Boletín - 13 de junio de 2016
  Estados Unidos: La violación en la Universidad de Stanford y en el resto del mundo

A una estrella del deporte de la Universidad de Stanford —una de la universidades más prestigiosas del mundo, con frecuencia asociada con la tecnología más avanzada (Silicon Valley) en el estado más “socialmente más avanzado” (California) en un país que se ufana de ser la nación más avanzada y “excepcional”— le han impuesto una irrisoria pena por violación, probablemente tres meses de cárcel. La violación y la amenaza de violación están ligadas universalmente a la condición de la mujer como el sexo subordinado en este planeta, pero lo que hizo inusual este caso no fue dónde sucedió.

Para empezar, hubo testigos, y con una credibilidad difícil de ignorar. Brock Turner fue agarrado in fraganti por otros dos estudiantes, que lo detuvieron cuando, en la penumbra, empujaba su pelvis contra un cuerpo semidesnudo e inmóvil afuera de la fiesta de una fraternidad estudiantil. En segundo lugar, la mujer sobrevivió, recibiendo el firme apoyo de su familia y de otros, inclusive dentro del sistema judicial, y persistió en exigir justicia. Cuando el atacante se negó a disculparse, ella prosiguió con el juicio a sabiendas de que sería revictimizada públicamente en el tribunal, que expondrían los más íntimos detalles de su vida ante medios de comunicación que la describían como “una mujer ebria hasta la inconsciencia”, que sería ridiculizada por el abogado del perpetrador y por buena parte de la opinión pública como la verdadera culpable por beber teniendo vagina. En tercer lugar, esta vez, el atacante fue condenado por tres delitos graves, que podrían conllevar una pena de 14 años.

El desgarrador recuento de la víctima, leído en el tribunal el día del veredicto, se ha hecho viral con 16 millones de lecturas solamente en Buzzfeed.com (véase actitudfem.org para la traducción en español). Finaliza con un llamado a las mujeres que han sufrido el mismo trauma a mantenerse firmes y luchar contra las marcas que deja la violación. Agradeciendo el respaldo mundial que ha recibido, dijo: “permanezco en el anonimato, sí, para proteger mi identidad. Pero es también como una proclama, que todas estas personas están luchando por alguien que no conocen. Eso es lo hermoso. No necesito etiquetas, categorías, para probar que merezco respeto, para probar que debo ser escuchada. Me presento ante ustedes como una mujer que quiere ser escuchada. Sí, hay mucho más que quisiera contarles sobre mí. Por ahora, soy todas las mujeres”.

Este para nada es el primer caso en el mundo en que hombres pudientes han exigido impunidad (y se la han concedido en buena parte) por ejercer lo que ellos y la sociedad oficial ven como su derecho sobre las mujeres. El caso de “Los Porkeys” en Veracruz, México, en donde cuatro hombres jóvenes secuestraron y violaron a una ex compañera de escuela, se ha hecho notorio por la renuencia de las autoridades a presentar cargos a pesar de un video de confesión de estos jóvenes de padres pudientes y con poder político. Pero lo particularmente impactante del caso de Stanford es que a pesar de la condena el juez decidió, y argumentó descaradamente en la decisión pública, que no se le debe dar al perpetrador un castigo que tenga “un impacto severo” en su vida. El impacto en la vida de la mujer ni siquiera entró en la ecuación.

Las formas de opresión a la mujer pueden variar de país a país, pero ¿qué tan diferente es en esencia el caso de violación en Stanford con respecto al de la violación tumultuaría y mortal golpiza a una joven estudiante en un bus de Nueva Delhi en 2012 o del secuestro de las niñas por Boko Haram en Chibok, Nigeria?

¿Qué tan diferente es la actitud del violador, que sigue insistiendo en que estar ebrio justifica su crimen? ¿Qué tan diferentes son los valores de su padre que en una carta al tribunal subestima la violación como “20 minutos de acción” que, por cuenta de lo “políticamente correcto” hacia las mujeres, no deberían arruinar el prometedor futuro de su hijo? Debe haber esperado con bastante confianza que buena parte de esta sociedad encontraría convincente este argumento. ¿Qué tan diferente es la acción del juez? Lo peor de todo es que probablemente creyó que su decisión no generaría controversia.

Lo que el sistema de justicia estadounidense hizo en este caso fue simplemente reafirmar la aprobación oficial del “derecho” que creen tener los hombres de subordinar y humillar física y mentalmente a las mujeres, y que es parte de la opresiva cultura patriarcal desenfrenada en todas partes de un mundo dominado por un sistema económico, político y social imperialista, y los valores y la cultura que van de la mano con las relaciones opresivas en las que está basado.