Boletín N° 17 - 19 de mayo de 2003
  El derecho de autodeterminación es la única solución para Cachemira

El primer ministro paquistaní, Zafarullah Khan Jamali, se entrevistó por 20 minutos con el primer ministro indio, Atal Bahari Vajpayee, a comienzos de mayo. Acordaron reanudar relaciones diplomáticas y al menos reunirse con vistas a resolver problemas de vieja data entre los dos países, entre ellos el conflicto en Cachemira. Decidieron reanudar el servicio aéreo y de autobuses entre los dos países, y como gesto de conciliación Paquistán liberó a algunos pescadores indios detenidos en una disputa territorial. Las clases medias y altas surasiáticas han alabado con entusiasmo este paso hacia el entendimiento mutuo entre los dos países nucleares. Es más, los informes periodísticos indican claramente que las masas de ambos países quieren paz y estabilidad en la región ya.

La situación cambió después de que Richard Armitage, subsecretario de Estado norteamericano, fue a Islamabad y unos días más tarde, a Nueva Delhi. Celebró “discusiones sobre una amplia gama de temas” con las autoridades paquistaníes e indias. Independientemente del contenido de las discusiones, se puede decir con certeza que su visita desvió la atención de la ocupación de Cachemira. Por ejemplo, dijo: “India también tiene problemas torales, y tal vez su problema toral no sea exactamente Cachemira. Desde su punto de vista, tiene que ver con qué dirían que era la persistente hostilidad de Paquistán dirigida hacia la India”. Eso da a entender abiertamente que al gobierno estadounidense no le preocupa la ocupación india de Cachemira.

Las autoridades paquistaníes dan a entender que tienen un plan para Cachemira. El 13 de mayo, la revista virtual Rabi-ul-Awwal dijo que el primer ministro paquistaní, Jamali, “ha hecho su plan, que partirá de los problemas pequeños y [se pasará] a la solución de Cachemira”. Se dice que esa “solución” será una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU para celebrar un plebiscito en la Cachemira ocupada bajo la supervisión de la ONU de modo que los habitantes de Cachemira puedan expresar sus deseos de unirse a la India o a Paquistán.

En este contexto, ¿podemos esperar que el imperialismo y el expansionismo indio solucionen el problema de Cachemira? ¿Cuáles son las verdaderas contradicciones y sus soluciones? ¿Existen bases históricas y materiales para que el pueblo de Cachemira acepte el orden existente?

El gobierno indio dice que Cachemira siempre ha sido una parte integral de su territorio. Pero ésa no es la verdadera historia de lo que la India llama hoy su estado de Jammu y Cachemira. Antes de que los británicos abandonaran la India, Cachemira era un país separado, gobernado por el rey cachemiro; el último rey fue Maharaja Hari Singh. Justo después de la división de Hindustán en India y Paquistán y la “independencia” de 1947, el pueblo cachemiro, que es musulmán en su mayoría, se rebeló contra el rey feudal hindú. Se pareció a un choque hindú-musulmán, pero la realidad histórica es que la minoría cachemira hindú, conocida como pandits cachemiros, oprimía a la mayoría musulmana y cuando ocurrió la expulsión del imperialismo británico, el pueblo cachemiro quería liberarse de la dominación feudal. El rey cachemiro pidió la ayuda de la India para reprimir a las masas.

El gobierno indio aprovechó las debilidades del país y bajo Nehru amarró un acuerdo fraudulento con el rey de Cachemira. En cuanto el monarca cumplió las tres condiciones –que la seguridad, las comunicaciones y el suministro de alimentos permanecieran en manos del ejército indio por la duración de la guerra–, el ejército indio rápidamente ocupó posiciones en Cachemira y combatió contra los rebeldes apoyados por Paquistán. Este conflicto interno en 1947-48 llegó a ser una guerra entre la India y Paquistán.

Luego, vino la represión de los rebeldes cachemiros. Como la seguridad, las comunicaciones y el suministro de alimentos ya estuvieron en manos del ejército indio, éste no tardó en usurpar el poder del rey. En 1948, Maharaja Hari Singh se dio por vencido a la India, a condición de que el estado de Jammu y Cachemira retuviera autonomía en todos los rubros excepto la seguridad, la moneda y los asuntos extranjeros. Los combates entre India y Paquistán terminaron con la intervención de la ONU en 1948. El Grupo de Observadores Militares de la ONU sobre India y Paquistán supervisó la línea del cese al fuego, pero la guerra no declarada continuó hasta 1949. Una tregua acordada mediante la mediación de la ONU duró hasta 1954.

A pesar de un enorme movimiento antiimperialista en el subcontinente, la traición del reaccionario régimen feudal en Cachemira, la falta de claridad política en los grupos rebeldes y la debilidad del movimiento revolucionario en India generaron una situación política en Cachemira en que la lucha no fue capaz de derrocar al régimen cachemiro ni impedir la agresión india. A su vez, tampoco pudo salvaguardar la integridad nacional. Por último, con la mediación de la ONU, los dos países dividieron el país y lo anexaron: la parte más grande para India y la más pequeña para Paquistán. Tal fue la tragedia de una lucha de las masas que no estaban preparadas ideológica y políticamente.

Pero la lucha del pueblo no cesó a pesar de la división de su país. “Donde haya opresión, habrá resistencia”, dijo Mao. La lucha del pueblo en Cachemira continuó, llevando al estallido de una segunda guerra entre India y Paquistán en 1965-66. Al final, los dos países firmaron un acuerdo para continuar las negociaciones y observar las condiciones del cese al fuego. Pero eso no pudo solucionar los problemas principales del pueblo cachemiro, que siguió resistiendo. India y Paquistán firmaron la Declaración de Lahore en 1999, y se celebró la cumbre de Agra en India en 2001, pero una vez más, ninguna de estas cumbres de los dos gobiernos trató los problemas del pueblo cachemiro.

Debido a esos factores históricos –que India representaba la ocupación de Cachemira y el pueblo cachemiro se oponía a la ocupación, que India representaba la represión y Cachemira representaba una resistencia resuelta contra la brutalidad india–, no se puede atenuar la hostilidad elaborando algunos mecanismos pragmáticos entre India y Paquistán, ni se puede resolver con la mediación de ninguno de los depredadores. A su vez, no existe ninguna base material para que el pueblo cachemiro haga las paces con India. En los hechos, no rige ninguna autonomía en Cachemira e India es un Estado reaccionario. En este contexto, el punto primordial del orden del día para solucionar el problema de Cachemira es la consecución de un Estado libre, la liberación total de la hegemonía india, para que el propio pueblo cachemiro pueda decidir su futuro. Hacia ese fin, India tendrá que retirar su ejército de más de 40.000 elementos de Cachemira, retirar sus burócratas indios y abandonar todo el control detentado desde 1948. ¿Puede constituir el imperialismo norteamericano una voz auténtica a favor de los intereses del pueblo cachemiro? Cualquier iniciativa seria para resolver los problemas entre India y Paquistán tendrá que centrarse en la resolución de este asunto histórico. Mientras que la naturaleza de India y Paquistán no cambie, su relación con el pueblo cachemiro tampoco cambiará.

El nudo del problema es lo siguiente: la dominación india impide que el pueblo cachemiro asuma políticamente su propio futuro y ha trabado el desarrollo general a favor del pueblo. El gobierno indio ha destruido la infraestructura cachemira a nombre de exorcizar a los rebeldes que tacha de “militantes paquistaníes”. Hoy, las opciones parlamentarias burguesas ya son obsoletas. Aunque India aceptó al principio la propuesta autonomía de Cachemira, con el paso de los años fue arrebatándola. Reprimió brutalmente al pueblo cachemiro que exigía sus derechos y hasta mató, torturó y violó. El Estado indio trató al pueblo cachemiro como la población de un Estado ocupado. Ha forzado a los jóvenes a vivir en el paro económico y político o empuñar los fusiles contra la ocupación india.

Es obvio que lo que han hecho las autoridades indias y paquistaníes no es resolver sino pretender atenuar los verdaderos problemas del pueblo cachemiro. Al mismo tiempo, la llamada comunidad internacional, que siempre toma partido con los reaccionarios burgueses y se opone a los oprimidos, nunca puede representar un núcleo de esperanzas para los derechos del pueblo. Por ejemplo, en el caso de los que tienen ojos para ver, en la historia la ONU no podía jugar un papel constructivo para el pueblo cachemiro cuando intervino en 1948 y 1956. Cuanto más crecía la lucha, más las clases dominantes indias perpetraron mayores conspiraciones, que llegaron a ser un instrumento para dominar al pueblo. El poder y el apoyo y simpatía popular que se haya ganado el pueblo cachemiro, lo ha ganado mediante la lucha.

La demanda de algunos grupos cachemiros de anexionar Cachemira a Paquistán no llevará a una solución adecuada. La única diferencia entre la anexión a India o a Paquistán es la religión dominante en los dos países. Una base religiosa jamás puede constituir una base correcta para resolver los derechos del pueblo.

En la situación política particular de Jammu y Cachemira, el pueblo debe obtener un país separado, con el poder soberano en sus propias manos. A Paquistán, India y Estados Unidos, que han estado jugando a fútbol sobre la espalda del pueblo cachemiro: ¡Fuera las manos! La meta inmediata para el pueblo cachemiro es obtener un Estado separado gobernado por el pueblo cachemiro, no por indios ni nadie más. Ése constituirá un paso hacia su emancipación de toda la dominación y explotación en unidad con los pueblos del sur de Asia y del mundo.