Boletín N° 12 - 14 de abril de 2003
  Bombardear al mensajero

A comienzos de la guerra el gobierno estadounidense mandó despedir al reportero Peter Arnett. Su mente, sospechó, no estaba suficientemente “encamada” en la cruzada bélica estadounidense. Independientemente de los méritos y deméritos de su carrera desde el punto de vista del pueblo, las autoridades estadounidenses no confiaban en él. Durante la guerra de 1991 en Irak, Arnett desenmascaró el hecho de que un edificio destruido por las bombas estadounidenses con el pretexto de ser un centro de armas biológicas, en realidad era una fábrica de fórmula para bebés. Como periodista en Vietnam, difundió la cita, “Teníamos que destruir la aldea a fin de preservarla”, lo que llegó entonces a ejemplificar la diferencia entre lo que decía el gobierno yanqui y qué hacía en los hechos en el sudeste asiático. Los militares yanquis también han silenciado a otros reporteros de una y otra forma.

Pero eso no fue suficiente. Quizás para asegurar que obedecieran los periodistas que iban a cubrir la «liberación» de Bagdad al día siguiente, el 9 de abril dos proyectiles estadounidenses dieron en el edificio que alberga las instalaciones bagdadíes de la televisora en lengua árabe Al Jazira. Tarek Ayoub, de origen palestino, parado en la azotea del edificio, hizo tomas mientras se aproximaba el caza yanqui y los proyectiles que soltaba hasta que uno dio con él. Otro camarógrafo fue herido. Al Jazira había dado al gobierno yanqui las coordenadas exactas del GPS (posicionamiento global) para que no bombardeara su sede por accidente. No fue un accidente. Lo que supuestamente hace que esos proyectiles sean tan precisos es que se programan para dar con las coordenadas del GPS de su blanco. Bombardearon la sede de Al Jazira en Basora unas semanas antes. Los cazas yanquis bombardearon sus oficinas en Kabul en circunstancias casi idénticas el año pasado. Al Jazira es en parte propiedad de la familia real de Qatar, donde está ubicada la base del ejército yanqui más importante en la guerra. Pero el producto que promueve para el público de lengua árabe no es lo que el Pentágono quiere que vea la población.

Esa misma mañana, los televidentes de la televisora de Abu Dabai también vieron una transmisión en vivo del bombardeo yanqui de la unidad bagdadí de esa televisora.

Un poco más tarde, un tanque yanqui disparó a los periodistas en el Hotel Palestina, mató a un corresponsal de Reuters y a un camarógrafo español, e hirió a cuatro periodistas más. Diez periodistas atestiguaron el bombardeo desde el balcón del hotel y todos desmintieron la afirmación yanqui de que desde el hotel un francotirador disparaba a sus tropas. (El hotel es muy conocido como principal base de los medios informativos en la ciudad.)

Luego, el Pentágono estrenó su propia televisora en Irak. Parece que el ejército yanqui ha bombardeado deliberadamente a sus mensajeros “rivales” a fin de tener un control más absoluto sobre el mensaje.