Boletín - 20 de octubre de 2014
  "¡Vivos se los llevaron, y vivos los queremos!" -las protestas amenazan con una crisis política en México

Las estudiantes de una escuela normal rural en la ciudad de Juárez al norte de México están en huelga exigiendo que los 43 compañeros secuestrados en el suroccidente de México sean devueltos con vida. La policía y mercenarios atacaron a los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa cuando regresaban de una protesta en la ciudad de Iguala el 26 de septiembre, asesinando a tres estudiantes y otras tres personas. Docenas de estudiantes fueron obligados a entrar en vehículos de la policía y no han sido vistos desde entonces.

En Juárez, después de tomarse los edificios de la normal y de desplegarse por el estado para informarle al pueblo sobre Iguala, a las estudiantes se les unieron estudiantes universitarios y otros para tomarse la entrada del puente internacional que lleva a El Paso, Texas. Cerca de 700 personas bloquearon el tráfico con grandes pancartas que decían: “¡Vivos se los llevaron, y vivos los queremos!” según el periódico La Jornada.

Entretanto los padres de los estudiantes secuestrados viajaron a la catedral de la ciudad de México en donde les dieron la bienvenida con un aplauso, abrazos y lágrimas al entrar durante una ceremonia, llevaban símbolos religiosos y gritaban “¡Los queremos vivos!”. Iban acompañados por un predicador activo en el apoyo a los inmigrantes y muy conocido como poeta, Javier Sicilia, que ha condenado al gobierno por el asesinato de su hijo en 2011.

Muchos miles de estudiantes marcharon en Iguala y en ciudades de otros estados por todo México el 17 y 18 de octubre para señalar las 3 semanas después del secuestro. En una larga marcha en Acapulco, la capital del estado de Guerrero donde tuvieron lugar los asesinatos y secuestros, los manifestantes gritaban consignas denunciando a la policía y a los matones narcotraficantes como “las misma mierda asquerosa”. Exigieron la dimisión del gobernador estadual, que ha tratado de echarle la culpa de los asesinatos y secuestros a la corrupción del alcalde de Iguala, condenaron a los tres partidos políticos principales como cómplices del crimen organizado y proclamaron “El terrorismo viene del Estado”
En la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, estudiantes de la Universidad Nacional, editores y otros recolectaron más de 3.500 libros para la Normal Rural de Ayotzinapa.

Se han hecho llamados a más manifestaciones por todo el país para el 22 de octubre.

A continuación publicamos un volante de la Organización Comunista Revolucionaria, México, que está liderando la “Semana Nacional de Resistencia, ¡Alto a la guerra contra el pueblo!”, del 20 al 26 de octubre (Véase aurora-roja.blogspot.com)

Ayotzinapa: Crimen y crisis de un Estado podrido y bestial

Es muy indignante la bestialidad de los crímenes del gobierno en Iguala, Guerrero. Seis personas desarmadas e inocentes asesinadas por la policía y hombres armados vestidos de civil, un joven con la piel arrancada de su cara. Veinticinco heridos, dos de gravedad, 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, por lo menos veinte llevados por la policía municipal. Después de un show de supuestas “confesiones” que llevaron a fosas clandestinas, ahora nos informan que por lo menos los 28 cadáveres iniciales corresponden a las víctimas de otros crímenes salvajes, no a los normalistas.

El gobierno federal priísta [del Partido Revolucionario Institucional, PRI] de Peña Nieto y el gobierno estatal perredista [del Partido de la Revolución Democrática, PRD, partido de oposición de “izquierda”] de Ángel Aguirre dilataron las cosas sin siquiera dar la apariencia de actuar, dándole bastante tiempo al alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD, para limpiar evidencias y fugarse: se sacaron los archivos y computadoras del palacio municipal y de la secretaría de seguridad pública y se trasladaron sus armas a la zona militar.

El ejército llegó minutos después de la balacera policíaca, despojaron de sus celulares a los estudiantes y rehusaron llamar a una ambulancia para un normalista herido de bala en la cara. Sometieron a los normalistas, espetándoles a las víctimas de esta matanza que “ustedes se lo buscaron”.

En junio del año pasado el alcalde Abarca personalmente asesinó al dirigente de la Unidad Popular de Iguala, según el testimonio de otro de los secuestrados que logró escapar. Se encontró el cuerpo del dirigente tirado en la carretera junto con los de dos de sus compañeros, todos con huellas de tortura. Aunque el testigo ocular rindió su testimonio ante la procuraduría de Guerrero y la procuraduría federal atrajo el caso, no hicieron nada (y ahora Murillo Karam, procurador general de la República, miente al decir que no sabían del caso que ya habían atraído). Esto demuestra que tanto el gobierno estatal como el federal encubrieron estos asesinatos políticos anteriores, y protegieron a Abarca.

Ahora, con la masiva protesta frente a la matanza del 26 de septiembre en Iguala, se hacen los “sorprendidos” y “descubren” la relación de Abarca con el crimen organizado, con el único propósito de tratar de disfrazar este crimen de Estado de sangrienta represión política como un problema del “crimen organizado”, a pesar de que la agresión fue iniciada por la policía municipal a órdenes del jefe de policía, también prófugo. Aunque todavía no se sabe toda la verdad sobre la masacre de Iguala, la participación de sicarios en casos de represión política en varias partes del país no demuestra que son asuntos del “crimen organizado” sino que todos los tres niveles del gobierno están coludidos con el crimen organizado y lo utilizan en varios casos para reprimir y matar a los luchadores sociales y al pueblo en general.

El problema va incluso más allá del gobierno mexicano: el gobierno de Estados Unidos es arquitecto en buena parte del supuesto combate al crimen organizado que ha servido de supuesta justificación aquí para los más de 120 mil asesinatos, 25 mil desapariciones y 30 mil feminicidios, entre otros crímenes, que constituyen una verdadera guerra contra el pueblo. Y frente a la masacre de Ayotzinapa, ¿qué nos aconseja el gobierno estadounidense por medio de su encargado de política exterior sobre la lucha antinarcóticos? “¿¡Paciencia!?”, cuando todo lo que han hecho ha convertido el país en un baño de sangre. Mientras tanto, un artículo en The New York Times, órgano “liberal” de la clase dominante estadounidense, informa a sus lectores que México es un “país acostumbrado a los asesinatos en masa”, comentario racista desmentido por las protestas masivas del 8 de octubre en muchas partes del país por el asesinato en masa en Iguala.

Es un hecho que, ni aquí ni allá, en los días después de la mortífera agresión, ningún gobernante prominente, ningún dirigente importante de los principales partidos electorales, ha denunciado sin cortapisas estos crímenes abominables ni ha llamado a la gente a manifestarse en su contra: Peña Nieto en su discurso a la nación ni pudo mencionar la palabra "asesinatos", sólo se refería a los "afectados en sus derechos humanos". ¿Por qué? Porque, a pesar de las muchas broncas que se dan entre ellos por sus mezquinas ambiciones, saben que este Estado no puede prescindir de la represión política contra el pueblo, que es esencial para proteger el actual sistema capitalista en el que es inevitable la riqueza de unos cuantos y la pobreza de la mayoría, la opresión a las mujeres, la subyugación de los pueblos indígenas, la destrucción del medio ambiente, así como muchos otros males endémicos al sistema.

La masacre de Iguala no es una “anomalía”. Es la continuación del acoso y represión a los combativos estudiantes de Ayotzinapa que llevó al asesinato de dos normalistas por la policía en 2011, y es parte de la larga historia de masacres, desapariciones, violaciones y tortura por parte de las fuerzas armadas, la policía y los paramilitares desde las masacres de 1968, de 1971 y la guerra sucia, pasando por las matanzas en Acteal, El Bosque, El Charco y Aguas Blancas, la racha de asesinatos en Oaxaca en 2006, la represión en Atenco protagonizada por el Partido Acción Nacional (PAN), el PRI y el PRD con un saldo de 2 muertos y dos docenas de mujeres violadas por la policía en el mismo año, hasta la ejecución por parte del ejército de 21 personas que se habían rendido en Tlatlaya en junio pasado.

El problema fundamental es este Estado criminal e ilegítimo y el opresivo e inhumano sistema capitalista a que ese Estado sirve y protege, y no simplemente la corrupción, los malos gobernantes o las políticas de uno u otro de los principales partidos electorales representantes de las clases dominantes.

Las amplias e indignadas protestas por la barbarie en Iguala han provocado una crisis política del Estado reaccionario que abre nuevas perspectivas para la lucha contra este Estado y este sistema y por poner un alto a la guerra contra el pueblo. Se ha revelado ante todos el terror sistemático que sostiene el sistema que los “líderes del mundo” hace muy poco proclamaban un caso “ejemplar”, por aprobar las reformas estructurales antipopulares. El 2 de octubre las calles de Chilpancingo resonaron con una masiva manifestación de indignación en una megamarcha a que asistió también gente de otros estados. El 8 de octubre manifestantes llenos de coraje abarrotaron el Zócalo [la plaza principal de la ciudad de México] y las calles aledañas del Distrito Federal y engrosaron las filas de marchas en por lo menos 25 estados, con protestas también en más de veinte países alrededor del mundo.

Es esencial intensificar y ampliar aún más estas protestas y llevar la denuncia de la masacre de Iguala y la guerra contra el pueblo en general a lo hondo y profundo del pueblo, para que cada vez más gente entienda que este Estado no es omiso, es criminal y eleve su combatividad y organización, contribuyendo así a preparar el terreno para deshacernos de este Estado ilegítimo por medio de la revolución.

¡Muera este Estado que asesina y tortura para defender los inconfesables intereses de unos cuantos! Necesitamos un Estado que proteja y sirva a la gente, que aliente y nutra su creatividad y su lucha por transformar el mundo en los intereses de la gran mayoría. ¡Al carajo con este sistema de injusticia, impunidad, opresión y hambre! Necesitamos un nuevo sistema económico y social socialista comprometido con la emancipación de la humanidad. Y esa gran transformación liberadora sólo se conquistará por medio de la lucha consciente y decidida de las masas en sus millones. ¿Imposible? Ya es tiempo de dejar de quejarse de la supuesta “apatía” de la gente. El pueblo comienza a despertarse de nuevo. Es el deber de toda persona consciente llevarle la verdad sobre las atrocidades de este Estado. Es deber de los revolucionarios y comunistas guiar y ayudar a la gente a desarrollar la conciencia, combatividad y organización necesarias para liberarse.