Boletín N° 3 - 10 de febrero de 2003

  "Al fin del día"

El gobierno estadounidense ha tratado una propuesta de último momento de Francia y Alemania para evitar la guerra como el equivalente diplomático de una emboscada. Bush, su alto sacerdote, Colin Powell, y su verdugo, Donald Rumsfeld, respondieron con casi tanta hostilidad como si se les hubieran disparado a sus convoyes. Washington acusó Francia de "obstrucción sistemática" de sus preparativos de guerra. No obstante la oposición europea a los planes de guerra estadounidenses, si bien un golpecito bienvenido a la máquina de guerra yanqui, también representa una trampa potencial para muchas fuerzas antiguerra. Es importante no dejar que nos adormezcan o engañen. Hay un grave peligro de que al fin del día el resultado sea un compromiso que le dé al gobierno estadounidense lo que la prensa británica llama una "resolución de hoja de parra" de la ONU.

Aunque tal resolución no autoriza expresamente la guerra, permite que los Estados Unidos diga que tiene el aval de la ONU. Tony Blair, en particular, busca con desesperación esa opción, esperando que divida y confunda a la oposición popular contra la guerra en Inglaterra. Y también puede permitir que los gobiernos de la mayoría del Consejo de Seguridad de la ONU que se han opuesto a la guerra, vayan con la corriente o hasta participen en ella.

La contrapropuesta a la invasión planeada por los Estados Unidos, hoy apoyada por los miembros del Consejo de Seguridad Francia, Alemania, Rusia, China y otros países, triplicará el número de inspectores de la ONU y enviará aviones de espionaje de Francia y Alemania, entre otros países, para realizar una vigilancia aérea permanente a Irak, en combinación con un embargo más estricto sobre cualquier cosa que pudiera tener una posible aplicación militar. Miles de tropas de la ONU se estacionarían en todo el país. El propósito declarado es dejar a Irak impotente y asegurar que siga así. Como el cotidiano inglés The Independent señaló, el propio plan reduciría a Irak a un "protectorado de la ONU".

En este contexto, el gobierno estadounidense no pudo haberse desanimado más acerca de lo que los inspectores llamaban "el comienzo de un cambio de parecer" de Irak... a cooperar más con las demandas de entregar documentos y de hacer entrevistas a puertas cerradas a científicos iraquíes. Aunque la semana pasada Bush dijo que el único problema de importancia era si la ONU apoyara el desarme de Saddam Hussein o si su gobierno y el británico tuvieran que hacerlo por su cuenta, Rumsfeld, de visita a las líneas del frente diplomático de Europa, montó una contraofensiva de emergencia yanqui en el campo enemigo. Dijo sin pelos en la lengua al cotidiano francés Le Figaro que se ignoraría la propuesta franco-alemana porque "Saddam tiene que irse".

En otras palabras, Bush y Cía. están resueltos a invadir y ocupar a Irak, y no aceptarán nada menos. A eso es exactamente a lo que Francia y Alemania se oponen. Por eso hasta han llamado a enviar fuerzas "de paz" de la ONU a Irak, lo que prevendría una ocupación yanqui. Las potencias europeas no se oponen a que las grandes potencias le digan a Irak qué hacer, ni les preocupa mucho el horrendo costo humano potencial de la guerra. Están molestas porque mediante la ocupación y el mayor control del Medio Oriente y del petróleo, los Estados Unidos podría decirle a ellas qué hacer. Y les inquieta que tal guerra podría provocar un desastre para las potencias occidentales, tener efectos negativos en el campo de batalla y generar consecuencias políticas peligrosas, en especial en la población de Europa. No obstante, ninguna maniobra diplomática hará que los Estados Unidos se desvíe del curso que ha elegido, y ante una guerra encabezada por los Estados Unidos, gústele o no, las potencias europeas podrían aceptar cierto arreglo de la ONU que les salve las apariencias mientras dejan que los Estados Unidos siga adelante con su plan criminal.

Si bien no es un asunto chistoso, daría risa oír que Rumsfeld tratara de meter a Alemania en la misma categoría que Libia y Cuba: "los países que han dicho no harán nada... Eso no ayudará en nada". En su discurso en Roma, Rumsfeld remarcó que Alemania tendría tanta oportunidad como esos dos países para participar en el reparto del botín en el Irak de la posguerra... o sea, ninguna oportunidad en absoluto. Entretanto, ante el senado estadounidense, Powell explicó que esos países no tendrán una oportunidad de ser parte de un "Irak diferente", "donde su riqueza, su petróleo, se usará para fines constructivos, no destructivos" y se pacificará a toda la región, incluso a los palestinos.

En los hechos, Alemania hace mucho en apoyo a la guerra, ante todo pacificando a su propia población, en que hay una amplia oposición a ella. Muchos miles protestaron cuando Rumsfeld fue a Munich. Y deja que los Estados Unidos use su territorio como avanzada para organizar la invasión a Irak. Sus fuerzas armadas se formaron para proteger su frontera, y sus tropas tienen poca capacidad de despliegue rápido y los aviones de transporte no son los adecuados. Hoy, no tiene los medios militares requeridos para ayudar más directamente a los Estados Unidos, salvo de una manera simbólica. (No obstante, el apoyo simbólico es importante, y por ello ha habido tanto debate acerca de la minúscula unidad armada alemana en Kuwait y si luchará o no.) En cuanto a Francia, se informa que su portaaviones nuclear ahora realiza ejercicios conjuntos con la armada yanqui en aguas mesoorientales. Y trabaja día y noche para equipar a su fuerza aérea con comunicaciones y otros aparatos que la harían compatible con los cazas yanquis. En 1991, después de dar la apariencia de oposición, los aviones avanzados y tropas franceses jugaron un papel importante al lado de los Estados Unidos e Inglaterra en la primera guerra del Golfo. Ha dicho explícitamente que no descartaría participar en la guerra.

El gobierno francés ha tenido una posición deliberadamente ambigua hacia una invasión encabezada por los Estados Unidos. Remacha que a pesar de sus diferencias, sigue siendo un aliado íntimo de los Estados Unidos. Aunque se adjudicó la idea de reforzar las inspecciones, sus voceros describieron lo que Alemania presentó como una "propuesta", como una mera "idea", dejándole suficiente margen de maniobra para poder abandonarla sin perder mucho respeto propio. Parece que la posición básica de Francia es que podría ir con los Estados Unidos si se siente que sea necesario, pero piensa conservar sus opciones y maniobrar por posiciones hasta el último momento al igual que en el curso mismo de la guerra.

Cuanto más se aproxima la guerra, más se inquietan ciertas fuerzas imperialistas de dentro y de fuera de los Estados Unidos de que tal vez la guerra no se desenvuelva fácilmente, y parece que una guerra fácil es lo único que los Estados Unidos está preparado para librar ("seis días o seis semanas, no seis meses", según Rumsfeld). Ese factor podría tener una interpenetración dinámica con la oposición a la guerra, una tendencia tan fuerte que la edición europea de la revista Time informó en su página web que en una encuesta más del 80% de los lectores consideran que George Bush es una amenaza más grande al mundo que Saddam Hussein.

No hay ningún lugar en el mundo a que pueden ir tropas yanquis donde el odio en su contra sea más profundo que en Irak y el Medio Oriente. Los británicos no pudieron someter a las masas iraquíes en el pasado cuando era su colonia. Israel arrasó a las fuerzas armadas libanesas y ocupó el sur del Líbano, pero no pudo someter a la población. Palestina no se ha dejado aplastar a pesar de más de medio siglo de vil ocupación. Los Estados Unidos destinó más recursos y vidas en Vietnam de lo que está dispuesto a pagar en Irak; en ese entonces, causó más de un millón de muertos en la población, pero al final fue expulsado. Saddam Hussein es ningún Ho Chi Minh. No obstante, sería dejarse engañar pensar que la situación se reduce a un conflicto entre George Bush y Saddam Hussein.

Después de una semana de reuniones de la ONU y dimes y diretes diplomáticos, un vendedor de periódicos marroquí dijo: "No importa qué digan los unos acerca de los otros, al fin del día se estrechan la mano y todos se sientan a comer a la misma mesa". Y agregó que el plato fuerte del festín de los ricos es siempre lo mismo: los condenados de la tierra y, en este caso, las masas de Irak y del Medio Oriente.

Todas las potencias imperiales, grandes y pequeñas, están resueltas a unirse al festín. Lo que pasa es en gran medida un debate acerca de qué parte del botín le toca a cada quién. No obstante, hay otro elemento: el temor en los gobiernos de muchos países de que el odio y la feroz resistencia de los pueblos de todo el mundo pueden hacer que se atraganten los Estados Unidos y/u otros participantes en el festín.

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