Boletín N° 23 - 30 de junio de 2003
  Irak: ¿Hacia el pantano?

Cuando Estados Unidos lanzó la “Operación Escorpión del Desierto” a mediados de junio, dijo que iba a arrasar con los últimos focos de resistencia al norte y al occidente de Bagdad, establecidos por los que llamó “elementos remanentes” del gobierno de Saddam Hussein. Pero Estados Unidos recibió bajas inesperadas en esa campaña para movilizar su masiva potencia de fuego y retomar la iniciativa. Desde entonces la guerra en Irak se ha extendido por todo el país y ha cobrado mayor ritmo e intensidad. Con eso, se ha hecho claro el carácter político de la guerra a medida que la oposición a Estados Unidos e Inglaterra une a millones de iraquíes. Las tácticas de terror de los invasores, no el viejo gobierno, han atizado las llamas.

A finales de junio, Estados Unidos lanzó una nueva campaña al norte de Bagdad por el río Tigris. Incursionó noche tras noche en aldeas y casas después de la medianoche y arrestó a sospechosos de ser combatientes. Un objetivo era confiscar todas las motocicletas en la región. Han declarado las motocicletas potenciales “armas” para la guerra de guerrillas, para causar bajas constantes a los invasores, si bien no destrucción masiva. Un vocero militar norteamericano alardeó: “Entramos con un poder de combate tan abrumador que ni siquiera piensan en dispararnos”. Pero dos tanques norteamericanos fueron blanco de granadas propulsadas por cohete (RPG) cerca de Baqubah, una ciudad a 50 km al noreste de Bagdad. Al igual que la mayoría de las operaciones angloamericanas, cada día más desesperadas, ésta dejó tras de sí más furia que temor.

El incidente que más caracteriza los acontecimientos de las últimas semanas tuvo lugar en Majar al-Kabir, una ciudad árabe chiíta no lejos de Basora en el sur de Irak. Según los informes noticiosos, un grupo regional había derrocado al partido Baaz antes de que las fuerzas invasoras llegaran para pisotear las esperanzas del pueblo de gobernarse por sí mismo. En las últimas semanas, las tropas británicas provocaron mucha indignación con los allanamientos de casa en casa en busca de armas. Además, insistieron en usar perros para hurgar en las casas y los efectos personales, en violación de la tradición de que estos animales son impuros. Tal como han hecho en el resto del país, las fuerzas angloamericanas confiscaron el dinero que encontraron, alegando que podría usarse para comprar armas. Luego de que un grupo de cien personas protestara frente al antiguo palacio municipal, las autoridades británicas acordaron parar los allanamientos.

Pero al día siguiente comenzaron de nuevo. Una multitud se concentró en el bazar mientras una patrulla británica acompañada de guardias iraquíes transitaba por ahí. De la multitud salió una lluvia de piedras. Según un testigo, cuando un soldado británico se colocó en posición de disparar y apuntó el fusil automático hacia un niño, alguien le disparó con un revólver. La Real Policía Militar [RPM] británica abrió fuego y mató a cuatro o cinco e hirió a por lo menos 17. Las masas persiguieron a algunos soldados hasta su base, una delegación policial, y los rodearon. Algunas personas fueron a casa a recoger armas y luego regresaron. Finalmente incendiaron la delegación. Los iraquíes adentro, que se preparaban como policías de ocupación, escaparon. Los seis RPM británicos mordieron el polvo.

Esa misma mañana, en Majar al-Kabir, dos vehículos de una patrulla británica cayeron en una emboscada; uno de ellos ardió. Cuando una “fuerza de reacción rápida” de tanques livianos y un helicóptero Chinook acudió en apoyo a los soldados y para evacuar a los heridos, cayó el helicóptero y se incendió el otro vehículo.

Al estilo israelí, las autoridades británicas pidieron a los pobladores que entregaran a los responsables de la muerte de los soldados en 48 horas o habría represalias. Luego 500 soldados invadieron y aterrorizaron el pueblo hasta encontrar algunos sospechosos para que paguen por la humillación. (Esta historia se basa principalmente en The Guardian de Londres.)

El 25 de junio, los norteamericanos dijeron que sus fuerzas habían sido blanco de 25 ataques en las últimas 24 horas. Dos días después, la Associated Press dijo: “Casi cada hora aparecen informes de ataques a los soldados norteamericanos, tan frecuentes que los encargados de prensa del ejército no pueden mantenerse al día”.

En Najaf, al sur del país, hace poco alabado como “estable” en contraste con el volátil norte, un marine norteamericano murió en una emboscada. En Hilla, al sur de Bagdad, tres marines resultaron heridos en una emboscada, y un vehículo de “reacción rápida” que iba en su ayuda se estrelló, dejando varios heridos.

Bagdad se convirtió en “la ciudad de las emboscadas”. Un hombre salió de una multitud en una acera de Bagdad y le disparó a un soldado norteamericano y luego se confundió entre la multitud. Desde un viaducto de una autopista le arrojaron granadas de mano a un convoy norteamericano. Otro convoy norteamericano en la ciudad fue blanco de granadas. Emboscaron y destruyeron un camión militar en la vía al aeropuerto. Mediante alambres tendidos desde viaductos, han hecho explosión muchas minas terrestres en esta vía, muy transitada por las fuerzas de ocupación.

En Balad, al norte de Bagdad, escenario de la operación norteamericana “Escorpión del Desierto”, murieron dos soldados yanquis que custodiaban un depósito de armas. En Faluya, donde la muerte de 18 manifestantes a manos de los norteamericanos atizó el movimiento de resistencia y los combates contra los invasores, una RPG cayó en la oficina del alcalde, uno de los muchos colaboradores que han sufrido la misma suerte.

En las últimas dos semanas de junio, murieron en promedio dos soldados angloamericanos por día, un total de 73 entre el 1º de mayo, cuando Bush declaró la victoria, y el 30 de junio. El número de heridos graves es varias veces más alto. Al principio la Casa Blanca minimizaba la importancia de los combates, tachándolos de “poca importancia militar”. Es cierto que los combates se dan a un nivel relativamente bajo y desigual. Pero hasta los ataques individuales contra los soldados norteamericanos han creado una situación en que a las fuerzas de la ocupación ya no se les permite salir de sus bases sin una misión específica, chaleco blindado y un fusil. Las emboscadas, en especial, constituyen una táctica importante que requiere cierto nivel de habilidad y han tenido más éxito. Lo que falta es una visión política que incluya un plan militar para acumular fuerzas paso a paso hasta que puedan derrotar a los invasores de manera decisiva en el campo de batalla, tal como ocurrió en Vietnam. Pero incluso una guerra de desgaste que use armas livianas y motocicletas no es lo que Estados Unidos esperaba.

A la semana de combates a esta escala, ya no se repite la idea de que Estados Unidos puede darse el lujo político de mantener tal situación indefinidamente. El discurso oficial se volvió defensivo. El jefe de la ocupación norteamericana, Bremer, explicó: “Sí teníamos un plan. El problema es que es muy difícil ejecutar el plan”. En Gran Bretaña, donde el gobierno de Blair fomenta la idea de que las tropas son más bien niños exploradores que invasores y asesinos, la población se ha conmovido ante el gran odio manifiesto mediante el asesinato de los soldados.

Antes del combate reciente ahí, un sargento de la 4ª División de Infantería norteamericana estacionado cerca a Baqubah le preguntó a un reportero del Washington Post: “¿En qué nos estamos metiendo aquí? Se supone que la guerra se acabó, pero todos los días oímos de otro soldado muerto. ¿Vale la pena? Saddam ya no está en el Poder. La gente de aquí quiere que nos vayamos. ¿Por qué seguimos aquí?”.

Los periódicos norteamericanos se refieren al movimiento de resistencia como “pistoleros”, mientras que Rumsfeld y sus secuaces se refieren a ellos como “escuadrones de la muerte”. ¿Por qué hablan así de los iraquíes que están librando una guerra contra soldados invasores, mientras que son los ejércitos angloamericanos los que están asesinando por igual a combatientes y civiles desarmados, adultos y niños, manifestantes y transeúntes? Pero ninguna cantidad de insultos puede ocultar los aprietos en que se encuentran los invasores. Al fin y al cabo, tienen todo un mundo que conquistar y no planeaban dejar la mitad del ejército yanqui en servicio activo aquí.

Gran Bretaña, que a diferencia de Estados Unidos retiró la mayoría de sus fuerzas, sopesa un plan de enviar más soldados a Irak, entre ellos 5.000 que el gobierno laborista ha usado como esquiroles en una huelga de bomberos. Gran Bretaña lleva al límite sus fuerzas en servicio activo, y eso es un gran problema político para el sitiado gobierno de Blair. En vez de la “estrategia de salida” que los políticos británicos han pedido, la realidad obliga a ir en la dirección contraria.

Para revivir una famosa expresión de Vietnam, Estados Unidos y Gran Bretaña pueden estar hundiéndose en un pantano.

Bush y Blair han respondido con un plan para hacer que las antiguas colonias y países bajo su influencia reemplacen a algunas de las fuerzas de ocupación. Han pedido que India envíe 17.000 mercenarios a cambio de trabajo para obreros indios en la región del Golfo. Polonia ha ofrecido venderle sus soldados a Estados Unidos. Otras posibles fuentes de soldados son Italia, España, Ucrania, El Salvador y Honduras. Dado que en estos países la población se opone violentamente a esta guerra, y que ahora esos soldados tienen más posibilidades de morir que de enriquecerse, este plan no traerá estabilidad en el imperio norteamericano. Tal como los iraquíes no tuvieron ninguna alternativa salvo levantarse en armas contra las fuerzas angloamericanas, las decenas de millones de personas que se manifestaron en contra de la guerra tienen motivo de seguir en pie de lucha.