Boletín - 4 de abril de 2016
  La planta solar de Ouarzazate en Marruecos: el triunfal capitalismo “verde” y la privatización de la naturaleza
  Energía solar y abejas: Casos de estudio en el saqueo a la naturaleza y a los pueblos de mundo

Los siguientes son pasajes de un artículo de Hamza Hamouchene publicado previamente en jadaliyya.com y pambazuka.org. El artículo completo y las fuentes se pueden encontrar es esos sitios web.

Consideramos que es un artículo valioso aunque diferimos del autor en algunos puntos. Por ejemplo, cuando afirma: “La crisis climática que enfrentamos hoy no es atribuible a los combustibles fósiles per se, sino a su uso insostenible y destructivo que impulsa a la maquina capitalista. En otras palabras, el capitalismo es el culpable, y si somos serios en nuestros esfuerzos por enfrentar la crisis climática (tan solo un aspecto de la multidimensional crisis del capitalismo), no podemos eludir las cuestiones acerca de cambiar radicalmente las formas de producir y distribuir las cosas, nuestros patrones de consumo y las cuestiones fundamentales de igualdad y justicia”.

Si hay que reemplazar el capitalismo por nuevas “formas de producir y distribuir las cosas”, ¿cómo se organizará la nueva economía —sobre qué principios básicos? Aun si se limita esa discusión a cuestiones ambientales, ¿la nueva economía no tendría que abandonar inmediatamente la dependencia de combustibles fósiles, ya que son un factor tan importante del calentamiento global? ¿Acaso el mismo principio no aplica para la agricultura, por ejemplo, que por lo general depende de los pesticidas y está orientada al monocultivo, así como para otros sectores de la economía en los que las prácticas dominantes que son nocivas para el ambiente (por no hablar de para la gente) operan de la forma en que lo hacen debido a la compulsión inherente del mismo sistema de producción capitalista? Estas cuestiones se abordan en un artículo de Orpheus Reed publicado el 28 de marzo en el periódico Revolución (revcom.us), y que se incluye aquí.

Además, el capitalismo se ha desarrollado en un sistema mundial inherentemente desigual en el que los capitalistas monopolistas, concentrados en un puñado de potencias, constantemente contienden por dividirse el mundo entre ellos y “se alimentan como parásitos de los pueblos del resto del planeta. Los imperialistas logran el control sobre los recursos de todo el mundo a través de inversiones, acuerdos comerciales, el control de la tecnología y el dominio de los mercados. Ellos se engullen estos recursos —y luego desechan la contaminación que causan en las mismas naciones que oprimen y saquean” (“Estado de Emergencia: El saqueo de nuestro planeta, la catástrofe ambiental y la verdadera solución revolucionaria”, revcom.us).

El artículo de Hamouchene muestra con mucha solidez cómo en vez de salvar el ambiente y superar las aplastantes desigualdades globales, el capitalismo los empeora rápida y desastrosamente. Consideramos que de esto se desprende que la crisis ambiental no se puede resolver sin una revolución que tenga como blanco ese sistema en los países imperialistas y en los países que estos dominan, con la meta de ponerle fin a esta red global de relaciones de explotación y opresión en todo país donde se realice la revolución y en últimas en el mundo entero.

Ouarzazate es un hermoso pueblo en la región sur central de Marruecos que vale la pena visitar. Eso no es todo lo que Ouarzazate tiene que ofrecer ya que recientemente su nombre ha sido asociado con un megaproyecto solar que supuestamente va a acabar con la dependencia de Marruecos de la importación de energía, suministrándoles electricidad a más de un millón de marroquíes, y pondrá el país en un “camino verde”.

Si creyéramos la narrativa majzén (término que hace referencia al rey y la elite gobernante que lo rodea), reciclada sin matices ni reflexión crítica por la mayoría de los medios de comunicación de la región y de Occidente, el proyecto es muy buena noticia y un gran paso en la reducción de las emisiones de carbón y en hacerle frente al cambio climático. Sin embargo, hay lugar para el escepticismo. Un ejemplo reciente de tal discurso falaz fueron los alegres comunicados del “histórico” acuerdo de la COP21 en París. Mi reciente visita a Ouarzazate me impulsó a deconstruir la narrativa dominante sobre este proyecto. En particular, quise averiguar lo que había detrás de ese palabrerío de “limpieza”, “brillo”, y “reducción en las emisiones de carbono” para analizar y escudriñar la materialidad de la energía solar.

Lo que parece conectar todos los informes y artículos que se han escrito sobre la planta solar es una suposición profundamente errónea de que hay que saludar toda implementación de energía renovable. Y que cualquier remplazo de los combustibles fósiles, sin importar cómo se realice, nos va a ayudar a evitar el caos climático. Hay que decirlo claro desde el comienzo: la crisis climática que enfrentamos hoy no es atribuible a los combustibles fósiles per se, sino a su uso insostenible y destructivo que impulsa a la maquina capitalista. En otras palabras, el capitalismo es el culpable, y si somos serios en nuestros esfuerzos por enfrentar la crisis climática (tan solo un aspecto de la multidimensional crisis del capitalismo), no podemos eludir las cuestiones acerca de cambiar radicalmente las formas de producir y distribuir las cosas, nuestros patrones de consumo y las cuestiones fundamentales de igualdad y justicia. De esto se desprende que un simple cambio de combustibles fósiles a energía renovable, pero manteniéndose en el marco capitalista de mercantilización y privatización de la naturaleza para la ganancia de unos pocos, no solucionará el problema. De hecho, si seguimos por este camino solo terminaremos exacerbando o creando otro conjunto de problemas, relacionados con cuestiones de la propiedad de la tierra y los recursos naturales.

El hecho de que el proyecto de energía solar concentrada (CSP) en Ouarzazate involucra la adquisición de 3.000 hectáreas de tierras comunales para producir energía, que en parte se exportará a Europa, se presta para poner como marco de análisis el concepto de “acaparamiento verde”. El acaparamiento verde se define como la apropiación de tierras y recursos con supuestos fines ambientales. Involucra la transferencia de propiedad, derechos de uso y control sobre recursos que antes eran propiedad pública o privada —o que no eran propiedad de nadie— de los pobres (o de todos incluyendo a los pobres) para ponerlos en manos de los poderosos.

La primera reunión pública sobre la planta solar tuvo lugar en noviembre de 2010, un mes después de que el rey anunciara el proyecto en Ouarzazate. La reunión fue una presentación formal del estudio sobre el impacto ambiental, en el hotel cinco estrellas más lujoso de Ouarzazate. Los participantes fueron funcionarios del gobierno, representantes de oenegés, de asociaciones de desarrollo de los pueblos y representantes de la población local. Sin embargo, a los residentes mismos se les excluyó de expresar sus opiniones. Tales reuniones disfrazadas de “consulta popular” solo fueron diseñadas para informar a las comunidades locales de un hecho cumplido, y no para buscar su aprobación.

El precio de la venta de la tierra colectiva al Estado fue de un dírham marroquí por metro cuadrado (cerca de 10 centavos de dólar, debido a la “marginalidad” y la “improductividad” de la tierra). Compárese con el precio de 10 o 12 dírhams marroquíes por metro cuadrado, el precio al que se arrendaba o se vendía la tierra colectiva en Ouarzazate. La gente no estuvo contenta con esta venta y consideró que el precio era muy bajo. Una persona dijo que “la gente del proyecto se refirió a esto como un desierto que no se utiliza, pero para la gente de aquí esto no es un desierto, es un pastizal. Es su territorio, y su futuro está en la tierra. Cuando me quitan la tierra, me quitan el oxígeno”.

El valor de la tierra estaba en alza en toda la región, como resultado de la especulación y la creciente demanda de tierra para la agroindustria y la ganadería comercial. Claramente la tierra valía mucho más. Como si las cosas no fueran lo suficientemente malas, la ingenua población local se sorprendió al saber que el dinero de la venta no iba a entregárseles, sino que sería depositado en la cuenta del clan en el Ministerio del Interior. Además, que el dinero sería usado para financiar proyectos de desarrollo para toda la zona. Vieron que la venta de su tierra no fue una venta: simplemente fue una transferencia de fondos de una agencia del gobierno a otra.

Se han invertido unos 9.000 millones de dólares en el complejo de energía solar Noor en Ouarzazate, gran parte de este dinero es capital privado de instituciones internacionales como Banco Europeo de Inversiones, el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo, la Agencia Francesa de Desarrollo, el grupo bancario alemán KfW, y está respaldado con garantías del gobierno marroquí (en caso de que la Agencia Marroquí de Energía Solar [MASEN] no pueda pagar).

No sorprende el fuerte respaldo de las instituciones financieras internacionales (IFI) a este costoso proyecto intensivo en capital, ya que Marruecos hace alarde de una de las economías más neoliberalizadas de la región. El país es sumamente abierto al capital extranjero a costa de los derechos laborales, y está muy avanzado en su ambición de estar plenamente integrado al mercado global (en posición subordinada, por supuesto). De hecho, Marruecos fue el primer país del norte de África en firmar un Paquete de Ajuste Estructural (SAP, por sus siglas en inglés) con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1983. Como bien se ha documentado, los SAP son responsables de generar un caos económico y social por todo el sur global.

Los mencionados empréstitos son parte esencial de la estrategia del Banco Mundial y otras IFI para el país con la que siguen reforzando y justificando la orientación neoliberal fundamental y la profundización de políticas en pro del mercado. El Banco Mundial tiene un importante programa de financiación en Marruecos que abarca tres áreas específicas conectadas con el desarrollo del capitalismo “verde” en Marruecos. La primera de estas áreas es el respaldo al gubernamental Plan Maroc Vert (Plan Marruecos Verde, PMV) de 2008, que establece el plan agrícola del país para el periodo 2008-2020. El PMV busca quintuplicar el valor de las cosechas orientadas a la exportación acabando con los cultivos de cereales básicos, promoviendo la inversión privada en la agricultura, y quitando las restricciones que se interponen a los derechos de la propiedad privada.

La segunda gran área de financiamiento del Banco Mundial en Marruecos es el respaldo a la Iniciativa Nacional de Desarrollo Humano (INDH) que, según algunos activistas y académicos marroquíes, ha creado una sociedad civil artificial y no-independiente que ayuda a profundizar la mercantilización y privatización de la sociedad. El proyecto de energía solar figura como tercer foco de interés del Banco Mundial, abarca una gama de desarrollo de políticas y empréstitos específicos para el proyecto. Los niveles de desembolsos del Banco Mundial a Marruecos alcanzaron niveles récord en 2011 y 2012, con un marcado énfasis de estos empréstitos en promover el uso de Asociaciones Público Privadas (APP) en sectores clave.

Como muy bien se ha documentado, las APP son solo un eufemismo para las abiertas privatizaciones, aunque se proporcionan fondos y garantías públicas. En esencia buscan privatizar las ganancias y nacionalizar las pérdidas. El complejo Noor-Ouarzazate está en construcción y funcionará como APP con un socio privado, la ACWA Power International, una compañía saudí. Es un proyecto totalmente privado en cuanto a propiedad y administración, y lo que se ve es que el majzén está transfiriendo fondos públicos a una compañía privada y está dando garantías de pagar los empréstitos de la MASEN en caso de que esta no pueda pagar, a riesgo de endeudar más el país y llevarlo a la quiebra.

La monarquía marroquí ha enmarcado su plan de energía renovable no solo como una iniciativa de desarrollo económico sino también como un programa orientado a la exportación que liberalizaría más su economía. También hay expectativas de que esto acerque el país a la Unión Europea (UE) al ayudar a aumentar el porcentaje de renovables en la mezcla energética de la UE. No es coincidencia que “el gobierno marroquí haya diseñado una nueva estrategia energética en 2009 en gran medida alineada con la trinidad energética de la UE de seguridad energética, competitividad y sostenibilidad ambiental”. Marruecos se ha unido a varios instituciones y programas globales y regionales de energía renovables, incluyendo la Agencia Internacional de Energías Renovables y el Plan Solar Mediterráneo.

Ha declarado también su interés en unirse al proyecto DESERTEC de la región del Medio Oriente y norte de África, y registrar su proyecto de energía renovable bajo el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (CDM) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. CDM es parte de lo que llaman comercio de emisiones o comercio de carbono, y es una de las falsas soluciones propuestas para enfrentar el cambio climático. Los CMD se crearon para permitirles a los países ricos clasificados como “industrializados” comprometerse en iniciativas de reducción de emisiones en países pobres y de ingreso medio, como una forma de ignorar la reducción de emisiones en sus países. Este mecanismo junto con otros como la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (REDD) y diferentes compensaciones hace parte de ponerle precio a la naturaleza, mercantilizándola bajo la rúbrica de “capitalismo verde”. Kathleen McAfee describe este proceso como un intento de vender la naturaleza para salvarla.

La idea de que Marruecos esté sacando préstamos de miles de millones de dólares para producir energía, parte de la cual será exportada a Europa, cuando la viabilidad económica de la iniciativa difícilmente está asegurada, genera preguntas sobre la externalización del riesgo de la estrategia europea de energía renovable hacia Marruecos y otras economías en apuros en la región. Hay que prestarle atención a cómo este comercio “verde” depende totalmente y reproduce la noción económica convencional de costos de oportunidad diferenciales. En otras palabras, que las contribuciones al mejoramiento del ambiente global deben buscarse donde es más barato. Esto depende y refuerza de forma crucial las desigualdades entre los propietarios de tierra más pobres y los más ricos, entre las zonas urbanas y las rurales, y entre el norte y el sur global.