Boletín N° 17 - 19 de mayo de 2003
  Grandes mentiras y otras armas de destrucción masiva

¿Dónde están las armas biológicas y químicas de Saddam Hussein y todo el equipo para su avanzado programa de armas nucleares? Al fin y al cabo, Bush, Blair y sus secuaces nos dijeron que Saddan tenía muchísimas toneladas de este tipo de cosas y que sabían donde estaban.

En su alocución sobre el Estado de la Unión en enero, Bush advirtió sobre la capacidad de Irak “de producir más de 25.000 litros de ántrax –dosis suficiente para matar a varios millones de personas... más de 38.000 litros de toxina botulínica --suficiente para someter a la muerte a millones de personas por fallas respiratorias... lo mismo que 500 toneladas de gas sarín, gas mostaza y agente nervioso VX”.

Su Secretario de Estado Collin Powel le dijo al Consejo de Seguridad de la ONU el 6 de febrero que Saddam había emplazado al occidente de Irak lanzacohetes y ojivas que contenían agentes biológicos. Y agregó: “también tenemos fotos satelitales que indican que recientemente han sido retirados materiales prohibidos de varias instalaciones iraquíes de armas de destrucción masiva. No puede haber duda de que Saddam tiene armas biológicas y la capacidad de producir rápidamente muchísimas más”. Hablando ante el Congreso en abril, declaró que tales armas “serán encontradas. Todo lo que teníamos allí (refiriéndose a su discurso en la ONU) tenía soporte y doble y triple fuente”.

Cuando empezó la guerra, Tony Blair le dijo al pueblo británico:, “Esta noche, militares británicos hombres y mujeres están apostados por aire, tierra y mar. Su misión: tumbar a Saddam Hussein del poder y desarmar a Irak de sus armas de destrucción masiva”.

El Secretario de Asuntos Exteriores de Blair, Jack Straw le dijo al Parlamento que su gobierno tenía conocimiento confirmado de que Irak tenía “10.000 litros –un tercio de un buque cisterna” de ántrax disponible.

Si algo de esto fuera cierto, ¿por qué los equipos de búsqueda angloamericanos que escudriñan Irak no pudieron encontrar una sola de tales armas? Ni una ojiva ni una bomba con gas venenoso o agentes biológicos –ni una pizca de evidencia de un programa de armas nucleares más allá de algunas latas podridas de escombros radioactivos al parecer provenientes de una planta de energía nuclear destruida por bombardeos israelíes hace dos décadas cuando apenas estaba en construcción.

Lo mejor que se les pudo ocurrir fue un par de laboratorios móviles que hicieron especular que podrían haber sido usados para producir (muy poca) cantidad de sustancias biológicas. Los medios de comunicación que presentaron este momento culminante de la búsqueda de armas de destrucción masiva no se molestaron en informar que Irak le había comprado varias de tales instalaciones a Alemania para utilizarlas en inspecciones sanitarias a plantas procesadoras de alimentos. El otro supuesto golpe importante de Estados Unidos fue incluso más ampliamente desacreditado. Un artículo bastante citado que apareció originalmente en The New York Times fue titulado “Científico iraquí admite haber mentido a la ONU sobre las armas”. Basado en una versión dada por el ejército estadounidense del interrogatorio a Nassir Hindawi, un importante científico iraquí involucrado en tales proyectos, el relato resaltaba las “enormes cantidades” de armas biológicas que Irak había producido, pero no señalaba el punto más importante de la entrevista, que Saddam había ordenado la destrucción de estas armas a principios de los años 1990. Un experto en armas que había leído una trascripción completa del interrogatorio al científico escribió que el NYT había acomodado deliberadamente la declaración de Hindawi.

“No sólo vamos a encontrar un arma humeante sino un cañón humeante”, fanfarroneo a la prensa el jefe del equipo de mil expertos civiles y militares yanquis cuando comenzaron a escudriñar Irak después de la invasión. “Sólo es cuestión de tiempo”.

Esa cacería ya terminó oficialmente. El 14 de mayo, la Consejera de Seguridad Nacional de Bush, Condoleeza Rice, le dijo a la prensa que Estados Unidos estaba trayendo de vuelta al equipo que había enviado para encontrar evidencia física --llevando a cabo una de las prioridades más altas de la ocupación norteamericana por más de un mes-- y de hecho renunciando a encontrar algún arma prohibida. A cambio, Estados Unidos estaba enviando un nuevo equipo “más experto” cuya misión no es encontrar armas sino pistas de documentos y alguna otra evidencia documental de que Irak alguna vez haya tenido tales armas o quiso tenerlas.

Ciertamente, Saddam tenía estas cosas en un momento dado --como lo dice el chiste popular, el gobierno yanqui lo sabía porque guardaba los recibos. Runsfeld y otros funcionarios norteamericanos le proporcionaron ántrax y otros horrores a Saddam en la década de 1980 cuando Estados Unidos estaba impulsando la guerra de Irak contra Irán. Pero buscar evidencia de eso en el pasado --o documentos que detallen las investigaciones iraquíes dirigidas a producirlas en algún momento en el futuro-- es un cuento completamente diferente de alegar que Irak real, física, literal y verdaderamente tenía esas armas disponibles cuando Estados Unidos e Inglaterra lanzaron su guerra. De hecho, esto es casi una admisión abierta de que tales armas de hecho no existieron.

Sin embargo, es más fácil sembrar evidencia en papel que evidencia material, especialmente cuando se ha anunciado que la evidencia material equivaldría a una montaña entera, e incluso el simple hallazgo de un proyectil o dos daría vergüenza si se somete a verificación internacional. Los lectores recordarán un documento que figuró de manera destacada en el Libro Blanco británico de octubre de 2001, respecto a los supuestos intentos de Irak de comprar uranio, resultó ser falso. El jefe de los inspectores de armas nucleares de la ONU, Mohamed El-Baradei, le dijo a un diario alemán que “los servicios secretos de varios Estados” (EE.UU. e Inglaterra) habían entregado “muchos documentos” que habían sido falsificados de manera “burda” y poco ética.

Cuando la BBC le preguntó a Jack Straw si alguna vez sería encontrada alguna de esas armas, contestó: “Eso no es críticamente importante por esta razón... La evidencia respecto a Irak era tan sólida que el 18 de noviembre el Consejo de Seguridad dijo unánimemente que la proliferación y la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak, así como su desafío a las Naciones Unidas, plantea --y cito textualmente--, ‘una amenaza para la paz y la seguridad internacionales’.”

Ahí lo tenemos: Lo importante no es si la afirmación era verdad o no sino que todas las principales potencias dijeron que lo era. Y a este respecto Straw está diciendo la verdad. Esa mentira fue respaldada por todos los 15 miembros del Consejo de Seguridad, incluyendo Francia, Alemania, Rusia y China así como EE.UU. e Inglaterra y otros nueve gobiernos muy temerosos de Estados Unidos como para defender la verdad, aunque muchos diplomáticos y expertos estaban diciendo en privado que esas afirmaciones eran absurdas. Ninguno de esos países está haciendo ninguna bulla acerca de eso hoy. No pueden hacerlo porque se arriesgarían a desenmascarar su propia alevosía cuando votaron a favor de la resolución 1441 de Bush en la ONU. Como posteriormente se los recordara Powell: “todos los que votaron por la resolución ese día sabían que eso significaba que si Irak no se desarmaba pacíficamente, tenía que hacerse mediante el uso de la fuerza”. “Todos los europeos piensan que Saddam Hussein tiene que ser desarmado”, había respondido el 26 de enero Javier Solanas, responsable de la política exterior de la Unión Europea.

En las Naciones Unidas se está librando ahora una especie de batalla de retaguardia sobre el asunto. EE.UU. está a punto de presentar una resolución para declarar un fin al bloqueo económico impuesto por la ONU cuyo propósito manifiesto era obligar a Irak a deshacerse de sus armas de destrucción masiva. Esto es necesario para que EE.UU. pueda vender el petróleo iraquí en el mercado mundial sin restricciones legales y así pagarse generosamente por la ocupación de Irak. Se dice que Alemania esta totalmente a favor, mientras Francia y Rusia supuestamente están presionando a favor del retorno de los inspectores de armas de la ONU para que elaboren un informe definitivo antes de levantar las sanciones. Ya que Estados Unidos sabe que los inspectores no encontrarían nada, se ha opuesto a esto. Pero ninguno de estos gobiernos saldrá a decir a su propio pueblo y a los pueblos del mundo: miren, el emperador está desnudo al igual que nosotros --Estados Unidos lo inventó todo y todos nosotros lo seguimos por nuestras propias razones imperialistas.

La justificación para esta guerra --que Estados Unidos tenía el derecho de lanzar una guerra “preventiva” contra cualquier país que considerara una amenaza potencial-- era lo suficientemente mala. Esto es manifiestamente ilegal bajo el derecho internacional y es contrario a lo que la gente común entiende por justicia. Incluso si Irak tuviera todas las armas que Bush y Blair decían, ellos no hubieran tenido ningún derecho de invadir a Irak --e incluso en ese caso, el propósito de esta guerra hubiera sido exactamente lo que han logrado de hecho: la ocupación de Irak para saquear sus riquezas y utilizarlo como una plataforma contra el resto de la región. Pero esta agresión no fue del todo abierta. Vino envuelta en una mentira sobre una amenaza de “armas de destrucción masiva” que fue completamente fabricada adrede. Esa mentira hubiera colapsado sin la ayuda de los estados cómplices que repetían esas mentiras aun cuando lo sabían bien todo el tiempo. Ahora Estados Unidos está repitiendo tales acusaciones contra Corea del Norte, Siria e Irán, entre otros países, apostándole una vez más al lapso de poca atención de los tontos mientras preparan más guerras. El “cañón humeante” de grandes mentiras está siendo recargado.