Boletín N° 3 - 10 de febrero de 2003

  "Se acabó el juego"

"Se acabó el juego", anunció hosco George Bush un día después de que Colin Powell intentó acusar a Saddam Hussein ante el Consejo de Seguridad de la ONU. En lugar de presentar los argumentos del gobierno estadounidense y dejar que el mundo los examinara y los considerara, cuando otros gobiernos declararon no convincentes los argumentos de Powell, Bush simplemente dijo que el debate se acabó. Como un fortachón de secundaria ante la posibilidad de perder el juego, echó al aire las cartas.

Powell no presentó ninguna prueba, pero sí mucho humo. Al parecer, los argumentos contra Saddam fueron más convincentes cuando el gobierno estadounidense se negaba a divulgar la "inteligencia" en que supuestamente se basaban. Cuando por fin tuvo que presentar algo más concreto, las muchísimas dependencias de espionaje yanquis trabajaron durísimo y dieron a luz un comino.

En la primera parte de su alegato, Powell tocó audiointerceptaciones, cintas que insinúan que alguien esconde algo en Irak y que por eso Irak había mentido a los inspectores. Los bushianos en el frente interno y en el mundo las describieron como la prueba más fuerte de Powell, y no es por casualidad que abriera su alegato con ellas. Si ocultar evidencia y mentir a la ONU fuera un crimen, para citar un ejemplo, el primero en ser juzgado por ello sería George Bush padre, quien como embajador yanqui ante la ONU se paró ante la Asamblea General y a sabiendas mintió, negando que el gobierno estadounidense tenía un papel en el golpe de Estado que derrocó al presidente chileno Salvador Allende y dejó a miles de muertos.

En la segunda parte, Powell hizo lo que los fiscales a menudo hacen cuando no tienen pruebas: cambian el cargo. Abandonó el alegato anterior, desacreditado por las inspecciones sin resultados, de que Irak fabrica hoy armas químicas y biológicas. Simplemente argumentó que Irak las había fabricado en el pasado. Desde luego, el propio gobierno estadounidense (incluido, en especial, su compadre Rumsfeld) es culpable de suministrar a Irak ántrax y otros horrores en los años 1980, cuando apoyaba a Saddam contra Irán. Al parecer, el secretario de Estado de Bush no se percató de esta ironía mientras mostraba un frasco de ántrax que fue fabricado en un laboratorio de armas biológicas en los Estados Unidos para su propio ejército, al igual que el ántrax que mató a los trabajadores postales y otras personas en los Estados Unidos en un incidente misterioso que la administración Bush ha trabajado fuertemente por no investigar. Powell hizo el argumento hipotético de que si Irak hubiera continuado fabricando tales materiales desde ese entonces, hoy tendría en mano hasta medio millón de toneladas de ellos. De nuevo, el crimen de Irak es el hecho de que los inspectores no hallaron nada.

En la tercera parte, supuestamente para presentar algo nuevo, Powell dijo que la presunta presencia de algunos 20 integrantes de al-Qaeda en Irak era evidencia de la confabulación entre Saddam Hussein y ese grupo. Si eso fuera un crimen, el gobierno de Bush chico también sería culpable porque ha acusado a docenas de personas de operar células de al-Qaeda en territorio estadounidense: Florida, Pensilvania y otros estados. Al parecer, aunque los organismos de inteligencia identificaron a varios de ellos, éstos podían entrar y salir de los Estados Unidos cuando querían y operar sin problema, al igual que los "sospechosos" de al-Qaeda de Powell en Irak. Quizá un día un tribunal descubrirá por qué los servicios de espionaje yanquis estaban tan determinados a no impedir un complot del que tenían repetidas advertencias previas. Aun ahora, si analizáramos los sucesos del 11 de septiembre según el principio investigativo de "¿quién se beneficia"?, sería mucho más razonable sospechar de la participación de Bush en el desastre de las torres gemelas que de Saddam.

A diferencia del embajador bushiano por la ONU, Negroponte, quien estaba a cargo de las redadas de terror contra civiles en Nicaragua durante la guerra secreta de Reagan contra el gobierno sandinista en los años 1980 y a diferencia de los jefes de varios Estados vecinos aliados hoy con los Estados Unidos para la guerra venidera, hasta ahora al menos nunca se ha acusado en serio a Saddam de participar en lo que los Estados Unidos llama "el terrorismo patrocinado por el Estado". El jefe de la CIA, George Tenet, tuvo que estar al lado de Powell en la ONU, no porque estaba de acuerdo con lo que Powell decía, sino porque sus empleados han dicho a la prensa desde hace un tiempo que las declaraciones de Bush y Powell no tienen fundamento y son ridículas.

La credibilidad yanqui y británica cayó a un abismo más profundo cuando se descubrió que el reciente informe del gobierno inglés, "Irak: Su infraestructura de encubrimiento, decepción e intimidación", que Powell citó como un "excelente análisis" en su discurso ante la ONU, no describe los "detalles actuales de la red iraquí de inteligencia y seguridad". Más bien, recortaron y combinaron plagios de otras fuentes por lo que cualquier estudiante universitario sería expulsado. La primera parte se plagió de tres artículos publicados en revistas en 1997 y 2002, y una buena parte de la segunda es de una tesis escrita por un estudiante californiano en 1991, que sus compañeros describieron como "chapucero" y sin ningún derecho a hablar de fuentes originales.

Aun después de que eso salió a la luz, los voceros de Blair dijeron que, no obstante, el informe era "acertado" y "sólido". Pero tomar algunas cosas acerca de Irak que hacía 12 años tal vez eran ciertas o no eran ciertas y presentarlas hoy como hechos es una mentira. A diferencia de Saddam, los gobiernos yanquis e inglés han estado agarrados en flagrancia. ¿Por qué se debe creer que el informe de Powell es más "acertado" y "sólido"? Aunque las fotos y las grabaciones son reales (lo que es una gran suposición), ¿cuándo se produjeron? En cosa de días, Irak hizo objeto de burla a las fotos presentadas por Powell: llevó a unos corresponsales extranjeros a ver el lugar de pruebas de los proyectiles, una fábrica y unos camiones cuya existencia dijo que probaba tanto, y que en los hechos no probó nada en absoluto.

Se ha dicho repetidamente, con razón, que el que Saddam Hussein "diga la verdad" o no es un engaño, un pretexto para lanzar una guerra que Bush está determinado a lanzar a como dé lugar. Pero también es verdad que los verdaderos "amos del engaño" están en la Casa Blanca y en la Calle Downing... y en los palacios presidenciales y los venerables salones donde los líderes de otros gobiernos se fingen otra cosa.

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