Boletín N° 26 - 21 de julio de 2003
  Las armas de destrucción masiva israelíes
y las mentiras de Estados Unidos, Inglaterra e Israel

Israel está castigando a la BBC por emitir un programa sobre las armas nucleares y químicas del gobierno sionista. Las autoridades israelíes estaban muy furiosas por un avance de la emisión, que mostraba imágenes del reactor nuclear de los sionistas en Dimona (construida en 1965) y su planta de armas biológicas en Nes Tizona, en que un narrador preguntaba: “¿Qué país en el Medio Oriente no ha declarado las armas nucleares y biológicas que posee?”.

La situación no atrajo mucha atención fuera de Israel hasta mediados de julio, cuando el primer ministro israelí hizo que los guardias impidieran la entrada a un corresponsal de la BBC a una rueda de prensa durante la visita de Sharon a Londres. El propósito de las medidas de Israel contra la BBC es dificultar o imposibilitar que envíe corresponsales y técnicos a informar desde Israel cada año. Israel les restringirá los permisos de trabajo y credenciales de prensa, y sin la intervención del gobierno, la BBC ya no podrá pasar los controles del ejército israelí que acordonan las comunidades palestinas. No les permitirá a los funcionarios israelíes dar entrevistas a la BBC.

En Israel, se sacó al Servicio Mundial de la BBC de los canales de cable privados por algunos meses. Ya no está disponible para la mayoría de los suscriptores. Según el The Guardian de Londres, al gobierno israelí le molesta que se puede evadir la censura sintonizando las emisiones radiales de onda media desde el extranjero. Al anunciar las nuevas restricciones contra la BBC, el vocero del gobierno israelí, Danny Seaman, advirtió: “No se ha descartado la posibilidad de expulsar a todos los corresponsales de la BBC”.

Seaman alegó que el programa de la BBC “contiene afirmaciones falsas ridículas”. Pero la emisión de la BBC sólo le contó a millones de espectadores en todo el mundo hechos que han conocido (y confirmado) científicos, diplomáticos, académicos y cualquiera que en los últimos años, se haya interesado en el asunto.

La información del programa sobre las bombas nucleares israelíes no fue una primicia, aunque agregó nueva información sobre las armas químicas israelíes, como una historia del posible uso de gas paralizante por parte de los israelíes contra los palestinos en la Gaza en febrero de 2001.

Las bombas nucleares de Israel son un secreto a voces. Pero Israel quiere prohibir que se hable de eso. “Prohibir” no es una exageración. Aunque Israel empezó su programa nuclear a mediados de la década de 1950 con la ayuda del gobierno francés y la aprobación de todos los presidentes norteamericanos desde entonces, esos gobiernos hicieron que no se conociera. En 1986, Mordechai Vanunu, un técnico israelí, traspasó ese muro protector de secretos yendo a las oficinas del Times de Londres con fotos y su propia descripción de primera mano de la planta de armas nucleares de Dimona en el desierto Negev, donde había trabajado.

El enfurecido gobierno israelí secuestró a Vanunu y lo llevó a Israel para un juicio secreto. Lo sentenció a 18 años de prisión por traición. Lo mantuvo en confinamiento solitario más de una década, en flagrante violación del derecho internacional. Desde entonces, se le ha permitido tener visitas de familiares y contacto con otros prisioneros a cambio de comprometerse a no decir nada más sobre las armas nucleares israelíes. Algunos periodistas dicen que así, Israel busca intimidar a otras potenciales filtraciones de la población israelí. Vanunu no tiene más que decir, ya que los hechos básicos sobre Dimona salieron a la luz hace mucho tiempo. Aún está preso, a pesar de la exigencias mundiales para su liberación y de sus nominaciones al premio Nobel de la paz por parte de los académicos escandinavos y de otros países.

Un repaso de los números anteriores de revistas científicas como el Bulletin of Atomic Scientists [Boletín de Científicos Atómicos] y el sitio en la Internet de la Federación de Científicos Norteamericanos [FCN] muestra que lo que el vocero israelí llamó “declaraciones falsas ridículas” están bien sustentadas en hechos documentados. Por ejemplo, en 2000 la FCN publicó en su sitio de Internet un análisis de fotos satelitales de la planta de Dimona y otros datos. Dijo: “A partir de los límites superior e inferior estimables de las prácticas operacionales del reactor, Israel podría haber producido suficiente plutonio para al menos 100 armas nucleares, pero probablemente para no mucho más de 200”.

Tras lo de Vanunu, da escalofríos saber que las autoridades israelíes “quieren interrogar” al escritor israelí Avner Cohen, exiliado actualmente en los Estados Unidos, por denunciar en su libro Israel y la bomba la política de Washington de hacerse el de la vista gorda ante el programa nuclear israelí?

El momento del ataque israelí contra la BBC es significativo. El gobierno israelí se había enojado antes con la BBC, en especial por un programa televisivo de 2001 que sugería la posibilidad de juzgar a Sharon por crímenes de guerra debido a su papel en la masacre de civiles palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila durante la invasión israelí al Líbano en 1982. Pero en ese entonces, no rompió públicamente con la BBC. Cuando en marzo de 2003 se emitió en Inglaterra el programa, “El arma secreta de Israel”, no hubo una reacción pública del gobierno israelí. Luego, el 27 de junio de 2003, soldados israelíes asesinaron a James Miller, un periodista británico que trabajaba para la BBC y para canales norteamericanos y canadienses, mientras éste filmaba una incursión al campo de refugiados de Rafa en la Gaza. Cuando la BBC presentó el programa en el Servicio Mundial al día siguiente, Israel reaccionó lanzando un fuerte ataque público y oficial en su contra.

El ataque israelí contra la BBC no se trata sólo de sus secretos mal guardados. Israel quiere impedir que los gobiernos británico y estadounidense sientan mayor vergüenza si se ventila en público lo de sus armas nucleares, en un momento en el que la indignación contra la estafa de Bush y Blair sobre las armas de destrucción masiva es un punto débil potencialmente serio para ambos.

El asunto pone al descubierto lo que verdaderamente guía la política norteamericana hacia el Medio Oriente. Israel no “ha secuestrado” la política exterior estadounidense, como alguna gente puede pensar. Estados Unidos ha mentido (por omisión) durante los últimos 50 años fingiendo que Israel no tiene armas de destrucción masiva. Necesita a Israel para que le ayude a controlar la región y lo ha armado hasta los dientes para ese propósito. Israel no hubiera podido destinar nunca los recursos requeridos para su programa de armas nucleares si no estuviera seguro de recibir el masivo e incesante apoyo militar proporcionado por Estados Unidos, que hoy asciende a más de 3 mil millones de dólares por año. Bush y Blair mintieron al afirmar que Irak tenía tales armas con el fin de justificar una invasión concebida para dar a Estados Unidos un control más directo y completo en la región con una colaboración importante de Israel.

El verdadero “eje del mal” lo encabeza Estados Unidos; Inglaterra es el socio menor e Israel, el perro guardián. Eso, en esencia, es de lo que trata el escándalo sobre el programa de la BBC.