Boletín N° 166 - 10 de julio de 2006
  Detrás de la manía del fútbol

Toda Europa bullía y banderas de muchos países ondeaban desde balcones y azoteas. Lo mismo ocurrió en América Latina y unos países de la vasta región de Asia y el Pacífico, el Caribe y África.

Como se celebraba el "mayor de todos los eventos deportivos" en Alemania, millones de aficionados de todos los rincones del mundo -ruidosos, exuberantes y llenos de esperanzas de una victoria de su equipo, con los luminosos colores nacionales pintados en la cara y camisetas a todo color y pañuelos de los mismos colores al hombro- acudieron en medio del fuerte calor de verano a media docena de ciudades. Sin duda, el fútbol es el deporte más popular en el mundo de hoy y la Copa del Mundo es el evento del año.

"Lleno de tensión" y "en vilo" son frases que describían la emoción y el suspenso de los partidos de Portugal contra Inglaterra y Argentina contra Alemania. Ambos acabaron con tiros penales porque no hubo ganador después de los reglamentarios 90 minutos de juego y un tiempo extra de 30 minutos. Algunos partidos de verdad apasionaban. ¿Quién puede olvidar los dos magníficos goles de Italia contra Alemania en los últimos minutos de las semifinales? Y aunque el final entre Italia y Francia no era tan memorable, sí tuvo drama y momentos inspiradores.

¿Qué hay detrás de las emociones?

Aunque son entendibles las afirmaciones de las veteranas personalidades del fútbol ingenuas de que el "mundo es un lugar mejor" durante la Copa, los periodistas pensativos escriben en una vena similar. La página de la redacción del International Herald Tribune (31 mayo 2006) hasta se jactó que la cancha del fútbol es símbolo de la "auténtica globalización" y que el mismo juego es una "conversación global" entre los pueblos del planeta, que ha llegado a ser un solo idioma global que se puede entender fácilmente y en verdad se puede apreciar universalmente.

Hasta mil millones de pares de ojos, uno de cada seis seres humanos de la Tierra, se clavaron al televisor durante los partidos, sobre todo el final el 9 de julio, atentos a casi cada movimiento de los mejores de los jugadores profesionales de los equipos nacionales que durante un mes escenificaron un fútbol emocionante. Evocaron y compararon a los legendarios nombres de antaño -Garrincha y Pelé de Brasil, Platini de Francia, Maradona de Argentina, Beckenbauer de Alemania y el querido de los aficionados ingleses, Bobby Charlton- con las superestrellas de hoy -Ronaldo y Ronaldino, Zidane, Ballack y Henry- y su estatura de icono. Ardieron debates sobre estilos y tácticas. Con frecuencia se contrasta el "fútbol samba" de Brasil con sus virajes corporales fluidos pero imprevisibles, en diversas direcciones, casi rítmicos, con el "fútbol total" serio y veloz de los holandeses y otros equipos europeos.

Últimamente, algunos comentaristas han lamentado que el fútbol ha perdido parte de su "filo original" debido al entrometimiento del gran dinero. Es cierto que los mejores equipos profesionales ofrecen acciones en los mercados de bonos. Los capitalistas multimilmillonarios se han tomado posesión de ellos y de los corazones de los fieles aficionados. Crece progresivamente la corporativización del fútbol. Unos conocidos casos recientes son la compra de Manchester United y Chelsea, pese a las protestas de los aficionados, por barones corporativos quienes sólo quieren sacar una lana. Las grandes sumas que se pagan a los entrenadores y directores técnicos en Europa son muestras contundentes de la descarada dominación del dinero en el deporte, sobre todo en el fútbol. El director técnico de Inglaterra, Sven Erickson, recibe un salario mensual de siete millones de libras, o sea, una suma que podría transformar una aldea entera en Botswana o Burkina Faso. Mueve miles de millones de dólares la transferencia de jugadores importantes tales como Zidane y Beckham de un importante club a otro, al igual que la compra de jugadores latinoamericanos y africanos por los equipos europeos. Da vergüenza lo que hace el capitalismo al fút y esa vergüenza de veras se ha "globalizado".

La verdadera fealdad en el juego bello

Los recientes escándalos de arreglos de juegos, con sobornos ("agasajar") a los árbitros por los directivos de por lo menos cuatro importantes clubs italianos, como Juventus y AC Milán (propiedad del antiguo primer ministro Berlusconi), son sólo la punta del iceberg. Ilustran la avaricia voraz inherente a la economía capitalista de la cual el fútbol profesional no puede escapar.

Es muy revelador echar una mirada a los estadios del fút y sus alrededores: Adidas, Phillips Toshiba, T-Mobile, Deutsche Telekom, Budweiser, Hyundai, Continental, Master Card, Powerade, Fujifilm y McDonald's, entre otras corporaciones de hoy, tientan al televidente e insultan la inteligencia de muchísimos. En la Copa, todos los jugadores de diversos países exhiben los logotipos de Nike o Puma en sus camisetas y calcetines. Con el trasfondo de los logotipos de Pepsi, Nike, Mercedes y Coca-Cola, las estrellas dan entrevistas. En los partidos es llamativo el férreo control de las gigantescas corporaciones multinacionales sobre la cultura y sobre todo el deporte. Estos monopolios (y los grupos financieros mayores que a menudo mueven estas marcas) saquean y arruinan a los "condenados de la tierra", pero su presencia en la Copa es ineludible. Son su posesión exclusiva de la pelota y sus largos lanzamientos asesinos y sus cortos lanzamientos mortíferos (de dólares) que en lo fundamental los hacen los ganadores seguros en cada Copa pese al equipo nacional que se lleve y le bese al trofeo.

El nacionalismo y la Copa

Los aficionados del fútbol ingleses, imbuidos de un nacionalismo tan rabioso, han atacado a los aficionados de otros países en Alemania y en Inglaterra, tal como han hecho en previos campeonatos internacionales. No han dejado de cantar "Que Dios salve a la Reina". En Alemania el gobierno dice con orgullo que por primera vez desde la caída del Tercer Reich de Hitler, la ciudadanía ya no se opone a ondear la bandera nacional. Las élites del poder alientan este fervor nacionalista. El oscurantismo y superstición predominan dentro y fuera de la cancha. Son comunes escenas de invocar el poder y gracia de lo sobrenatural, por ejemplo, persignarse, mirar hacia los cielos y orar de rodillas. Se manifiestan las peores características de los sectores más políticamente atrasados de la población, gracias al aliento de las clases dominantes y a la intervención estatal.

No es una cancha de juego pareja

En medio de la bulla y euforia de que el fútbol de la Copa es en verdad una "conversación global" entre los pueblos del planeta, lo que a menudo se pierde de vista es la dura realidad del mundo en que vivimos hoy, o sea, el enorme desequilibrio o desigualdad en el desarrollo de las sociedades y la gran brecha de riqueza y poder.

Aunque es común, por Europa, ver a pequeños niños vestidos de hermosas camisetas, calcetines y zapatos de fút en camino a canchas bien arregladas y podadas, a menudo con una gradería cubierta y luces, en los países del tercer mundo muchachos flacuchos y desnutridos de muchas edades patean descalzos cualquier cosa parecida a una pelota en las calles pobres y lotes baldíos cubiertos de piedra. Hay ciudades en Europa que tienen más canchas del fútbol con luces y graderías cubiertas que países enteros de Asia, África y América Latina. Es fácil ver cuán injusta y desigual es la Copa.

En Brasil y Argentina el fút es casi una religión para una gran parte de la población, sobre todo el sector masculino, y hay una clase media relativamente grande. Los ricos y poderosos patrocinan a clubs profesionales (con millonarios directores técnicos y entrenadores) del mismo calibre que sus contrapartes europeos. Los grandes nombres del fút son celebridades y reciben ingresos similares a los jugadores europeos. Pero son las excepciones. En la mayoría de los países africanos, asiáticos y latinoamericanos, el fútbol no es un negocio multimillonario y hay pocos recursos. Dada la gran brecha entre el puñado de países imperialistas ricos y poderosos rapaces y la mayoría de la humanidad de los países oprimidos del tercer mundo, es absurdo hablar de reunir en una "Copa del Mundo" los países de los cinco continentes, como si todas las naciones del planeta fueran iguales.

Se podría contraargumentar señalando los éxitos este año de los equipos de los países pequeños y pobres como Ghana y Ecuador. Pero a pesar de las grandes habilidades y maestría de jugadores individuales de estos países (algunos de los cuales juegan en Europa), al parecer tenían limitaciones como equipos: no contaron con la proeza técnica y la organización colectiva que se puede desarrollar plenamente sólo con largos entrenamientos, entrenadores de alto nivel y la interpenetración de las experiencias colectivas e individuales. Lisa y llanamente, no bastan el trabajo duro y los recursos individuales.

Las mujeres y la fiebre de la Copa

En los últimos años, muchas mujeres han acudido a los partidos de la Copa del Mundo como espectadoras, a menudo sin la compañía de sus parejas masculinas. Las cámaras de las televisoras a menudo apuntan hacia mujeres exuberantes y entusiastas, vestidos de ropa chillona, que vitorean de pie a sus equipos dentro y fuera de los estadios o bailan y ser mueven al ritmo de samba o mambo en las calles después de cada victoria de su equipo. Eso da la impresión de que las mujeres están metidas con tanta pasión como los hombres en la fiebre del fútbol de la Copa. Los hechos revelan otra cosa. En diversas medidas, las mujeres y las muchachas van interesándose más en el fútbol en los países del tercer mundo como de Europa, pero en cada país se les excluyen del mundo de la afición como de la cancha de juego.

Es más, toda la oficialidad del organismo rector del fútbol mundial, la FIFA, de tiempo completo o no, se conforma de hombres. Y son hombres los que ofician los partidos, los árbitros, los jueces de línea, los árbitros auxiliares y quienes manejan los asuntos fuera de la cancha. El fútbol de hoy refleja la dominación masculina, al igual que la mayoría de los deportes; es un mundo de hombres.

Existe una Copa del Mundo de fútbol femenino. ¿Participan los grandes patrocinadores, la FIFA con masivas campañas de promoción, la asociación de fútbol nacional de cualquier país, o cualquier gobierno? ¿Generan los medios de comunicación el mismo nivel de emoción en torno al fútbol femenino? Es verdad que el fútbol femenino sólo lleva unas décadas de existencia y no se ha desarrollado plenamente, pero pese al interés de las mujeres y de la belleza de su juego, lisa y llanamente no cuenta con el mismo apoyo que los deportes masculinos.

En unos países como Irán, Arabia Saudita y Afganistán, se prohíbe que las mujeres entren a los estadios para observar a los hombres jugar al fútbol. Tal era el caso en la Copa del Mundo de junio y julio de 2006. Incluso se prohibió que las mujeres asistieran a los pocos partidos amistosos entre el equipo nacional y los equipos de otros países. (Esta injusticia no puede ocultar otra: el ostracismo y el boicot que ejercieron las asociaciones de fút presionadas por Estados Unidos y la Unión Europea contra el equipo iraní en las vísperas del final en Alemania, con el argumento de que la República Islámica de Irán pide el fin del Estado sionista de Israel. Además, a una gran cantidad de aficionados del fút iraníes se les negó una visa para ir a la Copa de 2006 en Alemania.)

De la mano con el trato medieval de las mujeres por el régimen iraní, el gobierno alemán y la iniciativa privada dieron un trato muy moderno a las mujeres como mercancías, dignas de la compraventa cada hora, que refleja el hecho de que esa producción de mercancías e intercambio, de la cual el imperialismo es la fase superior, ha alcanzado un nuevo frenesí obsceno. En Alemania, la prostitución es un gran negocio legal y próspero, reglamentado por el gobierno y protegido por la policía. En varias ciudades alemanas, se contrató a mujeres jóvenes de los países pobres de Europa Oriental y del tercer mundo para entretener y servir de prostitutas a la gran cantidad de aficionados masculinos y directivos del fútbol y periodistas. Los grupos de mujeres denunciaron este fenómeno y muchos miles de individuos firmaron peticiones contra el montaje oficial de una "megaburdel" durante la Copa, pero el orden establecido en general considera que tal degradación es aceptable y para colmo se burló de las voces de protesta. Si bien constantemente pregonan que su sistema social, con sus valores, es el mejor que la humanidad puede alcanzar, ningún comentarista burgués logró ver que el deporte, como parte de la cultura, refleja el sistema económico y político del capitalismo, inclusive la opresión de las mujeres.

Los deportes bajo el socialismo

Si bien era alentador ver a los jugadores mostrar un buen espíritu deportivo y respeto y afecto mutuos aun cuando eran objeto de faltas sucias y lesiones, la feroz rivalidad, la hostilidad y la victoria a toda costa son la norma en el deporte en este mundo dominado por el imperialismo.

En los juegos internacionales bajo el socialismo, los hombres y mujeres atletas jugaron el todo por el todo para ganar, pues los campeonatos deportivos son "batallas de voluntades, batallas de nervios", y por el puro goce de participar. Pero el respeto mutuo y el juego limpio entre países y pueblos, el verdadero espíritu deportivo y el respeto entre contrincantes eran los principales temas y orientación, y no la rivalidad hostil y el ambiente casi bélico que se genera hoy bajo el capitalismo.

A diferencia del deporte en los países capitalistas y imperialistas europeos y norteamericanos o en las neocolonias de Asia, África y América Latina, en que la rivalidad y la victoria a toda costa lo son todo, en la China socialista, durante los años revolucionarios con la dirección de Mao Tsetung, se dio importancia a la amistad entre los pueblos y los países. El deporte era una manera de desarrollar la saluda espiritual y física del pueblo, y de alentar la buena voluntad y amistad e internacionalismo como parte de las relaciones entre los pueblos. "La amistad primero, la competencia después" no sólo era una consigna; era una orientación revolucionaria sin precedente en los deportes, una práctica que ni siquiera se puede imaginar en ningún país capitalista, ni en partidos entre dos equipos de la misma ciudad, ni hablar entre países. Al parecer la costumbre generalizada de hoy, de que los jugadores aplauden para mostrar su apreciación a los espectadores y a los seguidores, tiene su origen en la iniciativa de los atletas chinos de entonces. Hoy, se puede aprender de la China revolucionaria de los años de Mao. Únicamente bajo el socialismo es posible librar a los deportes, al igual que las otras esferas de la actividad humana, de la búsqueda de ganancias de particulares. Y de nuevo en el fútbol, tal como en los demás deportes, las masas populares pueden recuperar el verdadero disfrute del juego, en contraposición a los intereses materiales de los ricachones, los especuladores y los chupasangres.