Boletín - 2 de marzo de 2015
  "¡Mujeres del mundo uníos para destruir el sistema imperialista y el fundamentalismo religioso patriarcales!"
  Este llamado fue escrito por la Organización de Mujeres 8 de Marzo (Irán-Afganistán) (www.8mars.com | zan_dem_iran@hotmail.com | https://facebook.com/8Mars.org

Se acerca otro 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Este día se conmemora la heroica lucha de las trabajadoras del sector textil en Nueva York que inspiró a la lucha organizada de la mujer en todo el mundo. El 8 de marzo también nos recuerda la memorable lucha y resistencia de las mujeres iraníes el 8 de marzo de 1979 contra el uso obligatorio del hiyab tras la toma del poder por los islamistas y el establecimiento de la anti-mujer República Islámica. El 8 de marzo también recordamos a todas esas mujeres que han luchado contra el brutal régimen y han continuado su lucha en la casa, en las calles, en las universidades, en los colegios, en las cárceles y en todas partes contra el sistema patriarcal y la subyugación que imponen sobre las mujeres y todas sus políticas anti-mujer.
La lucha de la mujer en el mundo ha sido una fuente de inspiración para nosotras y todos aquellos que están decididos a luchar para erradicar la opresión y la subyugación de la mujer. No cabe duda que tenemos en frente un camino difícil y tortuoso. Pero la situación y las condiciones de millones de mujeres en Irán y la región y en el mundo son tales que ya no podemos tolerar un trato tan ofensivo e indigno.
Nos acercamos al 8 de marzo en un momento en que las mujeres en Afganistán, Irak, Libia y Siria enfrentan una presión inimaginable por las invasiones y ocupaciones imperialistas por una parte, y por el auge del fundamentalismo islámico por la otra. Las belicistas y brutales ocupaciones por parte de las potencias imperialistas que buscan controlar la región bajo diferentes pretextos, y el auge de las fuerzas islamistas que compiten entre sí en atraso, han impuesto una situación aún más brutal para las mujeres en esta región.
El furioso rostro de las mujeres en esta región constituye una sonora declaración de que ya no es posible que las mujeres toleren esta situación y ya no es aceptable permanecer indiferentes. Se necesita con urgencia una lucha revolucionaria y organizada para poner fin a los patriarcales fundamentalismo religioso e imperialismo.
La situación para las mujeres en Afganistán no ha mejorado bajo la ocupación del país por las potencias imperialistas. De hecho, ahora están siendo brutalmente oprimidas por dos fuerzas fundamentalistas, el régimen apuntalado por los imperialistas y la oposición talibán.
Con la ocupación de Irak y la guerra en Siria en pos de la toma del poder por parte del Estado Islámico (Daesh), las mujeres en la región y en particular las mujeres yazidíes han sido obligadas a convertirse en esclavas sexuales y a ser vendidas. A millones de mujeres en Irak y Siria se les ha privado de sus derechos humanos y continuamente son amenazadas con la violación y la violencia, sea que aún estén viviendo en sus aldeas y pueblos o las obliguen a convertirse en refugiadas en las montañas bajo terribles condiciones.
Nos acercamos al 8 de marzo este año en una situación en la que las mujeres de los llamados países capitalistas avanzados siguen sufriendo opresión. Sus cuerpos y sus vidas están de diversas formas bajo el control de la supremacía masculina. Aunque las mujeres en los países de Occidente son consideradas iguales ante la ley, existe la discriminación a las mujeres en diferentes formas y de manera amplia, y existe un sistema chovinista masculino [machista] que se reproduce continuamente. La violencia contra la mujer en formas como la violación y la violencia domestica son generalizadas. El derecho al aborto es limitado en muchos países. La situación en estos países ha generado muchas formas de protesta contra la degradación a las mujeres.
El cuerpo de las mujeres en estos países es una forma de mercancía, y así se adueñan de ellos o los controlan y los venden. Cada año miles de mujeres jóvenes y adolescentes, de las clases bajas y necesitadas de estos países y también de países del tercer mundo o de Europa oriental, son engañadas y comerciadas en el mercado sexual por traficantes de personas, para que trabajen cono esclavas sexuales en los burdeles de los modernos países occidentales o en la “industria” de la pornografía. De esta manera se garantiza la degradación y brutal opresión de la mujer, por supuesto de una “forma moderna”, y miles de millones de dólares van para los bolsillos de los monarcas del capital.
La situación de la mujer en todo el mundo muestra que la pueden cubrir con una burka como la propiedad de un hombre, o que su cuerpo se puede convertir en una mercancía para ser controlado o vendido en el mercado. En ambos casos son degradadas y humilladas, vulnerables a la violencia patriarcal y al sistema chovinista masculino. El sistema es el mismo y la opresión de la mujer es la misma y eso no tiene vuelta de hoja. La opresión de la mujer que ejercen los fundamentalistas islámicos como la República de Irán, el talibán y el Estado Islámico puede que se lleve a cabo en su forma más brutal, pero la liberación de la mujer no se puede lograr dentro del sistema capitalista supremacista masculino, porque este mismo sistema es la causa y la fuente principal del recrudecimiento de la degradación de la mujer a escala mundial.
Al acercarse el 8 de marzo este año la República Islámica de Irán ha lanzado una amplia campaña anti-mujer. Más que solo una serie de políticas opresivas, con sus diferentes partes y componentes, esta campaña es un ataque sistemático que busca rebajar aún más la posición de la mujer en la sociedad, producir un ejemplo reaccionario del trato a las mujeres en la región, y permitirle al régimen competir con otras fuerzas atrasadas anti-mujer en la región como el Estado Islámico.
El proyecto del régimen para la familia y el aumento de la población, llamado plan de “políticas poblacionales integrales” para promover la “excelencia de la familia” y la “familia islámica”, incluye la restricción del acceso a la anticoncepción. Esto limitará más la participación de la mujer en la sociedad. Incluso las mujeres que se las han arreglado para entrar en la esfera social a pesar del cúmulo de restricciones, limitaciones y discriminación de género, serán obligadas a volver a la cocina y la alcoba. Todo este plan ha conducido a varias leyes que acaban con todas las facilidades y el presupuesto para prevenir los embarazos no deseados. Además, toda acción de las mujeres para controlar su propio cuerpo y su vida será considerada ilegal, y castigable con cárcel y azotes.
Los discursos de los jefes militares sobre este proyecto parecen indicar que, aumentando la población, el régimen busca prepararse para una confrontación militar en la región y asegurar una fuerza militar masiva, es decir, carne de cañón para posibles acontecimientos futuros. De esa manera el régimen quiere fortalecer su capacidad de incidir en la correlación de fuerzas en la región. Está buscando la oportunidad de convertirse en actor de los certámenes que controlan las potencias imperialistas al tiempo que crean bloques con el objetivo de controlar la región y el mundo.
Este ataque contra la mujer también es evidente en otros proyectos y programas, como la “ley para proteger la privacidad, la modestia y el hiyab”, y medidas como reducir la cantidad de mujeres empleadas, alentándolas a jubilarse antes de tiempo, restringir la educación para las mujeres, y limitar los derechos de la mujer a divorciarse, a abrir una cuenta bancaría para sus hijos y a viajar.
Este proyecto de ley y otro llamado “para la promoción de la virtud y la prevención del vicio” no solo les dan poder a los hombres en la familia sino que les permite también a cualquiera de las fuerzas del régimen y de hecho a cualquier elemento atrasado y anti-mujer controlar el comportamiento, el tipo de ropa y de velo de cualquier mujer —convirtiéndose en una fuerza policiva sobre la mujer.
En relación con esto, el régimen también ha organizado a sus matones, además de a sus fuerzas de seguridad, para imponer los diferentes aspectos de este ataque contra la mujer.
La serie de incidentes en los que se les arrojó ácido a la cara a mujeres en los últimos meses, en ciudades como Isfahán, Teherán, Shiraz y Tabriz, hace parte de ese ataque. A pesar de la negación del régimen, fue una continuación de sus políticas anti-mujer y una de las formas de llevar a cabo su “promoción de la virtud y prevención del vicio”. Vale la pena mencionar que la protesta de mujeres y hombres, en Isfahán en particular, y también la furiosa reacción del pueblo en oposición a estos ataques con ácido, desenmascararon en cierto grado el papel y los objetivos del régimen.
La ejecución de Reyhaneh Yabari en noviembre pasado también fue parte de los actuales ataques del régimen contra la mujer. Esta joven fue ejecutada porque se atrevió a defenderse de un violador que era un oficial de la inteligencia. El régimen armó una imputación amañada contra Reyhaneh y la ahorcó como advertencia a otras mujeres jóvenes de que si se atreven a defenderse de un violador o de los matones del régimen serán castigadas salvajemente.
Tras el reciente ataque salvaje contra las mujeres también se hace evidente la debilidad del régimen. El espíritu rebelde y desafiante de las jóvenes durante años le ha impedido al régimen islámico implementar a cabalidad sus políticas contra la mujer. La desesperación de la República Islámica ha jugado un papel importante en la reciente campaña. La desmoralización del régimen es una importante ventaja para que el pueblo y especialmente las mujeres, se organicen y se alcen contra este ataque reaccionario.
La realidad es que aún no ha terminado la guerra contra la mujer lanzada por la República Islámica luego de tomar el poder en 1979. El actual ataque total por intensificar la degradación de la mujer es una campaña en esa guerra. A pesar de su poderío político y militar, la República Islámica tiene vulnerabilidades reales. Sus concepciones e ideas pertenecen a hace muchos siglos. Su existencia está atada a la opresión y la explotación. Por su naturaleza reaccionaria, tiene que basarse en la fuerza y la crueldad.
En contraste, las mujeres no tienen poder político y militar pero son dinámicas y están decididas y motivadas a alcanzar su liberación. Su lucha contra la opresión es valiente e inspiradora. Solo la ampliación de la lucha revolucionaria organizada de las mujeres y las amplias masas populares puede alcanzar la victoria y poner fin a los salvajes ataques de este régimen anti-pueblo. Únicamente por medio de una lucha organizada y persistente con una clara perspectiva de una sociedad sin opresión ni explotación podemos avanzar hacia el derrocamiento de la República Islámica de Irán y la imperialista supremacía masculina. Sin esa lucha y sin tal perspectiva el sistema patriarcal continuará reproduciéndose.