Boletín N° 12 - 14 de abril de 2003
  La liberación patrocinada por los imperialistas del Kurdistán iraquí: un espejismo

Hay un dicho: que el alba descubre el día. El 12 de abril, cuando los guerrilleros kurdos recibieron órdenes de salir de la ciudad kurda de Kirkuk en el norte de Irak, se vio que el futuro no augura nada bueno para los kurdos, justo en el momento en que sus líderes creían que habían obtenido una gran victoria.

La Unión Patriótica Kurda (PUK) encabezada por Jalal Talabani le había prometido a los Estados Unidos que las fuerzas kurdas no se tomarían la ciudad. A pesar de la avidez de Talabani de probar su servilismo absoluto a sus amos estadounidenses, ocurrió otra cosa. Los habitantes kurdos de la ciudad se levantaron contra los representantes del gobierno iraquí, quienes opusieron menos resistencia que la esperada, y los guerrilleros kurdos en las afueras de la ciudad aprovecharon la situación. El 10 de abril, la ciudad estaba en manos kurdas.

De inmediato, la PUK se apresuró a deshacer ese logro. Pidieron disculpas a los comandantes militares estadounidenses y ordenaron que los guerrilleros entregaran el poder a las tropas estadounidenses en cuanto arribaran en Kirkuk. “Esto no debió haber pasado en absoluto –dijo un alto oficial kurdo anónimo–. Hay que parar en seco esa manera de ver las cosas”.

Kirkuk tiene importancia estratégica para todos los bandos de la guerra. Es la capital histórica del Kurdistán iraquí. Desde hace mucho los mayores yacimientos petrolíferos entre Kirkuk y Mosul han sido la maldición de estas ciudades, y de todo el Kurdistán iraquí. Para fortalecer su control de la región, Saddam Hussein aplicó una política de expulsar a los kurdos y reemplazarlos con árabes. Muchas familias kurdas quieren volver.

Con la dirección estadounidense, se ha manipulado a los combatientes kurdos para que guíen a los soldados estadounidenses, sirvan de exploradores militares, expulsen a los soldados de Saddam, cacen a los enemigos de los Estados Unidos y capturen algunas ciudades y yacimientos.

El apoyo a la invasión por el Partido Democrático del Kurdistán (KDP) encabezado por Masood Barzani y por la PUK de Talabani es más que un error estratégico. Es un crimen. En lugar de impulsar el combate colectivo a los invasores uniendo todas las fuerzas y los pueblos de Irak posibles, eligieron servir a los agresores imperialistas. Cuando los pueblos del mundo se unieron en solidaridad con todos los pueblos de Irak en resistencia a la agresión estadounidense, estas fuerzas aceptaron sin vacilación y ayudaron la invasión. Si no se hubieran alineado con los invasores angloamericanos, de todos modos tal vez hubiera tenido éxito la invasión, pero habría propiciado relaciones de clase más conscientes y positivas entre los oprimidos de Irak y los kurdos, para forjar una armonía fraternal entre la nación oprimida kurda y los demás pueblos de Irak y para establecer una unidad política creíble de todas las nacionalidades en la lucha contra los imperialistas. Como es sabido, la principal causa de la división en la población de Irak que los imperialistas han podido aprovechar proviene de la política antikurda de Saddam Hussein, pero eso no exime a los líderes kurdos de sus responsabilidades.

En la guerra del Golfo de 1991, estos grupos combatieron al gobierno de Saddam. Después, el gobierno estadounidense les ayudó a fortalecer su ejército con hasta 50.000 peshmergas (combatientes) y estableció la región kurda autónoma de-facto en el norte de Irak. Cuando los Estados Unidos invadió, estas fuerzas se enrolaron en la coalición angloamericana. En contradicción con los intereses del pueblo, los peshmergas no contaban con la dirección de un partido capaz de dirigir a las masas en la lucha contra los agresores. Esperaban ordenes y señales de los imperialistas estadounidenses acerca de qué debía ser su próximo paso. El 21 de marzo, The New York Times informó que un comandante militar de la PUK, que controla el suroriental de la región kurda, dijo: “No avanzamos porque no sabíamos qué iba a pasar”. El comentario muestra que la política kurda ha estado atrapada en las manos de los reaccionarios imperialistas.

La línea política sumisa y dependiente de estos grupos le ha quitado a los peshmergas su deber histórico de proteger a la nación kurda de los invasores y convertir la región kurda en una base para liberar toda la región del imperialismo. El gobierno estadounidense ha sembrado confusión, manipulado estas fuerzas y traficado con el Kurdistán iraquí en aras de sus intereses en la guerra para conquistar y ocupar Irak.

Estos grupos consideraron al dictador [Saddam] como el enemigo principal, y no a los imperialistas, incluso en medio de la invasión. Aunque lo hicieron en nombre de proteger los intereses kurdos, concretamente vendieron al pueblo kurdo en servidumbre política, económica y social a los agresores estadounidenses. Según especulaciones de la prensa occidental, por su colaboración Barzani y sobre todo Talabani esperan hacerse de puestos en un futuro gobierno títere y cierto control regional en el Kurdistán iraquí. O sea, esperan subirse al carro de los socios menores en la servidumbre de su pueblo. Estos nacionalistas feudales y burgueses, guiados por los intereses de los altos líderes y capitalistas kurdos tradicionales, traicionaron los intereses fundamentales de pueblo kurdo, del pueblo iraquí en general y de los pueblos de la región entera.

No comprendieron ni resolvieron correctamente la relación entre dos contradicciones diferentes: la contradicción entre el pueblo kurdo y la clase dominante iraquí lidereada por Saddam, de un lado, y del otro, la contradicción entre los invasores imperialistas y todos los pueblos de Irak. La opresión de los kurdos de Irak y de los kurdos en los países vecinos (Turquía, Irán y en cierta medida Siria) requiere que se gane el derecho a la autodeterminación, es decir, a su propio Estado o Estados en que pueden elegir libremente sus relaciones con los otros pueblos de la región. El pueblo kurdo lleva décadas batallando contra las cadenas impuestas por esos gobiernos reaccionarios. Para colmo, los buitres imperialistas han tenido en la mira el potencial de lucrar con los recursos humanos y naturales de los kurdos. Cada uno de los países en que viven los kurdos ha obedecido a uno u otro nivel a los imperialistas, lo que quiere decir que la liberación de los kurdos requiere no sólo la unidad de los kurdos sino la unidad de todos los oprimidos en Irak, Irán, Siria y Turquía. El problema no es solamente Saddam y/o los demás gobiernos reaccionarios. El problema es el sistema imperialista y la red de relaciones reaccionarias que mantiene en el mundo y en la región.

La idea de que el gobierno estadounidense dará a los kurdos iraquíes una autonomía auténtica es un espejismo. Veamos el hecho de que el gobierno turco se le opone a la autonomía, por temor a una revuelta en el norte del Kurdistán turco. El ministro de relaciones exteriores turco advirtió que si se permitiera permanecer a los peshmergas en Kirkuk, su gobierno lo consideraría una amenaza directa a sus intereses. Hace unas semanas, este mismo señor intentó (aunque no lo logró) hacer que el parlamento aceptara la demanda estadounidense de permitir el paso por tierras turcas de sus tropas en camino a invadir Irak. A los ojos de este señor, la humillación de Turquía por los Estados Unidos es buena, siempre que su gobierno pueda participar en la humillación de los kurdos en Irak y la profunda opresión de millones de kurdos en Turquía.

La opresión de los kurdos es un pilar importante de los gobiernos turco, iraquí y iraní. El gobierno estadounidense ha hecho unas promesas a algunos políticos kurdos prominentes, pero definitivamente no quiere que el más mínimo poder caiga en manos de las masas kurdas. Los gobiernos turco y estadounidense están de acuerdo sobre una cosa: el estadounidense es el único que va a tener el petróleo y el poder político. Por eso, el gobierno estadounidense ha tratado de limitar el papel de los peshmergas en el campo militar. Les pidió “no tomar la ofensiva en los combates ni arriesgar una provocación a Turquía” (The New York Times, 21 de marzo). Obviamente, Turquía tiene importancia estratégica para el gobierno estadounidense, y éste no estará dispuesto a que el Kurdistán iraquí llegue a ser una base para impulsar un movimiento de liberación kurda en la región. No obstante, aunque los imperialistas avalaran cierta forma limitada de autonomía o aunque dividieran a Irak, no habría ninguna liberación. La única manera que el pueblo puede liberarse de toda opresión es uniéndose y cavando las tumbas de los agresores en la región.

A causa de la estrategia y las tácticas de los dos principales grupos kurdos, los kurdos no han podido desarrollar un ejército independiente y poderoso, aunque participen en un conflicto mayor. Por eso el pueblo cuenta con poco con que proteger sus intereses y no tiene un poder político verdadero. Como sabemos, tener un ejército o incluso una zona no decide la victoria del pueblo. Cada organización, independientemente de su naturaleza, se guía por una línea política e ideológica, una forma de ver el mundo y objetivos y políticas bien definidos y los métodos para alcanzarlos. A causa de la línea de estas organizaciones, los kurdos dependen completamente del gobierno estadounidense y no tienen nada propio.

El imperialismo estadounidense no puede repartir “liberación” como sacos de arroz a cada pueblo oprimido en Irak y la región. Es más, con el lema de una “liberación” falsa, amenaza con desestabilizar a otros países y subyugar más a los pueblos en la región entera. Ninguna autonomía o Estado independiente tiene ningún valor para el pueblo bajo la dominación imperialista. Para obtener su verdadera liberación, los kurdos tienen que librar una guerra contra el imperialismo, siendo la lucha por el derecho a la autodeterminación una parte de esa gran lucha y al servicio de ella. En la guerra contra el imperialismo, necesitan forjar una unidad con todas las nacionalidades y no pueden hacerlo sin un partido revolucionario, el partido de las clases oprimidas, guiado por la ideología científica de marxismo-leninismo-maoísmo que movilice a las masas revolucionarias, dirija la guerra popular y una los oprimidos de la región entera. No ha ningún otro camino con que los kurdos pueden liberarse y jugar su papel vital de liberar el mundo. Si no, con la política de esos cabecillas burgueses nacionalistas y feudales quienes buscan la “liberación” con el aval de las potencias imperialistas, las masas estarán atrapadas una y otra vez en el pantano de la rapiña imperialista. La “liberación” con la bendición de los imperialistas es simplemente un espejismo político.