de julio, 18 soldados yanquis murieron en combate, cinco de ellos en 24 horas. El 24 de julio, el Comando Central norteamericano informó de 237 bajas en la guerra. La cifra incluye muertes por todas las causas, una cifra más confiable que el informe de muertes en combate, puesto que esta última no incluye a aquellos que mueren a causa de heridas. Se ha dicho que Estados Unidos no informa de todas las muertes en combate. Las cifras incluyen un porcentaje muy pequeño de las decenas de ataques al día contra las fuerzas norteamericanas, quienes por tener chalecos blindados y modernas instalaciones médicas, las más de las veces sólo sufren heridas y no se mueren.

Los ataques iraquíes continuaron y se intensificaron al mismo tiempo que Estados Unidos anunciaba que había tenido éxito en la captura de funcionarios del partido Baaz. Además, ocurrieron en zonas bastante esparcidas, como el Kurdistán y el sur, y la región central del país que se dice había sido el bastión de Saddam. Los ataques relámpago con fusiles, cohetes y granadas contra las patrullas y convoyes no son suficientes para sacar a Estados Unidos de Irak. Pero muestran muy claramente lo que en verdad pasa: la posibilidad de que Estados Unidos nunca pueda someter al pueblo e indudablemente perturban los planes yanquis de utilizar a Irak como trampolín para dominar directamente el Medio Oriente y como piedra angular en sus planes para la dominación global.