Boletín N° 168 - 24 de julio de 2006
  Mumbai, India: Los bombazos y los problemas básicos

De nuevo las masas indias vivieron una pesadilla cuando el 11 de julio los siete bombazos simultáneos dieron contra los trenes de Mumbai (antes Bombay). Irónicamente, aunque el gobierno, los políticos y los periodistas prominentes han armado mucha alharaca, no consideran la cantidad de muertes de mucha importancia en esta parte del mundo. En pocas ocasiones se toma en cuenta la vida de un ser humano a menos que sea de un aristócrata, o de un feudal o gran burócrata. Murieron más de 180 pasajeros; muchos más resultaron heridos. Muchas personas perdieron a un hijo o a una hija, a una esposa o un marido, a un amigo, a un vecino o a un pariente. Una ola de conmoción y pesar se extendió por todo el subcontinente. Los sentimientos de pánico, incertidumbre, frustración y coraje se apoderaron de gran parte de la sociedad.

Los bombazos sembraron terror, pero la reacción del gobierno aterroriza a la región entera. El "terrorismo transfronterizo" ha sido el principal lema de cada gobierno con la suerte de ocupar los puestos en los gobiernos bendecidos por el imperialismo. Tras las explosiones, el gobierno rápidamente acusó a Pakistán, no necesariamente al gobierno paquistaní sino de haber cobijado a los autores. El primer ministro indio Manmohan Singh dijo: "Estamos seguros de que... elementos del otro lado de la frontera instigaron, inspiraron y apoyaron a las células terroristas". La policía india dijo que se han hallado grandes cantidades de explosivos en diferentes partes del país. En Katmandú, Nepal, el gobierno arrestó a algunos paquistaníes y los acusaron de tener lazos con las explosiones. Se teme con fundamento que el Estado indio de nuevo podría desatar una campaña de violencia, muerte y destrucción en muchas partes del país o en el vecino Pakistán, o contra las masas de Nepal y Bangla Desh.

Muchos reaccionarios prominentes piden que India sigan el ejemplo de Estados Unidos, de librar agresiones contra Afganistán e Irak en la dizque "guerra contra el terrorismo". Por eso, quieren decir que el Estado indio debería tomar medidas semejantes contra Pakistán o Cachemira. Los diarios azuzaron una cacería de musulmanes en la India y llamaron a la policía a tratarlos como sospechosos. La policía de Mumbai y otras partes de la India ha tomado medidas contra la comunidad musulmana. Detienen e interrogan a hombres con barba y gorra musulmanas.

Los habitantes de Cachemira han estado en rebelión desde que el gobierno indio envió su ejército a ocuparla y suprimir su derecho a la autodeterminación. Hoy, la India tiene a 70.000 soldados de ocupación en Cachemira. Ha librado muchas guerras con Pakistán. Hace unos años, libró una guerra en Kargil y una y otra vez ha amenazado con atacar a Pakistán. Ha fraguado muchas justificaciones. Y una y otra vez, sus gobernantes se declaran defensores de la paz. En los últimos años se estableció, como parte de un llamado proceso de paz, un diálogo al nivel de los secretarios de relaciones exteriores. Tras los bombazos, este proceso se vendrá abajo. El forcejeo y las guerras entre la India y Pakistán son lo mismo que se da entre señores de la guerra; en los hechos, estos gobiernos constan de señores de la guerra. Las llamadas charlas de paz que sostenían en los hechos no tuvieron ninguna agenda de paz.

Además, los esbirros indios como Narendra Modi, la cabecilla del estado de Gujarat, una y otra vez han desatado un terror contra los musulmanes. El gobierno indio ha tolerado los innumerables pogromos contra los musulmanes. Ni el gobierno indio ni el paquistaní resuelve los verdaderos problemas del pueblo.

Los bombazos eran actos contra el pueblo, sin importar quién los cometiera, sea la organización fundamentalista religiosa islámica Lashkar-e-Toiba, tal como algunas autoridades indias dicen, u otros reaccionarios con distintos motivos. Pero la causa básica es una situación que inevitablemente gesta violencia de toda clase, el sistema social y Estado indios, y su política hegemónica en la región.