Boletín - 4 de abril de 2016
  La desaparición de las abejas y la posibilidad de un nuevo tipo de sociedad
  Lo siguiente son extractos de un artículo de Orpheus Reed publicado en el número del 28 de marzo de 2016 del periódico Revolución (revcom.us).

Durante la última década, las abejas han ido desapareciendo y muriendo a nivel mundial en cantidades alarmantes. En los primeros años, los apicultores a menudo encontraban colonias enteras en las que las abejas adultas simplemente se iban y nunca regresaban. Con frecuencia solo quedaban unas cuantas abejas en la colmena cuidando a la abeja reina y a las pupas. Esta desaparición de abejas de grandes cantidades de colmenas se conoce como Trastorno de Colapso de las Colmenas (CCD). En los últimos años ha sido más común encontrar enormes cantidades de abejas muertas alrededor de las colmenas ―o colonias que menguan hasta casi desaparecer, quedando sólo unas cuantas abejas débiles e incapaces de recuperarse.

El colapso, extinción, y debilitamiento de las colonias de abejas se ha convertido en un fenómeno mundial en desarrollo. No era poco común en los años “normales” que se perdieran cantidades más o menos grandes de abejas por diversas razones. Pero hoy las abejas están desapareciendo al doble de la tasa normal.

El exterminio de abejas y otros polinizadores amenaza el futuro del abastecimiento de alimentos en el mundo, con potenciales enormes consecuencias para grandes sectores de la humanidad en todo el mundo.

Más allá de esto, es una amenaza para los ecosistemas mundiales en general. Casi el 90% de las plantas silvestres con flores depende en algún grado de la polinización por animales. Estas plantas están en riesgo cada vez mayor por la disminución de polinizadores. Esto puede tener enormes consecuencias perjudiciales para todas las plantas y animales que interactúan o dependen de estas plantas con flores. De manera que la disminución de polinizadores podría tener un efecto dominó en ecosistemas enteros.

Este es un asunto muy grave, una seria amenaza para la humanidad y el mundo natural. Pero las clases dominantes del mundo no están respondiendo a esta crisis como la enorme amenaza que es. Más en esencia, la cuestión es que no pueden responder de tal manera por la forma en que se realiza la agricultura bajo el modo de producción capitalista y cómo eso les obliga a interactuar de determinada forma con el mundo natural.

Los ambientalistas y otros que se preocupan por lo que le está pasando a la naturaleza argumentan a menudo que el problema es que los grandes monopolios y los avaros intereses tienen demasiada influencia en las estructuras políticas. Y que en la agricultura el problema es el control por grandes corporaciones que anteponen las ganancias a la gente o el medio ambiente. Sí, hay codicia y grandes monopolios, pero para realmente encontrar respuestas y soluciones, para llegar al verdadero problema y su solución, tenemos que entender por qué las propias leyes del capitalismo, las “reglas del juego” de este sistema, exigen que funcione de una forma que es destructiva para la gente y el ambiente. Y que ninguna cantidad de reformas, regulaciones o cambios en los que rigen este sistema van a detener esto. ¿Por qué es así?

Miremos brevemente la forma en que opera el capitalismo y que es nefasta para abejas y polinizadores y la naturaleza en general, centrándonos en la agricultura, y por qué a esto lo mueven las reglas del capitalismo y el carácter de este modo de producción, las formas que requiere el capitalismo para operar económicamente.

Primero, bajo el capitalismo, la comida no es ni puede enfocarse como una necesidad humana sino solo como otro “bien” que se compra y se vende, una mercancía como todos los demás bienes y servicios, incluyendo la fuerza de trabajo humana. En el mundo hoy la producción de comida está dominada por un sistema global de agricultura industrial capitalista que produce esta mercancía. En Estados Unidos, por ejemplo, los pequeños granjeros han sido principalmente echados a un lado por más grandes intereses agroindustriales que podían movilizar inmensos recursos, mecanizar los cultivos, y reducir los costos de producción. Estos grandes intereses capitalistas han logrado dominar toda la cadena de producción de alimentos, desde la propiedad de las semillas, los medios con los que se hace la agricultura hasta el marketing y la misma distribución de los alimentos.

Este es un sistema de agricultura globalizado, en el que enormes monopolios, intereses agroindustriales de países enteros, y Estados capitalistas contienden a nivel mundial sobre quién logra la mayor escala de producción, quién domina el mercado de los productos alimenticios, y quién puede forzar las condiciones favorables a sus intereses privados contra otros grandes competidores capitalistas. Hay una feroz batalla por vencer, impulsada por la anarquía inherente a la producción capitalista. Cada capitalista o grupo de capitalistas enfrenta la compulsión a seguir expandiéndose y aumentar las ganancias, o terminar aplastados por sus competidores.

La competencia capitalista promueve el desarrollo de enormes monocultivos (siembra de un solo producto), lo que incluye arrasar bosques y tierras vírgenes ―no para alimentar a la gente sino para producir más, lo más barato posible. En los monocultivos, la cosecha única florece al mismo tiempo. El monocultivo ha contribuido a la generalizada perdida de diversas plantas silvestres y cosechas más diversas que florecen en diferentes momentos, lo que es beneficioso para las abejas y otros polinizadores. En EEUU y partes de Europa, se envían colonias de abejas melíferas en camiones de una parte del continente a otra para polinizar estos monocultivos, una práctica que posiblemente es un factor que contribuye al estrés en las colonias de abejas. Por ejemplo, el 60% de las colonias en EEUU se llevan a California cada año para polinizar los sembrados de almendros. Bajo tales condiciones, los patógenos se pueden expandir más fácilmente entre colonias.

Debido a la anarquía de la producción capitalista no es posible que la agricultura se realice con un enfoque sostenible y racional para cultivar alimentos para el bienestar a largo plazo de los humanos y la preservación del mundo natural. Al contrario, orientada a producir ganancias y rápidos éxitos para eliminar competidores, las cosechas y semillas de los monocultivos se producen en serie ―y eso destruye la tan necesaria diversidad genética que se adapta mejor a las condiciones ambientales de regiones particulares. Los cultivos se diseñan para que sean resistentes a los pesticidas y dependientes del uso de fertilizantes químicos necesarios para que las cosechas de los monocultivos crezcan. Las cosechas y las semillas están impregnadas de pesticidas tóxicos como los neonicotinoides para matar o repeler las plagas, a pesar del hecho de que estos pesticidas causan gran daño e incluso pueden matar a los polinizadores que las cosechas necesitan para producir. Los herbicidas también acaban con otras plantas silvestres que los polinizadores necesitan. Estos químicos envenenan el suelo, los arroyos, los lagos, el aire y los animales, incluyendo a los humanos.

Todos estos requerimientos para el funcionamiento del capitalismo implican que las cosechas se cultivan para lograr la más rápida y rentable producción y así ganar ventaja competitiva para los capitalistas individuales. En general la producción y la ciencia están encadenadas a las necesidades del imperio y a la acumulación capitalista, no para asegurar el futuro de la humanidad y el ambiente. La producción y quema de petróleo y otros combustibles fósiles siguen sin parar, a pesar del tremendo peligro para el clima y las especies del planeta.

El capitalismo-imperialismo y los que gobiernan no tienen la solución, y son incapaces de conseguir una verdadera respuesta a la destrucción de las abejas y otros polinizadores. De hecho, el brutal funcionamiento y las horribles relaciones sociales y políticas de este sistema están causando inmenso daño a todo el medio ambiente del planeta, y están llevando el mundo hacia una catástrofe ecológica global, poniendo el futuro de la humanidad y del planeta mismo en un riesgo alarmante.

De “Algunos principios claves del desarrollo socialista sustentable”

El siguiente es un extracto de “Algunos principios claves del desarrollo socialista sustentable”, del número especial del periódico Revolución (revcom.us) sobre la emergencia ambiental. Como Revolución señaló: “Estos principios, aunque no constituyan una lista exhaustiva, concentran una orientación que le permite a la sociedad socialista empezar a enfrentar la emergencia ambiental con una perspectiva global e internacionalista. Al plantear estos principios ante la gente hoy, esperamos abrir debate y discusión que puedan contribuir a un mayor entendimiento de lo que enfrentamos, y elevar las miras sobre la viabilidad y lo deseable que es la revolución comunista”.

Transformar la estructura de la producción industrial, la agricultura y el transporte

La nueva sociedad socialista emprenderá la transformación de la estructura y el funcionamiento de la economía imperialista actual que tanto destruye el medio ambiente:

• Tendrá que alejarse decisiva e inmediatamente de su dependencia de combustibles fósiles no renovables y contaminantes (petróleo, carbón y gas natural) —y adoptar y desarrollar tecnologías ecológicamente sanas, como la energía solar, eólica y geotérmica. Para encaminarse hacia ese rumbo, la economía socialista debe combinar la producción diversificada a gran escala con la producción diversificada a pequeña escala y desarrollar una mezcla racional de tecnologías avanzadas e intermedias.

• Hay que hacer grandes esfuerzos para reorientar los medios de transporte sin la propiedad privada de los automóviles, y sin los sistemas de transporte centrados en los combustibles fósiles y las avenidas exclusivas para autos. Se priorizará el transporte público seguro y eficiente en todo nuevo desarrollo, reestructuración e investigación.

• Será necesario desarrollar sistemas agrícolas basados en los principios de la planificación del uso de tierras a largo plazo, la conservación global del suelo y el agua, y la biodiversidad agrícola. Dichos sistemas agrícolas —a grande, mediana y pequeña escala— deben dar cabida a tecnologías y prácticas que puedan adaptarse a condiciones locales o particulares y que respondan al cambio climático y ajustes en demanda. El objetivo de reorientar la agricultura debe ser lograr una alta y sustentable producción agrícola, y saludables productos alimenticios que minimicen el gasto de recursos y los daños a la naturaleza y a las personas.

• La sociedad socialista debe trabajar para que la conservación de los recursos sea la norma en todos los aspectos de la vida económica y social: en el desarrollo tecnológico, en la producción, en los artículos de consumo que se produzcan y cómo se utilicen. Debe fomentar el reciclaje y el uso múltiple de materiales y productos ―reemplazando la actualización irracional de productos (“los nuevos modelos del año”) y el derrochador consumo de materiales de la sociedad capitalista.