Boletín - 6 de octubre de 2014
  Gett (Divorcio): El proceso a Viviane Amsalem -una reseña

El siguiente artículo de Sima Tavakoli apareció en la edición Nº 34 de Atash (Fuego), un periódico comunista mensual y un web blog en Irán. La producción israelí-franco-alemana se estrenó en Cannes la primavera pasada, y desde entonces ha sido proyectada en otros festivales de cine en Europa, Norteamérica e Israel. Actualmente se está proyectando en teatros de Francia, y le seguirán Bélgica, Alemania, Italia y Países Bajos. El video estará disponible en diciembre.

Con diálogos en hebreo, francés y árabe, hace parte de una trilogía de películas de los cineastas Ronit y Shlomi Elkabetz que dicen haberse basado en el personaje de su madre.

Es importante señalar que el título de esta película no es solo Divorcio (Gett, en hebreo) sino Gett: el proceso a Viviane Amsalem. Se trata de lo que es de hecho, si no formalmente, el juicio a una mujer que se ha atrevido a pedir el divorcio e iniciar un penoso proceso legal de 5 años cuando su esposo se niega a concederlo. En Israel, las leyes civiles no se aplican al matrimonio, el divorcio y otros asuntos familiares. Estos se rigen por las leyes y tribunales religiosos. [Si uno de los cónyuges no es judío, o no es considerado judío por los rabinos ortodoxos, no se pueden casar en Israel]. Las mujeres no se pueden divorciar. El esposo es el que decide si se divorcia o no de su esposa, siguiendo un procedimiento estricto que es muy humillante para las mujeres. Esta represiva afrenta se muestra poderosamente en la película de Ronit y Shlomi Elkabetz.

Tras 15 años de matrimonio, Viviane Amsalem (Ronit Elkabetz) solicita formalmente el divorcio. Ella quiere ser legalmente libre. Antes de ir ante el tribunal ya ha dejado a su esposo y vive con la familia de su hermano. El tribunal religioso es conformado por tres ancianos rabinos con largas barbas, kipás y las tradicionales chaquetas negras y camisas blancas. Se ven severos e inflexibles. La falta de amor de Viviane por su esposo Elisha Anslem (Simon Abkarian) y su demanda de poner fin a su matrimonio no es suficiente para los jueces religiosos. Ella debe demostrar que su esposo la golpea con regularidad o que es sexualmente impotente. Pero esos no son los problemas de Viviane, y es por eso que el proceso ante el tribunal se convierte en un juicio a Viviane por atreverse a exigir liberarse de una relación represiva en la que no hay amor.

El proceso no puede empezar sin la presencia del esposo. Usando varios pretextos Elisha rehúsa presentarse en el tribunal. Usa su poder para atrasar el juicio con el fin de desgastar a su esposa y forzarla a retirar su petición de divorcio. [Esta es una táctica común utilizada en Israel por los hombres para retrasar o impedir el divorcio, por lo general como un acto consciente de venganza, y/o para hacerse con la custodia de los hijos y otros privilegios].

La siguiente sesión del tribunal se retrasa una y otra vez —por dos meses, seis meses y así… Nuevos subtítulos informan el paso del tiempo a los espectadores de la película, pero las escenas son siempre las mismas: los muros blancos, las salas vacías del tribunal, la frustración de los rabinos y su ira contra la mujer y su abogado, que se presentan solos sin que asista el marido y hacen perder el tiempo al tribunal.

Cuando finalmente Elisha entra a la sala del tribunal, con un pesado silencio y una significativa mirada fija a Viviane, una persona tras otra cercanas a él presentan pruebas de su comportamiento apacible. Los rabinos interrogan a mujeres que parecen querer testificar en apoyo a Viviane, y una es echada de la sala.

Las testigos de Viviane presentan pruebas de su integridad y decencia, pero legalmente eso no tiene efectos. En cualquier caso, Elisha tiene la última palabra —se niega a divorciarse de ella.

Todas las escenas de la película tienen lugar en la sala del tribunal, un recinto claustrofóbico con paredes blancas. Los hombres visten de negro, al igual las mujeres, con muy pocas excepciones. No hay color ni espacio. Este ambiente represivo se aumenta con reiterados primeros planos, recordándoles a los espectadores que la vida de Viviane es como una cárcel. Incidentes graciosos durante los testimonios hacen que la crueldad y la severidad retratadas en la película sean tolerables y al mismo tiempo más efectivas. Los actores y actrices desempeñan sus papeles de forma magnífica. Roni Elkabetz es siempre convincente, sea que esté callada o en la cúspide de su ira. Simon Abkarian dice poco salvo “no me voy a divorciar”, pero su lenguaje corporal es muy diciente. El abogado de Viviane, Carmel (Menashe Noy), claramente está fascinado por la determinación de su cliente y trata de hacerle el quite al tribunal religioso. Todo esto fue diestramente escrito y dirigido por Ronit y Shlomi Elkabetz.

Viviane no se cubre el cabello, pero por lo general aparece con el cabello bien recogido detrás. En una ocasión, cuando bajo la presión de la desesperanza empieza a jugar nerviosamente con su cabello, éste se suelta, y los jueces la acusan de comportamiento indecente. Con excepción de su atuendo, lo demás no es muy diferente a Irán. Las mismas leyes dictadas por una centenaria religión, las mismas ideas rígidas, el mismo odio contra las mujeres, los mismos sentimientos de desesperación e impotencia. Al pensar en Viviane, recordé la película Divorcio a lo italiano y la dominación de la religión sobre nuestra vida, lo que la religión nos ha hecho, y la importancia y urgencia de deshacerse de ella.

(Bajo la presión de la iglesia católica, el divorcio no fue posible en Italia hasta 1970. Divorcio a la italiana, una comedia italiana de 1961 dirigida por Pietro Germi, muestra que si la iglesia se negaba a anular el matrimonio —lo cual requería de mucha influencia, dinero e hipocresía—, la única salida en la Italia de esa época era matar a la esposa.)