Boletín N° 121 - 25 de julio de 2005
  Una bala en la nuca: Blair responde al terrorismo prometiendo más asesinatos en el mundo y en el frente interno

El contenido del "nosotros" en las últimas dos semanas de la propaganda política británica y de las declaraciones moralizantes de Tony Blair acerca del "mal en medio de nosotros" se ilustró con las ocho balas de una pistola semiautomática el jueves 22 de julio. La policía londinense mató en la estación Stockwell del metro a Jean Charles de Menezes, un electricista brasileño de 27 años, que estaba en camino al trabajo, porque no cumplió con las normas de blanquitud y por vestirse un abrigo. En el mundo real, el "nosotros y ellos" eran "nosotros" las autoridades y la clase dominante británicas, y "ellos", la gente del pueblo.

Supuestamente, la policía vigilaba un departamento y siguió a Jean Charles cuando partió al trabajo esa mañana; luego, algunos agentes de civil fueron sobre él cuando brincó el torniquete. Lo persiguieron por el andén y a un tren. "Lo empujaron al suelo y le pegaron cinco balas. Era como un animal arrinconado. Estuvo petrificado", dijo un testigo.

Mintieron tras asesinarlo. Dijeron que era "un íntimo cómplice de la célula" que perpetró los bombazos en el metro el día anterior y que los agentes le ordenaron detenerse. La primera afirmación quedó al descubierto como falsa, al igual que la segunda cuando los transeúntes testificaron que los agentes no dijeron nada mientras lo perseguían, no más le dispararon ocho veces, siete en la nuca.

Así se concentra la forma en que las autoridades tratan a los jóvenes de las minorías y de la clase obrera en general y lo que son capaces de hacer en gran escala. No se puede decir que tengan ideas delirantes las personas del sur de Asia, del Medio Oriente y de otras partes del mundo que dicen que temen los maten. Los agentes eran integrantes de una unidad de élite de armas de fuego y no unos novatos apanicados. El jefe de policía, Ian Blair, dijo que "lamentaba profundamente" el error, pero afirmó que era "muy posible" que los agentes volvieran a balear a otras personas en el futuro y que los habitantes de Londres no más deberían acostumbrarse a ello.

Las máximas autoridades lo llamaron una "tragedia", como si fuera un accidente y no asesinato. El alcalde londinense, Ken Livingstone, que vinculó los bombazos anteriores a la participación británica en la guerra contra Irak, salió en defensa de los agentes. Dijo que "hicieron lo que consideraban necesario para proteger la vida del público". . . como si Menezes no fuera parte del público con el derecho a vivir.

La realidad de la "guerra contra el terrorismo" angloyanqui se reventó en las calles de Londres con uno tras otro horror en las últimas dos semanas. El 17 de julio, cinco días después de los bombazos en que murieron al menos 56 personas y resultaron heridas docenas más, la policía metropolitana identificó a cuatro británicos, de 19 a 30 años, como los suicidas fundamentalistas islámicos que supuestamente detonaron las bombas en un autobús y en tres convoyes del metro. El 20 de julio, cuatro hombres intentaron detonar bombas, de nuevo en un autobús y en tres convoyes del metro, pero sólo se prendieron los detonadores y no hubo fatalidades.

Blair y sus ministros siguen remachando que decir que los bombazos tengan relación con la guerra en Irak y Afganistán "sólo da apoyo a los terroristas" y que casi equivale a la "traición". Como tronó el Sunday Times : "le da a los terroristas una justificación a que adjudicar sus atrocidades". Antes de la guerra en Irak, Blair se esmeró en legitimar la guerra según el derecho internacional y la justificó con el argumento de que protegía a la ciudadanía británica del inminente peligro de las armas de destrucción masiva del gobierno de Saddam, que decía podrían dar con Inglaterra en 45 minutos. Eso fue una mentira sin tapujos.

Ahora se ha derramado sangre en las calles de Inglaterra, pero no de parte de los esbirros de Saddam ni de agentes de Al Qaeda de Arabia Saudita o Maruecos, tal como se justificó en los bombazos madrileños, ni, en una palabra, de parte de nadie contra el cual Blair había advertido, sino de parte de unos hombres nacidos y criados en las calles de la propia Inglaterra, o según un comentarista: "hombres jóvenes a los cuales les gustaba jugar al críquet y que trabajaban en la pescadería local".

¿Cómo pudo pasar? Los ministros se apresuraron a distanciarse de toda culpa en el baño de sangre de Londres y canalizaron la ola de furia y rechazo que recorrió las calles contra lo que Blair llamaba "la vil ideología" y las "ideas primitivas" del "extremismo islámico". De labios para fuera el gobierno y los medios informativos defendían la sociedad "pluricultural" de Inglaterra, pero ante las cámaras de televisión presionaron a los líderes musulmanes a dar excusas por el Islam, a prometer a trabajar con la policía y a "eliminar el mal en su entorno". Las primeras planas chillaron: "SAS rastrean a sospechosos musulmanes". (Los SAS son los tristemente célebres comandos militares que asesinaron a tres republicanos irlandeses sin armas en Gibraltar, entre otros asesinatos.) En una descarada campaña para mostrar que la religión islámica es especialmente propensa a la violencia, la BBC entrevistó a expertos islámicos prooccidentales para encontrar las palabras del Corán que supuestamente justificaran la "violencia".

No obstante, la mayoría de la gente sabe que unas causas mucho más complejas motivaron los bombazos. El Islam lleva muchos siglos en la tierra, no los bombarderos suicidas. Mucha gente considera que Tony Blair y sus ministros de nuevo están mintiendo a fin de ocultar la relación entre la guerra en Irak y los bombazos. Pero no pueden enseñar nada a nadie sobre el "terrorismo" y "viles ideologías". El 19 de julio, mientras Blair y sus ministros presionaban a los medios informativos a no mencionar la guerra, un importante organismo de derechos humanos informó de la muerte de 25 mil civiles iraquíes en los dos años tras la conclusión de la invasión. La coalición angloyanqui causó la mayor proporción de muertes. El mismo día, una encuesta del Guardian indicó que, pese a la campaña del gobierno y los medios de comunicación al contrario, más de dos tercios de los encuestados consideraban que había una "conexión directa" entre los bombazos y la guerra en Irak. Más de un tercio sostenía que Blair tenía "mucha responsabilidad" por el bombazo del metro y el 31% que "alguna", y solamente 28% se tragó la explicación oficial.

La campaña del gobierno y los medios informativos contra las "viles ideologías" en el seno de la comunidad musulmana da otro ejemplo descarado de las mentiras e hipocresía del imperialismo. Los ejércitos de los países predominantemente cristianos de Inglaterra y Estados Unidos han cometido horrores en Afganistán e Irak que, afortunadamente, los habitantes londinenses ni pueden imaginar. Pero, ¡¿pasearon al papa, el arzobispo anglicano y otros altos jerarcas cristianos ante las cámaras para defender el cristianismo y la Biblia ?! ¿Hay alguien que duda que la Biblia , con las palabras de "ojo por ojo" y otras loas a la venganza sanguinaria, dé menos justificación a la violencia reaccionaria que el Corán? Cuando el ex campeón de pesos pesados, Muhammad Alí, fue a la zona cero neoyorquina tras el 11 de septiembre, los reporteros le preguntaron cómo se sentía compartir la misma fe que los bombarderos. Alí contestó en tono agradable: "¿Cómo lo ven que Hitler compartía la suya?" Singularizar a Islam hoy y a la vez exculpar al cristianismo tras tres años de atrocidades cometidas por Inglaterra, Estados Unidos y otras "naciones cristianas" contra Irak y Afganistán, ni hablar de siglos de apoyo al genocidio de amerindios, la esclavitud de millones de africanos y un sinnúmero de otros horrores, refleja y refuerza las premisas fundamentales de la supremacía nacional y cultural británica y le hace el juego a las reaccionarias campañas de fomentar divisiones raciales, culturales y nacionales. No es de sorprenderse que la intolerancia contra los musulmanes que recorre las ondas radiales y televisivas del país provoque los ataques a mezquitas y musulmanes, y la muerte de un musulmán en Nottingham.

Cuando Blair dice de nuevo, en contra de la opinión mayoritaria, que los bombazos no tienen nada que ver con Irak, pone en claro que no tiene planes de "hacer lo de España", es decir retirarse del Medio Oriente. Su gobierno ha enganchado el futuro del imperialismo británico a la cruzada del gobierno Bush por un imperio mundial sin rival. Pese a decir que las atrocidades cometidas por su gobierno no pueden ser causa de los bombazos porque "somos una democracia" y "tenemos mecanismos para ventilar el disentimiento", la decisión de seguir Bush hacia la guerra en contra de la enorme oposición popular en Inglaterra y en el mundo dejó entrever en gran parte que las masas no tienen poder real en la más antigua democracia del occidente. Tal lección se escribió con sangre en el asesinato policial de Jean Charles Menezes.

Después de los bombazos, en Londres se realizaron varias reuniones conmemorativas a los muertos y heridos. Hablaron sobrevivientes de los ataques con sentimientos de dolor y temores mutuos. El gobierno ha traficado con este ambiente con sus propios propósitos, diciendo que cualquiera que se atreva a echarle la culpa al gobierno es "divisionista". El secretario del Interior de la oposición, David Davis, dijo: "No debemos dejar que los terroristas nos dividan. Tenemos que permanecer unidos como país". Pero Inglaterra jamás ha sido un país unido; no hubo unidad nacional en apoyo a la invasión de Irak y no la hay hoy para proseguirla. El 16 de julio, más de mil personas se reunieron para recordar a los muertos y vincular los bombazos londinenses con la demanda de que el gobierno se retire de Irak. Peter Brierley, de Leeds, cuyo hijo Sean, un soldado del ejército británico, murió en Irak, dijo que al principio apoyó a la guerra pero que determinó que se basaba en mentiras. "Tenemos que dejar de mentir, tenemos que comenzar a decir la verdad".

Los imperialistas británicos ya han demostrado en Irak que están dispuestos a ver morir muchísimos civiles iraquíes en la campaña para estabilizar al país, reestructurar el Medio Oriente bajo el dominio de sus socios mayores norteamericanos y establecer un imperio mundial sin rival. Si bien tal campaña ha provocado represalias sangrientas en el frente interno, Blair y sus esbirros no han dudado de su cruzada imperial, sino que piden que la población olvide que es una sangrienta guerra por imperio y que la apoye. A sangre fría, trafican con la matanza de gente inocente en las calles de su territorio para revocar el veredicto en la mente de millones de que la ocupación de Irak y Afganistán es injusta, tal como lo es la "guerra contra el terrorismo" en conjunto, y presentarla como una guerra en defensa de la vida y la civilización de los británicos. Pero dejan salir a la luz que Blair es un jefe de un sistema imperialista basado en la división de la sociedad en clases que jamás dejará de librar guerras imperialistas injustas y que utilizará todo suceso social importante para justificarlas, hasta que sean borrados del escenario de la historia los imperialistas y su sistema.

Hay grandes retos para quienes quieren poner fin a los horrores que crea el sistema. Las acciones de los bombarderos de Londres le hacen el juego al gobierno en formas importantes. Pero mientras que Blair miente de nuevo para autojustificarse con descaro, mucha gente está consciente de que no más esperaba el momento para tomar las medidas draconianas que hoy están en vía rápida a aprobarse en el parlamento. El primer día de la campaña electoral británica hace unos meses, dijo con descaro que iba a "dejar a Irak atrás" y hablar solamente de su propia agenda electoral. No obstante, el tema de Irak lo persiguió a cada paso, tal como una pesadilla recurrente, y volvió a elegirse con apenas 20% de los votos. En todo el país hoy ya es tema del momento las causas de los bombazos en casi cualquier contexto, en una parada de autobús o estación del metro, en la cola de supermercado. Lo que se necesita ahora es que aquellos que arden de furia contra los crímenes que comete el sistema, levanten la vista y desechen las ilusiones de que el cambio provendrá desde arriba, de presiones al parlamento o de votos por mejores políticos, y despierten a las masas populares para que obliguen al gobierno a retirarse de esta guerra injusta y luchen contra el sistema responsable.